Un encuentro con la Nube … cuando YHVH vuelve a hablar

Por Samuel Caraballo-López

“Y nosotros escuchamos esa voz dirigida desde el cielo, estando con El en el monte santo.” (2 Pedro 1: 18)

Este 3 de marzo se le llama el domingo de la transfiguración, y corresponde a la época de transición entre la epifanía y la cuaresma, que comienza el próximo miércoles 6 de marzo. El texto bíblico del día lo encontramos en Lucas 9: 28-43. Aunque este relato lo encontramos en todos los evangelios sinópticos (Mr. 9:1-8; Mateo 16: 28-17:13), la redacción de Lucas es fenomenal. 

Luego de la confesión de Pedro, sobre que Jesús era el Mesías de Dios (9:20), Este le anuncia por primera vez su muerte y resurrección y les exhorta a negarse a sí mismo, a tomar su cruz cada día y seguirle en el camino (9: 23-24).   Este mensaje de Jesús tiene su confirmación en la experiencia de la transfiguración que es motivo de nuestra reflexión.

Lucas nos dice que como ocho días después de las palabras que Jesús había dado a los discípulos (Marcos y Mateo dicen seis días), tomando a Pedro, Juan y Jacobo subió al monte a orar (verso 28).  El texto nos dice que mientras Jesús oraba la apariencia de su rostro se volvió diferente, y sus vestidos se tornaron blanco resplandeciente (verso 29).  Ni Marcos, la fuente principal, ni Mateo mencionan que Jesús fue al monte a orar.  Sólo Lucas menciona que la transfiguración ocurrió mientras Jesús oraba.

De hecho, el evangelio de Lucas nos menciona que Jesús ora en todos los eventos importantes de su ministerio.  Miremos algunos ejemplos:

  • Después de su bautismo, el Espíritu Santo desciende sobre Jesús mientras El está orando (3: 21).
  • La selección y nombramiento de los doce, se dio luego de toda una noche en oración (6: 12-16).
  • La confesión de Pedro de que Jesús era el Mesías ocurre en el contexto de la oración (9: 18-20).
  • Jesús antes de su arresto se encontraba orando en un jardín en el Monte de los Olivos (22: 39-46).
  • En la agonía de la cruz, Jesús oraba (23: 34, 46 RV).

La oración para Jesús involucró encuentros dramáticos con Dios.   Así que para Lucas la oración no es simplemente hablar con Dios, sino que es una experiencia de relación espiritual con Dios.  De igual manera en el libro de los Hechos de los Apóstoles, varios personajes tienen encuentros con Dios mientras oraban.  Veamos algunos ejemplos:

  • La iglesia reunida en medio de la persecución experimentó una dramática respuesta divina mientras oraban como comunidad (Hechos 4: 23-31).
  • Las oraciones del centurión Cornelio hacen que un ángel fuera enviado a él, se manifestara una revelación bien particular al apóstol Pedro (Hechos 10: 9-16), y que fuera escogido como el primer creyente no-judío de la iglesia (Hechos 10: 1-8).
  • Pablo y Silas son liberados de la prisión por un ángel mientras ellos oraban y cantaban himnos (Hechos 16: 25-34).
  • Pablo experimenta un encuentro con Cristo resucitado mientras oraba que cambio su ministerio (Hechos 22: 17-21).

Todas estas experiencias nos deben inspirar a buscar algo más alto y profundo en la oración, en lugar de limitarnos con expresar solo palabras con la esperanza de que quizás Dios pueda escuchar y responder.  La oración debe llevarnos a experimentar la presencia poderosa de Dios y capacitarnos para escuchar y obedecer las palabras de nuestro Señor Jesucristo.

Según el relato del evangelio, la transfiguración solo ocurre en Jesús, los discípulos son espectadores de dicho evento.  Es Jesús el que cambia de apariencia, y su ropa se torna de un blanco resplandeciente.  De hecho, es Junto a Jesús, sin ninguna intervención con los discípulos, que aparecen dos figuras fáciles de reconocer por su importancia en la historia de Israel; Moisés y Elías (verso 30).  Estos dos personajes emblemáticos de la tradición de Israel hablaban en idioma entendible para los discípulos sobre el “éxodo” que Jesús estaba a punto de cumplir en Jerusalén.  Es enigmático que Moisés y Elías, que no tenían vínculos con Jerusalén, (el primero porque no entró a la tierra prometida, y el segundo porque su ministerio profético fue principalmente en Israel del Norte, bajo la dinastía de Omri) estuvieran hablando del “éxodo” de Jesús hacia la ciudad santa. Lo que, sí es común entre Moisés y Elías, es que éste último fue un defensor incansable de la fe mosaica.

Lo interesante de esta manifestación divina, es que los tres personajes se habían transformados en seres esplendorosos, semejantes a los ángeles que Lucas nos menciona en la natividad y en la resurrección (2: 9; 24:4).  Aunque los discípulos estaban “cargados” de sueño, se sacuden y ven la gloria de Jesús, de Moisés y Elías. (verso 32).

