El leproso “presentao”…cuando la “emoción” nos domina.

leproso presentao

Por Samuel Caraballo-López

Es común escuchar en las conversaciones de pasillo, el adjetivo “presentao” para referirnos a ciertas personas muy activas en intervenir o hacer comentarios de asuntos  que no le incumben.  Estas personas, que llamamos “presentaos” se distinguen por mostrarse siempre anhelantes de estar presentes donde no se les llama, causando en ocasiones problemas y situaciones imprevistas.  Además, gran parte de los “presentaos”, son osados y algunos han desarrollado también la tendencia a ser “chismosos”. El texto de este domingo trata de algo parecido a lo que hemos mencionado y te invito a estudiarlo conmigo.

La perícopa del  11 de febrero,  quinto domingo de epifanía, la encontramos en Marcos 1: 40-45.  En este pasaje aparece un leproso que irrumpe ante Jesús sin ninguna autorización, y violentando todas normas rituales, culturales y legales de Israel.   Es importante hacer una aclaración sobre la situación de la lepra como enfermedad, tanto  en Israel como en el mundo que lo rodea.[1]

La lepra era una enfermedad bacteriana que en el mundo antiguo producía pánico entre la gente por ser incurable, mutilante, contagiosa e infamante.  Tsara’ath es la palabra hebrea que se aplicaba genéricamente a todas las enfermedades de la piel, incluyendo la lepra. Los griegos conocieron la verdadera lepra y la describieron con el nombre de elefantiasis, ya que esta enfermedad producía deformaciones en el rostro, y sus nódulos y lepromas creaban un aspecto de piel arrugada y escamosa parecida a la de un elefante. Los hebreos usaban la palabra juzam para describir la elefantiasis griega, y es desde el griego “λεπρα” que se traduce al latín con el término “lepra”.[2]

Lepra

Lamentablemente, se le llamaba lepra, no solamente a la que conocemos hoy como la enfermedad de Hansen, sino a cualquier infección de piel en la que se incluía la psoriasis, el acné y el eczema,  entre otras.  Cualquier condición que creara una piel áspera o escamosa podría ser clasificada como lepra, obligando al afectado a separarse de sus familiares, y llevándole a vivir en colonias excluidos de la comunidad.

En el libro de Levítico se encuentra todo el conocimiento médico dado por Yahvé a Moisés y debido a la frecuencia de las enfermedades de la piel, varios capítulos son dedicados a dichas afecciones cutáneas, en que la lepra se menciona con prioridad (Levítico 13 y 14). De hecho, la lepra no era exclusiva de la piel humana sino que también había lepra de los vestidos  y las viviendas, y  siempre relacionada con el pecado (Levítico 13: 2-7; 9-17; 47-52; 14: 34-48).

Una persona entre los judíos a la que se le diagnosticaba lepra por el sacerdote, pasaba a ser un “muerto viviente”, un intocable para todos (Levítico 13).  A los leprosos se les exigía mantenerse a no menos de 50 pasos de las personas con quién quisiera comunicarse, y a expresar en voz alta su condición de “inmundo”. De hecho, cualquiera que tocara a un leproso se hacía impuro.  Esta enfermedad era estigmatizada porque se le vinculaba al pecado, y asociándola directamente como parte del castigo por la transgresión de la ley de Dios y su alianza, sin importar la posición social o económica del afectado.  Las Escrituras nos menciona varios casos de reyes y personas importantes que fueron alcanzados por la lepra como castigo por su transgresión (cf. Números 12: 10-12, 2 Reyes 5:27; 15: 51; 2 Crónicas 26: 19-21).

La lepra entre los hebreos era diagnosticada solo  por un sacerdote que podía declarar impuro o limpio al que la padecía (Levítico 13: 28, 35-36,  47-59), y se requería del ritual ordenado por Moisés tanto para identificar la lepra como para demostrar la superación de la misma (Levítico 14: 1-32).sacerdote judío

El estudio de esta tradición de pecado-castigo contenido en el Antiguo Testamento, y en que la lepra es la enfermedad emblemática, no solo fue común al pueblo judío, sino a todas las religiones derivadas del judaísmo, como lo son el cristianismo y el Islam.

El significado religioso de la lepra continuó existiendo por mucho tiempo en Occidente a partir del conocimiento bíblico, y  se propagó como una condición de impureza manteniendo la perspectiva veterotestamentaria de la religión judía. Del Antiguo Testamento pasará al mundo del Nuevo Testamento, en la que se continúa vinculando la lepra con el pecado, y dada esta creencia solo el sacerdote podía declarar impuro o limpio a una persona afectada.

A la luz de este breve recuento sobre la lepra en la Biblia podemos analizar el relato que esta bajo nuestra consideración (Marcos 1: 40-45).  Un leproso, que algunos eruditos opinan, que ya había ido a los sacerdotes para que lo declararan limpio, sin éxito, irrumpe en una de las reuniones de predicación de Jesús en Galilea, rogándole que lo limpie:

Si quieres, puedes limpiarme (verso 40).

Ya explicamos que el ritual de limpieza de un leproso era exclusividad de los sacerdotes acreditados de Israel, y Jesús era un rabino laico.   Este leproso “presentao” estaba consciente de que aquel acercamiento a Jesús violaba el sistema simbólico del sacerdocio judío. Declarar limpio a un leproso sin ser sacerdote era una violación crasa al orden existente.  Este leproso al rogar a Jesús que le limpiara sin pasar por los procesos rituales que la misma sociedad había establecido exponía a Jesús a serios problemas.

