¿Qué hacer cuando se acaba el combustible? … LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES (Mateo 25: 1-13)


DIEZ VIRGENES

Por Samuel Caraballo-López

Y a la medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí viene el novio, salid a recibirlo!” Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas  (Mateo 25: 6-7).

INTRODUCCIÓN

El texto para el domingo 8 de noviembre de 2020, vigésimo tercer domingo de Pentecostés y ducentésimo trigésimo octavo (238) día de “lockdown” por el COVID-19, lo encontramos en el evangelio de Mateo 25: 1-13. Esta parábola de Jesús es esclusiva de Mateo y tiene un significado pertinente para la iglesia del Señor hoy.

Las parábolas de Jesús son narraciones que contienen una enseñanza a partir de una comparación o un ejemplo, y tienen como finalidad provocar la reflexión sobre alguna verdad espiritual o existencial.  En el caso particular de la Biblia, y específicamente el Nuevo Testamento, su intención es ilustrar una verdad o reclamo sobre el Reino de Dios o la vida cristiana.  Es importante mencionar que una parábola, diferente a otros textos bíblicos, no pretende resaltar un contenido en particular.  Por lo tanto, su interpretación no puede basarse solamente en su contenido literal.

Así que es sumamente importante entender el significado de una parábola desde este marco referencial.  La pregunta que pretende contestar una parábola es; ¿Cómo la acción presentada ilustra los valores o reclamos del Reino de Dios?  Toda parábola presenta una situación que confronta los conceptos y vivencias tradicionales de los oyentes.  Esta confrontar las normas, modelos y valores sociales, políticos, económicos y religiosos del mundo de los receptores y los invita a considerar el nuevo paradigma que Jesús nos presenta. A la luz de ese nuevo paradigma propuesto, la parábola le cuestiona al oyente lo que es correcto o incorrecto (lo justo o injusto), y le sugiere una acción más excelente.

DESARROLLO

(a) Explicación de la Parábola de las diez vírgenes (Mateo 25, 1-13)

Esta enigmática parábola de las diez (10) vírgenes solo se encuentra en el evangelio de Mateo, específicamente dentro del discurso escatológico (capítulos 24 y 25).  Este texto es una construcción teológica cuya intención es atender una inquietud particular de la comunidad de Mateo con relación a la tardanza de la segunda venida de Cristo (Parusía).

La iglesia de Mateo, compuesta principalmente por judios convertidos al cristianismo, se encontraba luchando con el desánimo producido por la tardanza de la venida de Cristo. Posiblemente la comunidad había pensado que con la destrucción del templo de Jerusalén por el ejército romano (año 70 D.C.), ocurriría la esperada parusía (Mateo 24: 2). Al ésta no ocurrir se genera una crisis de fe que obliga al evangelista a reinterpretar las enseñanzas escatológicas de Jesús a la luz de la nueva realidad. La venida de Cristo tardaría y lo importante ahora era prepararse para dicha tardanza. En esta parábola se presenta el contraste entre los que están y los que no están preparados. Ahora bien, ¿en qué consistía la preparación o no preparacion para la parusía?  Esta parábola es la contestación a dicha interrogante.

(b) Análisis de la parábola

Miremos el contenido de la parábola en detalles. Primero, es importante entender en qué consistía una ceremonia matrimonial en el antiguo oriente. Aunque cada región tenía formas particulares de celebrar una ceremonia nupcial, existen aspectos comunes en estas, algunos conservados hasta el día de hoy.  Tradicionalmente, el novio se reunía con su familia inmediata, mientras la novia hacia lo mismo en casa de sus padres, acompañada de sus familiares y amistades. Desde su casa, avanzada la tarde, el novio salía acompañado por la familia inmediata para buscar la novia, no sin antes negociar y entregar las dotes acordados a su suegro.

