Generosidad de Espíritu: Un regalo que provoca acción de gracias

generosidad de espíritu

Por Samuel Caraballo-López

“Pero los generosos proponen hacer lo que es generoso y se mantienen firmes en su generosidad.” (Isaías 32:8 NTV)

Hay dos (2) virtudes de la fe cristiana que tienen que  ser rescatados en este momento crucial de la historia: la generosidad y la hospitalidad. Es importante clarificar de inicio que los actos de generosidad y hospitalidad no nos hacen necesariamente personas generosas y hospitalarias.  Por lo tanto, cuando reflexionamos sobre estas dos virtudes de la fe cristiana, lo hacemos desde la realidad de que ambas están vinculadas con el amor y santidad del carácter de Dios, y que son compartidas por la gracia a nuestras vidas.  En este primer artículo enfatizare la generosidad, y  en un segundo escrito haré lo mismo con la hospitalidad.

Entonces, ¿Qué es la generosidad? ¿Cuáles son los rasgos que distinguen a una persona generosa?  Comencemos diciendo que la generosidad es un estilo de vida, en la que compartimos lo que tenemos con otros. La generosidad, más que verse como algo que hacemos, debemos verla como una cualidad del carácter, es decir como algo que somos.    Es claro que una persona generosa emprende de forma natural actos de generosidad.

Cuando miramos los rasgos de personas altamente generosas, observamos que hay algunos aspectos en común: (a) tienen una conciencia clara de su identidad y la de su prójimo, y; (b) tienen un entendimiento claro sobre como actúa la Providencia divina. El teólogo cristiano sirio del siglo VII, Juan Damasceno, definió la Divina Providencia como los recursos y el cuidado que Dios provee a su Creación, para que ésta pueda subsistir y desarrollarse,  y también la serie de reglas y normas que les legó para que llevaran una vida recta y justa.[1] En otras palabras, la  Providencia divina nos habla como Dios en su gracia provee todo lo necesario para la vida y piedad, para que los seres humanos puedan vivir una vida de plenitud (2 Pedro 1: 3-4).

Ahora bien, es la combinación de ambos aspectos que nos sirven de inspiración para realizar acciones generosas.  Por lo tanto más que hablar de generosidad, podemos hablar de una espiritualidad de la generosidad, que en el caso de los cristianos los pone en contacto con Jesús mismo.  Menciono a Jesús, no solo porque soy un discípulo suyo, sino porque Jesús, el verbo encarnado de Dios, en sí mismo y en sus acciones nos demuestran el paradigma de la generosidad.

Algo de historia

La generosidad, en las culturas dominantes del tiempo de Jesús, la romana y griega, era una virtud de los poderosos, de los ricos benefactores[2].   En ese mundo no-cristiano, para ser generoso se requería una “vena” de nobleza.  La generosidad era una virtud de “alta alcurnia”.  Por lo tanto los actos de generosidad respondían a propósitos claros; brindar honra y reconocimiento a los benefactores. Es decir la generosidad implicaba un acto recíproco de reconocimiento al acto, una especie de intercambio de servicios  por parte de la clase dominantes y los dominados.  Una persona ordinaria como tú y yo, bajo esas premisas culturales, no tendríamos las condiciones para ser personas generosas.

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En el mundo pagano del Nuevo Testamento, la generosidad era dominio exclusivo de los ricos y poderosos.  Miremos un ejemplo en el mismo Nuevo Testamento, en el relato del Evangelio de Lucas 7: 1-10. Los ancianos de Cafarnaum le hacen una petición a Jesús para que fuera y sanara el siervo del Centurión romano, que estaba muy enfermo y a punto de morir.  —“El ama a nuestra nación, y él mismo nos edificó la sinagoga”—le dijeron.  La petición a Jesús era que fuese recíproco, dada la generosidad de aquel poderoso para con la nación Judía—“le rogaban insistentemente, diciendo: Es digno de que le concedas esto” (Lucas 7: 4). El resto del relato lo puedes leer tu mismo.

