El Grito de Timeo, el grito de Lutero… desaprender para aprender

95 Tesis 2

Por Samuel Caraballo-López

Castillo fuerte es nuestro Dios.
Defensa y buen escudo;
Con su poder nos librará
En todo trance agudo.
Con furia y con afán
Acósanos Satán,
Por armas deja ver
Astucia y gran poder;
Cual él no hay en la tierra

(Martin Lutero, 1529).

El texto para este domingo de la Reforma lo encontramos en Marcos 10: 46-52.  De hecho, el texto nos habla de un personaje ciego y mendigo llamado Timeo hijo de Timeo (la expresión aramea bar significa hijo).  Él vivía en Jericó, que era la ciudad anterior a Jerusalén en tiempos de Jesús, y que en el relato de la conquista de Canaán por Josué era la ciudad más cercana al valle de Gilgal lugar de entrada a la tierra prometida (Josué 6:1ss).

Según el relato de la conquista, Josué hizo una circuncisión masiva a los hijos de Israel (Josué 6:2-9), conforme a la ordenanza de YHVH, y luego de los hombres recobrarse de la intervención celebraron la Pascua.  Después de estos eventos se organiza la conquista de la ciudad amurallada de Jericó de una manera singular.  El ejército de Israel, encabezado por siete (7) sacerdotes tocando el Shofar, seguidos de los portadores del Arca del Pacto, rodearían la ciudad en “silencio” durante seis días.  Según Walter Brueggemann el silencio es algo complejo en las Escrituras. El silencio puede vincularse a la reverencia que se debe tener ante la santidad de YHVH, quien dirige a su pueblo, o podría ser una crítica a la coersion existente en las ciudades-estado de Canaan, que mantenían un regimen de control y explotación contra sus ciudadanos.

La ciudad de Jericó estaba “cerrada” y bien “atrancada” (Josué 6: 1). El día séptimo darían siete vueltas alrededor de la gran ciudad, y en la séptima vuelta comenzarían a “gritar” con gran alarido (Josué 6: 16, 20), y por cierto la muralla cayó sobre sí misma.  El relato del texto es impresionante:

Entonces el pueblo gritó y se hizo resonar el shofar. Y aconteció que el pueblo oyó el sonido del shofar, el pueblo gritó con gran alarido, y la muralla cayó sobre si misma.  Entonces el pueblo subió hacia la ciudad, cada uno de frente, y conquistaron la ciudad (Josué 6: 20).

jerico.jpg

Es en esta ciudad, según Marcos, (Jesús entra, pasa a través de ella y sale), que ocurren los eventos que hoy consideraremos.  De hecho, el evangelio de Lucas narra, de manera exclusiva, un evento ocurrido en la ciudad de Jericó durante la entrada de Jesús (Lucas 19: 1ss), que no discutiremos en este escrito.

El pasaje de Marcos 10: 46-52, tiene algunas peculiaridades que debemos realzar, para comprender el mensaje del autor y vincularlo a este domingo de la Reforma Protestante.

Primero, este relato ocurre inmediatamente después de la petición de Jacobo y Juan, sobre el ocupar lugares de privilegio en el reino glorioso de Cristo.  La pregunta que más adelante Jesús hará a Timeo es la misma que le hizo a los Boanerges: ¿Qué quieres que os haga? (verso 36 y 51). La advertencia de no permitir que la “levadura” de los fariseos y Herodes los alcanzara había sido en vano.  Lamentablemente esta realidad que vemos en los “discípulos de Jesús”, también se repitió en la Iglesia Medieval en la que Lutero militaba para el siglo XVI.

Segundo, Jericó se menciona en dos (2) ocasiones en el verso 46: de “llegada y de salida”. ¿Por qué?  Creo que es parte de la redacción de Marcos para conectar el texto con la conquista de la tierra prometida.  Observe en Josué 6: 1, se nos habla que Jericó estaba “cerrada y atrancada”, es decir completamente cerrada, y nadie entraba, ni salía.  Jericó era el primer bastión que entorpecía la conquista de la tierra prometida.