El proceso de negociar y entregar los dotes solía durar un tiempo debido a las costumbres particulares de cada región.  Luego de ponerse de acuerdo con su suegro, el novio buscaba a la novia en su casa paterna y se llevaba a cabo la “consumación del matrimonio” dentro de la casa de la novia.  Luego de terminado el proceso, el novio sacaba públicamente la evidencia de la virginidad de la novia cumpliendo con las costumbres, y comenzaba la fiesta de bodas. Las bodas se celebraban avanzada la tarde, para que pudiesen participar la comunidad y se extendía hasta altas horas de la noche y madrugada. El no poder participar en una fiesta de bodas era considerada una gran pérdida para los afectados.

Esta parábola tiene cinco (5) elementos medulares a mencionar:

(a) diez (10) muchachas que salieron para una boda (25: 1a);

(b) cada una de ellas llevaba una lámpara porque la boda se celebraba en la noche (25: 1b);

(c) de las diez muchachas, cinco  (5) son llamadas prudentes porque llevaron reservas de aceite para sus lámparas y cinco (5) son llamadas insensatas porque carecían de reservas de aceite (25: 2-4);

(d) al tardar el novio todas se durmieron (25: 5), y,

(e) al llegar el novio las vírgenes insensatas carecen de aceite para encender sus lámparas y se quedan fuera de la fiesta (25: 7-12).  

En la parábola hay símbolos muy comunes dentro de la literatura del Nuevo Testamento.  La lámpara que emite luz es símbolo del testimonio y autoridad de la Iglesia en su sentido más amplio y del discípulo en su forma específica (Apoc. 2: 5; Lucas 12, 35 ). Este testimonio que emite la iglesia en palabras y acciones es matizado la fidelidad a Jesucristo y el ferviente anhelo de encontrarnos con El:

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.  Ni se enciende una luz y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en casa.  Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5: 14-16).

Ahora bien, así como la lámpara emite luz por la combustión del aceite, esa luz es el testimonio y autoridad de la iglesia se deriva de su negación por decir y hacer lo que ella desea, junto al afirmar la voluntad de Dios revelada en la palabra del Evangelio (Romanos 1: 17). Esa negación propia de la Iglesia, y la afirmación de la ética del evangelio en la vida diaria, es representada por el apóstol Pablo con la metáfora “estar con Cristo crucificado” (Gálatas 2:20) Solo cuando ese poder que brota de la Cruz y la resurrección de Cristo se manifiesta, la transformación humana se da en todas las facetas de la realización de la mision de Dios por medio de su Iglesia.

El problema de la energía para la combustión ha sido siempre un problema crítico en todas las sociedades. La importancia del aceite de oliva, como fuente de energía, consiste en que este era el principal combustible para producir calor, fuego y luz en los hogares. En este caso en particular, era necesario llevar lámparas para alumbrar tanto el camino del séquito nupcial como el propio camino del invitado.  En el tiempo de Jesús estaba prohibido transitar de noche, sin lámparas. Recordemos que no existía el alumbrado público, como lo tenemos hoy.  Cualquier persona que era sorprendida sin lámparas en la noche, era considerada por el ejército romano, como un subversivo o delincuente y como tal era tratado.

El factor crítico de esta parábola, no son las lámparas, ni los vestidos, ni el que las vírgenes se hubiesen dormido; sino la falta de aceite.   Las diez vírgenes son externamente iguales en todo. Todas tienen lámparas e inclusive todas se duermen (verso 5).  Aparentemente, las cinco (5) muchachas insensatas tomaron aceite para un momento breve, sin pensar que el novio podía tardar. Era muy normal que el novio tardara por los protocolos de las bodas en el oriente.  Las negociaciones con los dotes matrimoniales con el padre de la novia tendían ha hacer más largo el proceso. Por lo tanto, sus reservas de aceite se agotaron rápidamente por la espera y se quedaron sin el combustible para acompañar al novio al banquete nupcial. 

La necedad o descuido de estas jóvenes consistió en no prever que el novio podía tardar y durante la espera necesitaban tener las reservas para cuando éste llegara.  Las cinco (5) muchachas insensatas no hicieron provisión de aceite, y esto las excluyó de la celebración de la boda (verso 12).

