Una palabra de felicitación y agradecimiento

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Por Samuel Caraballo-López

No quiero que cierre este año sin agradecer a todos mis lectores  de diversos puntos del planeta; Latinoamérica, Estados Unidos,  Europa y por supuesto de Puerto Rico, República Dominicana y todo el Caribe, por su fiel acompañamiento a través de la senda tortuosa de la escritura.  Agradezco a mis lectores, que a pesar de que mis artículos no fueron del todo simpáticos para algunos, aun así siguieron mis escritos.  Bien decía Rodín,  “Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho”.

Es común que al finalizar un año, los recuerdos afloren en caravanas. Hay recuerdos que vienen a nuestra mente de manera insistente, y dado su disfrute, no se vive dos veces, sino infinitas veces.  Es como si se estuviera anclado para siempre en esos momentos más bellos de la vida. Cuando esto ocurre podemos decir que recordar es vivir.

Sin embargo, suele ocurrir lo contrario, llegan recuerdos de aquellos momentos de la existencia en que todo ha sido tristeza; en estos casos, no se vive dos veces, sino que se muere muchas veces.  En estos casos recordar es morir.

Ciertamente tenemos que reconocer que la vida es una enredadera de eventos agradables, neutrales y desagradables, que cada cual los interpreta de acuerdo a su particular cosmovisión, y la luz de esto acomoda lo aprendido su realidad.

Hoy escojo los gratos recuerdos, sin obviar del todo aquellos que me hicieron entender mi vulnerabilidad. Uno de esos gratos recuerdos fue mi ceremonia de Jubilación, que marcó el cierre de 34 años de un intenso ministerio pastoral.   Cuando repaso estos eventos que formaron parte de mis experiencias pastorales, en diversos escenarios, en y  fuera de mi país natal, me sorprende lo que puede hacer la gracia de Dios en comunidades e individuos, cuando acompañamos redentoramente a estos. Así que este año 2015 fue uno de sueños concluidos.

Además, durante este año, nació Rosita (Luz Aurora), mi nieta y me parece que con ella se cierra la  tercera generación de mis descendientes de segundo grado.  De hecho Luz Aurora es la séptima de esta generación, nacida en el “exilio”, y bajo nuevas estructuras culturales que incidirán significativamente sobre su forma de ver la vida.  Además, durante este diciembre pudimos por fin reunir los siete nietos en un mismo lugar para celebrar la Navidad y el fin de año–¡qué experiencia!

Hoy le digo adiós a este año que se va, no sin antes recordar a aquellos que partieron a la eternidad y que dejaron un vacío que nadie puede llenar.  No puedo olvidar al Representante Carlos Vargas Ferrer, al Dr. Ramón Caraballo, a Amarilis Fuentes y el Evangelista Miguel Acevedo Franco entre otros, que nos dejaron en la plenitud de sus facultades, y de forma sorpresiva.  Recordamos a nuestros hermanos Isabel Rosado Morales, Jeriel Lanzó, Ricardo Castro, Ana De Jesús, Miguelón Velázquez, Hilda Martínez, Rvdo. Rafael Torres Ortega, el Pastor Jesse Martínez, Luis Idelfonso Encarnación (Mancitín), Juana Velázquez, Provi Huertas, José Herrera (Bozo) y tantos más que se encontraron con el Altísimo. Doy gracias Dios por su tiempo en este hermoso Planeta, y tengo la esperanza que en algún momento nos volveremos a ver y celebraremos nuestro encuentro.

A todos muchas gracias y un fuerte abrazo de solidaridad en este fin de año, y con toda sinceridad oro para que en el 2016 se cumplan los propósitos y voluntad de Dios en sus vidas.

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