El legado del creyente: la mayordomía y el reino

Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCION

El texto del 11 de agosto de 2019, noveno domingo después de Pentecostés, la encontramos en Lucas 12: 32-48.   Este pasaje aparece en la sección de la subida de Jesús a Jerusalén, en la que el Maestro ofrece instrucciones sobre el camino del discipulado cristiano (Lucas 9: 51-19:27), y que hemos venido considerando los últimos seis domingos. Hemos añadido los versos 41-48, que no están incluidos en los textos para este domingo, por su uso dentro de algunas tradiciones religiosas y por lo importante del texto para comprender la totalidad de la perícopa.

Hay algunas preguntas que surgen de los textos considerados y que me parece de suprema importancia para los cristianos hoy: primero, ¿En qué consiste la fidelidad y vigilancia que Dios reclama de sus seguidores?, y segundo, ¿Qué determina ante Dios la validez de nuestro trabajo como Iglesia hoy?  Para contestar estas preguntas tenemos que descifrar algunas de las metáforas utilizadas por Jesús para referirse al siervo fiel y prudente (35-38), y el concepto de mayordomo utilizado en la última parte de la perícopa (42-48).  Además, debemos analizar el contenido del mensaje que se deriva de las parábolas cortas que Jesús utiliza (39-41). 

DESARROLLO

En el contexto de la perícopa bajo estudio, el mayordomo es un administrador del suministro diario de alimentos para los esclavos en la casa de un hacendado (verso 42).  Este tenía autoridad sobre los esclavos y era responsable de proveerles lo necesario para el cumplimiento de sus tareas diarias. De hecho, el mayordomo es un agente que actúa a nombre del dueño y dispone las posesiones de este a favor de la necesidad de los esclavos que están a su servicio.

Es importante añadir que en la cultura mediterránea del primer siglo se esperaba que un mayordomo fuese la encarnación del dueño de la hacienda, y que actuara con la misma eficiencia y cuidado que éste lo hacía.   Por lo tanto, la fidelidad del mayordomo está en actuar de la misma forma que actuaría su Señor en los asuntos cotidianos, especialmente en el trato para con los demás.  De hecho, Jesús utiliza dos metáforas para referirse a este imperativo de fidelidad y vigilancia que se requería por parte de los discípulos como mayordomos del reino:

Estén ceñidos vuestros lomos y encendidas vuestras lámparas, (Lucas 12: 35).

Jesus anteriormente había hablado de la vigilancia ante la persecución (Lucas 12: 1-12), y frente a las posesiones (Lucas 12: 13-34), y ahora nos llama a mayor fidelidad y vigilancia dentro de la casa de Dios (Lucas 12: 35-48) .  Ahora la vigilancia se dirige hacia los discípulos que son representados, en primer lugar, por los siervos que esperan la llegada de su Señor para abrirle al instante (verso 36).

El lenguaje metafórico utilizado por Jesús, en primera instancia es el de los “lomos ceñidos”, que vincula el texto con el Israel de la Pascua (Éxodo 12:11).  Era necesario que la Pascua se comiese con los “lomos ceñidos” (túnica amarrada), los zapatos puestos y el cayado en vuestras manos para una salida apresurada.  Dado que la indumentaria oriental se llevaba suelta dentro de la casa, el “ceñirse los lomos” significa prepararse para una actividad que podría implicar urgencia y fuerza (vea 1 Reyes 18:46; Job 38:3; Proverbios 31:17; 1 Pedro 1: 13).   Era necesario tomar la pascua con un sentido de urgencia, y sin ningún resto de levadura (Éxodo 12: 8). Frente a la crisis escatológica (venida de Cristo) los siervos tienen que estar vigilante y ser fiel a su Señor (verso 36).

En Lucas 12:1, ya Jesús les había advertido a los discípulos que se cuidaran de la “levadura de los fariseos”.  Ahora bien, este concepto de “levadura de los fariseos” debe ser explicado, por su constante uso, y para tener cuidado de no encontrar en nosotros este distintivo.  De hecho, “la levadura de los fariseos” se refiere en los evangelios a dos (2) aspectos medulares que llevan a un tercero:

  • Primero, se refiere a la incomprensión fundamental de los fariseos sobre el propósito de Dios,  
  • Segundo, a su incapacidad para discernir el significado auténtico de las Escrituras,
  • Y, por lo tanto, a su incapacidad para ser genuinos en su fe, que los lleva a vivir una aparente piedad (hipocresía).

