UNA IGLESIA AUDAZ … y todo comenzó con una pregunta (Hecho 19: 1-20 (18: 18b-19:20)

Por Samuel Caraballo-López

Audaz

Introducción

La obra de Lucas-Hechos es una sola obra en dos volúmenes que fue escrita en Éfeso para el año 85 d. C.  La tradición reconoce como autor a Lucas, un médico de origen gentil.  Es la obra más larga del Nuevo Testamento.  El Evangelio de Lucas finalizaba originalmente en el capítulo 24: 49 y Hechos comenzaba en lo que hoy es el cap. 1: 6.  Los prólogos y epílogos fueron añadidos posteriormente para hacer de ambos dos libros distintos.  Esta obra comienza en el templo de Jerusalén (Lucas 1: 5) y finaliza en Roma, en donde encontramos a Pablo predicando sobre Jesús, sin ningún impedimento (Hechos 28, 30-31).

El segundo volumen, el libro de los Hechos de los apóstoles, es un relato que incluye el período apostólico que va desde el año 30 al 70 de la era cristiana.  Se inicia con la resurrección de Jesús (año 30) y termina con actividad de Pablo en Roma (58 al 60 d. C).  La publicación de este escrito se da durante el periodo sub apostólico en que la iglesia comienza a institucionalizarse (70—135 d. C).  Este periodo de tiempo que nos narra Lucas, que es previo a la formación de la iglesia como institución, es la época de lo que llamamos el “Movimiento de Jesús” o el “Movimiento de los del Camino”. Podemos decir que este es el periodo que sienta las bases organizativas de lo que hoy llamamos la iglesia de Jesucristo.

Misionera 2

Hay una tendencia a interpretar de forma incorrecta este periodo de tiempo e inclusive a excluirlo dentro de la tradición de la iglesia, sin entender que los fundamentos para la formación de la iglesia lo encontramos en ese tiempo.  Este período de tiempo es equivalente a 40 años, y que a su vez compara con los 40 años de los hebreos en el desierto previo a la conquista de Canaán, y el establecimiento del Estado de Israel.  Es durante esos 40 años de desierto que Israel adquiere su identidad como pueblo de Dios, y que le permite cumplir con los planes de Dios de establecerse en la tierra prometida.

De la misma forma que en el desierto Israel adquiere las herramientas y la identidad para lograr su misión, la Iglesia durante esos 40 años establece los fundamentos para el proceso posterior de institucionalización.  Es necesario que la iglesia hoy haga una revisita a los relatos de este periodo apostólico para afirmar su identidad y entender cómo se encarnó la misión de Cristo en el movimiento de los del Camino en medio de un mundo totalmente pagano.

La Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico (IEUPR), ha establecido como meta para este y próximos años «Ser una iglesia audaz con una evangelización y testimonio que alcance al ser humano y lo transforma.» De hecho, este año 2018 ha sido declarado el año de la evangelización y el discipulado.   

Como parte de esta meta se requerirá que cada congregación intencionalmente reflexione sobre este periodo histórico del movimiento de Jesús.  Es de suprema importancia que examinemos los elementos constitutivos de ese movimiento de Jesús, que hizo posible que el evangelio se expandiera en forma vertiginosa por todo el Imperio Romano, y en el siglo IV el cristianismo se convirtiera bajo el emperador Teodosio el Grande (Edicto de Tesalónica en el 380 d. C) en la religión oficial del imperio. ¿Cómo podemos explicar esto?

Movimiento de Jesús

Así que será nuestra tarea durante este año el estudio profundo de los elementos constitutivos  del “Movimiento de Jesús”, junto a un trabajo hermenéutico cuidadoso, con el propósito de que  tengamos un marco de referencia que nos guíe en la consecución de la meta propuesta por nuestra Iglesia.

