Desafíos para la educación teológica hoy

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Por Samuel Caraballo-López

En la escuela teológica en la que soy profesor, se organizó una actividad titulada “Soñando la UTC**”, en la que se pretendía planificar y proponer nuevas ideas para el desarrollo de la institución. El moderador de la actividad, el Dr. Pablo Jiménez, pastor y educador cristiano, nos presentó, en forma excepcional, lo que el entendía eran los doce (12) desafíos ineludibles que tienen las instituciones teológicas en el siglo XXI.  A continuación estos doce desafíos y mi reflexión sobre los mismos:

  1. El desafío de la incertidumbre.

¿Cómo educar a los nuevos ministros para dirigir una iglesia en el siglo XXI cuando no sabemos cómo será esta iglesia?

Las instituciones teológicas tienen el dilema de preparar a los nuevos ministros para dirigir una iglesia que sea pertinente a un contexto que a ciencia cierta no conocemos. De hecho, según el filósofo Mario Bunge, las fuerzas que más influencian al mundo son las ciencias, la tecnología y las ideologías.  Las instituciones teológicas no pueden predecir cuáles serán los cambios que provocarán estas tres fuerzas, y cuál serán sus efectos sobre el mundo existente, de tal forma que podamos responder a estos.

  1. El desafío de las “identidades”.

Estamos en un mundo de múltiples identidades, que no eran reconocidas hace tres (3) décadas atrás.  La presencia de nuevos colectivos como el LGBTQA, y las nuevas leyes antidiscriminatorias nos obliga a pensar nuestros programas teológicos de una manera diferente. El nuevo escenario global en que se reconoce la presencia de estudiantes transgénero, junto a la parejas del mismo sexo, y toda la cultura y reclamos que estas generan, representa uno, sino el mayor de los retos de este momento histórico para la fe cristiana, y por ende para la educación teológica.

Por otro lado, el cambio de los contextos litúrgicos, en la que la música es el elemento esencial de la vida cúltica, sustituyendo en tiempo y prioridad a la predicación, requiere una consideración a los currículos de educación teológica. De hecho, los grupos “millenials” prefieren una liturgia mucho más expresiva que rompe con paradigmas existentes en épocas pasadas.  Además, la globalización de la música de alabanza y adoración representa un fenómeno que tiene que ser considerado seriamente en toda la estructuración de la enseñanza a nuestros contextos eclesiales.

La iglesia del siglo XXI se enfrenta a un mercado de ideas, que requerirá el desarrollo de destrezas de calificación de contenidos para los nuevos ministros.

  1. El desafío Global.

¿Cómo preparar a los líderes para un contexto global desde la particularidad de nuestro contexto local? ¿Cómo ayudar a nuestros nuevos ministros a insertarse en contextos multiculturales, multiraciales y plurilingues? Las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC) han convertido el mundo en una aldea global.  Por lo tanto, la educación teológica tiene que atender este nuevo contexto, muy especialmente nuestra realidad caribeña y latinoamericana.

Es de vital importancia desarrollar en los nuevos ministros un lenguaje global y multicultural, que le permita relaciones que trasciendan nuestras fronteras insularistas.  Además, se requerirá el desarrollo de una teología global, en la que se considere el ministerio nuevamente desde una perspectiva universal (Mateo 28: 19ss).

  1. El desafío laboral.

¿Cómo preparar personas para el ministerio eclesiástico cuando cada vez son menos las oportunidades de trabajo en dicho campo a tiempo completo en las congregaciones cristianas? La tendencia económica de nuestro mundo obligará al pastor a desarrollar otras tareas suplementarias que le generen ingresos adicionales para poder sostener su calidad de vida.

Las instituciones de educación teológica anticipando este escenario, deben integrar en sus programas, adiestramientos y grados seculares, muy especialmente en carreras de gran demanda, y que mantengan cierta afinidad a la tarea pastoral. Un excelente modelo para la educación teológica lo tiene Pentecostal Theological Seminary (vea su página http://www.ptseminary.edu/degrees/ ), en la que integra la educación teológica con carreras profesionales seculares relacionadas al ministerio.

  1. El desafío para-eclesial.

¿Cómo mantener el foco en el ministerio pastoral cuando muchos líderes terminan haciendo “otros” trabajos administrativos, sin haber sido capacitados para estos? ¿Cómo responder a la realidad de nuestro mundo, muy especialmente a la diversidad de los ministerios urbanos?

