Ese “tercer” empleado: La Parábola de los Talentos

Parabola de los Talentos

Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCION:

Decía el insigne pensador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, que los aniversarios, los cumpleaños y las conmemoraciones, tanto de individuos como de instituciones son épocas, más que para celebrar, para “robustecernos de conciencia”. Estos momentos, sin eximir la celebración de logros, son también tiempos para reflexionar sobre lo que hicimos o no hicimos, para evaluar nuestra gestión, nuestros planes, nuestro liderazgo, y ante todo considerar el futuro que Dios nos propone.

El texto del evangelio del calendario eclesiástico para este domingo 19 de noviembre de 2017, en que se conmemora el encuentro de las culturas europeas e indígenas que forman la mitad de nuestra identidad puertorriqueña, lo encontramos en Mateo 25: 14-30.  En este pasaje encontramos una controversial parábola procedente de la Fuente Q, y que tanto  Mateo como Lucas preservan con su particular distintivo redaccional.

Las parábolas son narraciones que nos traen una enseñanza a partir de una comparación o un ejemplo y tienen como finalidad provocar la reflexión sobre alguna verdad espiritual o existencial.  La intención de una parábola, especialmente en los evangelios, es ilustrar al oyente sobre una verdad sobre el Reino de Dios, y no necesariamente resaltar un contenido.  Por lo tanto, su interpretación no puede ser literal.

Desde el punto de vista pedagógico, la parábola es un recurso retórico para enseñanza y persuasión de los oyentes.  Así que es sumamente importante entender en el Nuevo Testamento el significado de una parábola desde el marco referencial de las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios.  La pregunta que contesta una parábola es; ¿Cómo se ve la acción relatada desde la perspectiva del Reino de Dios?  Toda parábola presenta una situación que confronta los conceptos tradicionales o culturales de los oyentes.  Este confrontar los valores sociales y religiosos del interlocutor, nos invita a considerar el nuevo paradigma emergente del Reino de Dios. Dentro de ese nuevo paradigma la parábola nos cuestiona sobre lo que es correcto o incorrecto, lo que es justo o injusto e indirectamente nos persuade a tomar la opción más excelente, la que es congruente con los principios del Reino de Dios.

PARÁBOLA DE LOS TALENTOS (Mateo 25:14—30)

Talentos

La parábola que consideramos en este escrito es la parábola de los talentos o la parábola del dinero, que proviene de la fuente Q, sin embargo, hay notables diferencias entre Mateo y Lucas (19: 11- 27). En Lucas se identifica como la parábola de las minas, y Jesús la narra antes de su entrada a Jerusalén, y se vincula con un evento histórico del primer siglo, que fue la salida de Herodes Arquelao a dar cuentas a Roma.    En ese contexto la parábola pretende hacer una distinción entre la entrada pacífica de Jesús a Jerusalén, que se aproxima y la entrada anterior de Arquelao con toda su crueldad.

La redacción que hace Mateo de esta parábola está contenida en su discurso escatológico que se extiende desde el capítulo 24:1-25:46, y, pretende ilustrar cómo será el advenimiento del Reino de los cielos.  La parábola compara el reino de los cielos con un hombre que estando a punto de irse de viaje, llama a sus empleados y le encarga sus bienes hasta que él regrese (verso 1ss). El motivo de este acto era, según se asume por el contenido de la parábola, que, dichos bienes, y en calidad de préstamos, fuera negociado por dichos empleados durante su ausencia.

Dado que estos siervos se quedarían sin el salario del trabajo, podían utilizar lo devengado de las transacciones para su sustento.  La cantidad original debía ser devuelta al dueño cuando este regresara, con cierto valor añadido (parecido a nuestro sistema de bonos).  El dueño no establece la ganancia que desea, inclusive ni se menciona en la parábola, pero dicha realidad está implícita dada la cultura mercantil de la época.

A cada uno se le entregó una cantidad de dinero sea en efectivo o en bienes,  equivalente al salario a ser devengado en un lapso de años determinado, y de acuerdo con la capacidad que el dueño conocía de cada uno de sus empleados.  En el caso del primer siervo, se le entrego cinco (5) talentos, al segundo dos (2) y al tercero uno (1).

Según Markquart, (2007) esta cantidad de dinero dada a cada empleado era el salario de cada uno, en el caso del primero por 15 años, el segundo por 6 años y el último 3 años.  Es bueno aclarar que un talento era una cantidad de dinero, equivalente a 6,000 denarios.  Si un denario era el salario de un día de trabajo de un obrero podemos determinar su equivalente en años trabajados. Estos ocho talentos, que era el capital del dueño, equivalen hoy a cerca de $10,000 (USA), que en aquel momento eran como diez veces más que el poder adquisitivo actual.

