Renovando la fe por medio de epifanías … el método de Jesús


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

“Hizo además Jesús otras señales en presencia de los discípulos, las cuales no están escritas en este rollo; pero éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Ungido, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20: 30-31, BTX).

El texto del 16 de enero de 2022, segundo domingo después de epifanía, lo encontramos en el evangelio de Juan 2: 1-11.  Según el evangelio de Juan, Jesús comenzó temprano su ministerio en las cercanías del río Jordán, en el área de Judea. Es en esta etapa que Jesús hace contacto con los que llegarían a ser, según la tradición juanina, sus primeros discípulos: Andrés, un segundo discípulo (sin nombre), que eran discípulos de Juan el bautista; a Simón, Felipe y Natanael (Juan 1: 35-51).  Durante este mismo período hizo una visita a Galilea, específicamente al poblado de Caná, para asistir a la boda de un familiar, acompañado de sus discípulos. Fue allí donde realizó la primera de sus señales milagrosas, cuyo evento es motivo de nuestra reflexión este domingo.

DESARROLLO

(a) De la creencia a la convicción

Me llama la atención la declaración que Juan hace en el último verso de la perícopa seleccionada:

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó (epiphaneia) su gloria; y sus discípulos creyeron (pistéuo) en El (Juan 2: 11, BTX).

El texto de Juan, que alude a la experiencia milagrosa de Jesús de transformar el agua en vino como una «epifanía», declarando que lo ocurrido tenía como fin que sus seguidores creyeran (pisteuō) en Él.  Hay dos conceptos que me gustaría aclarar; los términos griegos «epiphaneia» (epifanía) y «pisteuō» (creer o creencia).

Por epifanía entendemos literalmente una aparición o manifestación en la que se revela una asunto de suprema importancia. En el contexto del texto que estudiamos la «epifanía» ocurre al Jesús iniciar su ministerio mesiánico en las bodas de Caná en Galilea. Ahora bien esta epifanía tiene como fin que sus discipulos, que le acompañan en la boda, entiendan y crean (pisteuō) que Jesús es el Mesías de Dios. El término «pisteuō» puede ser traducido como creer, dar crédito, tener fe y confiar. La pregunta obligada frente a esta «epifanía» es, ¿por qué es necesario que los discípulos crean en la naturaleza y misión de Jesús?

¿Qué es creer (pisteuo)? Según un amigo bloguero, Juan Núñez [i], las creencias son afirmaciones o conclusiones que una persona sostiene basado en sus experiencias, y que nos ayudan a interpretar la realidad, y a nosotros mismos.  Estas crean un vínculo emocional que nos mueve a la obediencia, resistencia y a la acción sostenida en estas creencias.

Cuando la creencia llega a un nivel de certeza que la consideramos verdadera en su totalidad, esta se convierte en una convicción.  Cuando una creencia llega a nivel de convicción, no sólo afirmamos su certeza, sino que incluso resentimos si ésta es puesta en duda. Las convicciones, generalmente, forman un cinturón de protección y resistencia a toda información que amenace o menoscabe lo que creemos, pudiendo en casos extremos, llegar incluso a la obsesión.

Ahora bien, la suma de nuestras creencias acerca de lo que somos capaces de hacer, o sobre lo que es posible o imposible hacer, es lo que determina nuestro actuar en la vida. Todas estas creencias conforman nuestra manera de pensar y de relacionarnos con otros, e inclusive afecta nuestra identidad (lo que creemos que somos).

Con relación a nuestra vida espiritual es imposible estructurar ésta sin convicciones firmes y certeras.  Es imposible proclamar el evangelio de Jesucristo sin creer, tanto en su Autor como en el contenido de sus propuestas.  Todo pensamiento y acción descansa en una buena base de creencias y convicciones que afirmamos como verdaderas.

(b) Fe para vivir y realizar la misión de Dios

Los discípulos de Jesús necesitaban creer (pisteuo) para poder tener una estructura que le permitiera desarrollar el pensamiento estratégico para continuar la misión de Dios luego que su Maestro partiera. Jesús está muy consciente de esto, no se puede emprender su programa de transformación por medio de la predicación del evangelio del reino de Dios, si su equipo de trabajo no cree firmemente en Él. Es igual hoy, necesitamos creer y recuperar la capacidad de «imaginar» nuevas manifestaciones o señales de la “gloria de Dios», que evoquen una trasformación radical del ser humano y su mundo.

Cuando hablamos de creer e «imaginar» nos referimos a la capacidad de generar y articular imágenes alternativas a la realidad existente, imágenes que se enfrentan a los poderes y al conocimiento hegemónico del sistema imperante, que niega y rechaza el valor del mensaje del evangelio del reino de Dios proclamado por Jesús de Nazaret. Esta «imaginación profética» proviene de la fe en Jesucristo que por medio del Espíritu Santo «llama las cosas que no son como si ya existieran» (Romanos 4: 17).