Las instiuciones de educación teológica tienen que considerar una realidad innegable, muchos de aquellos que preparamos para ser pastores en congregaciones locales, hoy son ejecutivos denominacionales o ejercen ministerios en otras áreas para las cuales no los adiestramos en forma explícita. Unos de los retos de la educación teológica, es adiestrar a los nuevos líderes en aspectos más prácticos de la administración, planificaci­ón, supervisión, junto a destrezas gerenciales y educacionales.

El segundo reto son los ministerios urbanos. Ray Bakke, el conocido ministro norteamericano y líder pionero en ministerios urbanos, plantea que existen tres ministerios de vital importancia en el contexto de nuestro mundo global.  Estos ministerios son conceptualizados utilizando los libros de Esdras, Nehemías y Ester en el Antiguo Testamento. Esdras representa el ministerio de la Palabra, que el que más se enfatiza en la educación teológica.   Nehemías representa a los ministerios relacionados al trabajo con las estructuras jurídico-políticas, sociales y económicas, para fomentan proyectos de transformación comunitaria que traerán bienestar colectivo, con grandes luchas y a pesar de la oposición.  Ester representa los ministerios que influencian a favor de los valores del reino a los poderes políticos en altas esferas.  Nehemías y Ester representan dimensiones del ministerio que requieren competencias específicas que han sido olvidadas por las escuelas teológicas y que son fundamentales para la expansión del reino de Dios. Es necesario incluir deliberadamente estas dimensiones en los currículos y programas de formación ministerial.

  1. El desafío de la educación a distancia.

¿Cómo educar y ministrar a distancia de manera híbrida, virtual o en línea presencial?  Dada la realidad de cómo se configura el mundo, se hará necesario el uso de diversas modalidades para la educación teológica.

Se hace imprescindible el que se integre los estudios de redes cibernéticas y de TIC en la educación teológica, muy especialmente para los estudiantes de ministerios prácticos (pastores, educadores, capellanes, etc.).

  1. El desafío del acceso a materiales teológicos.

¿Cómo promover materiales teológicos cuando el acceso a los libros tradicionales es cada vez más difícil?

Las nuevas ideas comienzan a multiplicarse rápidamente en las redes sociales. El surgimiento de nuevas y viejas herejías es la orden del día. Los nuevos líderes ministeriales tendrán que ser analistas de contenidos, que recomendará, revisará, afirmará o rechazará contenidos religiosos a los cuales ya nuestros miembros están teniendo acceso.  También se convertirá en un sanador que proveerá la orientación adecuada a aquellos contagiados con estas creencias. Este reto de calificar contenidos teológicos a la luz de la ortodoxia, junto a responder a las necesidades individuales de los feligreses, conformará la educación teológica a una más personal, educativa y sanadora.

  1. El desafío del estudio a tiempo parcial.

¿Cómo facilitar el estudio y la entrega de tareas a una población que en su mayoría trabaja a tiempo completo?  Esta realidad obligará a las instituciones teológicas a adaptar sus programas y grados a horarios y calendarios no tradicionales.  Lo más importante será mantener el balance entre el rigor, la carga académica y la pertinencia de los programas de educación teológica para estos estudiantes  a tiempo parcial.

  1. El desafío de la facultad a tiempo parcial.

¿Cómo lograr excelencia cuando contamos con la facultad a tiempo parcial con una compensación inadecuada?  El reto mayor que tendrán las instituciones de educación teológica es como mantener los mejores recursos en un contexto de escasez económica.  Es importante que las escuelas teológicas entiendan que tendrán en su facultad un personal que realiza tareas docentes o administrativas en otras instituciones teológicas o seculares.  Esto requerira nuevas clasificaciones y normas institucionales, además de un codigo de ética pertinente a estos nuevos escenarios laborales.

  1. El desafío de la creatividad.

¿Cómo motivar la creatividad en la facultad y estudiantado?

¿Cómo renovar la cultura institucional y académica cuando gran parte de la facultad es egresada de la misma institución?  El problema del “inbreeding[1] tendrá que ser resuelto para mantener la evolución de la educación teológica.  Este problema es muy común en los contextos conservadores y las instituciones teológicas que pertenecen o son auspiciadas por las denominaciones cristianas en nuestros países.

