El Pan que escandaliza,desencanta y desenmascara

Jesus el Pan de vida 5

Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 23 de agosto de 2015, lo encontramos en Juan 6: 56-69.  Con este domingo ya llevamos cinco domingos considerando el “pan de vida”, y es necesario cerrar esta enseñanza con este escrito.  De hecho de no considerar este pasaje escritural toda la enseñanza sobre Jesús el pan de vida, estaría incompleta.

A principios del capítulo 6, la multitud se sentía atraído por Jesús, porque veían en él al nuevo Moisés, al Profeta o Mesías.  Jesús era alguien que podía hacer milagros de provisión y se perfilaba como quien podía ser rey y obtener victorias militares y políticas.  El interés de los Judíos de Tiberias por Jesús era tal, que lo persiguen hasta Capernaúm.

Las palabras de Jesús frente al reclamo de estos judíos para que fije su horizonte en la visión materialista y escatológica que ellos habían adoptado, les produce desencanto y los escandaliza.  Jesús los invita a superar sus categorías y expectativas sostenidas en los cambios meramente de corte ideológico y político para que fueran un poco más allá de su zona de confort, y que tuviesen expectativas mayores, y esto comenzó  incomodar a sus oyentes (6:27). Las enseñanzas de Jesús desconcierta a los judíos, y hace que se alejen e inclusive piensen en asesinarlo (7:1).  A los discípulos, incluyendo a Judas, también los escandaliza y hace que algunos abandonen su ruta de seguimiento y vuelvan atrás (verso 66).

Las declaraciones de Jesús de que él era el pan que descendió del cielo, que había de entregar su cuerpo y sangre, y que era por medio de él que encontrábamos la vida eterna que solo Dios podía dar, era un enorme tropiezo, tanto para los judíos apocalípticos como para algunos de los discípulos.  En el contexto helenista, un Dios amoroso, sufriente y que entregaría su carne para dar vida era considerado un acto para las masas ignorantes, porque  era inconcebible que el Ser Supremo, un ser inmutable, impasible y omnipotente, pudiera tomar forma humana y habitar en mundo indigno a su naturaleza. Así que el conocimiento previo o la tradición, junto a la cultura religiosa y filosófica, eran un tropiezo para creer y validar las palabras de Jesús.  Es posible que para algunos de mis lectores las expresiones de Jesús  también sean un tropiezo.

¿Qué hacía al discurso de Jesús uno escandaloso y digno de ser rechazado?   Jesús estaba haciendo algunos señalamientos que no compaginaban con las religiones de la época, y mucho menos con el judaísmo y la filosofía helenista emergente en la comunidad joánica de finales del primer siglo.  La declaración de que Jesús era el pan que descendió del cielo (38, 50, 51) y que ese pan era su carne y que era necesario comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna (versos 51, 53-58), era inaceptable para los judíos y algunos discípulos que provenían del Judaísmo.  ¿Por qué eran inaceptables?  ¿Qué significaban las palabras de Jesús en “arroz y habichuela”? He ahí la clave para entender todo el capítulo 6 de Juan.

Jesús declara a sus seguidores que solo podíamos entender su verdad en la medida que nos relacionemos con él, es decir, el creer en Dios ahora implica tener una relación de intimidad, mutualidad y reciprocidad con Jesús.  Este tipo de relación de amor y compañerismo no podía ser concebido por los interlocutores de Jesús.  Para estos el dios que ellos conocían solo deseaba que ellos le obedecieron en todo.  Ese dios, que ellos conocían, era lejano, trascendente, inmutable, invisible, que quién lo viera se moría (Isaías 6:5; Éxodo 33: 20; 34:3), y que tenía el control sobre el universo, es decir, ese Dios corría el “show” sin la participación de nadie más.

La resistencia de los judíos y de alguno de los discípulos (6:66; 68-69), es a los estilos y retos que Dios nos propone en Jesús.  Es Pedro el que toma la iniciativa para responder al cuestionamiento de Jesús que lo llama a tomar una decisión sobre el escándalo que sus palabras provocan en los discípulos.  Pedro no niega lo que Jesús es, pero se niega a ser lo que Jesús quiere que él sea (vea 6:68-69 frente a Juan 13:8 y 18, 15 al 27).  Parafraseando a Pedro: “Te hemos conocido y experimentado, estando en relación contigo, tu eres quien dices ser, el pan de vida, que descendió del cielo y que deseas tener una relación con cada ser humano. Sin embargo, lo que quieres hacer yo no estoy dispuesto a que lo hagas conmigo.”  Pedro dice la verdad, una cosa es tener relaciones con la mayoría de las personas con las que nos encontramos y otra muy distinta es entender que la persona con que usted se está relacionando es el Santo de Dios. ¡Que dilema!

Pedro 2

Al final del capítulo 6: 70-71, Juan menciona la traición de Judas, con toda intención. Para Juan la  traición de Judas no  consistió en entregar a Jesús (Juan 10: 18),  sino en el rechazo a este tipo de relación a la que Jesús invita a sus discípulos.  La traición de Judas y de alguno de los discípulos (verso 66), consistió en la indisponibilidad para recibir la vida más allá de nuestras propias medidas y expectativas.  La traición es la inamovilidad para aceptar la vida abundante que Jesús propone, en la forma que El la propone; una vida eterna que recibes de él y a su vez trasmites al mundo.  Es decir el amor de Dios es para la humanidad y El lo quiere manifestar en el aquí y ahora a  través ti.

La traición aquí consiste en no estar dispuesto a entrar en una relación con Jesús.  La traición es nuestro intento de sabotear las relaciones cercanas e íntimas a las que Dios nos invita por medio de Jesus el pan de vida. Así que nos alejamos antes de que la relación sea muy cercana y nos comprometa la vida.  Esta es realmente la situación actual de muchos seres humanos.  Nos gusta racionalizar y “floretear” sobre nuestro deseo de relacionarnos con Dios.  Hablamos de la encarnación del verbo a distancia, como si fuera un simple evento del pasado, sin ningún significado para nuestro tiempo, y mucho menos para nosotros en lo personal.

La verdadera relación con Jesús consiste en intimar con el de tal forma que este acercamiento nos comprometa en todas las dimensiones de la vida. Esta relación con Jesús es una invitación a un encuentro cercano con Dios, que nos permita conocerle cara a cara y que de esta intimidad brote un deseo vehemente de seguirle y cumplir sus propósitos en el mundo. Muchas bendiciones.

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