Una educación que transforma … Principios y prácticas para la enseñanza.

Por: Samuel Caraballo López

Salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas (Marcos 6:34).

Introducción:

Una de las experiencias educativas más gratificantes en mi vida fueron las recibidas durante las escuelas bíblicas de vacaciones en la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico en la comunidad Aguas Claras del Municipio de Ceiba. Esta congregación, como la mayoría de las congregaciones, celebra desde sus orígenes dos (2) semanas consecutivas de eventos de formación educativa, de mucho valor para las comunidades a las que sirve.  Esta aportación de servicio es ampliamente esperada por muchos residentes de áreas aledañas a la iglesia durante cada verano.  Este proyecto de servicio formativo para la comunidad sirve de referencia para este escrito.

El poder hacer intervenciones educativas por estas semanas, de forma deliberada, sistemática, continua y divertida, representa el mejor modelo para nuestras escuelas bíblicas dominicales. Es una pena que no podamos planificar nuestras escuelas bíblicas dominicales de la misma forma que se hace en las escuelas bíblicas de vacaciones.

No puedo dejar pasar la oportunidad de relatar mi experiencia de niño con las escuelas bíblicas de vacaciones mencionadas en el párrafo inicial de este escrito.   Toda mi niñez la viví en barrios marginales donde la pobreza era el factor común de sus residentes.  Por diversas razones mi familia se trasladó al pueblo de Ceiba a principios de la década del sesenta, específicamente al Barrio Aguas Claras de dicho municipio.  La cercanía de este barrio a las instalaciones de la Antigua Base Naval Roosevelt Roads, fue el factor que inclinó a mi madre a comprar una destartalada casa de ese sector, para habitar junto a mis seis hermanos. Luego de residir por cerca de cinco (5) años en el Barrio Pueblito del Río en el Municipio de Las Piedras, la separación matrimonial de mis padres nos lleva a este nuevo sector, donde actualmente resido.

La vida en el barrio era compleja y cargada de sinsabores.  La escuela pública era nuestro lugar de recreación, alimentación y de intercambio social.  La asistencia nocturna a los cultos de la iglesia era la forma de enfrentar el dolor de la carencia, y servía para catapultar sueños de esperanza, que hacían más llevadera nuestra existencia. La época más difícil era el tiempo de vacaciones, los meses de junio y julio, especialmente después de la primera semana de regocijo, ya no sabíamos qué hacer con el tiempo libre. Muchas familias con recursos aprovechaban la época para viajar y vacacionar; para los niños del barrio significaba aburrimiento. Al mudarnos a Ceiba y llegar el verano del tercer grado, fui invitado por primera vez a una escuela bíblica de vacaciones de la Iglesia Evangélica Unida Puerto Rico del barrio.  Llegamos mis hermanos y yo invitados por unos vecinos que eran líderes de esa congregación.  Con mucho temor comenzamos aquella experiencia que marco nuestras vidas como familia.  No puedo olvidar mi primer maestro de manualidades, Jaime Rivera-Solero, un joven de la congregación que me ayudó a trabajar con paletas y yeso, que actualmente es Pastor de la IEUPR-Congregación de Río Abajo en Ceiba. 

Luego de ese primer verano, no deje de asistir en los subsiguientes a la escuela bíblica de vacaciones.  Cada día, junto a mis hermanos, me dirigía temprano en la mañana a esta experiencia que fue un aliciente para mi fe y esperanza.  Tengo que reconocer, que si hoy soy Evangélico Unido, gran parte se lo debo a esas experiencias tan significativas durante la escuela bíblica de vacaciones de Aguas Claras.  Es por lo antes expresado que este escrito representa para mí, una expresión de profundo agradecimiento por la aportación que estos proyectos aportaron a la vida de mi familia y mi propia vida.

