Sed de Dios…sed de intimidad, ¿cómo saciarla?

hambre y sed

Por Samuel Caraballo-López

“El Espíritu es aquello con lo que percibimos, no lo que percibimos en sí; es el que nos abre los ojos a las realidades espirituales subyacentes.” Philip Yancey

Uno de los textos  recomendados para el 28 de febrero de 2016, tercer domingo de cuaresma lo encontramos en el Salmo 63: 1-8.  Este salmo es un “corta vena” de la intimidad con Dios. En este salmo se compara la necesidad de comunión con Dios con la imprescindible necesidad de agua que tenían los pueblos del desierto. No hay sobrevivencia espiritual sin una profunda relación con Dios:

“Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta (Salmo 63: 1 NIV).

sed de dios

Creo que este salmo me da el “pie forzao” para inspirar a mis lectores a trabajar con ese sentir del salmista. Simplemente te invito a leerlo y deleitarte con el mismo.

Hay un fundamento de la espiritualidad que tenemos que recuperar urgentemente hoy, y de no hacerlo se nos va la vida como comunidad cristiana.  Lamentablemente nuestro acercamiento a Dios ha sido principalmente “oportunista”.  Es decir, cuando nos acercamos a lo divino priorizamos el interés propio y tratamos de hacer de Dios un instrumento para nuestro bienestar personal.  Dios es visto en muchos contextos como una “ATH” que tiene que responder a todos nuestros deseos diarios, queriendo obviar los aspectos éticos que caracterizan las enseñanzas de Jesús.

Cuando visitamos una congregación cristiana, encontramos oraciones y súplicas por peticiones personales y colectivas cuyo fin es exclusivamente el bienestar del orante.

De hecho, en casi todas las congregaciones cristianas que conozco hay una “cajita” de peticiones en las que se depositan las diversas solicitudes de los creyentes a Dios. Generalmente, solo cuando se cumplen dichas peticiones escuchamos a la gente testificar de las maravillas de Dios.  Dicho de otra manera, no podemos seguir concibiendo a Dios solo como el Benefactor que satisface nuestras diversas necesidades materiales.

Sin embargo, el Salmo 63 y Jesús, nos muestran otra cara de Dios.  Jesús nos enseñó que el Dios Creador del universo y Padre, no solo es un poder externo al que debamos obedecer, sino que es alguien que quiere vivir dentro de nosotros, en una relación personal de amistad, que nos transforma de adentro hacia afuera y que permite la libre expresión de lo que somos en El (1 Juan 3: 2).

La amistad entre personas siempre tiene un grado de incertidumbre y de duda. Muchas veces nos sorprendemos cuando nos enteramos de conductas de amistades que nunca imaginamos ocurrieran. Sin embargo, con Dios la amistad es diferente, porque cuando abrimos nuestro corazón para que el venga a vivir en nosotros, por medio de su Espíritu, todas las sorpresas, (aunque no siempre gustan), redundan en producir armonía interna entre lo que digo ser y lo que realmente soy (Colosenses 1: 10ss).

Los evangelios nos presentan a Jesús, orando a su Padre, como quién dialoga con una persona conocida, con la que tiene confianza y vínculos de intimidad, aún en sus momentos más difíciles:

¡Padre, te doy gracias porque me has oído! Yo sabía que siempre me oyes… (Juan 11: 41s).

Eli, Eli ¿lemá sabajthání? (Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me desamparaste?) (me dejaste “atado y encerrado”-comentario mío) Marcos 15: 34

Jesús nos muestra una dimensión real de Dios; como el que anhela amistad, compañerismo empático y simpático con su creación.  Esta cualidad de Dios es encarnada en Jesús, y manifestada en el llamamiento a los primeros discípulos:

“Y sube al monte y llama a los que El quería, y fueron a El.  Y estableció a doce, para que estuvieran con El, para enviarlos a predicar, y para que tuvieran autoridad de echar fuera demonios.” (Marcos 3: 13-15, BTX).

El texto nos dice que el primer llamado a los discipulos fue “para que estuvieran con El,” lo que afirma la simpatía del Mesías y el interés de Dios de relacionarse con el ser humano.  De hecho, esta es una vision contracultural sobre Dios, inconcebible e inaceptable para el mundo helenista.

