¿Cómo me preparo para la incertidumbre?

 incertidumbre

Por Samuel Caraballo-López

El texto bíblico de este domingo 9 de Julio de 2017, lo encontramos en el libro de los Salmos 145: 8-18 en el Antiguo Testamento y el Evangelio de Mateo 11: 16-19; 25-30 en el Nuevo Testamento.   Cuando leo estos pasajes pienso en la importancia de la preparación integral para los momentos difíciles.  ¿Estamos preparados para una gran sequía? ¿Para una hambruna mundial?  ¿Para un terremoto? ¿Para una crisis nacional? ¿Para una desgracia familiar?  Son preguntas que tenemos que contestar con sinceridad, y de manera muy personal.

El salmo 145 es el último salmo de David y el primer salmo de la serie de alabanza (145-150).  Este salmo es considerado por los rabinos como el “salmo de los salmos”, por su importancia para la preparación espiritual. De hecho para los maestros de Israel, es en los salmos donde encontramos la revelación sobre la naturaleza y el carácter de Dios; es decir es allí donde encontramos todo lo que necesitamos saber sobre nuestro Creador.  Inclusive, dicen la mayoría de los rabinos si tuviésemos que escoger un salmo entre todos, ese debe ser el salmo 145.

Este salmo es parte de la liturgia judía de preparación para las grandes celebraciones anuales, y se recita tres veces al día. Este salmo tiene 150 palabras, que representan los otros 150 salmos que encontramos en el salterio. La estructura del salmo es en forma de acróstico, según el alfabeto hebreo, desde la  primera letra Alef hasta Tav la última (equivalente de la A a la Z).

Este salmo no solo nos trae la plena revelación del carácter de Dios, sino su deseo respecto a toda la creación. En este salmo la alabanza se da en cuatro (4) compromisos a mencionar:

(1) Verso 1 y 2… Hay un compromiso a  alabar a Dios siempre: “Te exaltaré, mi Dios y Rey…Todos los días te bendeciré y alabaré tu nombre”;  (2) Versos 4-6, El segundo compromiso es dar a conocer su poder y grandeza de forma intergeneracional;  “cada generación celebrará tus obras y proclamará tu proezas”;  (3) El tercer compromiso lo encontramos en el verso 10, donde hay dos compromisos colectivos de alabanza, el de su creación y el de su pueblo: “que te alaben todas tus obras”, “que te alaben todos tus seguidores”;  (4) El cuarto compromiso se refiere a las alabanzas individuales, la propia y la de toda carne: “prorrumpa mi boca en alabanza”, “Toda carne alabe su Santo Nombre”.

En este salmo se encuentra la más clara y concreta caracterización de Dios en el Antiguo Testamento. Los siguientes adjetivos que utiliza el salmo para mostrar el carácter de Dios nos obliga a alabarlo y exaltarlo:

 Dios es: clemente, compasivo lento para la ira, grande en amor, bueno con todos, se compadece de toda la creación, es fiel a su Palabra, bondadoso en todas sus obras, levanta a los caídos, sostiene a los agobiados, abre sus manos y sacia sus favores a todo ser viviente, es justo en todos sus caminos, está cerca de quienes lo invocan, cumple los deseos de quienes le temen, el cuida a todos los que le aman y aniquila a todos los impíos. (NVI)

Jesús, en Mateo 11: 25-26 expresa sus alabanzas al Padre por la grandeza de su bondad al compartir su revelación con los que son como niños:

>>Padre, tu gobiernas en el cielo y en la tierra! Te doy gracias porque no mostraste estas cosas a los que saben mucho y son sabios, sino que las mostraste a los ninos. Y todo, Padre porque tu asi lo has querido.>> (TLA)

Jesús declara que el Padre en su gracia y su soberanía entregó todo lo que Él es a su Hijo.  Inclusive todo los atributos y carácter de Dios que el salmo 145 describe, lo encontramos en Jesús.  Estas cosas que el Padre le entregó a Jesús, se las compartió no solo para que sean motivos de contemplación y alabanza, sino para ser compartidos con aquellos  que se acercan a  Él.

Es Jesús, quien invita a los que están cansados y agobiados de la vida a alcanzar los atributos y favores que el Salmo 145 presenta.  Jesús los invita a venir a El para recibir el descanso y satisfacción que provee el amor del Padre.  Es a través de nuestra respuesta a su invitación que entramos a la nueva escuela de Jesús, en la que alcanzamos la preparación para enfrentarnos a la vida con firmeza y valor.

En esta escuela “su yugo” es suave y la “carga ligera”, es decir la vida en Cristo no es una carga, de hecho tu misión está diseñada a tu medida. Lo que Dios nos propone a través de Jesús encajará exactamente con nuestras necesidades y capacidades.

Este entendimiento de primera mano del carácter y naturaleza de Dios es el fundamento para enfrentar la incertidumbre que puede surgir en nuestro peregrinaje por la historia, porque el “Dios que atiende mis ruegos, siempre está pendiente de todos los que le aman”. ¡Muchas bendiciones!

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