“¿Dónde vamos a comprar pan para tanta gente?”

Pan para tanta gente

Por Samuel Caraballo López

Introducción

El texto del 29 de julio de 2018, décimo domingo después de Pentecostés, lo encontramos en el Evangelio de Juan 6: 1-21. Este texto del calendario eclesiástico sigue la secuencia del pasado domingo, en la que la iglesia es invitada por Jesús a responder a las necesidades de los tiempos. La pregunta que surge de este pasaje bíblico fue planteada la semana pasada, ¿Cómo vamos a responder a la necesidad de un pueblo que se encuentra como oveja que no tiene pastor?

Signos de Jesús

El relato que consideraremos se encuentra en la sección del evangelio de Juan que llamamos El libro de los signos, que comienza en Juan 1:19 y se extiende hasta Juan 12:50. Es importante definir qué es un signo (semeia) para el cuarto evangelio. Según Raymond Brown, el signo es un hecho milagroso, que como el discurso que le acompaña demuestra, tiene como propósito ulterior revelar quién es Jesús, su propósito, su gloria y su relación con el Padre.  El signo indica el punto de vista humano, en el que la atención se dirige, no tanto a lo milagroso en sí mismo, sino a lo que se revela a través del milagro, es decir, a aquello que se ve más allá del evento.

Es sumamente importante entender esta realidad cuando estudiamos el Evangelio de Juan.  Juan presenta siete signos que mencionaremos a continuación:

  1. El cambio del agua en vino (Juan 2: 1-11).

  2. La curación del funcionario real en Caná (4: 46-54).

  3. La curación del paralitico en el estanque de Betesda (5: 1-15).

  4. La multiplicación de los panes en Galilea (6: 1-15).

  5. Jesús camina sobre el mar de Galilea (6: 16-21).

  6. Curación de un ciego en Jerusalén (9: 1-41).

  7. La resucitación de Lázaro en Betania (11: 1-57).

De estos signos, tres se encuentran en los sinópticos. Los otros cuatro son exclusivos de Juan: las bodas de Caná (Jn 2,1-11), la curación de un paralítico del estanque de Siloé (Jn 5,1-9), la curación del ciego de nacimiento (Jn 9,1-7) y la resucitación de Lázaro (Jn 11,1-44).

El texto de hoy

En el pasaje de este domingo encontramos el cuarto y quinto signo hecho por Jesús, y que culminan su ministerio en Galilea. Este pasaje se encuentra primeramente entre el discurso del milagro del paralítico del estanque de Betesda (cap. 5:1-18) y la discusión sobre la autoridad de Jesús (5:19-47) y el discurso sobre el pan de vida (6: 25-59) y la disputa de los discípulos sobre lo fuerte de las palabras de Jesús (6: 60-71). Este contexto es fundamental para entender la intención del escritor y por ende encontrar su significado primario.

Es importante mencionar que ambos eventos milagrosos del texto de este domingo son mencionados en los evangelios sinópticos (Mateo 14: 13-21; Marcos 6: 30-44; Lucas 9: 10-17), sin embargo, para Juan estos son signos o señales que Jesús hace a sus discípulos.  Dicho de otra manera, lo que para los evangelios sinópticos es un acto milagroso que demuestra el poder sobrenatural de Jesús, para Juan es un signo que nos revela el carácter, la relación y propósito del Padre en y con Jesús.

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Según el relato de Juan este signo se llevó a cabo en la región de Tiberiades (vea 6: 1, 2, 23).  Es posible que los lectores de Juan a finales del primer siglo, en Asia Menor (Éfeso, lugar donde se alega se escribió el evangelio), les tenga mayor sentido la mención de dicha ciudad. Tiberiades era una ciudad en la región occidental del Lago de Galilea, fundada por Herodes Antipas en honor al Emperador Tiberio en el año 18 d.C., con el propósito de sustituir a Sepphoris como centro administrativo de la región de Galilea y Perea.  Sepphoris había sido destruida por el imperio por una rebelión hacia Roma ocurrida después de la muerte de Herodes el Grande en el año 4 d.C., y reconstruida por Antipas, sin embargo, ya no servía a los propósitos políticos de éste.

Tiberiades fue fundada como una “polis” griega, que era la denominación dada a las ciudades estados de la antigua Grecia.  De hecho, ser una “polis” significaba prestigio y soberanía, y que reflejaba la cultura helenista, tan admirada por Antipas.  De hecho, era la ciudad desde la que gobernaba Antipas toda la región de Galilea y Perea.  Este la pobló, según Josefo, con gente promiscua, principalmente “galileos” traídos por la fuerza para ocupar los barrios residenciales y beneficiarse de las modernas instalaciones helénicas.

Sin embargo, y dado que Tiberiades fue construida sobre un cementerio, los judíos se negaban a vivir en ella, porque para la Ley Mosaica, era una ciudad permanentemente impura (Números 19: 11-13).

Es significativo la mención que hace Juan de las multitudes que le seguían de la región de Tiberiades, porque para el tiempo de Jesús, y dada la realidad antes mencionada, esas personas eran consideradas religiosamente impuras.

Jesús, aunque parece que nunca visitó la ciudad de Tiberiades, se acercó a dicha región con sus discípulos en postura de enseñar (verso 3). Su fama se había divulgado todas las ciudades y aldeas aledañas al Mar de Galilea y mucha gente le seguía.  Ese día mucha gente de la región se acercó a oír sus enseñanzas (verso).

