Cuando los ojos se cierran y se embota el corazón… ¿Qué hago?

corazon embotado

Por Samuel Caraballo-López

El texto del domingo 25 de octubre de 2015, lo encontramos en el Evangelio de Marcos 10: 46-52.  En este relato se nos narra el encuentro de Jesús con un ciego llamado Bartimeo (Hijo de Timeo) y ocurre a la salida de la antigua ciudad de Jericó, que tanto significado tiene en la historia de Israel.  Jericó, era una de las ciudades más antiguas de Canaán (Josué 2: 2ss), y debido a sus grandes puertas y colosales murallas, parecía ser impenetrable e inconquistable (Josué 6: 1ss).  Jericó era la puerta de entrada a la tierra prometida.

A esta ciudad,  Josué,  estratégicamente envió dos (2) espías para observar su funcionamiento, y una mujer llamada Rahab, da “albergue”, esconde y ayuda a  escapar a estos, para evitar que sean capturados. Rahab y su familia fueron las únicas personas a las que se le preservó la vida durante la toma de la ciudad de Jericó (Josué 6: 17).  De hecho, según Mateo, esta mujer aparece en la genealogía de Jesús (Mateo 1:5).  En la actualidad, Jericó está situada a 27 kilómetros de Jerusalén, en la región de Cisjordania, perteneciente a la nación Palestina.

Durante la trayectoria hacia Jerusalén,  Jesús enfrentó un sinnúmero de situaciones que se relacionan entre si y van formando el mensaje central de Marcos, que culmina con la sanidad de Bartimeo.  En dicho camino Jesús se encontró con un hombre rico, que quería seguirle sin estar dispuesto a desprenderse de aquello que le poseía.  De hecho su apego a las riquezas, y su resistencia a soltarlas, lo descalifica como discípulo (Mc 10: 23-31).  Por lo tanto se establece como un requisito del discipulado la liberación de lo que me posee, para dar lugar al Reino de Dios como opción principal (vea Marcos 8: 34-38).

Sin embargo, hay otros requisitos junto al anterior. El discípulo necesita creer y entender la misión de Jesús, el Cristo. Los discípulos están ciegos y bloqueados en cuanto al entendimiento de dicha misión de Cristo en Jerusalén, aunque Jesús se la expresa en tres ocasiones (vea Marcos 8: 31-35; 9: 5-8, 18-19, 33-37; 10: 13, 17-27, 32-45, 46-52).

De hecho Jesús censura a los discípulos por tener ojos y no poder ver ni siquiera la “levadura” de los fariseos y Herodes:

“Advirtiéndolo, les dice: ¿Por qué discutís que no tenéis panes? ¿Aún no reflexionáis, ni entendéis? ¿Tenéis embotado vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No recordáis?” (Marcos 8: 17-18)

La levadura de los fariseos y Herodes es su afán de buscar honor, prestigio y fama, que los hacian actuar de forma hipócrita, despótica y opresiva (Mc. 10: 42).  Entre los discípulos no podía ser asi porque dicha conducta era señal de ceguera espiritual (Marcos 10: 43; Isaías 6: 10)

El pasaje de Marcos 10: 46-52, tiene algunas peculiaridades que debemos realzar, para comprender el mensaje del autor.  Primero, este relato ocurre inmediatamente después de la petición de Jacobo y Juan, sobre el ocupar lugares de privilegio en el reino glorioso de Cristo.  La advertencia de no permitir que la “levadura” de los fariseos y Herodes los alcanzara fue en vano.

Segundo, Jericó se menciona en dos (2) ocasiones en el verso 46: de “llegada y de salida”. ¿Por qué?  Creo que es parte de la redacción de Marcos para conectar el texto con la conquista de la tierra prometida.  Observe en Josué 6: 1, se nos habla que Jericó estaba “cerrada y atrancada”, es decir completamente cerrada, y nadie entraba, ni salía.  Jericó era el último bastión que entorpecía la entrada a la tierra prometida.  La entrada y salida de  Jesús de Jericó hacia Jerusalén, era una señal de Jesús se dirigía hacia la verdadera conquista de la raza humana,  que estaba esclavizada por el pecado, y en la cruz sería liberada.  La muerte de Cristo era la victoria total sobre el pecado y sobre todo lo que esclaviza al ser humano. Sin embargo, hacía falta que los discípulos (comunidad de Marcos) entendieran esta verdad, para poder experimentarla y proclamarla en todo lugar.