PRINCIPIOS Y PRACTICAS DE LA EDUCACION CRISTIANA

La enseñanza ha jugado el papel más universal y apreciado del ministerio cristiano a través de la historia. Cuando estudiamos las historias de las misiones cristianas encontramos que una de las tareas principales del servicio ha sido la enseñanza, adquiriendo ésta, el título de labor medular.  Fue muy importante para los misioneros y misioneras fundadores de nuestras congregaciones, el desarrollar al máximo las potencialidades de los seres humanos por medio de la educación. No fallamos a la verdad si ubicamos a la Educación Cristiana como la actividad ministerial más importante en la formación de los creyentes. 

La educación cristiana necesita ser definida tomando en consideración el concepto más amplio de la educación, ya que esta, no solo asume los principios y fines de la educación general, sino que afirma nuevos referenciales para el ideal de transformación humana que este concepto propone.  Procedamos primero a presentar una definición general de la educación como una actividad social y humana.  Según Lawrence Cremin podemos definir la educación como:

…los esfuerzos deliberados, sistemáticos y sostenidos para transmitir, evocar o adquirir conocimientos, actitudes, valores, destrezas o sensibilidad, tanto como cualquier otro producto de tal esfuerzo (Cremin, 1977).

La educación es un proceso, una interacción de personas, a través del tiempo.  Esta interacción incluye tres elementos básicos: (a) un contenido, (b) unas personas, (c) un contexto.  En forma resumida cuando hablamos de contenidos, nos referimos a los temas y puntos de vista que se incluyen o se excluyen del programa educacional. Es importante que los currículos que se utilicen en la enseñanza sean equilibrados de tal forma que se incluyan asuntos que tengan pertinencia a la realidad social de los estudiantes, junto a que se fomente el desarrollo conceptual, actitudinal, procesal y valorativo de estos.  Las personas como elemento básico, incluyen las relaciones de los maestros, alumnos, participantes diversos, anfitriones, que tienen interacción en el encuentro educacional.  Es importante mantener la visión de equilibrio en las relaciones de los personajes de cada evento educativo de tal forma que se fomenten patrones sanos de convivencia y participación de los alumnos en los ambientes de donde provienen.   

Finalmente, el contexto se refiere a las estructuras sociales, comunitarias y educacionales donde se da el proceso instruccional.  Es de vital importancia que consideremos siempre los contextos en los que se ofrece el servicio educativo, la realidad social del alumno y las corrientes pedagógicas que informan el proceso educativo.

Es importante a la luz de la definición amplia de la educación, definir la educación religiosa y la educación cristiana respectivamente. Definimos la educación religiosa:

…es una actividad de asistencia deliberada hacia la dimensión trascendente de la vida, por lo cual se promueve y capacita al ser humano para expresar ésta en una relación consciente con el ser supremo que llamamos Dios (Groome, 1980).

Cuando a la educación religiosa se le añade el adjetivo de cristiana su definición es la siguiente:

Son los esfuerzos deliberados, sistemáticos, continuos y sostenidos de una comunidad de fe para adquirir e incorporar los principios del Evangelio del Reino de Dios predicado por Jesucristo en nuestra vida diaria, de tal forma que la vida se transforme y enriquezca tanto en lo personal, relacional y profesional (Groome, 1980). 

A la luz de esta definición, podemos establecer que el propósito principal de la Educación Cristiana es dirigir a un pueblo hacia un vivir que corresponda con los principios del Reino de Dios proclamado por Jesucristo.  Vivir la vida cristiana es una forma de conocerse a sí mismo, a Dios y al mundo en Cristo; es una relación con Dios, con otras persona y con el mundo por medio de Cristo y una forma de comprometerse con Dios y activamente con el mundo, con otras personas en respuesta a ese Reino de Dios como fue predicado y hecho posible en Cristo.