El diálogo con los discípulos

Hay dos diálogos que merecen nuestra atención, previo a la manifestación del signo.  Primero, Jesús con la intención de probar a sus discípulos, le pregunta a Felipe: “¿De dónde compraremos panes para que coman estos?” La pregunta propone dos (2) posibles respuestas, el lugar donde comprar y con qué pagar dicha compra.  Felipe se concentra en la cantidad de personas y contesta: “Doscientos denarios de panes no basta para que cada uno alcance un poco de pan.” Frente a la situación de las multitudes acéfalas, como ovejas sin pastor, la respuesta de Felipe no nos puede ayudar.

Cuando tratamos de mirar solo el aspecto económico, sin considerar los otros factores estructurales del contexto, nuestra visión y entendimiento se bloquea.  En ocasiones olvidamos que muchas personas están en etapas de estancamiento, no por el aspecto económico, sino porque sus esperanzas y fe para vivir han sido menguados por las falsas promesas e ilusiones a las que han sido expuestas.

Por otro lado, tenemos a Andrés, el hermano de Simón Pedro y ex discípulo de Juan el bautista. La ironía de Andrés es notable.  Encuentra al muchacho de Tiberiades con cinco panes de cebada y dos panes, y él mismo le dice a Jesús: “¿qué es esto para tantos?” (verso 9). A mí me parece que Andrés está actuando como aquellos que encuentran la solución en sí mismos, pero la ven tan insignificante e improbable que quieren una solución importada.

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Según, el verso 9, nuestro evento se inicia con un muchacho entre la multitud proveniente de la “polis” de Tiberiades, que ofrece sus cinco panes de cebada y dos pececillos.  Aunque todos los evangelios nos mencionan los cinco panes y dos peces, solo Juan menciona que los panes eran de cebada y que es un muchacho el que comparte su almuerzo con los demás.  Lo significativo de este detalle es que este signo lo propicia un héroe anónimo, que ni siquiera se menciona su nombre, y que por provenir de Tiberiades, era considerado por los judíos permanentemente impuro.

El signo y su significado

Dijo Jesús:  Haced recostar a los hombres. Y había mucha hierba en el lugar.  Se recostaron, pues, los varones, en número como de cinco mil.  Entonces Jesús tomó los panes y habiendo dado gracias los repartió a los recostados, e igualmente los pececillos, cuanto quisieron. Y cuando fueron saciados, dice a sus discípulos: Recoged los trozos sobrantes para que no se pierda nada. (Juan 6: 10-12).

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Este signo de Jesús, que consistió en cambiar el pan en más pan y el pescado en más pescado, se asemeja a los eventos del éxodo hebreo, muy especialmente durante su estadía en el desierto de Zin, en que Dios, por medio de Moisés, suple maná y carne en abundancia al pueblo en medio de una crisis alimentaria (Éxodo 16: 2-4; 9-15).

También existe un pasaje paralelo de un milagro semejante en el Profeta Eliseo que multiplica veinte (20) panes de cebada para dar de comer a 100 hombres y les sobró (2 de Reyes 4: 42-44).  Frente a este milagro la gente, especialmente los “galileos” de Tiberiades, identifica correctamente a Jesús como el verdadero Profeta que había de venir (el Mesías), sin embargo, intentan tomarlo para hacerlo rey de Galilea (versos 14-15).  Esto implicaría darle un golpe de estado a Herodes Antipas y por ende desafiar al Imperio romano (verso 15).  Jesús se percata de los planes y huye de la multitud y de sus intenciones, retirándose en un monte a solas.

Dada la naturaleza de este signo, el muchacho de Tiberiades podría representar a los creyentes, con todas sus limitaciones y consideraciones. Hay un principio fundamental en el reino de Dios predicado por Jesús: “El valor de las contribuciones debe ser considerado a la luz de las capacidades del contribuyente.”  Este principio arroja una filosofía fundamental para la búsqueda de liderato para la iglesia: “Hay que buscar personas que prioritariamente expresen disponibilidad para seguir a Jesús, quienes así actúan están listos y anhelantes de aprender y hacer lo mejor por su causa.”

Es fundamental renovar nuestros conceptos de liderazgo. Regularmente esperamos que los líderes sean dramáticos, figuras heroicas que poseen cierta intuición mágica y carismática, es decir que sean “populistas”.  Esta visión mística de los líderes es realmente una falacia que no responde a la realidad, sino a las narrativas épicas que tanta popularidad han tenido en la cinematografía en los últimos años.

Este muchacho anónimo ofreció lo que tenía: cinco panes de cebada y dos pececillos.  Son esas pequeñas cosas puestas en las manos del Señor Jesús que producen los grandes resultados.  El peregrinaje ministerial exitoso siempre ha comenzado con pequeñas cosas y humildes servicios que producen en las manos de Dios efectos significativos.

Es la pequeña semilla del amor y la fe (el grano de mostaza), que nos permite responder a los retos montañosos que nos presenta la vida.  Es tiempo de entender que lo que tengo a la mano (no lo que no tengo) es suficiente para realizar el propósito de Dios.

Es posible que la pregunta planteada por la comunidad joánica; ¿cómo podemos hacer algo para alimentar al mundo a pesar de nuestras limitaciones?  ¿Cómo cumplir la misión de Cristo en medio de las dificultades a las que nos enfrentamos? Traduciéndolo a nuestra realidad, ¿Cómo podemos sacar excelencia para cumplir la misión de Dios, dada las condiciones a las que nos enfrentamos hoy?

Los signos de Juan nos dicen que Jesús, el que esta presente entre nosotros, es poderoso para hacer todas las cosas, mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos por medio del poder que actúa en nosotros (Efesios 3: 20).  La iglesia tiene que hacerse consciente que solo el poder sobrenatural de Dios nos puede guiarnos en el cumplimiento de la misión redentora de Cristo.  ¡Muchas bendiciones!

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