Una invitación a forjar el carácter en el desierto …


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra, cuya aprobación no proviene de hombres, sino de Dios (Romanos 2: 29 BTX)

La época de adviento, primera en el calendario eclesiástico de la Iglesia cristiana, se distingue por una serie de actores, en los que Juan el bautista es uno de los personajes predominantes.  Es por eso por lo que no puedo considerar adviento sin esa figura cautivante de Juan el bautista.

En este segundo domingo de adviento, y que es a su vez el ducentésimo sexagésimo sexto (266) día de lockdown por el COVID-19, el texto del evangelio lo encontramos en Marcos 1: 1-8.

DESARROLLO

El Evangelio de Marcos inicia sus relatos con Juan:

Apareció Juan bautizando en el desierto, y proclamando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. (1, 4 BTX)

Si observamos la declaración de Marcos podemos decir que Juan ejercía dos (2) ministerios interconectados entre sí: bautizar y proclamar la necesidad de arrepentimiento para perdón de los pecados.  Ahora bien, estas dos actividades tienen que ser consideradas desde el contexto del judaísmo del siglo primero, y por supuesto dentro de la teología de los evangelios.

La mayoría de los estudios que se hacen de los evangelios enfoca su atención, naturalmente en Jesús, dejando a Juan el Bautista con cierto grado de invisibilidad.[1]  A mí se me hace muy difícil ver a Jesús sin considerar a Juan como compañero de misión, y más que nada como el que realmente preparó desde el desierto el “camino al Señor” (Isaías 40: 3-4).  En varios escritos anteriores he discutido la gran aportación de Juan al pleno entendimiento del mensaje y ministerio de Jesús.  De hecho, Jesús menciona y realza esa labor excepcional de Juan:

Y mientras ellos iban, Jesús comenzó a decir a las multitudes acerca de Juan: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de fino ropaje? Mirad, los que llevan ropas finas están en las casas de los reyes.  Entonces, ¿Qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Si, os digo, mucho más que un profeta.  De cierto os digo: Entre los nacidos de mujer, no ha sido levantado uno mayor que Juan el bautista…Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan, y si queréis aceptarlo, él es Elías, que estaba a punto de venir. (Mateo 11, 7-9; 11, 13-14 BTX).

Según Josefo los profetas pueden ser clasificados en alguna de estas tres (3) categorías:

Los profetas clericales, o sea, los sacerdotes que se involucraban en actividades de índole profética.

Los profetas sapienciales, es decir, los profetas que desempeñaban también el papel de sabios. Esta categoría, a la cual damos el nombre de profetas sapienciales, se puede aún subdividir de acuerdo con la secta a la cual pertenecía la persona: si era esenio, o si era fariseo.

Los profetas populares, un término que indica que su esfera social era el populacho, o sea, la gente común y corriente. Esta categoría también se puede subdividir de acuerdo con la relación que mantenían con el pueblo; ya sea que ellos se destacaran como líderes de movimientos proféticos, o que permanecieran como eremitas.

 Conforme a estas categorías el ministerio profético de Juan lo podemos ubicar con mayor exactitud entre los profetas populares, tanto por las personas a quienes él se dirigió como por las características específicas de su ministerio (Mateo 21:25-26).

Es altamente llamativo que el ministerio de Juan, hijo del sacerdote Zacarías según Lucas, comenzó en el desierto de Judea:

… fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. (Lucas 3: 2)

El desierto dentro de las narrativas de Éxodo fue el lugar en que Dios se reveló a Moisés y le dio a conocer su nombre (3: 1-6, 13-15).  Esta unidad narrativa de Éxodo 3, tiene implicaciones muy significativas para el ministerio profético de Juan.  Aunque en dicha perícopa hay una intención etimológica del nombre de YHVH, es decir, se explica el origen de dicho nombre y su relación con el entorno socio-cultural que lo rodea, también se destaca la importancia de que estos eventos ocurrieran en un lugar del desierto cerca del Monte Horeb (Sinaí). El desierto es el lugar donde no hay nada, y allí comienza la alianza entre YHVH e Israel (Éxodo 19: 1-3) .