Ahora bien, esta definición establece los principios y fundamentos mismos de la educación cristiana: (a) la educación cristiana es deliberada, requiere planificación y reflexión.  La educación no es un azar y mucho menos una improvisación, su contenido requiere de concordancia con los niveles de conciencia, diversidad de estilos de aprendizaje y la realidad contextual de los alumnos, (b) la educación cristiana es sistemática, tiene orden lógico, secuencia en sus contenidos y pertinente al alumno, (b) es continua, esta no es esporádica, ni fragmentada.  Requiere de intervenciones y relaciones educativas a través de un lapso de tiempo, en etapas ascendentes, (c) es sostenida, las intervenciones educativas tienen que ser consistentes entre si y apoyadas por la organización eclesiástica que las dirige, la comunidad donde el alumno convive y claramente sostenidas en una autoridad mayor, que en nuestro caso son las Sagradas Escrituras y en las ciencias pedagógicas. 

El fin de la educación cristiana es transformar la totalidad de la vida del alumno.  Cuando hablamos de transformar nos referimos al proceso de ir más allá de lo existente o de las formas dominantes actuales hacia una nueva realidad tanto personal como comunitaria, basada en el Reino de Dios. En la Educación Cristiana se realizan tres (3) actividades educacionales básicas:

  1. Se hace presente el relato de la salvación que ha sido conservado por las Escrituras y la Iglesia.
  2. Se propone una visión futura de cambio y transformación personal y colectiva basada en el Reino de Dios.
  3. Se enseña al alumno a experimentar y escoger la plenitud de vida que Jesucristo propone para su tiempo y lugar.  Es decir se afirma la vida plena en todas sus dimensiones y se celebra el mensaje del Evangelio por medio de actividades concretas de relaciones, acompañamiento y servicio a los demás.

TRES PRINCIPIOS MEDULARES EN LA PRACTICA EDUCACIONAL DE JESUS: UN ESTUDIO DE CASO

Marcos 6: 30-44 (NVI)

30 Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron lo que habían hecho y enseñado.

31 Y como no tenían tiempo ni para comer, pues era tanta la gente que iba y venía, Jesús les dijo:

—Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco.

32 Así que se fueron solos en la barca a un lugar solitario. 33 Pero muchos que los vieron salir los reconocieron y, desde todos los poblados, corrieron por tierra hasta allá y llegaron antes que ellos. 34 Cuando Jesús desembarcó y vio tanta gente, tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor. Así que comenzó a enseñarles muchas cosas.

35 Cuando ya se hizo tarde, se le acercaron sus discípulos y le dijeron:

—Éste es un lugar apartado y ya es muy tarde. 36 Despide a la gente, para que vayan a los campos y pueblos cercanos y se compren algo de comer.

37 —Denles ustedes mismos de comer —contestó Jesús.

— ¡Eso costaría casi un año de trabajo! —objetaron—. ¿Quieres que vayamos y gastemos todo ese dinero en pan para darles de comer?

38 — ¿Cuántos panes tienen ustedes? —preguntó—. Vayan a ver.

Después de averiguarlo, le dijeron:

—Cinco, y dos pescados.

39 Entonces les mandó que hicieran que la gente se sentara por grupos sobre la hierba verde. 40 Así que ellos se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. 41 Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, los bendijo. Luego partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente. También repartió los dos pescados entre todos. 42 Comieron todos hasta quedar satisfechos,43 y los discípulos recogieron doce canastas llenas de pedazos de pan y de pescado. 44 Los que comieron fueron cinco mil.

Pasemos a la discusión de la perícopa intentando identificar principios importantes para emprender el ministerio docente en la iglesia.

  1.  El Principio de aprender a recibir.

“El Jesús que está acostumbrado a dar, ahora está dispuesto a recibir (Marcos 6:38). El que quiera que algún otro aprenda, crezca y descubra su potencial y sus competencias, debe ser capaz, en primer lugar, de reconocer los regalos de los demás y tener el deseo de recibirlos. Es importante entender que los alumnos crecen cuando descubren que han ofrecido algo nuevo a sus maestros, sin que estos se sientan amenazados, sino más bien agradecidos” Henri Nouwen.