Hay dos preguntas que asaltan mi mente al leer el texto: ¿Estaba el leproso desafiando intencionalmente a Jesús para que hiciese algo que él sabía que no podía hacer, creándole un problema?, o ¿Realmente entendía que solo Jesús con su poder sanador y su palabra de autoridad lo podía limpiar y restituir a la sociedad nuevamente?  El texto no me permite contestar a ciencia cierta cual era la intención real del leproso “presentao”.

Y se le enternecieron las entrañas, y extendiendo su mano lo tocó, y le dice: ¡Quiero, sé limpio! (verso 41)

Hay muchas dudas sobre la frase “enternecieron las entrañas” usadas en el verso 41.  Bruce M. Metzger, en su Comentario Textual al Nuevo Testamento Griego (2006), explica la dificultad de este verso. Hay manuscritos que presentan el término “”splagchnistheis“, que se traduce por “se compadeció” (códice Vaticanus (B)), y otros, presentan el verbo “orgistheis” que se traduce  “se enoja” (códice Bezae (D)) .  Las opiniones de los eruditos están divididas sobre el término original utilizado por Marcos, porque ambos pueden ser sostenidos por el contexto. De hecho, Metzger nos alerta de la posibilidad de confusión al traducir las palabras arameas “ethraham” que significa “se compadeció” y el término “ethra” cuyo significado es “él se enojó”. [3].   Debemos recordar que el arameo galilaico, y no el hebreo,  fue la lengua materna y cotidiana de Jesús.

leproso soy

Ahora bien, la compasión de Jesús por el ser humano en necesidad lo obliga a arriesgarse a sabiendas.  Sin embargo, la expresión griega embrimaomai utilizada en el verso 43, significa “acusar con severidad” ,  y demuestra lo serio de la advertencia que Jesús le hace para evitar  que el ex-leproso declare el milagro:

Y enseguida lo despidió, después de advertirle severamente:  “Mira, a nadie le digas nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés ordenó, para testimonio de ellos (Mc. 1: 43-44).

Hay dos cosas que debo llamar la atención, a pesar de lo “presentao y chismoso” del leproso, había una necesidad imperiosa en él de ser restituido a la sociedad de la que estaba excluido.  Fijémonos que el no cumplió con ninguno de los requerimiento de la ley (cf. Levítico 13-14). Este había violado los límites rituales y todos los códigos sociales de Israel para buscar salud  y limpieza de la lepra.  Este leproso apareció solo, lo que nos hace suponer que no vivía en  una colonia de leprosos, ni andaba gritando–¡inmundo soy!  El quería ser incluido en su mundo, y es por eso que ruega a Jesús que desafíe las leyes existentes para darle la “limpieza” necesaria para vivir en comunidad. La verdad que el leproso “presentao” se las traía.  Me pregunto, ¿acaso eso no  es fe?  Por supuesto que sí, y la respuesta no se hizo esperar

Ahora bien, hay algo que me impresiona de Jesús; El no puede permitir que las normas sociales excluyentes e inhumanas estén por encima de la misericordia.  Por otro lado, Jesús quiere cumplir con el orden ritual y legal de su tiempo (verso 44). He ahí el porque amonesta al ex-leproso: –“Ya estás limpio, pero cumple con lo establecido por la ley de Moisés, no me crees problemas tan temprano en el ministerio.”

El “presentao”, ya limpio de la lepra pero no de sus costumbres, hizo todo lo contrario a lo que se le dijo:

Pero él, saliendo, comenzó a pregonar en alto y a divulgar el asunto… (verso 45).

Bruce J. Malina en su libro Social-Science Commentary on the Synoptic Gospels[4], nos dice que en las sociedades en las que el aspecto del honor y la vergüenza están presentes como es el contexto del Evangelio de Marcos, existe el fenómeno del “chisme revertido”.  La divulgación de lo ocurrido por el “presentao” ex-leproso, aunque parezca una promoción para Jesús, se convierte en contraproducente para su ministerio.  El comentario en lugar de generarle reputación, le resta, porque daba la impresión de que trato de “volar” muy alto.  En el “chisme” se le atribuye a Jesús usurpar una función exclusiva de los sacerdotes acreditados por la ley de Moisés. Jesús se hizo demasiado grande para los “pantalones” que tenía.  El efecto de este “chisme” lo vemos en el capítulo 6 de Marcos en su llegada y rechazo en Nazaret, lugar en donde se crió (cf.  es más dramático en Lucas 4: 22-30).

La desobediencia del “presentao”, le hizo la vida más difícil a Jesús.  ¡Qué mucho tenemos que aprender de esto!  Hay momentos que tenemos que callar y escuchar (Santiago 1: 19-20), porque el evangelio puede ser afectado adversamente por lo que decimos y hacemos. Esta situación imprevista hace que Jesús cambie su estrategia en Galilea.  ¡Cuántas veces, sin tener la intención, le hemos hecho daño al evangelio!

Sin embargo, tenemos que reconocer por el final del relato, que la necesidad de salud y liberación era tanta que aún con estas limitaciones, las multitudes siguieron buscando a Jesús.

Oremos porque la gente siga buscando a Jesús a pesar de nuestros desaciertos.

Muchas bendiciones!

 

Notas

 

[1] Herca, Jan. “La lepra en tiempos de Jesús”, 2010.  Accesado el 10 de febrero de 2018 en https://buscandoajesus.wordpress.com/articulos/la-lepra-en-tiempos-de-jesus/

[2] Ibid.

[3] Metzger, Bruce M. Un comentario textual al Nuevo Testamento griego. Cuarta Edición revisada.  Versión al castellano de Moisés Silva y Alfredo Tepox. New York:  Sociedad Bíblica Americana,  2006, pág. 65.

[4] Malina, Bruce J. and Richard L. Rohrbaugh.  Social Science Commentary on the Synoptic Gospels. 2nd edition.  Minneapolis, MD: Augsburg Fortress, 2003, págs. 148ss.

 

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