Cuando la Navidad se hace distante

navidad a distancia

Por Samuel Caraballo-López

Me levante esta mañana meditando sobre el ministerio de Juan el bautista.  A mí como pastor evangélico me llama mucho la atención lo que los profetas dijeron de él, muy especialmente Malaquías. Como sabemos este es uno de los personajes principales de esta época de adviento.  Es posible que durante estos días en cada púlpito cristiano se haya hablado de él y de su labor como precursor del Señor Jesucristo.  Me imagino como nos hemos conmovido con sus valientes palabras dirigidas a todos los sectores de la sociedad.   Juan el Bautista nos enseña a los cristianos de hoy que la Verdad no se negocia y que seguir a Cristo exige el “martirio de la fidelidad cotidiana al Evangelio” (Benedicto XVI). Por cierto, admiramos al Bautista, pero nos resistimos a ese “martirio” cuando callamos la Verdad que se supone que hablemos (Lucas 19: 40).

El Profeta Malaquías nos habla de un mensajero que había de venir, y cuya misión principal era purificar a los hijos de Levi, para que pudieran realizar la misión de presentar holocaustos de justicia al Señor (Malaquías 3: 1-4).  Esta declaración del último de los profetas del Antiguo Testamento, es medular para entender a cabalidad el mensaje de Juan.  De hecho, no podemos desligar el mensaje de la natividad de Jesús del ministerio de Juan el bautista, que cierra la era de los profetas y la ley (Mateo 11: 11-14).

Imagínense, estar presente en uno de los discursos de Juan, que al ver venir a los líderes religiosos de Israel, que habían perdido su “norte”, les llama públicamente—“¡Generación de víboras!” (Mateo 3: 5-6).  Cuánta irreverencia!  Malaquías explica la razón de esta actitud de Juan en las siguientes declaraciones:

“Y se sentará para refinar y purificar la plata, y purificará a los hijos de Leví, y los acrisolará como el oro y la plata, para que puedan presentar a YHVH holocaustos de Justicia.  Entonces serán gratas a YHVH las ofrendas de Judá y de Jerusalem, …” (Malaquías 3: 3-4).

La clase sacerdotal de Israel estaba principalmente compuesta por los saduceos.  Los fariseos, por su parte, eran los principales defensores de la Ley y los profetas.  La misión de Juan de ser precursor del Mesías, le establecía como tarea el “rellenar” los valles y “enderezar” los caminos torcidos de la fe de Israel. Ciertamente la oscuridad religiosa de Israel era tan densa que se sentía aun a plena luz del día (Malaquías 1: 6-2:9).

Esta tarea de juicio y purificación se debía iniciar con el liderato sacerdotal que tenía como función principal conectar al pueblo con lo divino.  Hay varios verbos del texto de Malaquías que tienen que ser considerados en este escrito: refinar (לחדד), purificar (לטהר) y acrisolar (לחדד).

Comencemos con el primero de los verbos, refinar.  El verbo refinar significa hacer una cosa más fina o más pura, en especial determinadas sustancias (la plata y el oro) a las que se les eliminan sus impurezas.  Es quitar la impureza que proviene del contacto con su ambiente externo, separando el metal de otros metales de menor valor.  El verbo también implica perfeccionar una cosa adecuándola a un fin determinado.  En este contexto Juan el bautista, tiene una misión ineludible con los hijos de Leví, que eran la clase sacerdotal de Israel.  Juan tiene la responsabilidad de eliminar las “impurezas” de los líderes religiosos, producto de su contacto con una sociedad contraria a Dios y su Palabra, para que el servicio que estos impartan edifiquen la fe del pueblo. Hay una premisa que se establece con claridad en el pasaje, solo es aceptable al Señor, lo que brota de la limpieza del corazón (Mateo 5:8).

purificar metales

El segundo verbo es purificar, que parece ser sinónimo del antes discutido.  Sin embargo, hay una diferencia.  El verbo purificar significa quitar de un objeto lo que es extraño o inútil a éste, con el fin de dejarlo puro.  De hecho, el sinónimo de purificar es depurar.  Depurar implica remover lo extraño de un objeto, lo que no es de su naturaleza, con el propósito de recuperar su originalidad. Juan, tenía que arrancar con firmeza lo que se había adherido, sin ser parte de la naturaleza del ministerio sacerdotal, para que este se pudiese presentar como al principio delante del Señor, es decir  “como en los días primeros y como en los años antiguos” (Mal. 3: 4).

acrisolar

El tercer verbo es acrisolar, muy poco usado en nuestra comunicación moderna.  Su significado que es “purificar un metal en el crisol”, tiene implicaciones de juicio.  Un crisol es un recipiente de material refractario que sirve para fundir un metal a temperaturas muy altas, usado en la industria química y metalúrgica.  El crisol está ligado al fuego que funde el metal para purificarlo, hacerlo maleable y darle forma de acuerdo al propósito que se tiene para el mismo. De hecho, el trabajo de purificación de la plata en el crisol no se completa hasta que el orfebre ve su rostro reflejado en el metal.  Juan, con su mensaje de juicio profético, tenía el propósito de fundir los corazones endurecidos de los “hijos de Leví”, para que la santidad de Dios se reflejara en ellos y que su ministerio se alineara a los requerimientos de la Alianza establecida.

El mensaje de Juan tiene serias implicaciones para los líderes religiosos de nuestro país y de todos los países.  Los líderes religiosos al igual que el pueblo, pueden caer en tiempos de decadencia e inclusive “perder” el camino, afectando no solo el ejercicio de su ministerio, sino al pueblo a quien se sirve.  Es por eso que el “Instituto de Juan el bautista” es imprescindible hoy.  Juan llama a los “hijos de Levi” a alinear sus ministerios a los estándares del reino de Dios.

juanb

Cada líder religioso, en el que yo estoy incluido, necesitamos ser refinados, purificados y acrisolados para que el producto de nuestro ministerio sea grato a nuestro Señor, sea auténtico, y cumpla su labor de edificación al pueblo.  De la misma forma en que  un instrumento musical es limpiado y cuidado para que emita un sonido melodioso que pueda ser escuchado, se requiere que la vida del sacerdote y su práctica ministerial sea purificada para que la Palabra de Dios se escuche y entienda sin distracciones.

¡Cuán importante es restaurar la voz profética en la iglesia y en nuestro mundo!  No podemos llegar experimentar la buenas nuevas, sin una palabra profética que nos confronte en este momento de la historia.  De hecho, lo que le da sentido a las Buenas Nuevas de gran gozo que anunciaron los ángeles en la primera Navidad, son las Palabras proféticas que provienen de Juan el bautista.   La palabra profética tiene una función primordial, preparar a la iglesia y a la gente para el Nuevo Orden que se acerca, de lo cual la Navidad es un anticipo.

¡Reciban mis bendiciones!

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