En este pasaje las doce (12) cestas llenas son el producto de lo ofrecido por los discípulos y recibido por el maestro.  Mientras nos mantengamos viviendo creyendo en la falsa suposición de que dar es nuestra única misión, no podremos ayudar a nuestros alumnos a salir de sus fantasías y experimentar lo que es verdadera autoestima.   

— ¿Cuál fue el milagro?  La generosidad bilateral entre Jesús y los discípulos hace que muchos de los que tenían pequeñas canastas escondidas, también las pusieran al servicio de todos.  Es medular que los que hemos sido llamados a enseñar podamos vencer la falsa suposición de que para nosotros ser tenemos que estar siempre dando sin la disposición de recibir, privando de esta manera a los que nos rodean de la felicidad del dar.  Muchas veces creemos que es tan poco lo que podemos dar, que no damos, pensando que los demás no valoraran nuestro ofrecimiento.  Si los que somos maestros aprendemos a recibir, sin importar, la cantidad o la calidad de lo que recibamos, haríamos más felices a nuestros alumnos y los estimularíamos a ofrecer sus dones de manera más espontánea.

2. El Principio de la Humildad

La educación cristiana no es una réplica de la educación académica de nuestros centros de enseñanza. De hecho, solo cuando el Espíritu se hace presente, los propósitos de la educación cristiana se pueden realizar a cabalidad. Es importante reconocer que solos, no importa el conocimiento y las competencias que tengamos, es imposible alcanzar los fines de la educación cristiana.  La educación cristiana pretende formar seres humanos que en sus prácticas cotidianas vivan los principios del Reino de Dios.  Es una educación que atiende las necesidades personales que el mismo Evangelio nos muestra, y es el Espíritu que nos guía hacia ir mas allá de la situación actual, y mucho mas allá de los paradigmas educativos existentes en nuestra sociedad. La educación cristiana es educación redentora porque nos invita a sentar las bases para construir verdaderos proyectos de vida creativa. 

3. El Principio de encontrarse consigo mismo.

La educación cristiana nos lleva a la conversión continua, a un encuentro con Dios en Cristo, con mi prójimo y conmigo mismo.  La educación cristiana tiene como máxima intención la formación de una nueva humanidad conforme al modelo y enseñanzas de Jesús.  Es el proceso para remover nuestros puntos oscuros y grises, y permitir que sean superados por aquel que ofreció su “sangre” por nosotros.  Siempre la educación cristiana nos confronta con nosotros mismos desde la perspectiva de la humanidad que representa Jesucristo.  Eso es lo que hace singular a la educación cristiana en todas las generaciones. ¡Muchas bendiciones!

Referencias

Cremin, Lawrence. Traditions of American Education. New York: Basic Books, 1977.

Groome, T. H. Christian Religious Education: Sharing our story and vision. New York: Jossey-Bass, 1999.

Nouwen, H. J. M.  Un ministerio creativo. Madrid: Editorial y Distribuidora, SA, 2000.

Pazmiño, Robert W. Foundational Issues in Christian Education: an introduction in evangelical perspective (third edition). Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2008. ISBN: 9780801035937

________________. Cuestiones fundamentales de la Educación Cristiana.  Eugene, OR: Wipf and Stock Publishers, 2002.  ISBN: 9781592440092

________________. Principios y prácticas de la educación cristiana: Una perspectiva       evangélica. Grand Rapids: Baker, 1995.

Jiménez, Pablo.  Principios de educación cristiana.  Nashville, TN: Abingdon Press, 2004.

Santa Biblia. Nueva Versión Internacional, revisión 1999.  Miami: Sociedad Bíblica Internacional, 1999.

Schipani, Daniel S. Teología del ministerio educativo: perspectiva Latinoamericana.  Grand Rapids, MI: Nueva Creación, 1993.

Smart, J. D. El ministerio docente de la iglesia: Un estudio de los principios básicos de la Educación Cristiana.  Buenos Aires: Methorpress Editorial y Gráfica, 1963.

            


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