Cuando Yo mismo soy mi obstáculo

madurez

Por Samuel Caraballo-López

Simón Pedro le dice: “Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: “A donde yo voy no puedes seguirme ahora: me seguirás más tarde.” Pedro le dice: ¿Por qué no puedo seguirte ahora? (Juan 13: 36-37).

Seguir a Cristo, es la respuesta primaria al llamado intenso del Espíritu de Dios.  El seguidor de Jesucristo es un peregrino de la historia, que mientras camina encuentra “Nerones”, dragones, bestias, falsos profetas, enfermedades y toda clase de ídolos, mediante los cuales se pondrá a prueba su fe.  El seguidor de Jesucristo será tentado a abandonar o negar su discipulado, a conformarse con la mediocridad y comprometerse con diversas ideologías de moda.  Sin embargo, su lealtad a Jesús será su lámpara y sello distintivo que lo llevará hacia la “Nueva Jerusalén”, sin evadir el sufrimiento y la opción del martirio si fuese necesario.

El texto de este domingo 24 de abril de 2016, lo encontramos en el Evangelio de Juan 13: 31-38.  En este pasaje hay una interrogante que a todos nos conturba: ¿Cuándo es el tiempo?  La pregunta de Simón Pedro a Jesús, la hemos repetido muchas veces en nuestra vida, y la mayoría de las veces sin obtener respuestas significativas. Es la pregunta del adolescente, ¿Cuándo se me permitirá hacer tal o cual cosa?  La pregunta del empleado nuevo, ¿cuándo me darán algún ascenso o nuevos retos en la empresa?  La pregunta del Nuevo Pastor, ¿cuándo puedo hacer estos cambios o aquellos?  La pregunta del que sufre; ¿Cuándo vendran tiempos mejores?  En muchos casos escuchamos, “no es el momento”, “tienes que esperar”, “debes tener paciencia”.  La respuesta de Jesús a Simón Pedro es contundente—“me seguirás más tarde”, porque ahora solo estás listo para fracasar (“me negarás tres veces”-verso 38).

Pedro 1

Realmente, ¿es necesario esperar?, ¿tienen las cosas un tiempo para realizarse?, o ¿esto es un subterfugio para mantenernos bajo control y sometidos?   Me parece que la discusión entre Simón Pedro y Jesús puede arrojar luz sobre lo importante que es madurar como requisito para alcanzar la meta propuesta.

Simón Pedro, se había encontrado con Jesús, según Lucas (5: 1-11), en el Lago de Galilea mientras pescaba.  Los Evangelios sinópticos nos hablan de que Jesús había visitado la casa de Pedro en Capernaúm en el inicio de su ministerio, sanando a su suegra de una enfermedad cuyo síntoma era la fiebre (Marcos 1: 29-31; Mateo 8: 14-15; Lucas 4: 38-39).  Sin embargo, el texto bíblico no presenta respuesta alguna de parte de Simón después de aquella sanidad.

Un día, mientras Pedro lavaba sus redes, después de una noche de pesca infructuosa,  Jesús solicita su barca como púlpito para predicar a la multitud. Al finalizar su mensaje, Jesús invita a Pedro a llevar su barca a aguas más profundas en las que realiza un acto milagroso. Luego del asombro producido por el milagro de aquella pesca abundante, a plena luz del día y en un lugar no común para este evento, Pedro, reconoce que está ante el Santo de Dios, se humilla y compunge ante Jesús. —“No temas, desde ahora serás pescador de hombres”-le dijo Jesús. Simón Pedro, junto a los hijos de Zebedeo (Juan y Jacobo), se convierte, según Lucas, en uno de los primeros acompañantes de Jesús.

Las palabras y acciones de Simón Pedro durante su trayectoria al lado de Jesús indican su necesidad de madurar.  De hecho, Pedro es el mejor ejemplo para ilustrar el proceso de cómo se llega a ser verdadero discípulo y pastor de almas.   Simón cuestiona las enseñanzas de Jesús sobre su pronta misión en Jerusalén, corrigiendo a Jesús y llamándolo a no promover ese camino de sufrimiento porque no era “politicamente correcto” (Marcos 8: 31-33).  Además, cuestiona como muy duro el contenido del discurso de Jesús, de que El era el pan de vida que descendió del cielo (Juan 6: 60, 67-69).   Es significativo la resistencia de Simón Pedro a que Jesús lavara sus pies (Juan 13: 8ss), y finalmente niega en tres (3) ocasiones su identidad como discípulo de Jesús durante el arresto de este (Juan 18: 17, 25-27).

Simón Pedro, era ciertamente un admirador de Jesús y lo reconoce como el Mesías de Dios (Mateo 16:16), y sabia que todo lo que Jesús enseñaba era verdad; sin embargo, todavía no estába listo para ser su discípulo y asumir el rol al que era invitado.  Ser discípulo  de Jesús significa imitar, practicar lo aprendido y ponerse en el lugar del Maestro cuando el ya no esté, y Simón, aunque entendía claramente esto, no estaba dispuesto a hacerlo.

Este rol de discípulo solo se ejerce cuando el amor a Jesús es más fuerte que todos los “amores” que podrían dividir el corazón.  Seguir a Jesús, que es el llamado supremo del discipulo, solo es posible cuando el amor de Dios nos constriñe, y nos convence que esta es la mayor aportación que podemos hacer a la misión redentora de Dios para nuestra generación, nuestra familia, y por ende para nosotros mismos. Mientras esto no pase, y aun cuando creamos en la realidad del poder de Jesús, en su divinidad y su grandeza, la posibilidad de negar en la vida cotidiana nuestra identidad como discípulos del Señor, es muy alta.th8U6VRAC3

Entonces, ¿Cuándo estamos listos?  Con otra pregunta contestamos esta pregunta—“¿me amas más que estos?” (Juan 21: 15ss). Solo estaremos listos cuando la gracia de Dios inunde nuestro corazón y su amor destrone cualquier otra lealtad que reclame primado en este.  Entonces, y solo entonces, estaremos listos para ejercer nuestros ministerios como fieles discípulos de Jesucristo.¡Así nos ayude Dios!

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