Según Aristóteles la generosidad solo podía venir de los hombres magnánimos (no de las mujeres), provenientes de cunas nobles, de notable superioridad, y autosuficientes, y que no tenían las ambiciones del hombre ordinario. En esta cosmovisión greco-romana de la  generosidad, entran en acción los primeros cristianos, inspirados por el ejemplo de Jesús de Nazaret y afirmando una visión contracultural, ya presente en la revelación que Dios hace de sí mismo en el Antiguo Testamento.

El legado de las Sagradas Escrituras

Consideremos algunos textos bíblicos, de los ciento existentes sobre la generosidad, que implosionan la visión elitista que asumieron las culturas hegemónicas del tiempo de Jesús, y que en algunos momentos vemos cierta adhesión regresiva por parte de algunos sectores contemporáneos a dichas ideologías.

En los relatos de la Creación encontramos expresiones indubitables del carácter generoso de un Dios Santo:

También les dijo: «Yo les doy de la tierra
todas las plantas que producen semilla
y todos los árboles que dan fruto con semilla;
todo esto les servirá de alimento (Génesis 1: 29).

La creación

De hecho la creación  es el resultado de la “supererogatoria” (palabra de domingo) generosidad de Dios, es decir que Su acción divina va mucho más allá de lo que se le atribuye como obligación.  En toda las Escrituras  se nos habla de este tipo de generosidad de Dios:

Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén (Efesios 3: 20-21)

En la carta a los Filipenses el mismo apóstol Pablo nos da la clave de la generosidad en la comunidad cristiana, y que ciertamente es  un planteamiento contra cultural:

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos” (Filipenses 2: 5-7).

La generosidad no es una virtud de los poderosos, sino que en Cristo, ésta se convierte en una gracia, que se encarna en los seres humanos, sin importar su estatus social, político y económico.

El apóstol Pablo instruye, en la segunda carta a los Corintios (caps. 8 y 9), sobre la fidelidad de los creyentes en asuntos de generosidad, lo hace a la luz de la economía divina expresada en toda la historia de la salvación y a la luz del paradigma de Jesús:

Ahora, hermanos, queremos que se enteren de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia. En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad (2 Corintios 8: 1-2)

Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos (2 Corintios 8: 9).

Al cierre del canon, se nos repite el acto generoso de Dios, de ofrecernos gratuitamente cielos nuevos y tierra nueva, donde mora el orden y la justicia (Apoc. 21: 1-6):

Oí una potente voz que provenía del trono y decía: ¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios!  Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

Estas expresiones bíblicas nos describen e identifica como opera la economía del Reino de Dios.  Esta economía es radicalmente diferente al paradigma que la mayoría de nuestro mundo tiene.  La economía del Reino de Dios se distingue por:

  • Una generosidad de espíritu.
  • Palabras prestas de bienvenida y apertura.
  • Un deleite gozoso en compartir generosamente los distintivos de la economía divina.
  • Un compartir de la abundancia y plenitud que se origina en Dios.

 Nuestro mundo, nuestra iglesia

La generosidad de Espíritu es una virtud dada por la gracia de Dios para crear espacios de balance y justicia en el mundo.  Es la generosidad la que permite superar la brecha entre ricos y pobres, de tal forma que la convivencia en paz sea posible en un mundo que es de todos.  En la medida que la brecha entre los polos de riqueza y pobreza se extinga, la justicia como bien de todos, aflora para que la vida se haga más humana conforme al propósito divino (Isaías 58: 7-12).  Frente a esta utopía, es largo el camino que nos falta por recorrer.

dureza de corazon

Lamentablemente a pesar de estas verdades de las Sagradas Escrituras, que son predicadas continuamente en nuestras comunidades, la realidad nos muestra que nuestro mundo está marcado por la estrechez y por una generosidad fracasada.  Cada día los ricos se enriquecen más y los pobres son más pobres.  Estudios demuestran que para el 2016, el 1% de los ricos tendrán el 50% de las riquezas del mundo.