Tercero,  Bartimeo grita: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!  Este es el único pasaje de Marcos en que se le llama a Jesús con el título: “Hijo de David,” que lo vincula al Mesías como libertador de la nación de Israel, y que bajo su poderío se daría cumplimiento a la antigua promesa de Dios a Israel (Mc. 11: 10).

Cuarto, Bartimeo está reconociendo en su gritería que Jesús era el Mesías de Dios, y Jesús no rechaza dicha nominación, ni lo llama a guardar el secreto mesiánico (Marcos1:44; 5: 43;  7: 36; 8: 26).  De hecho es la gente, y posiblemente sus discípulos, que reprenden a Bartimeo para que se calle.  En el Jericó de la conquista, la ciudad “estaba atrancada y cerrada” (Josué 6: 1).  Pero Bartimeo no acepta la censura, por lo contrario, “grita más y más.”

Quinto, este pasaje está vinculado a la sanidad del ciego de Betsaida (Mc. 8: 22-26), que ocurre después de Jesús llamar ciegos a sus discípulos (8: 17-21).  En el ciego de Betsaida la sanidad ocurre por etapas (vea el relato). Sin embargo el milagro de Bartimeo es totalmente diferente.  La gritería del Bartimeo llama la atención de Jesús y éste se detiene en su trayectoria hacia Jerusalén. –“Llamadlo”–dijo Jesús.

Sexto, Bartimeo al enterarse que Jesús lo está llamando, “arroja de sí el manto”,  “da un salto y se pone de pie y fue hacia Jesús”.   Muy importante,  Bartimeo se desprende de lo que lo ata, contrario al joven rico, da un “salto”, se para y se mueve hacia Jesús.  Creo que esto es otra señal para los discípulos.  Para entrar a Jerusalén en la que se cumplen las profecías y Jesús enfrenta su misión primordial, los discípulos necesitan, no solo desprenderse de aquello que los ata, que era la levadura de los fariseos, su espíritu de poder, prestigio y fama, sino que necesitan dar un “salto” de fe para  que sus ojos se abran y puedan ver a Jesús el Cristo, y poder seguirle en el camino hacia la cruz.

Séptimo, Bartimeo sabía lo que quería:

–¿Qué quieres que te haga?–Le preguntó Jesús.

—“Rabboni (Mi Señor), que recobre la vista”.  Yo lo que quiero es ver, porque al abrirse mis ojos, me convierto y me sano (Isaías 6: 10).  Lo más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente, con sinceridad, sin engañarse, porque ver significa cambio.

–Anda, tu fe te ha sanado—le dijo Jesús. Y al momento recobró la vista, y le seguía en el camino (verso 52).  Bartimeo estaba listo para seguir a Jesús en su camino hacia la pasión, muerte y resurrección en Jerusalén.  Solo la fe nos permite enfrentarnos a los poderes de este mundo, que pretenden tener la hegemonía, pero realmente no tienen la última palabra.  La fe me dice que el camino del discipulado, aunque es un camino de persecución y dificultad, ciertamente nos guiará a la resurrección gloriosa prometida por Jesús.

Octavo, Bartimeo nos representa a todos nosotros, los que estuvimos en la vera del camino en el Jericó “cerrado y atrancado”, donde no podíamos salir ni entrar.  Pero un día pasó Jesús, gritamos, y aunque la gente de Jericó nos quería privar de nuestro derecho a gritar,  gritamos más y más, y Jesús nos escuchó, y nos mandó a llamar.   Y soltamos la “capa” que nos tenía atados, y dimos un salto y nos pusimos de pie, y fuimos a Él.  Y le pedimos que nos devolviera la vista, y así lo hizo…y hoy seguimos a Jesús en el camino, hasta que la muerte o su venida terminen nuestra ruta.  ¡Ese día veremos su rostro y contemplaremos su gloria!  Amen.

2 Replies to “Cuando los ojos se cierran y se embota el corazón… ¿Qué hago?”

  1. El título me llamó la atención y creí hablaba de mí, de mis ojos fuertemente cerrados para no ‘ver’ el mal en lo que hago y mi corazón endurecido porque no quiero cambiar de camino. Ciertamente debe ser un privilegio poder compararse positivamente a Bartimeo, que fue valiente y persistente. Lástima no estar a la altura.

    1. Nilda: Paz! Lo más hermoso es que la altura esperada solo la alcanzamos como un acto gracioso de Dios en Jesucristo. Así que el solo reconocer la necesidad y carecer de la capacidad para alcanzarla es el requisito “sine qua non” para activar la gracia divina…Muchas bendiciones. Gracias por leerme.

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