Solidaridad con el mundo…caminando sin claudicar

solidaridad

Por Samuel Caraballo-López

“Como me enviaste al mundo, también Yo los envié al mundo;” (Juan 17: 18)

Hay verdades que no podemos ignorar…la iglesia ha sido llamada a ser solidaria incondicionalmente con el mundo (Juan 3: 16; 17: 18; Marcos 16: 15; Mateo 28: 19). La solidaridad cristiana implica afecto, respeto, identificación y tensión.  Es la fidelidad hacia el amigo o del desconocido, la comprensión del maltratado, el apoyo al perseguido, la valoración e inclusión al discapacitado, el estar presente en el dolor y la alegría, el respaldo a causas que pueden ser impopulares o perdidas, todo eso puede no constituir propiamente un deber de justicia, pero si es un deber de solidaridad. La iglesia mantiene una solidaridad en tensión con los poderes y prácticas de este mundo.

Esta solidaridad con el mundo, se sostiene en el amor con que Dios nos ha equipado en Cristo (Efesios 2; 4).  La solidaridad de la iglesia no puede detenerse por las calumnias, persecución, presiones que el mundo y sus poderes puedan hacernos. La realidad es que estamos luchando, desde los comienzos, con los poderes ilegítimos de las tinieblas que se resisten al nuevo orden divino. Ahora bien, estos no pueden apagar nuestras acciones solidarias a favor de los más vulnerables de este mundo.  Al contrario, la oposición y la lucha, afirma nuestro carácter y nos hace militantes y resistentes a sus ataques (Efesios 6:13).

Es por eso que la solidaridad de la iglesia es incondicional. La solidaridad con el mundo no depende de que los que gobiernan tenga una actitud favorable e inclusive de tolerancia hacia la iglesia. Aun cuando el mundo y los poderes que lo rigen muestre una postura de rechazo y persecución contra la iglesia, ésta no deja de ser solidaria (Mateo 5: 43-48). Aunque mantengamos tensiones y luchas (no guerra) contra los poderes rebeldes a Dios y que actúan en el mundo, la iglesia no deja de ser solidaria.

Aun cuando los días sean malos (Efesios 5:16), el mundo sea dirigido por las tinieblas (Efesios 6: 12) y Satanás utilice artimañas de seducción contra la iglesia, ésta sigue siendo solidaria, porque sin solidaridad con el mundo, no podremos propiciar la misión redentora de Dios en Cristo (Mateo 28:19).

Ahora bien, Dios nos ha modelado con su actuar, lo que necesitamos para manifestar su santidad al ejercer Su misión en el mundo (Isaías 59: 17, 1 Pedro 1; 13-16).  Estas herramientas o armaduras de Dios (Efesios 6: 10-20), tiene siete (7) componentes que debemos considerar al realizar la misión de ser solidarios con el mundo.

El primer componente que debe apretar la cintura de la iglesia es la verdad.  La iglesia dice y vive la verdad coloreada por el amor (Efesios 4: 15). La sinceridad y el respeto en todo lo que decimos, y la forma que nos relacionados con el mundo es crucial para el cumplimiento de la misión redentora de Dios (1 Pedro 1: 22). Toda denuncia o comentario crítico que la iglesia haga, debe hacerlo en un espíritu de respeto y humildad, velando por no dar falso testimonio acerca de otras personas, instituciones o grupos. ¡Mucho cuidado!

El segundo componente es “revestirnos” con la coraza de la integridad.  Es la integridad lo que nos da transparencia en todas nuestras acciones. Según el prominente Profesor de la Escuela de Derecho de Yale, Stephen L. Carter en su libro Integrity (1997), la integridad tiene tres movimientos armoniosos entre sí: (a) discernir entre el bien y el mal, entre lo que es correcto e incorrecto, con la asistencia del Espíritu y la Palabra; (b) escoger e incorporar a la vida lo que lo es bueno, lo correcto, y; (c) articular lo escogido en un discurso público.  La integridad nos obliga a expresarnos claramente, y a incorporar lo expresado en todas nuestra acciones y prácticas.

transparencia 2

El tercer componente está relacionado con los “pies” y la proclamación del evangelio de la paz (Efesios 6: 15). Hay que estar dispuesto a “enrollarse” las mangas y ponerse en el camino para compartir el Evangelio de la reconciliación con palabras y obras de servicios en el mundo. La iglesia da a conocer y trae lo que Dios hizo por el mundo, es decir, la reconciliación y unidad de todas las cosas en Cristo. Por lo tanto, la iglesia es instrumento de Cristo para traer la reconciliación al mundo.  El “muro de la discordia” que Dios por medio de la sangre de Cristo elimino entre judíos y paganos, nos afirma que ahora la iglesia es portadora de un mensaje de paz.  Aunque parezca increíble Dios ha hecho a la iglesia portadora de la paz, y nos dice que todo elemento discordante puede ser ahora superado por medio de la cruz (Efesios 2: 16-17).

El cuarto componente, se relaciona a la fe (Efesios 6: 16).  La fe es la confianza absoluta en Jesucristo, que nos llamó y nos envió al mundo. Vivir en la fe de Jesucristo significa que la iglesia mientras es solidaria con el mundo, manifiesta las marcas distintivas y especifica de la vida de Dios, tanto a los que sirve como con aquellos que son sus colegas de misión (Efesios 4: 18).

El quinto componente es sencillo hay que ponerse el casco de la salvación para hacer frente a los poderes rebeldes a Dios (Efesios 6: 17).  La salvación es un acto de gracia de Dios, validado por medio del sacrificio de amor de Jesús en la cruz del Calvario, y que ahora se hace concreta cuando el ser humano acepta por la fe a Jesucristo (Efesios 2: 6-10).  Esa salvación debe estar clara en nuestra “cabeza”, que es algo que no merecemos, sino que hemos recibido y seguimos recibiendo exclusivamente por el gran amor de Dios.

El sexto componente es “agarrar” la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios (Efesios 6: 17). Creo que este principio requiere un artículo completo y solo me limitaré a decir que nunca podremos enfrentar en buena lid a los poderes de las tinieblas y realizar la misión de Cristo, sin manejar adecuadamente el Libro de Dios. De hecho, esta falta de manejo de la “espada del Espíritu” ha sido una limitación en las luchas contra las tinieblas en todas las épocas.

Finalmente, el séptimo componente es la oración (Efesios 6: 18).  Notemos tres cosas que el Apóstol nos recomienda en cuanto a la oración como armadura de Dios: (a) la oración debe ser constante, en todo tiempo, bajo cualquier circunstancia.  Para enfrentar a los poderes de las tinieblas, hay que aprender a orar, porque es allí donde el creyente encuentra la energía y fortaleza para la lucha diaria; (b) la oración debe ser profunda, y no meramente ritual. Por lo tanto, la oración será con la totalidad de nuestro ser; (c) la oración es también solidaria, nunca egoísta.  La oración es una forma de cubrir, supervisar y colaborar con nuestros hermanos de lucha en diversos lugares del mundo.  La oración es la principal herramienta ecuménica de la iglesia. 

oración4

La oración con perseverancia, y como instrumento de vigilancia de aquellos nuestros hermanos que, también son enviados al mundo por Cristo, nos permitirá proclamar el evangelio con osadía, por medio de palabras, testimonio y acciones de gracia del Espíritu de Dios. ¡Muchas bendiciones!

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s