Es tal la impresión de lo que veían que se querían quedar en el monte y construir tres tabernáculos para cada uno de ellos (verso 33).  Me parece que el mensaje de Lucas alcanza su culminación en este momento.  La relación entre el nuevo orden y el viejo tiene que ser clarificado en la comunidad lucana de finales del primer siglo (5: 33-39).  Tanto la Torá como la profecía fueron formas de mediación de Dios en el Antiguo Testamento, sin embargo, el mensaje de Dios es claro, en este último tiempo el único mediador entre Dios y los seres humanos es su Hijo Jesús (Hebreos 1: 1-4; 1 Tim. 2:5).

El mensaje de Dios frente a la confusión de los discípulos es clarificado desde “la nube”, que los cubre con su sombra. Dios quiere remover toda confusión, y desde la nube que habló a Moisés y a Elías (Éxodo 24: 15-18; 1 Reyes 19: 11-13), ahora habla a los discípulos: ¡Este es mi Hijo, el escogido: a Él oíd! (verso 35).  No podemos tener dudas sobre el nuevo orden de Dios, a quien hay que oír es a Jesús, la palabra viva de Dios, sin menospreciar lo ocurrido en el pasado.

No hay duda de que el testimonio más dramático de la identidad de Jesús viene con la voz de Dios en este verso 35, ¡Este es mi Hijo, el escogido: a Él oíd!   Estas palabras fueron expresadas también durante el bautismo de Jesús (Lucas 3: 22), sin embargo, hay unas diferencias importantes con el texto de hoy:

  • El mensaje en el bautismo de Jesús fue dirigido directamente a Jesús: “Tu eres mi hijo amado…” En el verso 35 el mensaje fue dirigido a los discípulos que estaban presentes.
  • En el bautismo el adjetivo que describe la filiación de Jesús era “amado”, en este verso el adjetivo es “el escogido”, que describe la relación de Jesús con Dios desde la perspectiva de los discípulos—“A El oíd”
  • Mientras que la voz en el bautismo vino del cielo, la voz que escucharon los discípulos vino de la Nube que los había envuelto.  No hay duda de que fue una experiencia cercana e intensa con Dios, y que sin duda nos recuerda a Moisés (Éxodo 24: 15-18) y Elías (1 Reyes 19: 11-13). 
  • El mensaje es claro el Dios que habló a Moisés y a Elías, ahora les habla a los discípulos, convirtiendo esta experiencia en la más grande experiencia formativa en la vida de estos (2 Pedro 1:17-18).

La voz de la nube es clara, hubo gloria en Moisés y Elías, representantes de la Ley y los Profetas, pero la gloria permanente está en su Hijo.  Ellos eran prototipos de lo que había de ocurrir en este nuevo orden y ahora Dios nos exhorta a obedecer a su Hijo, y muy especialmente a las palabras pronunciadas en la perícopa anterior (9: 23-26).  Solo cuando obedecemos las palabras de Jesús ocurre la transfiguración o metamorfosis.

Unirse a Jesús no es algo abstracto, como algunos creen, sino que requiere respuestas de obediencia concretas y radicales de sus discípulos a su mensaje.  Jesús fue claro sobre lo que significaba seguirle y el costo que esto implicaba: “Negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirle”.  Si no obedecemos este mensaje jamás habrá trasfiguración.

Los versos 37-43 confirman que la transfiguración solo había ocurrido en Jesús. Un padre desesperado trae a su hijo unigénito que estaba siendo deshonrado por las cadenas que lo dominaban (38-39).  Los demonios se habían apoderado de la vida de aquel niño. Lamentablemente los discípulos no tenían la suficiente transformación para echar fuera al demonio (solo después de Pentecostés, según Lucas), así que Jesús tiene que intervenir:

¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuando estaré con vosotros y os soportaré? ¡Trae acá a tu hijo! (verso 41).

Los discípulos no habían sufrido la transfiguración necesaria, requerida para manifestar el poder y la gracia de Dios. La falta de poder, entendimiento e identidad que se manifiesta en los discípulos en este texto, indica que la comunidad de Lucas todavía no había alcanzado el nivel que Jesús esperaba de ellos. Hay un serio problema de identidad en la iglesia lucana, no habían comprendido quién era Jesús y cuáles eran sus propósitos para el mundo.

Jesús acusa a sus discípulos de no haber respondido a sus palabras (9: 23-26).  Solo cuando se obedece radicalmente a Jesús ocurre la transfiguración necesaria para tener el poder para liberar a un mundo golpeado por el caos. La miseria y la pobreza nos empujan contra las rocas, intentado destruir la esperanza de aquellos más vulnerables que hoy tienen cara de mujer y de niño.  

Solo cuando salgamos de nuestras fortalezas y seguridades, superando todo “faranduleo” en nuestros espacios de adoración, y confiemos plenamente en Jesús, podremos enfrentamos a los poderes de este mundo. Podemos “floretear” mucho, pero si no somos capaces en el nombre de Jesús ni siquiera de “curar a un niño” de nuestra propia comunidad y devolverlo sano a sus padres, es porque no hemos experimentado la transfiguración. Cuando dejemos que la luz que hemos recibido del Señor se expanda sobre la vida de nuestras comunidades veremos el esplendor y la gloria de Jesús.    Muchas bendiciones.

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