Material Bíblico para considerar

El texto que consideramos hoy se encuentra en Hechos 19: 1-20, y nos presenta uno de los aspectos claves del “Movimiento de Jesús” al que debemos prestar atención.  El Apóstol Pablo luego de finalizada su evangelización en Macedonia y Acaya, navega hacia Siria junto a Priscila y Aquila, y se prepara para regresar a Jerusalén a dar cuenta de su labor misionera, y a Antioquía, su iglesia madre para fortalecerse (Hechos 18, 18 ss). 

Antes de esto viaja a Cencreas, donde realiza un voto judío y se rapa la cabeza, y llega a Éfeso, separándose de su grupo misionero, posiblemente compuesto por Silvano, Timoteo, Lucas, y el matrimonio de  Priscila y Aquila que había encontrado en Corinto (Hechos 18, 2).  En Éfeso de inmediato visita la sinagoga y discute con los judíos por breve tiempo, funda la iglesia, y se despide de los hermanos y sale de la ciudad (18, 21).

Pablo viaje 2

Llega a Cesarea, visita la Iglesia de Jerusalén, y luego baja a Antioquía de Siria su iglesia madre. Conocemos por los relatos de Gálatas que allá se encuentra con los líderes de Jerusalén, Jacobo, Cefas y Juan (Gálatas 2, 1, 9ss). Pablo acostumbraba luego de una temporada de evangelización en el mundo gentil, informar de su labor a los líderes de Jerusalén y Antioquía (vea Gálatas 2, 2).

Luego de estar un tiempo en Antioquía, volvió a atravesar la región de Galacia y Frigia, para fortalecer a los discípulos. Este viaje se le conoce como el tercer viaje misionero del Apóstol (Hechos 18, 23).  Luego Pablo llegó nuevamente a Éfeso, era ya diciembre del año 52 y se quedó allí hasta marzo del 55 d. C (2 años y 3 meses).

Este período de tiempo en Éfeso, capital de la provincia de Asia, fue muy fructífero para el Apóstol Pablo. Éfeso era una ciudad de un comercio muy significativo en el imperio romano, con una población de cerca de 250,000 habitantes, que la hacia la cuarta ciudad más poblada del imperio, después de Roma, Alejandría y Antioquía.  Desde allí escribió la Carta a los Gálatas y 1 de Corintios. De hecho, muchos estudiosos entienden que Pablo tuvo preso en Éfeso desde diciembre del 54 a marzo del 55, y desde la cárcel escribió las cartas de Filipenses y Filemón.  Además, fue en Éfeso, como mencionamos al principio, que Lucas escribe su obra Lucas-Hechos.

Asia Menor

Previo a este primer encuentro del Apóstol Pablo en Éfeso, debemos mencionar el evento que sirve de contexto histórico al pasaje que discutiremos.  Según Hechos 18, 24 al 28, a Éfeso, previo a la llegada de Pablo, había arribado un judío procedente de Alejandría, Egipto, convertido al cristianismo, llamado Apolos. Dos características adornan su discurso, era elocuente y poderoso en el Antiguo Testamento (Escrituras).

Recordemos que todavía no se han escrito los evangelios, y por lo tanto lo que se conocía del mismo era por la predicación (kerigma) o lo que llamamos el testimonio oral de los discípulos de Jesús. Sin embargo, Apolos había sido instruido en Alejandría en el evangelio, lo que indica que ya en el año 50 d. C, el movimiento de Jesús ya había llegado a Egipto.

Por el relato sabemos que era un creyente fervoroso de espíritu, osado y enseñaba diligentemente acerca de Jesús, a pesar de que no había experimentado el bautismo cristiano (18: 25).     Es importante aclarar que Apolos predicaba un evangelio alejandrino, sin que esto signifique algo incorrecto, simplemente no conocía la tradición de Jerusalén ni Antioquía.  No tenemos evidencia que hubiese estado en Jerusalén, ni hubiese tenido contacto con los líderes de dicha iglesia.