La entrada y salida de Jericó era una señal de que Jesús pasa a través de los impedimentos que puedan detener el avance de las personas y los pueblos, y se dirige hacia Jerusalén en donde se realizará la total conquista de las fuerzas que resistían el reino de Dios.  La muerte de Cristo era la victoria y libertad total sobre el pecado y sobre todo lo que esclaviza al ser humano. Sin embargo, hacía falta que los discípulos (comunidad de Marcos) entendieran esta verdad, para poder experimentarla y darla a conocer a otros.

Lamentablemente la Iglesia Medieval en la que Lutero era sacerdote estaba “cerrada” al Espíritu y “muy atrancada” en sus tradiciones.  Era una iglesia que todo intento de restauración era violentamente silenciado. Un ejemplo fue el del Rector de la Universidad de Praga, Jan Hus, que fue quemado en la hoguera por criticar la Iglesia en el 1415, cien años antes de Lutero.  Es importante mencionar el estrangulamiento y la posterior quema del cuerpo del monge dominico Girolamo Savonarola por sus denuncias de corrupción y pecaminosidad a la Iglesia Catolica en el 1498. Las enseñanzas de la Iglesia se habían alejado de tal forma de las Sagradas Escrituras que, aún aquellos que tenian la la gran responsabilidad de proclamarlas, las desconocían.

Lutero se enfrenta a la total negación del evangelio de la gracia de Dios por su iglesia medieval.  La enseñanza generalizada era que la gracia era impartida por la Iglesia en el bautismo, y la enseñanza suprema de la justificación por la fe en el sacrificio de Jesucristo apenas se mencionaba en la Iglesia medieval.  Los reformadores protestantes recuperan la gran verdad de que la salvación del ser humano es un acto de la gracia divina por medio de la fe, y esto no era un acto de la iglesia, sino que es un don de Dios, a partir del sacrificio de Jesucristo y no por las obras, para que nadie reclame hegemonía (Efesios 2, 8ss).

Tercero, Bartimeo grita y vuelve a gritar: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!  Este es el único pasaje de Marcos en que se le llama a Jesús con el título: “Hijo de David,” que lo vincula al Mesías como libertador de la nación de Israel, y que bajo su poderío se daría cumplimiento a la antigua promesa de Dios a Israel (Mc. 11: 10).

El primer grito de Lutero, lo realiza el 31 de octubre del 1517, al clavar las 95 tesis en las puertas de la catedral del Castillo de Wittemberg, Alemania, y criticar abiertamente el tema de las indulgencias del Papa León X.  La Iglesia con todo su poderío intentó callar al reformador, pero éste gritó más duro con sus debates y escritos.  En el 1521, en la Dieta de Worms, delante del Emperador Carlos V, Lutero arriesgando su vida, grito con gran alarido, y se negó a aceptar la censura impuesta a sus posturas, rompiendo “las murallas” de hegemonía de la Iglesia Medieval y el Sacro Imperio Germano.  Es a partir de ese grito en Worms, en que Lutero asume una postura firme del nuevo movimiento protestante.

El emperador Carlos V al publicar el Edicto de Worms y declarar a Lutero como prófugo y hereje, lo catapulta como el líder máximo del movimiento protestante en Europa.

