El Pan que escandaliza,desencanta y desenmascara

Jesús el niño Dios

Por Samuel Caraballo-López

Pero Jesús, sabiendo en sí mismo que sus discípulos murmuraban sobre esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? (Juan 6: 61)

Introducción

El texto de este domingo 19 de agosto de 2018, lo encontramos en Juan 6: 56-69.  Con este domingo ya llevamos cuatro (4) domingos considerando el “pan de vida”, y es necesario cerrar esta enseñanza con este escrito.  De hecho de no considerar este pasaje escritural toda la enseñanza sobre Jesús el pan de vida, estaría incompleta.

A principios del capítulo 6, la multitud se sentía atraído por Jesús, porque veían en él al nuevo Moisés, al Profeta o Mesías.  Jesús era alguien que podía hacer milagros de provisión y se perfilaba como quien podía ser rey y obtener victorias militares y políticas.  El interés de los “galileos” de Tiberiades por Jesús era tal, que lo persiguen hasta Capernaúm (Juan 6: 22).

Las palabras de Jesús frente al reclamo de estos “galileos” para que fije su horizonte en la visión materialista y escatológica que ellos habían adoptado, les produce desencanto y los escandaliza.  Jesús los invita a superar sus categorías y expectativas sostenidas en los cambios meramente de corte ideológico y político para que fueran un poco más allá de su zona de confort, y que tuviesen expectativas mayores, y esto comenzó  incomodar a sus oyentes (6:27).

Las enseñanzas de Jesús desconcierta a los “galileos” de Tiberiades, e inclusive a los judíos que le seguian, haciendo que se alejen  y piensen en asesinarlo (7:1).  A los discípulos, incluyendo a Judas, también los escandaliza y hace que algunos abandonen su ruta de seguimiento y vuelvan atrás (verso 66).

La paradoja de Jesús como Dios encarnado

Las declaraciones de Jesús de que él era el Pan que descendió del cielo, que había de entregar su cuerpo y sangre, y que era por medio de este sacrificio que recibirian la vida eterna, era un enorme tropiezo, tanto para los judíos apocalípticistas como para algunos de los discípulos.  En el contexto helenista, un Dios amoroso, sufriente y que entregaría su carne para dar vida era considerado un acto creible solo para las masas ignorantes.

Era inconcebible que el Ser Supremo, un ser inmutable, impasible y omnipotente, pudiera tomar forma humana y habitar en un mundo indigno a su naturaleza. Así que el conocimiento previo o la tradición, junto a la cultura religiosa y filosófica, eran tropiezos para creer y validar las palabras de Jesús.  Es posible que para algunos de mis lectores las expresiones de Jesús  también sean un tropiezo.

Jesús sacrificio

Una enseñanza escandalosa

¿Qué hacía al discurso de Jesús uno escandaloso y digno de ser rechazado?   Jesús estaba haciendo algunos señalamientos que no compaginaban con las religiones de la época, y mucho menos con el judaísmo apocalipticista y la filosofía helenista emergente en la comunidad joánica de finales del primer siglo.  La declaración de que Jesús era el Pan que descendió del cielo (38, 50, 51), y que ese pan era su carne y que era necesario comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna (versos 51, 53-58), era inaceptable para los judíos y algunos discípulos que provenían del Judaísmo.  ¿Por qué era inaceptable?  ¿Qué significaban las palabras de Jesús en “arroz y habichuela”? He ahí la clave para entender todo el capítulo 6 de Juan.

Jesús declara a sus seguidores que solo podíamos entender su verdad en la medida que nos relacionemos con él, es decir, el creer en Dios ahora implica tener una relación de intimidad, mutualidad y reciprocidad con Jesús.  En buen español…Solo a través de una relación con Jesús crucificado y resucitado tenemos acceso a Dios y sus promesas. Este tipo de relación de amor y compañerismo no podía ser concebido por los interlocutores de Jesús.  Para estos el dios que ellos conocían solo deseaba su obediencia absoluta.  Ese dios, que ellos conocían, era lejano, trascendente, inmutable, invisible, que quién lo viera se moría (Isaías 6:5; Éxodo 33: 20; 34:3), y que tenía “el control” sobre el universo y la historia, corría el “show” sin la participación de nadie más.

