¿Cuánto pesa ser comunidad?

comunidadpalabra

Por Samuel Caraballo-López

Dada los eventos que se han suscitado durante esta semana, estuve en la disyuntiva de escribir del texto del calendario eclesiástico correspondiente al 12 de febrero de 2017, sexto domingo después de epifanía.  Sin embargo, decidí permitirle al texto que me confrontara, y que a su vez confronte a toda la comunidad a la que Dios me ha unido por medio de Jesucristo.  Así que, sepan mis lectores, que cuando estoy analizando el texto de la semana, mis dedos están apuntando hacia dentro y hacia afuera.

Encontramos el texto en el Evangelio según San Mateo 5: 21-37, muy especialmente los versos 21-24, y que forman parte del Sermón de la montaña. El Sermón de la montaña, como hemos mencionado en otros artículos, es un acto de protesta de Jesús en contra del orden que regía en su época, tanto político, socio-económico y religioso.  El mensaje del reino de los cielos que Jesús proclamó y encarnó es precisamente una nueva forma de ver y nombrar la realidad y, por lo tanto, una nueva forma de ser, vivir y actuar en el mundo.

La sección que consideraremos es parte de la sección conocida como la “ética del nuevo legislador”.[i] Jesús en esta sección está confrontando, profundizando y corrigiendo las enseñanzas de la Ley de Moisés, declarando que el enojarse y ofender al hermano es tan drástico como el matar, y que los deseos lujuriosos son iguales que el cometer adulterio, y que las enseñanzas sobre el divorcio eran contrarias a los principios divinos. El Jesús que vemos en el Sermón de la Montaña, se nos parece, más que a Moisés, al Dios que habló en el Sinaí, y es desde esa perspectiva que tenemos que validar sus enseñanzas.

Mi interés es atender el asunto sobre la vida en comunidad que plantea Jesús en el texto de hoy:

“Habéis oído que se dijo a los antepasados: “No mataras” y: “Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte.” Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: “Raca” a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: “Idiota”, será reo del infierno de fuego. Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” (Mateo 5: 21-24, LBLA).

En este pasaje se presenta una figura retórica que llamamos hipérbole y que tiene como intención agregar intensidad y pasión a lo que se dice.  La ira, aunque no es objeto de acción legal, es la pasión que usualmente está detrás de los atentados contra la vida humana o no humana.[ii]  Jesús nos dice que esa ira es una acción tan culpable como el asesinato mismo. Aún las expresiones de enojo manifestadas en nuestro lenguaje contra un hermano, sin acción violenta, son reprobadas por la nueva ética de Jesús. No hay duda que Jesús está reformulando la Ley.

Observe en el texto mencionado como el enojo manifestado en el uso de las palabras va creciendo en consecuencias; comenzando con el ser culpable en la corte local (krisis), luego hasta la corte suprema o sanedrín (synedrion), y termina hasta el el infierno de fuego o castigo final (gehena) que corresponde a Dios.  Los ejemplos presentados en el texto con respecto a la palabra “Raka” o “loco”  y la expresión “idiota” o “imbécil” dramatizan el efecto dañino que tiene el uso de las palabras motivadas por el enojo sobre la vida de la iglesia tanto local como universal.

Jesus prohíbe de forma absoluta el usar lenguaje insultante contra el hermano, porque tiene como origen la falta de amor y misericordia. Ahora bien, ¿Qué hacer para superar esta falta de amor y compasión? Cuando incurrimos en estos actos de ira, que redundan en ofensas, la única alternativa propuesta por Jesús es la reconciliación, “ve y reconcíliate primero”.  Las directrices del nuevo legislador son claras y firmes (versos 23 y 24).

Para un judío el deber de celebrar culto a Dios es la acción más sagrada.  Sin embargo, para Jesús las relaciones fraternales en la comunidad están sobre los deberes cultuales, lo que constituye una nueva reformulación de la Ley.  Jesús es claro, no importa quien haya provocado la ira, el deber de la reconciliación es tanto para el que la provoca como para el que la siente.  ¡Así de importante es la vida de comunidad para Jesús!

La Dra. Karoline M. Lewis, profesora del Luther Seminary, en una publicación semanal de dicha institución[iii], plantea a la luz del pasaje bíblico aludido, que “nadie es discípulo para sí mismo, sino por y para el bien de aquellos que están a su alrededor.”[iv] Cada discípulo tiene una responsabilidad para con la comunidad que llamamos la iglesia, tanto en su manifestación local como global.  Nada de lo que decimos y hacemos como discípulos es una acción absolutamente autónoma.  Deseemos o no cada acción tiene su efecto en aquellos que nos rodean. Si mantenemos en nuestra mente, sin desconectarnos de nuestro razonamiento, que hay otros creyentes que pueden ser afectados positiva o negativamente por mis palabras y acciones, es muy posible que esto moldee mi forma de vivir en la comunidad cristiana.