¡Hay que recompensar la creatividad!   Es de vital importancia que se promueva la calidad y creatividad de la facultad de las instituciones teológicas.

  1. El desafío de la jerarquía educativa.

¿Cómo superar la jerarquía educativa que privilegia lo teórico sobre lo práctico?

¿Cómo superamos la hegemonía de la teología sistemática y los estudios exegéticos sobre los estudios pastorales y la teología práctica?  Lamentablemente las instituciones teológicas están enfatizando la parte teórica y no la parte práctica. De hecho, han olvidado al reclutar su personal docente el legado de  Lee Shulman (1986) y sus colaboradores: tanto el conocimiento teórico de una disciplina como el conocimiento psicopedagógico son fundamentales para la mejor práctica de la enseñanza de cualquier disciplina o saber académico.  El conocimiento didáctico de un contenido es la categoría que nos permite distinguir entre un especialista y un verdadero docente.

En el ministerio cristiano la base de lo teórico es lo práctico, por lo tanto, en el contexto ministerial lo práctico adquiere mayor importancia.

  1. El desafío de una educación para personas adultas.

Tendemos a “infantilizar” los estudiantes de teología en lugar de tratarlos como adultos. De hecho, muchos profesores asumen que los estudiantes son “tabula rasa”, y así los tratan, negando la riqueza de la tradición y diversidad de inteligencias que estos traen al salón.  Esta fue siempre mi queja en mis estudios teológicos en el seminario donde estudié. ¿Cómo hacer cursos en los que se asuman que los alumnos son realmente líderes? Esta pregunta debe  ser parte del etos institucional y transversal a todo currículo en las escuelas de formación teológica.

Conclusión:

No tenemos que estar necesariamente de acuerdo con los doce (12) desafíos, sin embargo, tenemos que reconocer que más de la mitad de estos tienen pertinencia.  Lo importante en este nuevo contexto posmoderno del siglo XXI, es la apertura y capacidad de las instituciones de formación teológica para escuchar la voz de Dios, leer con precisión los tiempos, y traducir dicho insumo en programas y proyectos que respondan a su contexto.   Los cambios que se suscitan en nuestro mundo requiere la conjugación de diversas capacidades humanas para poder enfrentar su complejidad, y poder cumplir la misión efectivamente.

Hay aspectos que los desafíos de nuestro mundo nos imponen y uno de ellos es el desarrollo del pensamiento ético y el hábito del actuar justo en todos los procesos y niveles.  Es muy necesario que las instituciones de educación teológica evalúen periódicamente las premisas culturales que sostienen sus políticas administrativas, de tal forma que se discierna entre lo funcional, lo disfuncional, junto a una conciencia expandida que permita integrar lo funcional y sustituir lo defectuoso.

La formación de líderes en las instituciones de educación teológica requerirá incrementar la capacidad reflexiva de sus educandos.  Una destreza medular será el poder analizar críticamente los eventos que ocurren en los contextos inmediatos, junto a lo que están ocurriendo en el plano global, y producir respuestas desde la fe a los mismos.

Además, ninguna escuela teológica puede posponer la capacitación de sus recursos humanos, tanto los docentes como los administrativos.  Esta capacitación requerirá un continuo adiestramiento sea formal o informal en áreas profesionales específicas, y simultáneamente, fomentar el cultivo de la vida espiritual de sus constituyentes.

¡Así nos ayude Dios!

 

**Universidad Teológica del Caribe (www.utcpr.edu)

 

Notas:

[1] “Inbreeding” o endogamia es una práctica en la que los docentes son graduados de la misma universidad o escuela teológica en la que ahora enseñan, sin haber trabajado antes en instituciones educacionales distintas a su “alma mater”.  Bertrand Russell llamaba a esto el “dogmatismo de los que no viajan”.  Se dice que en el “inbreeding” existe el peligro de las fidelidades personales y la preservación del “status quo” académico.  En el primer caso el docente tiene “deudas” con su maestro y mentor lo que le resta independencia de juicio y criterio, lo que es más importante que la simple acumulación de conocimiento.  En el segundo caso, se detiene el proceso de evolución del pensamiento académico de la institución. Una forma de superar este mal, es el intercambio docente con otras instituciones fuera del área geográfica, las sabáticas para investigar en otros contextos, y el exigir educación continuada en otras instituciones educacionales de mayor “standing” académico, junto a otras estrategias.

 

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