Claro que entendemos el evangelio … ¿En serio?


Por Samuel Caraballo-López

“Jesús les preguntó a sus discípulos:

—¿Entienden ustedes todas estas enseñanzas?

Ellos contestaron:

—Sí, las entendemos.” (Mateo 13: 51, TLA)

INTRODUCCION

El texto para el 26 de julio de 2020, octavo domingo de Pentecostés y centésimo trigésimo tercer (133) día del “toque de queda” por el COVID-19, lo encontramos en el Evangelio de Mateo 13: 31-33; 44-52.   

Además de las cinco (quizás 5 y media) parábolas que se presentan en este pasaje, me llama la atención el verso 51 (copiado).   En dicho verso, Jesús le pregunta a los discípulos si habían entendido toda la enseñanza sobre el ¨reino de los cielos¨ y ellos le contestaron al unísono y sin titubear–“Sí, las entendemos”.  

No puedo parar de reír al leer esta contestación. Las actuaciones de los discípulos, tanto las anteriores al evento, como las posteriores (Mateo 16: 21-25), demuestran que no habían entendido ni una “pizca” del mensaje del evangelio del reino de Dios.   De hecho, tengo la sospecha que muchos creyentes hoy en día tampoco entienden lo que significa el evangelio del reino de Dios. Pasemos, pues al análisis de estas parábolas.

DESARROLLO

En cada parábola, Jesús presenta una analogía sobre el reino de los cielos.  La primera analogía es que el reino es como una semilla de mostaza, la más pequeña entre todas, que es plantada en un campo y crece misteriosamente hasta formar un “árbol gigantesco” donde las aves hacen sus nidos (Mateo 13: 31-32).  

La segunda va en la misma línea de la anterior, el reino es como una mujer que puso levadura en una masa de harina de tres medidas (54 libras aproximadamente), y ésta hizo crecer la masa exageradamente hasta superar el espacio donde se hallaba (Mateo 13: 33).  Jesús nos enseña que el reino de los cielos comenzó en   forma insignificante, pero su crecimiento, que no depende de nosotros, trasciende por mucho nuestras expectativas.

En la tercera analogía, el reino de los cielos es también semejante a alguien que encuentra un tesoro escondido en un campo que no le pertenece, lo encubre, y por el gozo que este hallazgo generó, va y vende todo lo que tiene y compra el campo (Mateo 13: 44). La cuarta, el reino es como un comerciante de joyas finas que encuentra una perla de gran precio,  fue y vendió todo lo que tiene para adquirir lo encontrado (Mateo 13: 45-46).

La enseñanza de estas dos parábolas es clara, el reino de los cielos persuade radicalmente, con el gozo que genera, a aquellos que lo hallan. El énfasis de esta analogía no está en haber encontrado el tesoro o la perla preciosa, sino en lo que ocurrió después del hallazgo. El tesoro escondido o la perla muy preciosa tendrá el efecto deseado cuando nos arriesgamos a tomar las decisiones que dicho hallazgo requiere: “fue y vendió todo lo que tenía y la compró”.

La quinta analogía se refiere al reino de los cielos como una red de pescar que al lanzarla a un lago, captura toda clase de peces, y que luego que la red se llena es llevada a la orilla, donde son separados los pescados buenos y malos. Esta parábola nos muestra dos características del reino de los cielos; la inclusividad de la gracia y la firmeza del juicio final. La gracia invita a todos, el juicio evalua la naturaleza y efecto de la respuesta de los que han sido llamados (Mateo 22: 10-14).

Ahora bien, ¿Qué nos dicen hoy en “arroz y habichuela” estas parábolas? Primero el reino de los cielos que en sus comienzos fue insignificante, continúa trabajando en forma misteriosa y oculta en el mundo, de forma tal que sus resultados son incontrolables e impresionantes.  Esta es la clave para comprender la manifestación del reino y no desanimarnos.  En medio del pesimismo que muchas veces oprime nuestra esperanza, el reino de los cielos continúa creciendo hoy mucho más allá de los que nosotros pensamos y entendemos. 