DIEZ

Dado que la diferencia está en las reservas de aceite que cada una de ellas tenía, en primer lugar, tenemos que preguntarnos, ¿qué papel juega el aceite en la parábola? La respuesta que proviene de esta parábola es clara, el aceite es el combustible que permite mantener encendidas las lámparas durante el tiempo de espera de la llegada del novio, y para acompañarlo a la fiesta de bodas. La segunda interrogante está relacionada a la primera, ¿qué simboliza la cantidad de aceite para la iglesia de Mateo durante este tiempo de espera del novio? 

 Es importante destacar en la parábola la resistencia de las muchachas prudentes de compartir su aceite (verso 9). ¿Por qué esta actitud de pocas hermanas? Esta actitud representa una realidad en la vida cristiana, el aceite de cada lámpara tiene la particularidad de ser personal e insustituible.  Nuestro aceite no puede ser obtenido de otros, sino de nuestra propia inversión en Jesucristo.  Nuestro aceite, que es el anhelo y esperanza de encontrarnos con nuestro Señor, se deriva de la negación propia y de afirmar con nuestra vida la voluntad de Dios revelada en la palabra del Evangelio (Mateo 16:24) .

Ciertamente, no podemos vivir de “aceites prestados” y mucho menos sustituir nuestra responsabilidad como discípulos de Jesucristo, con pseudo excusas que solo nos satisfacen a nosotros mismos.  Ese deseo de conocer al novio y de participar en todos los eventos de la boda nos da las reservas suficientes de aceite para esperar al Señor.  Ese anhelo de encontrarse con El y verle cara a cara, es el combustible (aceite) para llevar a cabo con diligencia la misión de Dios en el mundo.  

Los miembros de un partido político trabajan con empeño porque esperan ganar la contienda eleccionaria.  Cuando se pierde el deseo de obtener la victoria, se pierde la fuerza para trabajar para alcanzar esa meta.  El deseo vehemente de encontrarse con su Señor glorificado es el aliciente para que el creyente continúe cumpliendo la misión de Cristo en el mundo.  Cuando ese anhelo cesa o se reduce, la misión de Cristo merma y pierde vitalidad. 

En el libro de Apocalipsis se hace una clara censura a la iglesia de Éfeso, porque había perdido ese anhelo de encontrarse con Jesucristo.  Este anhelo de desear que Jesús se manifestara, se le llama el primer amor:

Pero tengo algo contra ti: que has abandonado tu amor del principio.  Fíjate de dónde has caído, arrepiéntete y haz las obras del principio.  De lo contrario, si no te arrepientes, vendré y removeré tu lámpara de su puesto (Apocalipsis 2: 4-5).

candelabro

Observa que en el texto de Apocalipsis hay una conexión entre la lámpara y el primer amor.  La lámpara que emite luz, como mencionamos anteriormente, representa el testimonio y autoridad de la iglesia, y que resulta de la combinación de nuestra fe y anhelo de encontrarnos cara a cara con Jesús en su venida, que llamamos primer amor. El llamado a la iglesia de Éfeso es a arrepentirse, y retomar ese amor del principio.

Cuando el creyente día a día construye una relación con su Señor y al conocerle por fe, anhela encontrarse cara a cara con él, su vida espiritual se incrementa y brilla.  Ahora bien, cuando el servir a Dios es cuestión de “entusiasmo” temporero, no se tienen las reservas de “aceite” para mantener encendidas las lámparas y esperar tan grandiosa boda.  Además, el no poder tener las lámparas encendidas nos excluye de  participar en las bodas del cordero, al no poder formar parte del séquito del novio (verso 10).

APLICACIÓN

(a) Implicaciones de la parábola para la Iglesia hoy:

La venida de Cristo no ha ocurrido y han pasado cerca de 21 siglos de esta promesa.  El que una promesa tarde, no significa que no ha de cumplirse, especialmente cuando el que hace la promesa es Jesucristo (Juan 14: 1-4, Apoc. 1: 7-8).  Es claro reconocer que la espera desespera.  En muchas ocasiones la espera de la venida de Jesucristo ha dejado de ser tema de nuestra predicación y nos dormimos sin hablar de esta verdad.  Sin embargo, ese anhelo de conocerlo cara a cara a Jesús y poder verle, dialogar con él  y sentarnos a sus pies, es el combustible [aceite] que mantiene al creyente firme en su espera, mientras lleva a cabo su misión en este mundo.