El culto Yahvista surge del desierto, no de proposiciones teológicas abstractas, sino que se concreta en el testimonio de las experiencias de Israel con Yahvé en la Alianza del Sinaí.  Israel conocía la importancia del desierto, fue allí donde comenzó todo, y es allí donde hay que retornar para reiniciar una relación rota (Isaías 40:3). Al Juan comenzar su ministerio con el bautismo de arrepentimiento en el desierto, está llamando a los judíos a iniciar una relación con YHVH, bajo nuevas condiciones, ya que la anterior había sido resquebrajada:

Y proclamaba, diciendo: después de mi viene el que es más poderoso que yo, de quien no soy digno de inclinarme y desatar la correa de sus sandalias. Yo os bauticé con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo (Marcos 1: 7-8).

El mensaje profético de Juan era claro y consistente, los judíos estaban siendo llamados al desierto a encontrarse con YHVH.  Judea y Jerusalén había perdido su norte, y era necesario reencontrarlo en el lugar donde todo comenzó.  Es por esto por lo que el ministerio de Juan polariza a los judíos entre aquellos que aceptaban el bautismo de arrepentimiento, y por ende aceptaban iniciar una Alianza Nueva con YHVH, y aquellos que no estaban dispuestos a arrepentirse. Su mensaje era claro; hay que iniciar desde el desierto una Nueva Alianza, y ya YHVH había enviado a un nuevo Mediador para dicho reinicio.  El distintivo de este Mediador era su poder para bautizar con el Espíritu Santo (Marcos 1:8).

Así que Juan vincula al que viene después de él, con el mensaje del profeta Isaías (11:1-8):

Y sobre El reposará el Espíritu de YHVH; Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor a YHVH. (verso 2)

Ese Espíritu que reposa permanente en Jesús, será compartido con el pueblo en esta Nueva Alianza, para que estos a su vez pueda vivir su completa humanidad bajo la voluntad de Dios.   El profeta Ezequiel había anticipado estos tiempos que ahora Juan el bautista anuncia:

Os daré un corazón nuevo, y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros, y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.  Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra (Ezequiel 36: 26-27).

APLICACIÓN

Adviento, es la época del año en que se nos invita a prepararnos para recibir y celebrar la venida de Jesús.  Este el momento del año para reflexionar sobre nuestras acciones, y evaluar cuan congruentes han sido estas con el carácter del Dios clemente y misericordioso que nos ama (Éxodo 34: 6), y, que, ante todo, desea que nos unamos a su proyecto de transformar al mundo.

Adviento, es tiempo de cambiar sostenido en la Nueva Alianza con Dios por medio del nacido en Belén. Esta alianza que se inicia con la encarnación del verbo (Juan 1: 1, 14) que es simbolizada en la Navidad, ha de culminar con la venida de Cristo en gloria.

Ahora es el tiempo es para examinar nuestros caminos, y si descubrimos perversidad en estos, arrepentirnos y pedir a Dios por medio de Jesucristo, que nos guíe por el camino que conduce a la eternidad.

¡Feliz Adviento!

Notas:

[1] Vea excelente artículo de Robert L. Webb, “Juan el bautista: un profeta de su tiempo”, Kairós, no. 16, Jan – Jun, (1995): 24-38.

3 respuestas para “Una invitación a forjar el carácter en el desierto …”

  1. Saludos pastor,
    Siempre me edifico con sus análisis a las lecturas, son realmente muy bien estructuradas y aplicadas a nuestro diario vivir. Me encanta leerlas aprendo mucho con ellas acerca de la bíblia y del contexto histórico.
    También le escribo porque me gustaría escuchar algún análisis suyo acerca de la decisión de Donald Trump en cuanto a la designación de Jerusalén como la capital de Israel. ¿Que implicaciones nos trae como cristianos esa decision ? o ¿si es parte de algo que podemos ver a la luz de alguna profecía?
    Además, cuál debe ser nuestra postura como cristianos ante esta determinación.
    Gracias y que el Señor lo continúe utilizando como canal de bendición a nuestras vidas.

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