¿Estoy realmente sirviendo? … Lo que Jesús dice

Por Samuel Caraballo-López

El texto de este domingo 21 de Julio de 2019, sexto domingo de Pentecostés, lo encontramos en el Evangelio de Lucas 10: 38-42. Este pasaje aparece en la sección de la subida de Jesús a Jerusalén, en la que el Maestro ofrece instrucciones sobre el camino del discipulado cristiano (Lucas 9: 51-19:27). Este relato nos ofrece una buena oportunidad para que los creyentes en el plano personal reflexionen sobre la naturaleza del discipulado al que Jesús nos invita.  Por otro lado, esta perícopa nos confronta con nuestros conceptos del servicio cristiano, que en ocasiones es contaminado por un activismo desenfrenado e irreflexivo, que hace más daño que bien.

La narración de Lucas está relacionada al motivo de la hospitalidad.  Observe el lenguaje del texto 38, que se relaciona con el evento inicial de este viaje hacia Jerusalem, y que ocurrió en una aldea de Samaria (9: 53).  En dicha aldea de Samaria Jesús fue rechazado, pero en ésta es acogido como huésped.

Jesús entró en un pueblo cuyo nombre Lucas no menciona, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. El Evangelio de Juan (11:1ss; 12: 1-11), nos habla de una familia de Betania que tenía características similares a la que nos narra Lucas, que estaba compuesta por tres hermanos: Lázaro, Marta y María. Ahora bien, Lucas no menciona a Lázaro y mucho menos parece que el lugar de la aldea sea Betania, lo que puede significar que este relato es producto de una fuente diferente a la utilizada por Juan.  Parece ser que estas hermanas eran solteras y sus padres habían muerto, (aunque existe una tradición que los identifica como hijos de Simón el leproso–vea Mateo 26: 6ss y Juan 12: 1ss), por lo tanto, esta familia no tradicional se organiza para poder responder a los retos de su tiempo.

Marta, que parece ser la hermana mayor, y ante la ausencia de una figura masculina, era la que administraba la casa.  Marta era muy apegada a las prácticas culturales de su pueblo y época, muy especialmente en lo relacionado a la hospitalidad.  Para ella el cumplir las normas de su tradición religiosa era requisito para agradar a Dios. El hecho de haber recibido a Jesús en su casa (observe que no se mencionan los discípulos), no habiendo una figura masculina, parece indicar que era una fiel seguidora del Maestro.

Por otro lado, Marta, tenía una hermana menor llamada María (algunas versiones la llaman Miriam). La hermana menor también cumplía con las costumbres y leyes de la hospitalidad, pero de una forma no tradicional para su época.  La tradición judía establecía que las mujeres adultas estaban confinadas a la cocina y los quehaceres de la casa.  María, sin embargo, tenía sed de aprender y se sentó a los pies de Jesús para escucharle, postura común en los discípulos varones.

Hay tres (3) preguntas que deben guiar nuestro estudio de esta perícopa ampliamente conocida y de la cual se ha predicado en muchas ocasiones. La primera pregunta es: ¿Qué significa recibir a Jesús y su mensaje? ¿En qué consistió la crítica que Jesús le hizo a Marta? ¿Qué es “la buena parte” que María escogió y no le será quitada?

Hay un concepto que aparece en todo el evangelio de Lucas, y es el “escuchar genuino de la Palabra de Dios” (8: 4-21).  En el pasaje anterior de la Parábola del buen samaritano, el Doctor de la ley “escuchó”, pero lejos de esto, su “escuchar” no generó acción concreta.  Sólo el samaritano, “vio y escuchó” al herido, y fue movido por la compasión (10: 33ss).

Por otro lado, encontramos en el pasaje a Marta en un actuar que es censurado, porque responde al deber social de cumplir con su anfitrión, pero sin ninguna disposición de escuchar y valorar la Palabra y la persona de Aquel, que era la revelación de su Dios.

Esta yuxtaposición entre el que “escucha” y no actúa versus el que “actúa” sin “escuchar” y valorar el sujeto de su servicio, es la enseñanza revolucionaria de este pasaje.  El tema del servicio es recurrente en el evangelio de Lucas.  De hecho, es tan alto su valor que denota ser el distintivo medular para el liderazgo (Lucas 22: 24-27).

Ahora bien, aunque el servicio es perfectamente aceptable y muy especialmente el de la mujer, dentro del panorama cultural del primer siglo, la forma en que Marta práctica este, se opone al tipo de hospitalidad que Jesús busca (verso 41).  Para Jesús el servicio que es sostenido en la tradición cultural o religiosa, sin comprometerse con los planes de Dios que Jesús comunica es inaceptable.

La hospitalidad que Jesús busca no se puede resumir en un buen rendimiento doméstico, lleno de ansiedad para que todo quede bien, y preocupante por el que dirán, sino en la atención a Él como invitado, cuya presencia representa la revelación plena del plan divino. 

En esta perícopa Jesús se presenta como el Maestro autorizado y como el personaje que funciona como el anfitrión verdadero de esta casa. Culturalmente el problema que presenta esta unidad no es el retrato de una mujer que sirve (eso era esperado), sino una mujer asumiendo y prefiriendo el papel de discípulo frente al de servir a las mesas que era impuesto por aquella sociedad.

¿Cómo defender este cambio de paradigma cultural? Jesús defiende dicho cambio de orden con su Palabra soberana. Jesús defiende firmemente la decisión de María, e invita a Marta una relación con Jesús en la que se enfatice el “escuchar” Su Palabra más que preocuparse por las mesas (Hechos 6:2).  De hecho, para Lucas “escuchar” la Palabra es unirse al Camino del discipulado (vea 6: 47; 8: 11, 21; 11: 28).

En el contexto cultural religioso las mujeres eran elegidas para el desempeño doméstico con el fin de apoyar la instrucción de los hombres en lugar de ser ellas las comprometidas con el estudio. En esto consiste el problema de Marta, ella se encuentra en el lugar como apoyo, sin interesarse en conocer los planes de Dios que Jesús comunica: “Yo estoy aquí como apoyo, para que tu cumplas tu labor, sin interesarme en tus planes, ni aprendiendo de estos.”  ¡He ahí el error de Marta que Jesús censura!

Es importante que entendamos el mensaje de Jesús: el no quiere espectadores, ni meros facilitadores de su mensaje.  Jesús requiere discípulos que estén atentos a sus Palabras y que vivan prioritariamente su mensaje sobre toda estratagema humana.  La Palabra de Jesus trasciende todo plan auto revelado o políticamente correcto.  En las Palabras de Jesús se revela el propósito de Dios para cada ser humano, y todo lo creado.

Frente a los intentos de Marta de desvalorizar la empresa de su hermana, Jesús provee su valoración divina:

Marta, Marta, afanada y molesta estas por muchas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María escogió la buena parte la cual no le será quitada (versos 41-42).

La presencia de Jesús está reconstituyendo el mundo. Ahora María, y lo que ella representa (los marginados de la sociedad), no tienen que ser definidos por los roles socialmente determinados por una sociedad que excluye; y mucho más importante, ahora Marta y María deben entender y actuar de acuerdo con la prioridad, que es asistir al “huésped” que tienen ante ellas en el nombre de Jesús, de forma integral, como necesitado y como persona.  No es solo propagar un evangelio que transforma, sino ser transformado por ese mismo evangelio.  ¡Muchas bendiciones!

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