Era muy común que el evangelio tomara ciertos matices o fuera coloreado por las regiones en que se predicaba.  Eso no significaba que fuera erróneo su discurso, simplemente que había diversidad con el evangelio jerosolimitano y antioqueño, que predicaba Pablo y Lucas.  Observé que a pesar de que no conocía la tradición antes mencionaba, era un eficiente predicador del mensaje cristiano.

Priscila y Aquila, conocedores de la tradición de Pablo, le orientan sobre esta tradición, sin ninguna necesidad de bautizarlo nuevamente o prohibirle su discurso (esto es significativo). De hecho, los líderes de Éfeso le ayudan a llegar a Corinto, e inclusive le dan cartas de recomendación (Hechos 18, 27).  De hecho, Pablo reconoce su ministerio en los Corintios (1 Corintios 3, 4-6).  El movimiento de Jesús (El Camino) no era uniforme en todos sus detalles, sin embargo, tenía en común la exaltación de Jesucristo como el Señor, que perdona, liberta y salva por su sacrificio en la cruz (Hechos 4: 12).

Aplicación del Texto

Ahora, volvamos a la experiencia que nos narra el capítulo 19 de Hechos y que desata un sinnúmero de eventos relevantes en el desarrollo misionero de esta región.  Al llegar el apóstol encuentra a doce discípulos, que le llamaron la atención (verso 1).  –¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? —les preguntó.  Esta pregunta es clave, sin embargo, debemos preguntarnos como llegaron estos discípulos a la sinagoga de Éfeso.  Por el relato anterior parece ser producto de la predicación de Apolos (Hechos 18, 25).  Ciertamente eran creyentes en Jesucristo, pero al parecer solo conocían, el bautismo de Juan.

¿Cuál era el problema de aquellos discípulos de Jesús? El problema no estaba en el bautismo de Juan, sino en su total desconocimiento de presencia del Espíritu Santo (Pentecostés) en la vida de los discípulos de Jesús (verso 2). De hecho, ellos no eran discípulos de Juan el bautista, eran parte de la iglesia de Éfeso. Pablo procede a orientarles de tal forma que acceden a ser bautizados en el nombre de Jesús, y luego de la imposición de manos, reciben el Espíritu Santo.

Este pasaje enfatiza una de las marcas distintivas del “Movimiento de Jesús”, durante esos primeros 40 años, que hizo posible la evangelización y la obra misionera en el mundo pagano.

Escuela de Tirano

Tres características que distinguen el movimiento de Jesús.

  • Un movimiento animado por el Espíritu Santo (Hechos 1,8). El Espíritu Santo marca la tónica de la iglesia.  Los milagros, señales y prodigios distinguen la obra del Espíritu en el “Movimiento de Jesús”.  De hecho, el movimiento carismático tiene enemigos e imitadores (vea Hechos 19, 11-17) y se distingue de los judíos y los paganos (19, 13-19).
  • Es un movimiento evangelístico y misionero (Hechos 19, 8-10).
  • Su estructura básica cambia, desde comunidades domésticas, la sinagoga, y ahora lugares públicos (Hechos 19: 9; 18: 28). No podemos pasar por alto que la evangelización del mundo no judío tomó como base las grandes urbes del imperio. De hecho, Pablo en Éfeso tiene dos plataformas para la misión, la sinagoga (tres meses), y luego la escuela de Tirano (dos años).

La pregunta de Pablo a los discípulos de Éfeso es válida, a la luz de lo que el movimiento de Jesús predica.  Si miramos Efesios 1, 13-14:

«…en El también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en El, fuisteis sellados con el Espíritu Santo prometido, que es arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión, para alabanza de su gloria.»

