¿La Invasión del Islam o un llamado a la compasión?

Por Samuel Caraballo-López

La ola de emigrantes, en su mayoría refugiados, del Medio Oriente es incontenible.  Cientos de miles de refugiados, en su mayoría familias islámicas, que huyen de los campos de guerra civil en Siria, junto al desastre dejado por el proyecto expansionista del Ejercito Islámico (ISIS). Es la mayor ola migratoria desde la Segunda Guerra Mundial.

Esta invasión de refugiados que suben mayormente por  dos (2) rutas, la primera y más usada la  vía terrestre desde Turquía a Grecia y los Balcanes, para atravesar Hungría vía Serbia, y llegar a Europa Occidental, especialmente a Alemania, y una segunda vía cruzando  el Mar Mediterráneo desde Libia a Italia principalmente. Esta emigración masiva ha generado una crisis en toda Europa, y que ha sido interpretada desde diferentes perspectivas: para los más conservadores, es la invasión del Islam, y para los más liberales, el resultado de la política capitalista de la Unión Europea, que se ha centrado en el buen vivir, descuidando su responsabilidad con el medio oriente, pueblos que fueron en algún momento colonias de estos.

Ciertamente esta emigración es principalmente de personas de religión Islámica, (aunque hay cristianos tambien) y puede haber temores que ellos lleguen a dominar, por crecimiento demográfico, lo que hoy es Europa. Actualmente la población europea ha envejecido, mientras la mayoría de los nuevos inmigrantes esta en edades reproductivas.  De hecho se piensa que Bélgica, para el 2030 tendrá una población mayoritariamente islámica.  Muchos piensan que en los grupos migratorios se han colado espías y personas pertenecientes al Ejército Islámico (ISIS) y que tienen como propósito crear caos en Europa. Sin embargo, esos temores en su mayoría provienen de grupos anti-islámicos, y  ciertamente no dicen toda la verdad.  La realidad es que la mayoría de los emigrantes huyen de sus países por la inestabilidad que la misma guerra entre estos sectores ideológicos y religiosos ha provocado.  De hecho, muchos de ellos huyen del mismo Islam, y comienzan a desencantarse con sus postulados.

Estos temores de la comunidad europea comienzan a manifestarse en el trato hostil hacia estos emigrantes que huyen de aquello, que ninguno de nosotros quisiera vivir; la guerra y el terror. Un ejemplo lamentable lo está dando Hungría, que forma parte del tratado de fronteras libres dentro de la Unión Europea.  Este país ha cerrado sus fronteras a esta ola de personas y ha impuesto severas leyes anti migratorias, mientras que Croacia, que no forma parte del tratado, ha abierto sus fronteras para que pasen a través de su territorio nacional. Esta postura de Croacia, aunque es esperanzadora para estos refugiados, es complicada por el aumento de la distancia hasta Alemania, junto a la  topografía de la zona, que a diferencia de Hungría que es llana, es montañosa y  de altas pendientes, y muchas regiones siguen aún minadas, producto de la guerra entre Croacia y la entonces Yugoslavia, en la década del 90’.

Estos desplazados, que ya suman desde enero de 2015 más de 500,000 que han cruzado desde el medio oriente hasta Grecia y los Balcanes, o vía el Mar Mediterráneo hasta Italia, han dejado en esas aguas cerca de 3,000 muertos. Lo interesante es que su huida no es al Sur o al Golfo Pérsico, a territorios árabes islámicos económicamente estables como Kwait, Arabia Saudita, Catar o los Emiratos Arabes, sino al norte a la Unión Europea.  Lamentablemente hay que mencionar que los países árabes, a pesar que comparten su religión, no han demostrado hospitalidad hacia estos desplazados, al igual que ocurrió con los refugiados palestinos, cuando se establece la República de Israel.

