¿Cómo superar el paradigma de Nazaret? … un reto para la iglesia hoy-Parte II

Jesús en Nazaret

Por Samuel Caraballo-López

El texto de este cuarto domingo después de Epifanía se encuentra en Lucas 4: 21-30.  Este es una continuación del discurso comenzado el pasado domingo.  Ciertamente ese pasaje es uno de los más difíciles de todo el Evangelio de Lucas.  Es importante que al estudiarlo estemos atento a la redacción que hace el Evangelista al texto de Marcos 6: 1-6. De hecho, si comparamos la redacción de Lucas con su homólogo Mateo (13: 53-58), nos percataremos que el pasaje más elaborado sobre la visita de Jesús a la ciudad en que se crió lo encontramos en Lucas.  Así que para entender y poder descifrar el significado de este pasaje, tenemos que entender la teología presente en Lucas-Hechos, y que se manifiesta en este pasaje.

Es importante notar que contrario a Marcos que es su fuente principal, Lucas ubica este pasaje muy temprano en el ministerio de Jesús.  Dice Lucas, que Jesús luego de la tentación en el desierto, llega a Galilea en el poder de Espíritu y enseñaba en las sinagogas, muy especialmente en Capernaúm, donde había establecido su residencia (Marcos 2: 1; Mateo 4; 12-13).  Luego de esa introducción a su ministerio en Galilea, Lucas nos narra su llegada a Nazaret.  Lucas ubica este evento, antes de Jesús elegir a sus discípulos, y comenzar su gira por toda Galilea y ciudades aledañas. 

Mapa Nazaret

Es fácil entender la dificultad de Jesús en Nazaret desde la perspectiva de Marcos 6: 1-6 (vea artículo: ¿Cómo superar el paradigma de Nazaret?… el reto de la iglesia hoy-Parte I-Julio de 2015).  Según Marcos, y Mateo asiente, las dificultades de Jesús en Nazaret se debieron al cuestionamiento de la multitud sobre las credenciales de Jesús, muy especialmente a su preparación, su nacimiento y trasfondo familiar (Marcos 6: 2-3). En el discurso de Lucas, que tenemos en este domingo, la situación es muy diferente.  Si en Marcos era una cuestión de honor y prestigio, en Lucas es una cuestión de actitud misionera[1].  No hay duda que Lucas añade otro paradigma, que tenemos que considerar como obstáculo a la manifestación del poder del Espíritu en la iglesia.

De acuerdo a las costumbres y cosmovisión de las comunidades de la época de Lucas (posiblemente 85-90 d. C), los grupos más cercanos a los que tenían el poder, debían ser los receptores primarios del producto que genera el poder (¿nepotismo?).  De hecho, las expectativas, aún hoy, es que los allegados a los que estaban en el poder tienen ciertos privilegios que los demás no tienen.

Ahora bien, dado que Jesús había llegado precedido de poder desde otros sectores de Galilea, era de esperarse que su llegada a Nazaret generara una gran expectativa entre la pequeña población de aquella aldea.  Sin embargo, Jesús no acepta el soborno emocional de sus conocidos.  Jesus establece que la mera familiaridad no me da privilegios ante la justicia y poder de Dios.  Esta declaración ya Juan el bautista la había hecho a los judíos en el mismo evangelio:

Haced pues frutos dignos de arrepintiendo, y no comencéis a decir entre vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras (Lucas 3; 8).

El mensaje profético se niega a utilizar el único criterio de la familiaridad para manifestar la gracia inmerecida de Dios sobre los seres humanos.  Por supuesto que Dios quiere manifestar su amor, bondad y misericordia sobre los residentes de Nazaret.  De hecho, en eso consiste el Manifiesto expresado por Jesús (Lucas 4: 16-21), el problema es que intentar sobornar el poder de Dios, basado en los privilegios de la familiaridad, es intolerable para los profetas (Jeremías 1: 17-19).  La crítica explícita y constante de los profetas es a todo acto que implique cohecho o corrupción (vea a Elías en su lucha con Acab-1 Reyes 18:17ss; Jeremías 6:28s; Ezequiel 22: 5-12; Amos 5: 12ss; Oseas 5: 1ss; 9: 9; Miqueas 2: 1ss) .  Jesús denuncia el camino equivocado del pueblo de Nazaret, e intenta corregirles de su intento de sobornarlo, y los invita a la conversión.

Jesus es rechazado en Nazaret

Hay dos (2) denuncias que Jesús les hace a los residentes de Nazaret.  Primero, declara que la condición espiritual de ellos era semejante a la de Israel para el tiempo de los profetas Elías y Eliseo (Lucas 4: 25, 1 Reyes 16: 32-33).  El pueblo de Nazaret estaba manifestando la misma conducta que Israel manifestaba para el tiempo de los reyes Acab, y Ocozías.  La condición religiosa de Israel era de idolatría masificada y una actitud de egoísmo que resquebrajaba la vida en comunidad.

