¿Cuánto vale un solitario pecador?

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Por Samuel Caraballo-López

“Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”. (Lucas 15: 7 NVI)

El texto del 15 de septiembre de 2019, decimocuarto domingo de Pentecostés, lo encontramos en Lucas 15: 1-10, aun cuando deberíamos incluir todo el capítulo. Este pasaje tiene unas verdades que tenemos que recuperar urgentemente en este momento de la historia. De hecho, el capítulo 15 tiene tres (3) parábolas que comparten una progresión común pasando de lo que tiene un personaje principal, a una pérdida, luego la recuperación de lo perdido, la restauración y la celebración.

Es importante saber que en el pasaje de hoy, Jesús continúa su trayectoria hacia Jerusalén que comenzó en Lucas 9: 51. Además, las parábolas que se presentan en el capítulo 15 son de la redacción exclusiva del evangelista Lucas y demuestran con claridad su visión teológica.

Lucas presenta varios principios teológicos de vital importancia para la iglesia. Primero, el texto nos enseña que Jesús acoge a <TODOS> los pecadores que se acercan a Él, y le reconoce su dignidad humana y valor personal, compartiendo la mesa con ellos (versos 1-2).

Segundo, Jesús defiende su ministerio como un actuar que demuestra el propósito de Dios para la humanidad. Tercero, Jesús a través de las tres parábolas de este capítulo 15, hace una invitación abierta a sus interlocutores fariseos y escribas para que se unan a El, imitando sus prácticas con los publicanos y pecadores, y que a su vez son un reflejo de la actitud que Dios tiene hacia los descarriados. Jesús los invita a ser solidarios con el “caído” y ver su valor particular, que no es menor al de ellos, sino que Dios los considera iguales. El les invita a ver a cada ser humano, no como una cosa o un número en particular, sino como una persona valiosa, que el pecado ha lacerado, y que requiere la misma redención que ellos han recibido.

Cuarto, Jesús en la tercera parábola reconoce el papel del sector religioso judío: “siempre han estado conmigo, y todo lo mío es tuyo” (verso 31). Interpretar estas parábolas como un rechazo al sector religioso per se, es incorrecto. Ellos han sido los custodios de la revelación de Dios, y los encargados de mantener la llama de la fe en el pueblo.  Así que el sector religioso es igualmente valioso para Dios, y debemos afirmar ese valor, aún cuando haya actitudes que son censurables.

Jesús nos llama a alegrarnos y a celebrar la llegada de cada ser humano, sin menospreciar su procedencia, la naturaleza de su pecado, o si su pecado aparece en el listado de los que consideramos más graves. Jesús nos llama, a alegrarnos con la llegada del descarriado, y acogerlos como hermanos, colaborando con ellos en su camino de transformación (verso 32).  Para esto hay que romper con algunos paradigmas heredados.

En el evangelio de Lucas los publicanos y pecadores, que usualmente son representados como deshonestos, despreciados y excluidos por su bajo estatus social y religioso, ahora son los principales receptores de las buenas noticias del evangelio, están dispuestos a arrepentirse y por lo tanto, a ser contados entre el pueblo de Dios (Lucas 5: 29-32; 7: 35, 36-50)

Por otro lado los fariseos y escribas aparecen como los enemigos de Jesús (Lucas 5: 17-6:11; 7: 29-30). Estos grupos religiosos se convirtieron en los “monitores” de Jesús en cuanto a su observancia de la ley, ya que entendían que la práctica de Jesús no respondía a las enseñanzas dadas por Moisés, según ellos las entendían.

Al ellos ver a Jesús sentarse a la mesa con los publicanos y los pecadores murmuran contra Jesús, asumiendo una postura similar a la generación que se quejaron contra Moises y Aaron en el desierto (Exodo 16:2). Estos grupos religiosos no entendían cómo Jesús podía compartir la mesa y ser hospitalarios con estas personas inmundas y despreciables. Ese comportamiento de Jesús, era visto por este sector como un rechazo inequívoco a los valores y normas que ellos vinculaban con el carácter de Dios.

Los religiosos entienden que Jesús esta formando un nuevo grupo que rechaza las normas convencionales, revirtiendo los principios de la fe judía. Es frente a esta visión de los fariseos y escribas que Jesús responde con las parábolas que discutiremos a continuación.

En el texto de hoy, Lucas presenta dos parábolas (15: 3-6 y 7-9). En la primera Jesús invita a los fariseos y escribas a que se imaginen como un pastor de oveja, que perdió una oveja de un rebaño de 100, y procedió a buscarla, la encuentra, rescata y celebra el haberla encontrado. Jesús le hace una pregunta a los religiosos: ¿Qué hombre de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto y va tras la que se ha perdido, hasta que la halla? Obviamente, ellos no son ese tipo de hombre.

Esta parábola de la oveja pérdida evoca el oráculo del profeta Ezequiel contra los líderes de Israel, en la que se les critica por no preocuparse de cumplir su responsabilidad de apacentar las ovejas (Ezequiel 34: 1ss). Aquellos pecadores y publicanos eran las ovejas perdidas de la casa de Israel, que el incumplimiento negligente de ellos como líderes religiosos había provocado su extravío. Para el profeta Ezequiel, frente al descuido de los líderes, YHVH mismo buscará las ovejas, las rescatará y cuidará de ellas (Ezequiel 34: 11-15).

Jesús les está diciendo que al compartir la mesa con los publicanos y pecadores, que ellos ahora critican, era la forma de Dios actuar en su anhelo de buscar las ovejas descarriadas y dispersas de Israel. Compartir una comida tiene la función potencial de generar intimidad, confianza y solidaridad. La comunión de mesa que Jesús tiene con los pecadores está asociada con la alegría que resulta del encontrar a un pecador descarriado: “Hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentimiento.” (verso 7).

El arrepentimiento de los pecadores y publicanos como respuesta a las buenas noticias generan gozo en los penitentes, y en los religiosos genera protesta y hostilidad. Esta es la diferencia fundamental entre cómo estos dos grupos responden a la presencia y mensaje de Jesús.

La segunda parábola de la dracma perdida, nos lleva a considerar como el personaje principal a una mujer campesina, que vive en una casa de una alcoba, que no tiene ventanas (por eso la necesidad de una lámpara en plena luz del día). Sus monedas posiblemente representan sus ahorros familiares, que equivale a la totalidad del salario de 10 días de trabajo. La pérdida de una sola moneda sería una situación catastrófica.

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Esta mujer hace grandes esfuerzos para conseguir aquella moneda perdida:

(a) enciende la lámpara.

(b) barre la casa.

(c) busca cuidadosamente

Jesús les dice a los fariseos y escribas que la comunión de mesa que el busca tener con los pecadores y publicanos es una réplica de la actitud compasiva de Dios hacia las ovejas dispersas y errantes de su pueblo. Es Dios quien tiene el mayor interes por buscar la oveja perdida y descarriada, por la oveja herida y debilitada para apacentarla con justicia (Ezequiel 34: 16).

Dios en su amor, creó al ser humano, él se pierde, El lo busca, lo encuentra, lo perdona, restaura y celebra su retorno a casa. Así se conduce nuestro Dios…¿y nosotros?

Muchas bendiciones.

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