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Estos refugiados, entre los que se encuentran miembros de la alta jerarquía islámica de los países de origen, junto a empresarios, intelectuales, obreros y grupos marginados de Irak, Siria, Afganistán y otros lugares, se ven obligados a escapar tanto de la guerra civil para evitar su muerte y la de su familia, o para evitar tener que someterse a los nuevos requerimientos de las fuerzas del Ejército Islámico (ISIS) u otros grupos rebeldes o gubernamentales. Estos que  son desplazados de sus lugares de origen, se mueven por las fronteras europeas, como proscritos, en búsqueda de lugares más seguros y estables.

¿Cuál es nuestra respuesta a esta lamentable situación? Para contestar esta pregunta es necesario cambiar de posición y caminar con estas familias en medio del peregrinaje a la tierra prometida de la Unión Europea, especialmente a Europa Occidental. Es sentir el rechazo de Hungría, que es la ruta más corta y fácil para llegar a su meta.  Esta negación del paso por parte de Hungría, que se olvida de su historia en la década del 50 en que fueron refugiados, nos evoca la actitud de Edom cuando rehusó dar paso a Israel para llegar a travéz de su territorio a Canaán la tierra prometida (Números 20: 14-21).  Esta experiencia que se quedó fija en el imaginario de Israel (vea Abdías 1).   Contrario a lo que hicieron Hungría y Edom, nuestra actitud como cristianos debe ser llevar las Buenas Noticias con acciones congruentes a estas. Solo Aquel que puede ubicarse con, entre y por los desplazados, tienen el corazón y el poder para proclamar con pasión y certeza la esperanza a estos fastidiados de la tierra.

Las buenas nuevas del Reino de Dios, es el camino para los que se sienten desesperados y que optan por la emigración, dejando atrás toda una historia de tantos años, para preservar la vida y estabilidad de sus familias. Para las personas que han vivido por décadas en un territorio, que está ligado a su cultura y religión, al tener que abandonarlo se genera una enredadera de sentimientos y condiciones, que solo la gracia de Dios puede sanar. Con la salida de la tierra se crea un vacío existencial en los desplazados, que solo la esperanza de encontrar un espacio en que encuentre bienestar, seguridad y estabilidad, lo puede mitigar.

Este proceso migratorio de los pueblos del Medio Oriente que huyen de la guerra, la muerte y la miseria, no debe interpretarse como la invasión organizada del Islam al mundo democrático, sino la gran oportunidad que tiene los países democráticos para manifestar sus “virtudes”, en la que la hospitalidad debe ser primaria.  Si la “sharia” (Ley Islámica) instituida por el Ejército Islámico (ISIS) los ha desplazado, es tiempo que ellos conozcan otras formas de vida que les haga reconocer la importancia de la convivencia humana en la diversidad.

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Finalmente, podemos decir que la inestabilidad creada por estas las luchas ideológicas y religiosas en el Medio Oriente, representa una gran oportunidad para alcanzar los inalcanzables y manifestar las obras de Dios en individuos y pueblos, que estaban alejados y ahora se hacen cercanos (Juan 9: 3).  Es medular que la iglesia pueda aprovechar esta coyuntura histórica, no para hacer proselitismo, sino para mostrar con nuestras acciones el Gran amor de Dios manifestado en Jesucristo (Juan 3: 16), que por cierto, sobrepasa todo entendimiento humano.  ¡Muchas bendiciones!

2 Replies to “¿La Invasión del Islam o un llamado a la compasión?”

  1. Amazing article!
    I’ve been so frustrated with the way many people are reacting towards the refugee crisis, particularly Christians of different denominations who, one way or another, have felt victimized by Islam or persecuted by Muslims. I can only say that having all those people coming to the West is an opportunity for evangelists to preach the word of God to them, which is something they couldn’t do before, seeing that Christian missionaries aren’t exactly welcome in the Middle East. Many Muslims are converting to Christianity lately, so it’s an open door we should take advantage of. Of course I’ve received some heat for having that opinion, but hey that’s what I think. There are many perspectives and no one seems to agree in anything. I’m not saying it isn’t true that radical islamists might be among those migrating to the West, but that has been occurring before this time.
    Anyway, I’m so proud to know you, pastor, thanks for this article.
    God bless!

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