Segundo, Jesús confronta a los residentes de Nazaret, con sus reclamos de privilegios basado en la familiaridad, sin estar dispuestos a hacer por otros lo que ellos estaban solicitando para sí.  Jesús es claro, lo que tu reclamas de Dios, debes estar dispuesto a hacerlo con otros.  Es decir, si deseo perdón, debo estar dispuesto a perdonar.  Si deseo bendiciones debo estar dispuesto a compartir estas con otros.   Ser parte de la familia o grupo de amistad de Jesús no me garantiza que el poder benefactor de Dios, me cubre automáticamente.  No podemos admirar la presencia, proclamación, los milagros y señales de Jesús, sin comprometernos con su misión a toda la humanidad.

Jesús cita dos ejemplos del ministerio de Elías y Eliseo (Lucas 4 24-26).  Dios, a pesar de la gran cantidad de viudas en Israel, envió a Elías a una viuda extranjera en Sarepta de Sidón, en tiempos de hambruna en Israel (1 Reyes 17: 8-16), ¿por qué?  Porque Dios sabía que ella estaba dispuesta a compartir primero su pan con el Profeta. Dios, a pesar de los muchos leprosos que había en Israel, envió a Eliseo a sanar a un leproso no judío, a Naamán, capitán del ejército sirio, porque éste estaba dispuesto a aceptar las condiciones de Dios para recibir la sanidad.   Es decir, Dios, no le concedió el favor por el mero hecho de ser viuda o de ser rico, sino que la disposición del corazón, habilitó el poder de Dios en ellos. Estos extranjeros en necesidad, rindieron su voluntad y se dispusieron a hacer antes de recibir.

La gente de Nazaret estaba tan furiosa, porque entendían que ellos eran los primeros merecedores del favor de Dios a través de Jesús.  He ahí porque ningún profeta era grato en su tierra (4: 24). El texto nos dice que sacaron a Jesús de la ciudad y lo querían despeñar.  La crítica profética de Jesús, fue como una bofetada en pleno rostro. Su actitud egoísta de reclamo de privilegios en virtud a la cercanía con Jesús, era su mayor impedimento para recibir el favor de Dios.  El principio que establece Jesús es claro, todos los que recibieron el favor de Dios, tenían la disposición de rendir su voluntad previo a la recepción de lo anhelado.

Lucas 4

¡Cuántas veces nos hemos molestado porque se nos ha dicho la verdad!  Los profetas se distinguen por decirle la verdad a su auditorio, dado que la meta del mensaje profético es que las personas involucradas, puedan arrepentirse y corregir su conducta.  Es muy difícil que cuando se nos dice una verdad chocante que no nos enojemos, nos pongamos a la defensiva o lo tomemos personal, y aún más cuando el que la declara es alguien que es familia o conocido nuestro.  ¡Cuántas veces nos hemos disgustado con los médicos, que nos han atendido por tanto tiempo!  Tengo un médico (mi cardiólogo), que tiende a ser muy franco—¡estas sobre peso! —¡no te estas tomando los medicamentos como debe ser! Hay momentos que me molesto con él cuándo me dice la verdad, aunque sea para mi bien.

Este pasaje de Jesús en Nazaret, según Lucas, nos demuestra que todos tenemos un monte para despeñar a alguien o algo que no nos agrada y rechazamos.  Dentro de nosotros existe ese monte, en que pasamos juicio de lo que se nos dice, hace o enseña.  En ese monte, como los de Nazaret, despeñamos lo que no nos gusta o consideremos ofensivo, aunque sepamos que es cierto. Sin embargo, podemos convertir ese monte en un lugar para despeñar nuestros prejuicios, nuestras incongruencias y desatinos.  Ese monte puede ser también un lugar para celebrar las misericordias de Dios y la liberación que Dios nos manifiesta a través de su palabra profética.

monte para despeñar

El relato de Lucas termina con una escena de esperanza, el intento de despeñar la verdad de Dios proclamada por Jesús, es abortado, y Jesús pasa por en medio de ellos y prosigue su misión (Lucas 4:30). Es decir que los que pretendían despeñar a Jesús, al final aceptan que aquella palabra profética acerca de sus vidas, y que les denuncia que el poder que dirigía sus vidas era el egoísmo, se impone sobre ellos.  El dejar que Jesús pase “por en medio de ellos” y prosiguiera, era el reconocimiento que sus ojos y oídos, que al estar cerrados y los confinaba en el autoengaño, comenzaron a abrirse—¡Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos! Muchas bendiciones.

 

 

[1] Danker, F. W. Proclamation commentaries: Luke. Philadelphia, PA:  Fortress Press, 1987.

[2] Ibid

 

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