Sin “standing” no hay ministerio, ¿Cierto?

Sin standing no hay ministerio

Por Samuel Caraballo-López

Este artículo es dedicado a todos esos hombres y mujeres, que sin tener títulos eclesiásticos, ni académicos proclaman el Evangelio con dedicación y fidelidad a Jesucristo.  Para ustedes es mi reconocimiento.

Uno de los eventos que más deseos de reír provoca aparece en el texto de este domingo 30 de septiembre de 2018,  en Marcos 9: 38-41 (el texto completo es 9: 38-50).  Juan, hijo de Zebedeo, como portavoz de los doce, le  informa a Jesús que le habían prohibido a una persona externa a su grupo expulsar demonios en “el Nombre” de Jesús.   Las razones que él tiene para justificar su acción era que el exorcista anónimo no formaba parte de “su combo” (verso 38).  Al parecer los discípulos tenían el  “copyright” para la reprensión de demonios en “el Nombre” de Jesús, aunque era evidente que habían fracasado en situaciones anteriores (Marcos 9: 18, 28).

La declaración de Juan, el menor de los discípulos, indicaba que “el combo” se consideraba a sí mismo, no como los últimos y más pequeños, sino como los que mandaban y a quienes tenían que obedecer y sujetarse.  Es decir, no habían comprendido ni una “pizca” del mensaje de Jesús.  Que desastre! Otro en lugar de Jesús hubiese renunciado.

Jesus y Juan

Por otro lado, este pasaje nos evoca la experiencia de Moisés y Josué, en el libro de Números 11:26-29, cuando Eldad y Medad comenzaron a profetizar en medio del campamento, fuera del  Tabernáculo.  Josué, dizque para guardar el liderato de Moisés, pide a éste que le prohiba profetizar.  Las palabras sabias de Moisés, solo tienen paralelos en las palabras de Jesús:

¿Tienes celos por causa mía? ¡Quien diera que todo el pueblo de YHVH fuera profeta, y que YHVH pusiera su Espíritu sobre ellos! (Números 11: 29).

En el caso del Evangelio de Marcos, la prohibición de los discípulos al exorcista desconocido, es porque este no pertenecía al grupo de los “elegidos”, es decir el individuo no tenía el “standing” para hacer lo que estaba haciendo, aún cuando lo hiciese bien. De hecho la respuesta de Jesús, no se hizo esperar:

¡No se lo prohibáis!  Pues no hay quien haga un milagro en mi nombre y luego pueda fácilmente hablar mal de mí. El que no está contra vosotros, está a favor de vosotros. (Marcos 9: 39-40)

Jesús usa su sentido común. El hecho mismo de expulsar demonios en “el Nombre” de Jesús, implicaba una fe en su poder y misión. Es imposible que quien muestre tanta veneración hacia Jesús, utilizando “su Nombre” para destronar el mal, aunque no le siga como discípulo, pueda negarle o comportarse como un enemigo.   Yo les aseguro que ninguna persona que carezca de la fe en el poder y misión de Jesucristo puede reprender demonio alguno (Hechos 19:14-16).

No hay duda que los reclamos elitistas de algunos creyentes y líderes religiosos son la mejor evidencia de su estrecha mentalidad, frente a la gracia y poder de Jesucristo. Los creyentes necesitan saber que a diferencia de nuestra cultura centrada en la competitividad y lucha de poder, la meta de la fe en Cristo, no es ganar o perder, es servir, como expresión del amor.

Cuando adoptamos una  posición de dominio y no de servicio, nos encerramos en nosotros mismos, y simultáneamente nos cerramos a Dios y a los demás. Como lo había hecho anteriormente (Marcos 8:32; 9:33), Jesús debe corregir esta perspectiva demasiado humana. De hecho el objetivo de la fe en Jesucristo no es que seamos mejor que los demás, sean ellos lo que sean. Necesitamos comprender de una vez y por todas, que  ser cristiano no es una cuestión de comparación, no importa lo particular que seamos.

Ciertamente sería aburridísimo que todos tuviéramos una expresión de fe similar, nuestros cultos de adoración similares y nuestra forma de hacer misión fuese una réplica los unos de los otros.  De hecho ni en las Escrituras del Nuevo Testamento tenemos expresiones de fe idénticas, aunque si un objeto de fe similar: Jesucristo.  Aunque somos diferentes, la fe en Jesucristo nos enseña a valorar y respetar la diversidad, y no ponerla en una balanza para saber quién es más y quién es menos.

Es urgente que superemos nuestra inclinación a estar mirando lo que otros hacen, y censurarlos a la luz de lo que nosotros opinamos sobre lo que debe ser la norma u ortodoxia.  Lo más importante no es ver lo que hizo alguien, sino “ver lo que Dios está haciendo a través de ese alguien”.  Tenemos que superar ese estar siempre “viendo”, para criticar, y no para colaborar, reconociendo que “vemos a Jesús en lo que  él o ella hace.” Para Jesús es igualmente valioso, no solo quien echa fuera demonios “en su Nombre,” sino quienes hacen el más humilde gesto – como dar un vaso de agua “en su Nombre” (v. 41). De hecho, Jesús ha dejado anteriormente claro que lo que se necesita para actualizar el poder que se manifiesta en su persona (“en su Nombre”) es una actitud de fe.

Quizás me digas, pero puede haber alguien que está haciendo algo con buena intención a favor de Jesús, pero de manera incorrecta.  Ciertamente tenemos ejemplos en las Escrituras del Nuevo Testamento.  En Hechos 18: 24-28, se nos habla de Apolos un judío de Alejandría que había sido enseñado en el Camino del Señor, pero solo conocía el bautismo de Juan. Aunque era valiente, ferviente y diligente en la enseñanza tenía limitaciones en cuanto al conocimiento del Evangelio.  Dos creyentes Priscila y Aquila lo tomaron aparte y le explicaron el Evangelio más exactamente.  Fíjate, Priscila y Aquila vieron la limitación de Apolos, pero más importante, vieron a Jesús en lo que él estaba haciendo.  La pregunta que debemos hacernos al ver a otros ministrar es, ¿está  la mano de Dios en las acciones que vemos? ¿Ves a Dios en las personas que realizan actos en “su Nombre”?

Priscila y Aquila.jpg

Lamentablemente no nos hacemos las preguntas anteriores al ver otras expresiones de fe. ¿Y por qué es eso? ¿Por qué aceptamos a Dios en los actos de fe de unos y  en los actos de fe de otros lo negamos? Cuando decimos como los discípulos de Jesús, “hemos visto a uno que…” es un juicio simultáneo–hacia el otro y también hacia nosotros mismos. Hacia el otro porque creemos conocer tan bien sus intenciones y motivaciones que nos atribuimos el derecho a censurarlo, sin embargo, es también un juicio para nosotros porque denota mis prejuicios e inmadurez.

No hay duda que necesitamos reestructurar nuestra visión de la fe, para buscar a Dios en los actos de otros seres humanos.  Más que imponerle nuestros filtros, y prejuicios, hay que orar para que Dios nos abra los ojos para verle en cada acción de otros creyentes, tanto en la iglesia como en el mundo.

Y si estos están incompletos y necesitan comprender alguna verdad, acerquémonos como Priscila y Aquila, y con humildad y mansedumbre, y en “el Nombre” de Jesús, compartamos lo que conocemos con ellos. Quizás no todos tengan la humildad de Apolo, sin embargo, no dejemos de intentarlo.  Recordemos que saber algo no puede ser un motivo para sentirnos superiores, mas bien, cuando compartimos responsablemente lo que sabemos, solo servimos. ¡Muchas bendiciones!

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