No podemos negar que hay creyentes que caminan con sus tanques vacíos, que han perdido la expectativa de que El prometió volver, y languidecen en los bancos de nuestras congregaciones.  Cuando se apaga el anhelo por encontrarnos con Jesús en su venida, tendemos a poner nuestra “fe” en proyectos humanos, que por más loables que puedan ser, no representan el plan divino para la transformación de nuestra sociedad.

El Señor consciente de que su venida tardaría, nos dejó unas tareas que realizar, mientras esperamos.  Estas tareas se harán con diligencia cuando tenemos la conciencia de que El volverá, para recompensar a aquellos que le han servido.  El escritor de la carta a los Hebreos nos presenta este pensamiento de forma clara en el discurso sobre la fe:

Sin fe es imposible agradar a Dios.  Quien se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que lo buscan (Hebreos 11: 6)

Es importante que la Iglesia mantenga como combustible para la misión, su mirada puesta en el horizonte escatológico que proclamó nuestro Señor Jesucristo. En ese encuentro con el Maestro habrá una doble retribución: la salvación a los creyentes, y la justa paga a aquellos que no reconocen ni obedecen a nuestro Señor Jesús ( 2 Tes. 1: 5-12). El aparente silencio de Dios ante instituciones e individuos que promueven los signos de muerte en nuestra sociedad, como es la injusticia, la violencia, la mentira, el crimen y  la indiferencia, no es otra cosa que su rechazo e indignación ante dichos actos, y de forma implícita el anuncio de  que un día no muy lejano se revelará con toda fuerza, la majestad de su justicia sobre los que comenten dichas fechorías.

La fe en la venida inminente de Jesucristo y nuestro anhelo de estar con Él, nos debe animar al enfrentar cualquier situación adversa, haciendo concreta en nuestro presente esa victoria final prometida.  El Señor Jesucristo a quien servimos vendrá y tiene la solución completa al problema humano. Es importante entender que el problema humano sí tiene una solución permanente, y esta solución puede ser aproximada a nuestra realidad por medio de nuestra fe en Jesús y servicio desprendido al prójimo.

El luchar conociendo ya los resultados finales de esta nos provee una posición ventajosa frente al caos, que es enemigo de la justicia. Pensemos por un momento que tuviésemos la oportunidad de ir al futuro y conocer el resultado de mucho de los acontecimientos que hoy enfrentamos: ¿No creen mis queridos hermanos que eso nos daría una gran ventaja sobre los demás? Cada creyente tiene esa ventaja, el Señor nos mostró cuál será el resultado de nuestra lucha. Es por eso que mis acciones son proféticas y redentoras porque yo sé que el bien triunfará sobre el mal, la justicia triunfará sobre la injusticia. Jesucristo triunfará sobre el caos, representado por Satanás y sus demonios, el mundo y sus estructuras, y la carne con sus defectos.

Por otro lado, el anhelo que tengo por encontrarme con Jesús en su venida enriquece mi devoción hacia Él.  La adoración de la iglesia se convierte en redentora y sanadora cuando nuestro anhelo de encontrarnos con El se manifiesta en el culto cristiano.  Cuando nuestro culto se convierte en un anticipo de su venida y nuestro encuentro con El, la adoración es una fuerza transformadora.

Cuando la iglesia pierde de perspectiva la realidad del culto en su dimensión escatológica, este se convierte en una mera actividad humana.  Nuestra culto de adoración no es solo para ver a mis hermanos y mantener la costumbre de asistir al templo; nuestra adoración es la celebración de la salvación de Jesucristo realizada en la cruz y la anticipación de la completa victoria que se aproxima en su venida.   Cuando los creyentes reconocen esta dimensión del culto, la vida se enriquece, y Dios es glorificado en todo. A El sea la Gloria!  Amen!

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