Un buen ejercicio para entender esta transacción es poner en lugar del dinero recibido por los siervos, lo que tú devengas anualmente y multiplicarlo por quince (15), en el caso del primer siervo, por seis (6) en el caso del segundo y por tres (3) en el último caso. Así te darás cuenta de que lo entregado era para ser invertido, vivir de las ganancias, y luego devolver lo prestado al dueño con algún interés.

Los regalos o dones que Dios nos da son para administrarlos de acuerdo con las capacidades y oportunidades que tenga el que los recibe. Las capacidades incluyen: conocimiento adquirido por estudio o experiencia, habilidades de ejecución, espíritu empresarial, disposición de ánimo o actitudes entre otras.  Un principio que no debemos olvidar: la carga que Dios pone en nosotros siempre es proporcional al ancho de los hombros que tenemos.

Luego de un largo tiempo, el dueño regresó y pidió cuenta de su dinero a cada uno de los empleados. En los versos 14-18 se nos narra lo que cada uno de los empleados o siervos hizo con el dinero entregado por su empleador.  Pasemos a enumerar las gestiones de estos tres (3) empleados:

El primero recibió 5 talentos y las negoció y devolvió otros 5.

El segundo recibió 2 talentos y las negoció y devolvió otros 2.

El tercero recibió 1 talento, y por temor al riesgo cavó en la tierra y escondió el dinero de su Señor, y lo devolvió tal como lo recibió.

Ahora bien, los versos 19-23, se nos narra el regreso del dueño a pedir cuentas de cada uno de los empleados. Es importante observar que el jefe no le estableció la forma de negociar con su dinero.  Dios nos da libertad, dentro de la ética cristiana y de acuerdo con nuestra capacidad (sabiduría), para cómo utilizar nuestros dones.

El clímax de esta parábola está en los versos en los versos 24-30:

Y acercándose también el que había recibido un talento, dijo: Señor, yo te conocía que eres hombre exigente, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por eso tuve miedo, y me fui y escondí tu talento en la tierra: aquí tienes lo tuyo.  Pero respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, ¿sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí? Debías, por tanto, llevar mi dinero a los banqueros, y al venir hubiera recibido lo mío con intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene le será dado y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadlo en las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el crujido de los dientes.

Veamos el verso 24; el tercer empleado se presenta ante su Señor, con el protocolo acostumbrado del que no tiene nada que decir.  En palabras muy sencillas le dice a su jefe: “Dado que tú eres un hombre muy estricto, yo anticipé que podía perder el dinero si me dedicaba a hacer transacciones con este, como lo hicieron los dos empleados anteriores.  Así, que no me di el lujo de perder nada (Incorrecto, el dinero ahora valía menos, por la inflación).”

Además de su negligencia, este tercer siervo, tenía un concepto equivocado de su Señor: “Siegas donde no sembraste”, “recoges donde no esparciste.”  Le está diciendo a su Señor que él deseaba obtener resultados sin suficientes medios–a los demás le diste, el doble o triple que a mí.  De hecho, hay una acusación solapada en las palabras de este siervo—Tú te enriqueces por el esfuerzo de otros…Tú esperas ganancias donde no has hecho ninguna labor…Tú eres de los que quieres cosechar sin sembrar.  El siervo no entendía que ese dinero entregado, equivalente a tres años de trabajo, debía ser utilizado por él para negociar y lograr mayor bienestar mientras el jefe estaba fuera, con la salvedad de que el dinero al ser prestado tenía que ser devuelto con cierto valor añadido.

“La vida es un don prestado para utilizarla para llevar a cabo una misión, los recursos recibidos son para invertirlos más que para gastarlos.

Verso 25—Tuve miedo de arriesgarme (excusa) y fui y escondí su dinero en tierra (lo pude haber perdido también) y ahora se lo devuelvo, tal como me lo entregó. Hay dos posibles explicaciones a esa actitud del tercer siervo, y que Mateo las enfatiza como advertencia a sus destinatarios: primero que la pereza era tal que no le permitía afrontar el reto de trabajar para multiplicar el valor del talento recibido o, en segundo lugar, que el siervo no estaba dispuesto a invertir aquel dinero, porque no tenía buena voluntad para con su Señor.