Cuarto, este pasaje está vinculado a la sanidad del ciego de Betsaida (Mc. 8: 22-26), que ocurre después de Jesús llamar ciegos a sus discípulos (8: 17-21).  En el ciego de Betsaida la sanidad ocurre por etapas (vea el relato). Sin embargo, el milagro de Bartimeo es totalmente diferente.  La gritería de Timeo, luego de que la multitud intentó silenciarlo, llama la atención de Jesús y éste se detiene en su trayectoria hacia Jerusalén. —“Llamadlo”–dijo Jesús. Timeo al enterarse que Jesús lo está llamando, “arroja de sí el manto”, “da un salto y se pone de pie y fue hacia Jesús”.

dieta de Worms

Las últimas expresiones de Lutero en la Dieta de Worms, es evidencia que se quitó su manto de sumisión a la Iglesia Medieval, da un salto de fe y abraza la fe del movimiento de Jesús.  De hecho, estas declaraciones definen el carácter y la hermenéutica del Nuevo Movimiento Protestante:

“A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes —ya que no confío en el Papa, ni en sus Concilios, debido a que ellos han errado continuamente y se han contradicho— me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia.  … No puedo más, hagan conmigo lo que quieran. ¡Que Dios me ayude!  Amén.”

La Reforma no fue un proceso fácil, ni lineal, ni placentero y mucho menos lleno de éxitos.   Lutero en ocasiones pensó que había fracasado y se vio tentado a callar.  De hecho, cuando luego ser excomulgado por el Papa León X, Lutero predicó en su ciudad de origen Eisleben, solo cinco (5) personas se atrevieron escucharlo.  Para Lutero, la esperanza no podía descansar en sus éxitos, la esperanza descansaba en el Gran fracaso de la cruz.  Fue este fracaso de la cruz que redime todos los fracasos humanos por medio de la resurrección.

La Reforma Protestante nos enseña que es Dios el que salva por su gracia.  Es Dios el que hace todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos por el poder que mora en nosotros (Efesios 3,20).   En Jesucristo nos podemos arriesgar, soltarlo todo, e inclusive podemos tener aparentes fracasos, que solo  Dios los puede convertir en victorias para alabanza de Su Nombre.

Finalmente, Jesús le pregunta a Timeo, “¿Qué quieres que te haga?” —“Rabboni (Mi Señor), que recobre la vista”. Timeo no queria mantener el “status quo” de la dependencia.  Yo lo que quiero es ver, porque al abrirse mis ojos, me sano y me rehabilito (Isaías 6: 10).  Timeo pidió más difícil, pero lo que realmente libera, recobrar la vista. El ciego tomó el camino de la restauración humana, rechazando la dependencia y el paternalismo.  Ver en el evangelio de Marcos es sinónimo de conversión y discipulado.

Anda, tu fe te ha sanado—le dijo Jesús. Y al momento recobró la vista, y le seguía en el camino (verso 52).

Lutero al igual que Timeo estaba listo para seguir a Jesús en su camino hacia la pasión, muerte y resurrección en Jerusalén.  Solo la fe en Jesús nos permite enfrentarnos a los poderes de este mundo, que pretenden silenciarnos a traves de la opinión pública, pero realmente no tienen la última palabra.  La fe me dice que el camino del discipulado, aunque es un camino de persecución y dificultad, nos conduce a la resurrección gloriosa.

Hoy 501 años después del primer grito de Lutero en el 1517, el protestantismo está vivo, creciente y cumpliendo la misión de Cristo.  Más de 900 millones de protestante en el mundo demuestran que los “gritos” de Lutero y sus compañeros,  que no se resignaron ante la astucia y el gran poder de la Iglesia Medieval y el Sacro Imperio Germano, valió la pena.

Sigamos hoy gritando la gran verdad de Dios, sin temor a la censura, porque nuestros gritos, no solo destruirán las murallas de la “ignorancia”, sino que hará que muchos desaprendan para aprender acercándose a Jesús, aquel que nos redimió con su preciosa sangre en la cruz del calvario.

Nuestro valor es nada aquí,
Con él todo es perdido;
Mas con nosotros luchará
De Dios, el escogido.
Es nuestro Rey Jesús,
Él que venció en la cruz,
Señor y Salvador,
Y siendo él solo Dios,
Él triunfa en la batalla

¡Feliz domingo de la Reforma Protestante!

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