Hay que aclarar que el reino de los cielos y la segunda venida de Cristo (parusía) no son sinónimos. El reino de los cielos sigue creciendo en todo el mundo mientras esperamos que Jesús regrese.  Jesús enseñó esta verdad:

 Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: “!Mirad, aquí está!” !Allí está!” Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está (Lucas 17: 20-21).

En primeras dos (2) parábolas, Jesús nos llama a prestar atención a las cosas pequeñas e inusuales que están ocurriendo dentro, fuera y alrededor nuestro, como señales de la manifestación del reino de los cielos. Estas cosas que están ocurriendo nos llamán a hacer cambios en la forma en que participamos en esta sociedad humana.

Lamentablemente, y lo decimos con dolor, que hay muchos que han asimilado tanto las idelologías de este mundo, que hablan y actúan como “enemigos” de la cruz de Jesús. El reino de los cielos nos llama a evaluar nuestras prioridades, y a atrevernos a elegir, tanto en nuestro discurso como en las acciones, aquello que redunde en la expansión de la misión redentora de Dios y el bienestar integral de nuestras comunidades.

Este reino de los cielos cambia una diminuta semilla de una planta en un gran y frondoso árbol, una pequeña porción de levadura, leuda una enorme masa de harina, y hace que las personas vendan todo para adquirirlo. El reino cambia la iglesia de una centrada en sí misma a una que mira hacia afuera, se solidariza y busca la justicia en el mundo. El reino cambia nuestra interés propio para vivir conforme al Espíritu de Dios. El reino es la respuesta de Dios para cada problema humano, no importa lo complejo que parezca ser.

APLICACION

Las parábolas que se discuten en el texto de este domingo nos demuestran la naturaleza y atributos del reino de los cielos. Este no es estático, sino dinámico, y afecta todas las dimensiones de la vida humana, sea lo personal, social, político, económico, profesional, e inclusive incide sobre  todos los sistemas y estructuras que interactúan en el escenario humano. Podemos decir, sin temor a equivocarnos que las enseñanzas de Jesús sobre el reino de los cielos demuestran que éste, además de incluir todas las dimensiones de la vida, es redentor en su misión, y cósmico en su alcance.

El reino de los cielos es ese ámbito, espacio, momento o dimensión en que ocurre efectivamente la voluntad de Dios, y el “caos” es derrotado y expulsado (Lucas 11: 20). Es por esto que decimos que el reino se inicia con la encarnación del verbo (Juan 1: 14), y que somos incorporados como hijos y ciudadanos del reino mediante la fe en Jesús (Juan 3:3; Efesios 1: 13-14).

Es importante, entonces, que nos hagamos conscientes, que el reino al que nos hemos acercado, y que ahora ocupa espacio en nuestras vidas, produce nuevas formas de actuar y vivir en nuestro entorno.  De hecho, el reino de los cielos cambia nuestras prioridades, y nos hace ahora distinguir entre lo qué es bueno y lo qué es mejor. Ciertamente, lo que ha ocurrido es que ese ocupante de nuestro ser interior ahora se expresa en acciones congruentes con la justicia, la paz y la misericordia.

Nuestra oración al Señor es que amplíe las fronteras de nuestro entendimiento para ver y entender las manifestaciones del reino en nuestro vivir cotidiano, y que nos capacite para ser sus instrumentos y fomentar la transformación del ser humano y de las estructuras de nuestro mundo. Así nos ayude Dios.   !Muchas bendiciones!

2 respuestas para “Claro que entendemos el evangelio … ¿En serio?”

  1. el reino esta acá! hoy lo entendí somos nosotros son los pequeños detalles en nuestro cotizando que hace el efecto mariposa!!

    el la obra que dios hizo en nosotros y cambia nuestra forma de vivir es la esperansa del mundo!

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