Jesús llama a sus seguidores amigos, en lugar de siervos, porque él desea tener con sus discípulos una comunicación abierta e igualatoria, en la que conozcan todo lo que Dios ha compartido con su Hijo:

“Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes.” (Juan 15: 15)

¿Cómo podemos hoy incrementar nuestra relación de amistad con Jesús?  Hay al menos, tres (3) disciplinas espirituales que brotan de las Sagradas Escrituras y de la historia de la Iglesia, cuyo fin es aumentar los niveles de intimidad con el Dios Creador. Estas son: la “oración pura”, la “contemplación” y el “orar” la Palabra.

padres del desierto

La primera disciplina es la “oración pura  que forma parte de toda la espiritualidad de los “padres (Abbas) y madres (ammas) del desierto” del siglo IV de la era cristiana[1].  Orar es compartir la vida con Dios.  Esta oración de intimidad, es un acto en que conscientemente, nos acercamos a Dios para escucharle[2] y sentir su presencia.  Es importante entender que no nos acercamos, para realizar un “monologo de la razón”, sino exclusivamente para oír y sentir a Dios.  Cuando decimos escucharle no nos referimos simplemente a afinar nuestro oído físico, sino escuchar con nuestro oído interior. Es la vieja disciplina olvidada del maestro Evagrio de Ponto[3] (346-399), el padre del desierto y discípulo de los Capadocios, quien la denominó la “oración pura”.  Es un tipo de oración en la que no hay imágenes externas, sino que se concentra en sentir la presencia de Dios, sin ningún tipo de visualización o conceptualización que nos acerque a Dios.  Algunas veces se le puede llamar “oración centralizada” en la presencia de Dios.

oración pura

La segunda disciplina que necesitamos cultivar es la contemplación.  Es sentarme frente a Dios en silencio para “ver su poder y gloria”, sin que nada me distraiga, inclusive mis palabras:

“Así que te he buscado en el Santuario, para ver tu poder y tu gloria.” (Salmo 63: 2)

La contemplación implica aquella meditación del espíritu que se caracteriza por la solitud, el silencio y la profundidad mental que nos permiten desprendernos de las sensaciones que normalmente nos abordan.  Para Henri J. Nouwen, esta clase de “contemplación” es la clave para crecer en intimidad con Dios, y sus resultados son la transformación y el crecimiento cristiano.

camino de los audaces 4

 

 “La solitud es el horno de la transformación.  Sin solitud permanecemos víctimas de nuestra sociedad y continuamos enredados en las ilusiones de nuestro falso yo.” Henri J. Nouwen.

La tercera disciplina que nos lleva a tener amistad con Dios es “orar la Palabra escrita”. La forma primaria que conozco para oír la voz de Dios es a través de las palabras de la Biblia. La conversación es la mejor forma de incrementar los lazos de amistad entre los seres humanos, y lo mismo sucede con Dios.  Le llamamos “orar la Biblia” a la utilización de las mismas Palabras de la Biblia para que sean mis palabras, y profundizar en estas mientras oro.  En la experiencia de “orar la Palabra”, buscamos que el “Espíritu de la letra” o el “Espíritu que inspiró el texto”, nos ayude a entender con mayor profundidad lo que oramos y reflexionamos.  En esta dinámica se establece un triple diálogo entre el Espíritu del texto, las comunidades que produjeron el texto y el lector, que nos permite conocer, mucho mejor, al Dios con quien queremos amistarnos.

orar la palabra 2

No hay duda que el deseo de Dios para sus hijos es que estos se relacionen con El, de la forma que Él se relaciona con su creación.  Nuestra cultura nos ha negado este privilegio, haciéndonos ver que este tiempo de intimidad, no es productivo. En medio de un mundo que enfatiza el valor del consumo, y que se considera a la gente en términos de lo que produce por sus tareas; la oración, el ayuno, la contemplación y la reflexión bíblica son actos contraculturales, que afirman que “no solo de pan” vivirá el ser humano.

Cuando entramos en el cultivo de nuestra relación de amistad con Dios, estamos entrando en una vida más profunda y sólida que redundará en relaciones humanas de igual naturaleza; para beneficio personal, familiar y comunitario.  Bien lo dijo el Salmista:

“Porque Tú has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas, canto jubiloso.  Mi alma está apegada a ti y te sigue. Tu diestra me sostiene con vigor” (Salmo 63: 7-8).

Muchas bendiciones.

[1] Vea WikipediA bajo estos nombres.

[2] Vea mis artículos:  Orar: más allá de la rutina en https://wordpress.com/post/samcaraballo.me/140

[3] Evagrio Póntico. Praktikos: Chapters on Prayer. (Spencer, Mass.: Cistercian Publication, 1970), 52-80.

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