Traduciendo la pregunta a nuestros días: ¿Vives tu una vida consciente y abierta a la presencia del Espíritu de Dios? ¿Estás viviendo tu vida como creyente con apertura a recibir la plenitud del Espíritu para realizar la misión de Dios? ¿Sigues viviendo hoy en el Espíritu que recibisteis al creer? ¿Sigue el Espíritu actuando en tu vida como al principio de tu conversión y aún en forma mayor? Yo me hecho muchas veces esas preguntas.

Observe que luego de la experiencia con estos discípulos, Pablo entra en la sinagoga, (y los discípulos con él) y predica con denuedo…luego sale de la sinagoga y entra en la escuela de Tirano, y todos los habitantes de Asia oyeron la palabra del Señor…y Dios hacia milagros no comunes por las manos de Pablo (versos 8, 9-12).

Efeso
  • Fíjate que inclusive que se distingue entre los «carismas» de Pablo y sus discípulos y los judíos y paganos exorcistas (vea verso 13-17)
  • Los que habían creído acudían confesando y declarando sus prácticas (verso 18)-comenzó a limpiarse la iglesia.
  • Los paganos que practicaban las artes mágicas descubres que eso es ineficaz ante la Palabra y poder de Dios, y rechazan esas prácticas quemando sus libros (verso 19)-comenzó a limpiarse la comunidad

Observen que todo comenzó con una pregunta: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? La contestación a esta pregunta no encuentra respuestas al hecho de que se ponga las manos sobre ti, y comiences a hablar en lenguas o profetizar.  La contestación está en aquello que ocurrió a partir de este momento. De hecho, el hablar en lenguas o profetizar no es la prueba “litmus” (litmus test) de la fe cristiana. Lo que demuestra la presencia del Espíritu son los cambios que comienzan a ocurrir después de la experiencia.  Estas experiencias son eventos de inicio en el peregrinaje cristiano. No podemos hacer de esos eventos “enramadas” y quedarnos ahí.  El mayor testimonio de nuestra fe es la calidad total de lo que hacemos y compartimos:

  • La calidad de nuestra adoración
  • La calidad de nuestros sermones
  • La calidad de nuestra enseñanza
  • La calidad de nuestro servicio
  • La calidad de lo que ofrecemos (compañerismo, acompañamiento, intercambio de la esperanza y la fe, ayuda social, orientación, nuestro arte, lo que hacemos en nuestros proyectos)

El énfasis de la obra evangelística de Pablo se distingue por la Palabra de Dios, con abundancia y profundidad. El “floreteo” de los nuevos motivadores no puede sustituir la proclamación de la Palabra de Dios.   No pueden existir eventos evangelísticos sin la mediación de la Palabra de Dios y su Espíritu. ¿Qué lugar ocupa la mediación de la  Palabra de Dios y el Espíritu Santo en nuestras labores evangelísticas?

Si queremos alcanzar el mundo para Cristo, tenemos que desarrollar proyectos audaces (milagros no comunes) de Gracia Creativa. Algunos ejemplos podrían ser:

  • Ministerio para delincuentes sexuales
  • Ministerios para enfermos mentales.
  • Ministerios con enfermedades terminales y degenerativas.
  • Ministerio de cuidado a los que cuidan de otros.
  • Ministerios de vigilancia y seguridad para las comunidades.
  • Ministerios con los extranjeros y refugiados domésticos e internacionales.
  • Ministerios de supervisión a nuestros líderes y diversos ministerios.
  • Ministerios alimentarios de sustentabilidad (Ministerio de Tilapias, abrir pozos, energización, etc.)
  • entre otros.

Es el momento en que la Iglesia se atreva a abrirse al Espíritu y emprender proyectos misioneros audaces que llenen los vacíos que nadie llena en nuestra sociedad, veremos cambios significativos dentro y fuera de nuestras congregaciones.  Solo así la Palabra del Señor crecerá, se arraigará y prevalecerá en nuestra tierra, convirtiéndose en la mediación concreta de la presencia de Jesús en nuestras comunidades.  Así nos ayude Dios.

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