Lecciones de sobremesa … ¿Qué nos enseña Jesús?

Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCION

El pasaje del 1 de septiembre, duodécimo domingo después de Pentecostés lo encontramos en el evangelio de Lucas 14: 1-14, de los cuales discutiremos los versos 1-2 y 7-14.  Seguimos nuestra serie sobre el camino de Jesús hacia Jerusalén, que iniciamos en Lucas 9:51 y se extenderá hasta el 19:27. 

En el evento que Lucas nos narra para este domingo, Jesús se encuentra como compañero de mesa con los fariseos en un día de reposo.  Este comer con diversos grupos sociales era parte del actuar de Jesús, y lo había hecho con publicanos (5: 27-32), con algunas familias (Lucas 10: 38-42), y con otros fariseos (7: 36—50; 11: 37-54). 

En el pasaje bajo consideración se combinan los aspectos religiosos de los ritos de purificación y la observancia del sábado, previamente tratados por Jesús (vea 4: 31-37; 6: 6-11; 13: 10-17), con las etiquetas de mesa provenientes de la cultura mediterránea, que proyectaban un mundo social lleno de desigualdades y de apariencias, que Jesús desafía.   Jesús con este abierto desafío está invitando a sus compañeros de mesa a compartir la redención que Dios a puesto a su disposición en aquel día de reposo.

No hay duda de que para experimentar la redención que Dios les está ofreciendo deben reorientar sus vidas en torno a los valores y disposiciones que surgen de un singular acto de sanidad (versos 1-6), que a su vez simboliza el nuevo orden mundial predicado por Jesús y que llamamos el Reino de Dios (13: 18-19).

DESARROLLO

En los versos 1-2 se presenta el contexto para las dos escenas que analizaremos en este escrito (14: 1-6 y 14: 7-14).  Son cuatro (4) los aspectos a observar sobre este contexto composicional del evangelista Lucas. Primero, Jesús está reclinado recibiendo la hospitalidad en el hogar de uno de los principales lideres de la secta de los fariseos[i]

Para mis nuevos lectores, la secta de los fariseos eran una fuerza poderosa en Judea y Galilea en el primer siglo de la era cristiana. Estaba constituida principalmente por laicos, aunque entre ellos había sacerdotes. Después de la destrucción del segundo templo por los romanos (70 AD), los fariseos se establecieron como la secta principal dentro del judaísmo rabínico, que el evangelista Lucas conoce muy bien a finales del siglo I (85-90 AD).  Las principales características de los seguidores de esta secta político-religiosa eran:

  • Su estricta observancia de la Torá, eran gente religiosa y piadosa.
  • Se separaban de los demás, porque les parecían demasiado ignorantes de la Ley, que no la cumplían y eran impuros.
  • Se preocupan mucho por cumplir todas las leyes y tradiciones religiosas, pero sobre todo en que otros las cumplieran.
  • Eran legalistas, habían añadido muchas leyes y tradiciones a la Ley. Formularon 613 leyes complementarias, 248 mandatos y 365 prohibiciones, difíciles de aprender y sobre todo difíciles de cumplir. Estas reglamentaban minuciosamente la vida, especialmente la observancia del sábado y la pureza necesaria para el culto. A estas leyes las llamaban tradición oral. Para ellos esta tradición tenía tanto o más valor que la Ley escrita de Moisés.
  • Esperaban una intervención divina, la venida del Mesías que liberaría al pueblo del yugo de los romanos. Se preparaban para ese Día con la oración, con el ayuno y, sobre todo, con la observancia fiel de todas las leyes, particularmente la del sábado.
  • Tenían obsesión por los lavados rituales, sobre todo de las manos impurificadas por haber tocado algo impuro, y cumplían minuciosamente las leyes sobre los alimentos.
  • Pensaban que cumpliendo con la Ley y la tradición adquirían los méritos necesarios para la salvación, y que Dios tenía que pagar esa fidelidad, como recompensa.

Segundo, se asume que los invitados, junto a Jesús, eran fariseos de alto rango en la comunidad por el protocolo que la cultura establecía para estas comidas.  Estas comidas colectivas eran utilizadas como anuncio, promoción y refuerzo de la jerarquía social de los anfitriones e invitados. De hecho, el anfitrión por ser un principal de los fariseos solo invitaba en su mesa a otros compañeros fariseos que le dieran cierto prestigio.  La pregunta obligada era, ¿Qué prestigio, si alguno, le podría dar Jesús?

La pregunta anterior puede tener varias respuestas.  Es importante entender que los fariseos en el evangelio de Lucas son presentados como “monitores” de la observancia legal de Jesús (5: 30; 6: 2-11; 7: 39; 11:38; 13: 14), por lo tanto, la invitación pudiera tener la intención de vigilarlo de cerca, muy especialmente en las leyes sobre alimentación.  Otra posibilidad es que no todos los fariseos tenían la misma conducta hacia Jesús.  En el evangelio de Lucas encontramos fariseos muy afines y simpatizantes del ministerio de Jesús, y es posible que este principal lo fuese (vea 7:36 ss.)