Me impresiona esta declaración de Jesús. Cuando somos parte de una comunidad cristiana seamos líderes o miembros, el texto bíblico nos impone ciertos controles y equilibrios.  Cuando somos líderes, sea de alta o menor jerarquía, no podemos estar ajenos a la realidad de la comunidad que dirigimos.  Nuestras palabras y acciones pueden poner en juego la estabilidad y futuro de una comunidad.  Tanto los líderes como los miembros de la iglesia no pueden tomar decisiones sin considerar el efecto de estas para la vida de otros.

jesus-en-medio-de-su-pueblo

Al tomar decisiones, sea basada en percepciones, opiniones o en datos, no podemos olvidar en ningún momento, que no estamos solos, y que además de otros discípulos, Jesús el Señor se encuentra allí; “donde están dos o mas reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20 LBLA). Es de vital importancia que entendamos, que Jesús nos está llamando la atención para que podamos entender que las acciones de tu fe individual son de vital importancia para los que están sentados a tu lado cada domingo, y para aquellos que pueden estar sentado “más lejos” de ti, pero que forman parte de la Iglesia del Dios.

Jesús nos dice que las acciones que realizamos en la semana “gritan” como testimonio para tu hermano creyente. Tus decisiones en medio del quehacer diario son una revelación de ti mismo que da a conocer la comunidad en la que profesas tu fe.  La comunidad no la hace la organización sino los discípulos de Jesucristo que viven a diario su fe para dar a conocer el reino de Dios.  ¡Eso, mi querido lector, es la iglesia!

Karolin Lewis lo dice en un claro “español”: “Cuando empezamos a pensar y comprender que nuestras acciones no sólo revelan quiénes somos, sino también a las comunidades de las que formamos parte, comenzamos a sentir el peso de lo que significa ser miembro de una comunidad.”[v]

Ahora bien, lo dicho anteriormente nos puede molestar, pero junto con esta molestia hay también esperanza: “ser parte de una comunidad de fe, significa no estar solo.” Esta declaración es sumamente importante, no hay manera o forma en que podamos desarrollar nuestro potencial como discípulos, viviendo en aislamiento.  Inclusive no podemos cumplir con los requerimientos de la Gran Comisión, ni desarrollar nuestros recursos ministeriales, ni enfrentar los ataques del mal, ni siquiera sobrevivir en medio de un mundo hostil, sino somos ayudados por otros hermanos.  ES IMPOSIBLE CUMPLIR CON LA MISION DE CRISTO AISLADOS DE OTRAS COMUNIDADES DE FE.

Lamentablemente vivimos en un sistema capitalista que promueve y recompensa el individualismo, la autonomía y la independencia.  ¡Pero entre nosotros no puede ser así! (Mateo 20: 26).  Hoy más que nunca hay que predicar la unidad, la comunidad, la interdependencia y el compañerismo cristiano.  Es urgente que defendamos lo que es medular en este momento de la historia…unidad en la diversidad. ¿Por qué? Porque esto es un desafío a la división que encontramos en esta bendita tierra.

Cuando entendamos que Jesús esta en medio de nosotros por su Espíritu, no sólo seremos transformados por esa verdad, sino que emperezaremos a darnos cuenta de que no somos simplemente miembros de la comunidad, sino que somos formados por, y a su vez formadores de, la comunidad que llamamos la iglesia, en la que Cristo es cabeza.  ¡Muchas bendiciones!

 

Notas Finales:

[i] Raymond E. Brown. Introducción al Nuevo Testamento (Traducción de Antonio Piñero), Madrid:  Editorial Trotta, 2002, 256.

[ii] Raymond E. Brown, Joseph A. Fitzmayer y Roland E. Murphy. Comentario San Jerónimo, Tomo III, Madrid:  Ediciones Cristiandad, 1972, 186-187.

[iii] Karoline M. Lewis.  “Commentary on Matthew 5: 21-37”, February 12, 2017, Accesado el 9 de febrero de 2017 en http://www.workingpreacher.org/preaching.aspx?commentary_id=3157

 

[iv] Ibid.

[v]Ibid. .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s