Lo que debo y lo que quiero no coinciden: ¿qué hago?

deber vs. querer

Por Samuel Caraballo-López

¿Puede un hombre poner fuego en su seno sin que arda su ropa? ¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos sin que se quemen sus pies?     Proverbios 6: 27-28

El texto para el 3 de septiembre de 2017, décimo tercer domingo después de Pentecostés, lo encontramos en Mateo 16: 21-28.  Nos llama la atención la amonestación de Pedro a Jesús (verso 22), cuando el Señor hace pública lo que será la culminación de su misión en Jerusalén.

Como hemos mencionado en otros análisis, el Evangelio de Mateo tiene una gran preocupación por la iglesia en sus relatos.  Pedro, no solo representa el liderato, sino la iglesia en sí.  En el pasaje anterior (Mateo 16, 13 al 20),  Pedro afirma el fundamento en el cual se sostiene la iglesia,  “tú eres el Cristo (Mesías), el Hijo del Dios viviente”, sin embargo,  en el texto de hoy cuestiona la misión suprema de Jesús.

Pedro se resiente al ver que el Mesías, el Hijo del Dios viviente, no responde a sus expectativas, que provienen principalmente  de las ideologías de su pueblo.  Así que procede a corregir a Jesús, diciéndole que lo que Él está diciendo no debe ocurrir (verso 22), y mucho menos se debe promover porque no es “políticamente correcto”.

Es la iglesia que quiere corregir a su Señor dictaminando lo qué es y lo qué no es la misión cristiana.  ¿Cuántos de nosotros hemos querido corregir las enseñanzas y dichos de Jesús en nuestros sermones y enseñanzas, atribuyéndonos sabiduría que sobrepasa la del Maestro?  La verdad que Pedro, prototipo de la Iglesia, nos sorprende cuando se atreve a invitar a Jesús a tomar otro camino diferente al que corresponde a su misión. ¿Cuál es la razón?

Aunque las expresiones de Jesús sobre su misión en Jerusalén escandaliza a todos los discípulos, es Pedro el que reacciona a las mismas.  Pedro no niega lo que Jesús es (Mateo 16, 16), pero se resiste a aceptar su misión.  Parafraseando el pensamiento de Pedro: “Jesús te hemos conocido estando en relación contigo, sabemos que tu eres quien dices ser, el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y que deseas que te sigamos. Sin embargo, lo que vas ha hacer en Jerusalen yo no lo acepto, ni estoy dispuesto a que suceda conmigo.”  Pedro se resiste a aceptar la misión de Jesús en la forma que El la propone.  ¡Que dilema!

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Pienso que Pedro, tiene dos motivos para resistir la misión de Jesús, una personal y la otra estratégica.  La personal ya la mencionamos en el párrafo anterior, y la segunda esta relacionada sobre el efecto de lo declarado por Jesús en la gente que le sigue. Lo dicho por Jesús puede asustar y escandalizar a las personas que le han seguido camino a Jerusalen inspirados por una ideología.  Pedro entiende que Jesús debe, al igual que un estratega militar, presentar una visión más positiva de su causa, haciendo de esta una más “friendly”, y  que atraiga más adeptos.

Ciertamente nos gustaría que todos respondieran a la invitación de Jesús, para que nuestras congregaciones crecieran,  pero no podemos comprometer el contenido del mensaje de Cristo con nuestras ilusiones. No podemos ir de “de tu eres el Cristo” a “jamás te acontezca”, sin adulterar el mensaje verdadero del Evangelio del Reino. ¡Cuidado, hermano!

No podemos negar que la vida cristiana en muchas ocasiones se da en una dialéctica ambigua, es decir entre la luz gloriosa de la fe y las tinieblas infernales de la tentación. Esta tensión entre responder a Jesús y corresponder a las expectativas del mundo, es constante en nuestra vida.  La reacción de Pedro a la declaración de Jesús sobre su misión en Jerusalén, que finaliza en la Cruz, ha sido en ocasiones también nuestra respuesta. Ahora bien, ¿cómo encontrar la síntesis que nos permita cumplir la misión de Cristo, sin evadir sus implicaciones y a la vez responder efectivamente a los tiempos complejos en que vivimos?  Esa es la pregunta.

Pedro, nos representa a ti y a mí,  que como creyentes en Cristo y parte de una sociedad que anhelamos cumplir los propósitos y la voluntad de voluntad de Dios sin negar que tenemos aspiraciones humanas.  ¿A quién obedecer? ¿A lo concreto de la vida secular y humana a la que aspiro o al llamado de Dios que puede contradecir las premisas que sostienen nuestras aspiraciones y deseos? ¿Qué es más fácil correr tras una meta concreta, tangible y mensurable o correr tras lo invisible, intangible e incontrolable?

El mensaje de Jesús a Pedro es contundente, ”cuando nuestro razonamiento está confinado por las expectativas humanas, y estas se oponen a los propósitos y voluntad de Dios, hacemos el triste rol de Satanás” (verso 23). Ahora bien, este ensimismamiento en lo mundano, placentero y lo inmediato, no solo es un problema individual, sino colectivo. ¿Cuántas organizaciones cristianas han perdido su norte, y ahora su funcionamiento responde exclusivamente a los aspectos seculares de la administración de un sistema? ¿Cuántas organizaciones que surgieron con una misión particular a través de su historia han relegado la misma para responder a intereses humanos, ideológicos o económicos?

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Es medular aclarar que el llamado de Dios se convierte en vocación por una decisión personal que se expresa mediante un trabajo concreto y peculiar a través de una institución. Dicho de otra manera, nuestro llamado divino se hace concreto en el “barro” de las instituciones humanas, pero que en ocasiones éstas se hacen tan “barro” (que llegan a “fango”), que limitan y obstaculizan el desarrollo de sus miembros.  ¡Que terrible!

Jesús en el Sermón de la Montaña, nos declara: “Por tanto, sean perfectos (teleioi), así como su Padre celestial es perfecto (teleios)” (Mateo 5:48). El texto utiliza la palabra teleioi para hablar de plenitud, cabalidad.  El deseo de Dios es que nos relacionemos de tal forma con El que nuestro crecimiento sea tan pleno, que las “debilidades” de las instituciones seculares o eclesiásticas en las que ejercemos nuestra vocación, sean superadas por éste.

¿Cómo puedo manejar la dialéctica—entre cumplir la misión de Cristo–y responder a las expectativas que provienen de nuestra sociedad secular?  La síntesis la encontramos cuando lleguemos a ser teleioi (completo, cabal).  Pienso que esto fue lo que Jesús le dijo a Pedro… ”alinéate detrás de mí (verso 23) …si alguno quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y sígueme” (verso 24).

Solo cuando nos pongamos en linea recta detras de Jesús, tanto en lo personal, organizacional y ministerial, la síntesis será posible (verso 23).  Solo así podemos responder y ayudar a otros a responder al llamado de Jesús en medio de un mundo complejo.  Muchas bendiciones

 

 

 

 

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