El texto de Juan nos obliga a preguntarnos: ¿Qué nuevas epifanías está haciendo el Señor hoy para desarrollar la capacidad de creer en su pueblo? Si somos honestos tenemos que expresar que la mayoría de nosotros como cristianos no tenemos respuesta a esta pregunta. De hecho, en ocasiones nuestros mensajes son solo «repeticiones» verbales de las narrativas bíblicas, sin manifestaciones concretas que actualicen o confirmen hoy el poder de Jesús y su reino.

(d) Reinterpretar los signos de Jesús en la comunidad juanina

La comunidad juanina, de finales del primer siglo, está consciente de la falta de «materialización» de las obras portentosas de Dios, y Juan recalca la necesidad de volver a creer. Para esto presente en su evangelio siete (7) signos o señales que demuestran la naturaleza y poder de Jesús, de tal forma que aquellos seguidores de la segunda generación, y que no conocieron al Jesús histórico, lo conozcan de primera mano y crean en Él.

Pasemos a mencionar estos siete signos o señales de Jesús que Juan presenta en la primera parte de su evangelio:

  • Milagro 1. El Agua se transforma en Vino (Juan 2:1-11).
  • Milagro 2. La Curación del Hijo del Oficial del Rey (Juan 4:43-54).
  • Milagro 3. La Curación en el Estanque de Betesda (Juan 5:1-9).
  • Milagro 4. La Alimentación de los 5.000 (Juan 6:1-5).
  • Milagro 5. Caminando sobre el Agua (Juan 6:16-25).
  • Milagro 6. La Curación de un Hombre Ciego de Nacimiento (Juan 9:1-41).
  • Milagro 7. La Resucitación de Lázaro (Juan 11:1-44).

En el último signo la intención desplegada en el primero y las demás señales, se dramatiza en la conversación, que sirve de punto culminante de la trama, entre una de las protagonistas (Marta) y Jesús:

 Conmovido una vez más, Jesús se acercó al sepulcro. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una piedra.

 —Quiten la piedra —ordenó Jesús.

Marta, la hermana del difunto, objetó:

—Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí.

 —¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? —le contestó Jesús (Juan 11: 38-40 NVI).

El testimonio fidedigno del Anciano Juan hace presente en la mente de los que no participaron de los eventos, la gran verdad que él vivió, y ahora ellos, por el oir de los mismos, experimentan la misma comunión que tuvieron los primeros apóstoles con el propio Jesucristo. A esto le llamamos fe.

Lo que hemos visto y oido os lo anunciamos, para que también vosotros tengais comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Y estas cosas os escribimos para que nuestro gozo sea completo (1 Juan 1: 3-4)

APLICACIÓN

Cuando miramos los milagros de Jesús para sustentar la fe de sus discípulos todos están vinculados a asuntos de la vida cotidiana de estos. Hay interrogantes que debemos hacernos al ver el actuar de Jesús:

¿Cuáles son las señales que requiere nuestro contexto para incrementar en los seguidores de Jesús la fe, la imaginación y el asombro?

¿Qué proyectos desarrollan hoy las comunidades cristianas en el nombre de Jesús que sirven de señales para vigorizar la fe y la obediencia a Jesucristo?

¿Qué aventura de fe debo emprender este año para que la «gloria de Dios» pueda materializarce en el mundo, y que a su vez refuerce la fuerza imaginativa de los seguidores de Jesucristo?

Hace unos días un compañero de la Universidad en la que trabajo me compartió un testimonio que ilustra la pregunta anterior.  Su familia lo había perdido todo debido a los efectos del Huracán María en septiembre de 2017.  Luego de múltiples e infructuosos reclamos a FEMA[ii], y a punto de emigrar a los Estados Unidos, logró hacer contacto con la Iglesia Metodista Unida y su programa de asistencia en desastre. Aún cuando su familia y él no son miembros activos de dicha denominación, la asistencia fue inmediata. 

Al escribir este artículo le habían reparado su casa y restituido todos los equipos que habia perdido. Ahora su mirada es diferente, y ya no considera la emigración al «norte» como opción viable.  Ya reside en su casa con toda la familia, ¿no es acaso esto una señal que manifiesta la «gloria de Dios» y enciende la fe y esperanza en este y otros creyentes?

Me atrevo a decir, que, si la iglesia de Jesucristo desarrollara formas creativas e imaginativas de materializar «la gloria de Dios» en esta tierra, muchos creerían en la bondad de Dios y obedecerían a Jesús siguiéndole en el camino. Muchas bendiciones!


Notas:

[i] Juan Núñez.  Blog Aprendizaje y Vida.  Consultado  el 17 de enero de 2019  en https://aprendizajeyvida.com).

[ii] Federal Emergency Management Agency. FEMA provee ayuda financiera y servicios directos a las personas y familias necesitadas luego de sufrir un desastre de gran escala para satisfacer las necesidades esenciales.

Bibliografía:

Brown, Raymond E. El evangelio y las cartas de Juan.  Bilbao: DESCLEE DE BROUWER, 2010.

Brown, Raymond E.  Introducción al Nuevo Testamento. Cuestiones preliminares, evangelios y obras conexas. Traduccion de Antonio Piñero. Madrid: Editorial TROTTA, 2002.

Morris, Leon. El evangelio de Juan, Vol. I. Traducción Dorcas González Bataller. Barcelona: Editorial CLIE, 2005.

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