Lucas exhorta a su comunidad a evitar esta mentalidad farisaica que traerá como consecuencia la falta de vigilancia y preparación para la crisis que se aproxima (venida redentora de Dios).

El segundo lenguaje metafórico “encendidas vuestras lámparas”, nos habla de preparación frente al caos que irrumpe.  El llamado a los discípulos es a convertirse en luz para los que viven en tinieblas en la hora de la crisis (Lucas 1: 78-79), y estar alerta para conquistar el caos y el poder de Satanás (Hechos 26:18). Hay recompensa para el discípulo fiel y vigilante (verso 38).  De hecho, Jesús subvierte el orden del sistema esclavista romano, y declara que aquellos esclavos que sean hallados fieles y vigilantes en su venida, serán recompensados con un servicio directo de su Señor (verso 37).  ¡El Señor se hará servidor de sus esclavos! Esta visión trasciende todo parámetro de un nuevo orden social humano. En el éscaton (venida de Cristo) toda jerarquía social y sagrada será anulada por Jesús. Me pregunto;  ¿Por qué no adelantar hoy esta visión en nuestras comunidades?

La tercera metáfora de Jesús es sobre el mayordomo de la casa que es fiel y prudente (verso 42), y es necesario considerar hoy esta enseñanza por su pertinencia para cada cristiano.  El mayordomo de la casa, según Jesús, es reconocido como tal porque su rol lo ha recibido de su amo.  Los discípulos son mayordomos de la casa porque han recibido el conocimiento de la voluntad de Dios (verso 42-48). De hecho, Jesús les indica a sus discípulos que ellos tienen un conocimiento que Dios les ha revelado y que no le fue revelado a los profetas y reyes de la antigüedad (Lucas 10: 21-24). 

A los discípulos se les ha confiado la mayordomía de la Casa de Dios, lo que al principio fue el legado del liderato de Israel (Escribas, Sacerdotes y Ancianos), con unas  demandas de fidelidad y vigilancia en el ejercicio de sus funciones. Lamentablemente los líderes de Israel fallaron en el cumplimiento de su deber y fueron tropiezo para aquellos que estaban bajo su cuidado (Lucas 11: 45-52).  Dada esta realidad Dios trasfirió la mayordomía de Su casa a los discípulos de Jesús y al liderato de la Iglesia (Hechos 10: 41, 42).

APLICACIÓN

Ahora bien, hay una enseñanza que tiene que ser recuperada y jamás olvidada por la Iglesia.   Junto a la mayordomía de Su Casa, El Padre Celestial se complació en darnos Su reino:

No temáis manada pequeña, porque vuestro Padre se complació en daros el reino (Lucas 12:32).

Este verso es programático en el sentido que trasciende su inmediata aplicación al tema de las persecuciones (12: 1-12) y posesiones (12: 13-34), y se ubica en medio de la vida presente y futura.  Es decir, este texto tiene aplicación para nosotros como Iglesia de Jesucristo, y por lo tanto, nos confronta con nuestras acciones en el aquí y ahora. La Iglesia no puede perder de vista que nuestro legado es el reino de Dios (verso 32).

En esta hora de crisis que vive el mundo es imperativo que orientemos nuestros corazones y pensamientos hacia el reino de Dios (Lucas 12: 31). Todo lo que la Iglesia comunica y emprende debe reflejar su norte, que es el reino de Dios.  Si fallamos en este llamado recibiremos la paga del mayordomo imprudente, que Jesús dice que es “poner su parte con los infieles” (versos 46- 48).  

El hecho, de que Jesús, además del perdón de nuestros pecados, nos ha hecho mayordomos de la Casa de Dios y receptores del reino que le fue dado por Su Padre, son incentivos para mantenernos fieles y vigilantes en el cumplimiento de la misión de Dios.  Además, nuestra orientación hacia el reino de Dios nos garantiza la presencia continua del Señor, que nos sienta en su mesa, nos reclina y nos sirve con prontitud. ¡Qué gran promesa para su pueblo vigilante y fiel! ¡Alabado sea Dios!

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