¿Por qué afirmar la experiencia de Pentecostés?

Por Samuel Caraballo-López

El texto seleccionado por las Iglesias Evangélicas para el domingo 9 de junio de 2019, DÍA DE PENTECOSTES, lo encontramos en el Evangelio de Juan 14: 8-17; 25-27.  El tema principal de este pasaje es sobre el Parákletos o Paráclito, que vendrá en lugar de Jesús a estar para siempre con los discípulos.

Este discurso de Jesús lo encontramos en la segunda parte del evangelio según Juan,  que Raymond E. Brown, principal estudioso de este evangelio, llama el Libro de la Gloria, y que comienza en el capítulo 13: 1, y se extiende hasta el 20:31.  Jesús ahora se enfrenta a la conclusión de su misión terrenal, y da sus últimas instrucciones y enseñanzas a los discípulos.  Este discurso de despedida (capítulos 13-17), que equivale a un testamento  en que un Padre les anuncia a sus hijos su  partida definitiva,  es comparable en su composición al Sermón de la Montaña (Mateo 5-7), y a las otras colecciones  de dichos y enseñanzas de Jesús en los otros evangelios (Lucas 9:51-19:58).

En los textos que corresponden a este domingo, Jesús habla a sus discípulos de la designación de su “Sucesor”, dada su inminente partida.  El vocablo griego que Juan utiliza es un término legal o forense para referirse a ese “Sucesor” o “Enviado”, es “Parákletos“ (παράκλητος), que literalmente significa aquel que es invocado en una corte de justicia, como el defensor. En el mundo helenista este vocablo generalmente se refiere al abogado defensor, que, poniéndose de parte de los que son acusados, los defiende de los cargos sometidos, hasta lograr su absolución.  Sin embargo, en la descripción que Juan hace del “Parákletos” también parece  referirse a lo que conocemos hoy como un fiscal (vea Juan 14:26; 15: 26; 16:8-15).  ¿Cuáles son las diferencias entre ambas funciones?

Aunque las funciones de un fiscal y un abogado de defensa tienen cierto parecido, hay diferencias significativas. El fiscal es un funcionario perteneciente al Ministerio Público de su país, que en el proceso penal es la parte que sostiene los cargos contra el acusado.   El abogado defensor, por otro lado, es el que representa al acusado, interviene y lo defiende de los cargos que existen contra él. A diferencia de los fiscales, el abogado no defiende ni al estado ni a las empresas públicas.

En el evangelio según Juan, el Espíritu Santo es el “Sucesor” de Jesús,  que dada su partida al Padre (13:1), toma su lugar en el mundo, sin encarnarse. Es decir, el “Paráclitos”,  viene a este mundo como agente de Dios sin ser limitado por la forma humana, lo que le permite vivir en, con y sobre los seres humanos.  En el lenguaje de los sinópticos, Él está a favor  de los intereses del reino de Dios y su justicia.  Por lo tanto,  la función de este  “otro Parákletos“,  es continuar operando la redención ejecutada por Jesús en su muerte en la cruz, que libera a la humanidad del pecado y de la muerte eterna (Juan 14:26)

Jesús promete no dejar huérfanos a los discípulos, porque conoce la naturaleza del mundo al que han de enfrentar: “No os dejaré huérfanos; vengo a vosotros” (Jn 14: 18). Este es un asunto puntual, Jesús nos asegura que no nos abandonará. El papel del Padre es medular en el Evangelio de Juan.  Jesús tiene una relación especial con su Padre, y el Padre tiene una relación con todos los que creen en Jesús. El Espíritu Santo asumirá el rol paternal sobre los creyente, defendiéndoles de toda clase de enemigos en esta vida, mientras cumplimos la misión de Dios, y esta relación continuará en la vida venidera y para siempre ( Juan 14: 16, 20; 2Corintios 5:5, Efesios 1: 13-14).

Ahora bien, este Paráclito, como mencionamos anteriormente, es también “Espíritu de la Verdad”.  Es  significativo que Jesús lo llama en este discurso de despedida tres (3) veces el “Espíritu de la Verdad” (πνεῦμα τῆς ἀληθείας) (Juan 14:17; 15:26; 16:13).  ¡Me gusta esa expresión! ¿Qué significa esto? Una de las declaraciones que más me gusta de Jesús fue la respuesta que le dio a Tomás:

 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por ” (Jn 14,6).

El Paráclito, además de cuidar paternalmente al creyente, tiene la función de afirmar la verdad de Jesucristo en medio de un mundo hostil. Jesús tenía muchas verdades que expresar a sus discípulos, pero se requería cierto grado de madurez para poder asimilarlas. 

Es este “Espíritu de la Verdad”, que comunica relacionalmente a sus seguidores la voluntad de Jesús resucitado y glorificado, junto a lo que oiga decir al Padre, en todas las épocas y circunstancias (Juan 16: 12-15).  Esta comunicación relacional no proviene del mero estudio de las Escrituras sobre Jesús.  Ese “Espíritu de Verdad” abrirá nuestro entendimiento para producir respuestas y soluciones sabias a los problemas sociales, políticos y económicos, espirituales y personales que aquejan a la Iglesia y al mundo.  Es ese Espíritu de Verdad que capacita a los creyentes para ser luz y sal del mundo (Mateo 5: 13-14).

Hay una verdad, que en ocasiones he resistido aceptar en virtud a ser heredero de la Reforma y afirmar la “Sola Scriptura”.    Creo que es importante entender que  Dios no se encuentra confinado en las Sagradas Escrituras, aunque se ha dado a conocer a través de ella.  El texto de Juan 16: 12-15, nos plantea que el Espíritu Santo, continuará explicando verdades no entendidas de Dios y de Jesucristo a su pueblo, en la medida que la iglesia tenga la madurez para comprenderlas.  Ahora bien, las Sagradas Escrituras y la Doctrina Cristiana serán siempre el criterio regulador de toda nueva enseñanza y el filtro  para discernir los “espíritus” que dicen hablar en el nombre del Señor.

Finalmente, el “Espíritu de la Verdad”, que el Padre y Jesús enviaron en Pentecostés, mantuvo fielmente aferrados a sus discípulos a la misma verdad que el Jesús histórico  proclamó.  Esa misma verdad que proclamaron los apóstoles se actualiza hoy por medio del Espíritu, para que su vitalidad y poder transformador continúe siendo el mismo y aún mayor (Juan 14: 12).

Bienvenido Paráclito, “Espíritu de la Verdad”, toma todo lo de Jesús y lo que escuches del Padre, y comunícalo a tu pueblo.  ¡Muchas bendiciones!

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