De hecho, ese tipo de dios frio e impasible es el que el mundo y el “diablo” quiere que creamos.  Es el dios que afirma la herejía del docetismo, que surge a finales de la primera centuria, y que niega la humanidad de Jesús.

La resistencia de los judíos y de alguno de los discípulos (Juan 6:66; 68-69), era a la propuesta que hace Jesús sobre su Padre y la relación existente entre ambos (Juan 6: 52-58).  Es Pedro el que toma la iniciativa para responder al cuestionamiento de Jesús que lo llama a tomar una decisión sobre el escándalo que sus palabras provocan en los discípulos.

Pedro no niega lo que Jesús es, pero se niega a ser lo que Jesús le invita a que sea (vea 6:68-69 frente a Juan 13:8 y 18, 15 al 27).  Parafraseando a Pedro: “Te hemos conocido y experimentado, estando en relación contigo, tu eres quien dices ser, el pan de vida, que descendió del cielo y que deseas tener una relación con cada ser humano. Sin embargo, lo que quieres hacer yo no estoy dispuesto a que lo hagas conmigo.”  Pedro dice la verdad, una cosa es reconocer a las personas con las que nos encontramos y otra muy distinta es estar dispuesto a hacer lo que éstas nos solicitan.  El gran dilema es que el que nos solicita que seamos y hagamos es el Santo de Dios!

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Los verdaderos traidores

Al final del capítulo 6: 70-71, Juan menciona la “traición” de Judas, con toda intención. Para Juan la  “traición” de Judas, esencialmente no  consistió en “vender” a Jesús como en los evangelios sinópticos (Marcos 14: 18; Mateo 26: 14ss),  sino en el rechazo a este tipo de relación a la que Jesús invita a sus discípulos.  En el evangelio de Juan, Jesús se entrega a mismo (Juan 10:17-18). La “traición” de Judas y de alguno de los discípulos (verso 66), consistió, mas bien, en  su falta de disponibilidad para recibir la vida que Jesús ofrece, más allá de nuestras propias medidas y expectativas.

La “traición” es la inamovilidad para aceptar la vida abundante que Jesús propone, en la forma que El la propone; una vida eterna que recibes de El y a su vez trasmites al mundo.  Es decir el amor de Dios es para la humanidad, y El lo quiere manifestar en el aquí y ahora, pero a  través de ti.

Judas el traidor2

Entonces, para el evangelio de Juan la traición consiste, no en negar la divinidad, sino en no estar dispuesto a entrar en una relación con Jesús.  La traición es nuestro intento de sabotear las relaciones cercanas e íntimas a las que Dios nos invita por medio de Jesus, el pan de vida. Nos convertimos en “traidores” de Jesús cuando nos alejamos de El antes de que la relación sea tan cercana que nos comprometa la vida. ¿No es esta acaso la situación actual de nuestro mundo occidental?

Nos gusta racionalizar y “floretear” sobre  nuestro deseo de relacionarnos con Dios y cultivar una espiritualidad. Hablamos del Jesús histórico, de sus dotes de maestro y sabio, inclusive hablamos de la encarnación y la redención como si fueran simples eventos teológicos, pero sin ningúna implicación para la misión de la iglesia, y mucho menos para nuestra relación personal con El.

La verdadera relación con Jesús consiste en un acercarnos sin pretenciones por la fe a El, de tal forma que dicho acercamiento comprometa todo lo que somos o aspiramos ser,  hacer y tener. Esta relación con Jesús es el único acceso al Dios y Padre Viviente (Juan 14:6), que nos permite conocerle cara a cara y sin miedo, y que  de esa intimidad brote la inspiración para seguirle y cumplir sus propósitos en el mundo. Muchas bendiciones.

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