Para mí, la segunda opción parece ser más lógica.  Este siervo tenía una percepción incorrecta del carácter de su jefe.  El problema de este siervo es que lo que él decía conocer de su jefe, no lo influenciaba para actuar de acuerdo con dicho conocimiento.  Su excusa para su negligencia rebotaba contra el mismo–“Aquí tienes lo tuyo”—”Debes estar agradecido porque no me lo robaron y te lo entrego intacto.”  Lo que no entiende este empleado es que el talento se le dio a él, era para que lo negociara, aumentara su valor, obtuviera beneficios propios, y luego lo devolviera con el valor añadido.  El tercer siervo nunca se posesionó de lo que había recibido. El talento era para que lo administrara y viviera de este mientras su jefe volvía.  Esconder este dinero era un desperdicio de recursos, que también lo perjudicaba a él.

Versos 26—30.  Siervo malo y negligente… impío y calumniador…charlatán y sinvergüenza. La maldad estaba en acción; ahora disfrazaba su negligencia y rebeldía con un falso sentido de responsabilidad.  Le falto hasta el sentido común para prestar el talento y cobrarlo con intereses.  Este siervo no valoró la gracia de lo recibido, y no se permitió a si mismo brillar delante de Dios y los demás manifestando el producto de su trabajo.  Es decir, no hizo el esfuerzo para demostrar que sí podía negociar con dicho dinero y obtener dividendos.  El castigo para este tipo de infidelidad es tan severo como el que corresponde a los pecados más explícitos: la expulsión a las tinieblas exteriores.

En Lucas 19: 13, el dueño le explicó claramente el propósito de la transacción hecha: “Hagan negocio con este dinero hasta que vuelva.” En muchas ocasiones cuando se nos asigna una tarea que consideramos fácil o menor que las asignadas a otros, tendemos a ser menos responsables y nuestra labor es ineficiente. La sentencia del Señor es uno de los principios que debemos considerar en nuestra ejecución como servidores en esta tierra: “Porque el que tiene, se le dará más, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.”  El premio a la fidelidad es que se recibirán responsabilidades más serias y se le otorgara al siervo una mayor intimidad con su Señor.

ALGUNAS VERDADES QUE DEBEMOS CONSIDERAR SOBRE EL REINO DE DIOS

Primera verdad del Reino:

Deja que lo que tú crees sobre Dios, influencie tus acciones diarias.  Si lo que tú crees sobre Dios no afecta tu conducta, lo que crees es solo “letra muerta.”  Esta verdad nos confronta con lo que afirmamos creer.  Si lo que afirmamos creer no afecta nuestro carácter, lo que decimos creer no es realmente lo que creemos. 

Segunda verdad del Reino:

El que solo tengamos oportunidades limitadas o que parecen insignificantes, no condona nuestra negligencia. El hecho de que ocupemos un puesto de poca jerarquía o importancia no justifica que hagamos nuestro deber con dejadez y laxitud.  La excelencia en lo que hacemos es un imperativo de todo creyente fiel.

Tercera Verdad del Reino:

Dios no nos juzga según el volumen o calidad de lo que producimos, sino de acuerdo con la capacidad que tenemos para producir.  A quien mucho se le da, también se le pedirá mucho; a quien mucho se le confía, se le exigirá mucho más (Lucas 12:48).  Cada persona debe producir a su ritmo y de acuerdo con sus capacidades (diversidad funcional).

Cuarta Verdad del Reino:

El fiel uso de nuestros de nuestros recursos, capacidades y dones nos prepara para nuestro propio progreso.  El poder otorgado a los discípulos crece con el uso y disminuye con desuso.  El uso excelente de nuestros recursos aumenta el valor de lo que hacemos (de nuestra profesión o ministerio). 

Quinta Verdad del Reino

Los defectos de las instituciones son subsanados por la excelencia de sus empleados. Son nuestras acciones fieles como servidores de Dios, que realza y fomenta la imagen adecuada de las organizaciones en las que laboramos.

A medida que soy responsable con lo que he recibido esto me hace capaz de alcanzar mayor autoridad, peritaje y crecimiento.  Muchas bendiciones.

REFERENCIAS

Markquart, E. F.    “Gospel analysis: Talents: five, two and one.”  Sermons from Seattle.  Consultado en 29 de diciembre de 2007, en  http://www.sermonsfromseattle.com.

La Biblia de Estudio Dios Habla Hoy.  Consejo Episcopal Latinoamericano: Sociedades Bíblicas Unidas, 1994.

Stoffreguen, Brian.  “Exegetical notes at Crossmark.”  Marysville, CA:  Faith Lutheran Church, 2007.  Consultado el 30 de diciembre en wttp://ww.crosmarks.com/brian/matt25x14.htm.

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