Dos (2) cosas parecen impedir la generosidad en nuestras comunidades cristianas hoy: la presunción y la desesperanza.  La primera es una actitud o conducta en la que la arrogancia se impone sobre la humildad. El querer vivir de apariencias y de falsas expectativas nos lleva al limbo de la vanidad.  La segunda es un estado de ánimo que es provocado por una falta  de entendimiento sobre lo que es la Providencia divina.  Ambas, sean juntas o separadas representan el mayor obstáculo para la manifestación de la generosidad de Espíritu en la iglesia cristiana del siglo XXI.

arrogancia 2

La presunción se convierte en un serio obstáculo para la generosidad, porque busca la seguridad contra la vulnerabilidad, a través de la astucia y el control.  Esto representa un grave peligro para la Iglesia cristiana y sus instituciones, muy especialmente en tiempo de crisis económica.  Al querer poseer cosas y ejercer poder a través de estas, puede hacer surgir la pretensión de que la ausencia de generosidad es la forma de protegernos de pérdidas y mantener nuestro capital.  De hecho, la presunción fomenta un tipo de competitividad que opaca la interdependencia cooperativa entre aquellos que nos llamamos el pueblo de Dios.

La presunción construye paredes para asegurar los propios intereses, pensando muy poco en tender puentes de generosidad y hospitalidad a través de los cuales los que están  en necesidad podrían ser bienvenidos.   En ocasiones, la presunción parece iniciar proyectos de generosidad para los más vulnerables, inclusive trayéndoles a sus “trincheras”, pero no vacilan en cerrar las puertas, si el crecimiento  de los recursos escasea.  De hecho la presunción tiende a crear ilusiones y ambiciosos proyectos que pretenden construir “cielos falsos” de bienestar social, en lugar de enseñar a abrir el corazón para recibir con gratitud las promesas y abundancia de la Providencia divina.

desesperanza2

La desesperanza, por otro lado, al perder el sentido de la Providencia de Dios para todos, tiende a caer en un espíritu de cinismo y resentimiento.  De hecho esta situación los lleva a actuar de forma igual a la presunción,  intentando controlarlo todo. El desesperado, contrario al presuntuoso, experimenta miseria, porque se siente fuera de un mundo que te acepta “solamente si” cumples con tal o cual requerimiento. La desesperanza y la presunción distorsionan el regalo de la gracia ofrecido por la economía divina del Dios Trinitario a quien servimos.

encarnación del verbo

La generosidad de Espíritu es la oferta divina ante la situación humana que hemos descrito.  En esa generosidad de Espíritu existe, de forma inherente, los recursos para resistir las tentaciones de la envidia y miseria, que la presunción y desesperanza, respectivamente producen en sus seguidores.  Los cristianos llenos de la esperanza que produce la generosidad de Espíritu, no están preocupados por poseer cosas, sino ocupados en alcanzar la plenitud que la gracia divina trae, para capacitarlos como agentes de liberación de un mundo cuyos recursos y productos se han convertido en sus propios ídolos. ¡Feliz día de Acción de Gracias!

 

Notas

[1]  Definición de providencia – Qué es, Significado y concepto  http://definicion.de/providencia/#ixzz3sPnRPYcv

[2] Henry, Douglas V. (2015). Generosity of Spirit.  Christian Reflection: A series in faith and ethics. Waco, TX: The Institute for faith and learning-Baylor University.

3 Replies to “Generosidad de Espíritu: Un regalo que provoca acción de gracias”

  1. Miriam: Paz y bendiciones. Me alegra poder leer un comentario tan refrescante de la nuera que más quiero (aunque seas la única, lo digo en serio). El problema de la generosidad lo crea el mismo sistema capitalista en que vivimos y funcionamos. Los cristianos tenemos que lidiar con este, entendiendo que Jesus nos dejó el legado del Reino. Hay mucho que hacer Miriam, especialmente con las nuevas generaciones.

  2. Muy interesante este artículo. Me impacto’ el dato que incluyes de que el 1% de los ricos tendrán el 50% de las riquezas del mundo. Si todos siguiéramos los pasos de Cristo no habría pobreza alguna. La pena es que la mayoría de la veces uno toma decisiones que no reflejan la generosidad de Cristo. Como tu bien señalas la apariencia y la presunción construyen paredes que no nos permiten actuar de acuerdo al ejemplo de Jesus. Oremos para que el Señor nos muestre en que áreas hemos fallado, que paredes hemos construido que nos atan y no nos permiten ayudar a otros de manera desprendida y sin presunciones. ¡El Señor nos ayude! -Miriam

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