En tercer lugar, esta es una escena gastronómica donde las reglas de la hospitalidad están operando y donde los rituales de purificación en la mesa eran críticas, el asunto relacionado con lo que uno come, cómo se come y con quién se come son importantes para una sociedad donde el problema del honor y el estatus irrumpen a la superficie con cada banquete.

En cuarto lugar, las escenas de la perícopa se dan en el día de reposo y que Lucas acentúa (vea versos 1, 3 y 5).  El día de reposo era un marcador de la identidad y fidelidad judía durante el periodo del Segundo Templo. Para los fariseos el estatus dentro de la comunidad te lo da el apego a la observancia de los preceptos de la Torá, donde cumplir la ley sobre el sábado era una práctica determinante. La práctica de la sanidad en sábado, muy común en Jesús, producía consternación en los fariseos, dada la forma en que ellos leían la ley mosaica (Éxodo 20: 9; Deuteronomio 5:13). 

  • El hombre hidrópico (14: 1-6)

En la primera escena a considerar, Lucas presenta a un hombre hidrópico frente a Jesús (14: 1-6).  ¡Una escena digna de conmemorar! Jesús invitado a comer el pan por un principal de los fariseos y rodeado de la plana mayor de estos, y ahora aparece ante él un hombre enfermo que por sus signos tenía hidropesía, lo que anticipa una sanidad y por supuesto serios conflictos con sus compañeros de mesa. 

Es importante explicar en qué consistía la hidropesía en forma breve.  Esta es condición es un signo clínico de un mal mayor, que se expresa como una retención de líquidos en el cuerpo produciendo enemas o hinchazón en el cuerpo.  Este signo, que puede mostrar que existe una enfermedad cardiaca, renal o del sistema digestivo, era considerado como producto del pecado. Para los fariseos la hidropesía era considerada un pecado que se relacionaba con la codicia, el amor al dinero y la rapiña   

Muchos personajes históricos en tiempos antiguos y modernos murieron por esta condición al no existir los adelantos médicos para tratar la misma.  Ejemplos de personas que murieron afectados por la hidropesía fueron: el Emperador romano Honorio, Isabel I de Castilla, Miguel de Cervantes y Saavedra, autor de Don Quijote de la Mancha, y San Antonio de Padúa, que es el patrón católico del Municipio donde resido.

La sanidad de este hombre hidrópico emite un mensaje que los fariseos necesitaban escuchar– el sábado es un tiempo de perdón, redención y sanidad. La sanidad del hidrópico fue al instante, lo que parece indicar que todos estos beneficios divinos son de acción inmediata para todos (verso 5).  El sábado más que convertirlo en una carga ritual, es un tiempo para liberar al cautivo, de incluir al excluido por su condición social o clínica, y es una oportunidad para crear una comunidad redentora, donde todos se sientan en la mesa en igualdad de condiciones. 

Para Lucas, la salud es la remoción de todo obstáculo que impide el bienestar y desarrollo pleno del ser humano y las comunidades. Así que la sanidad y la liberación van de la mano. Al enfermo no solo se le sana físicamente, sino que se le atiende integralmente para que pueda superar todas las condiciones sociales, biomédicas y “espirituales” que le afectan.

  • Los puestos de honor (14: 7-11)

La segunda escena que deseamos considerar es la experiencia de sobremesa de Jesús con la comunidad de los fariseos (verso 7-14).  Luego de Jesús establecer su estatus como sanador y maestro procede hablarles a sus compañeros de mesa directamente.   La intención de Jesús es reformar las etiquetas de la mesa para que responda a la visión del Reino de Dios.   Los modales en la mesa son un buen barómetro para entender las relaciones sociales, y el orden social de los participantes. Cuando Jesús propone cambios a las prácticas convencionales de la mesa, más que ofrecer un sabio mensaje a sus compañeros de mesa, está “desmantelando” el orden social de aquella cultura mediterránea del primer siglo.  Jesús esta re-ordenando la realidad socialmente construida, y reemplazándola con un nuevo orden que era un escándalo para aquellos comensales.

El mensaje del evangelio del Reino de Dios reestructura todas las áreas de la vida, y se subvierte el orden cultural del mundo antiguo. Ahora los humildes encabezan la lista en este nuevo orden social que Jesús propone:

El entonces le dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que tienen autoridad sobre ellas son llamados bienhechores.  Pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros hágase como el menor; y es que dirige, como el que sirve (Lucas 22: 25-26).

Porque todo el que se enaltece, será humillado, y el que se humilla, será enaltecido (verso 11)

Lo que Jesús está diciendo es serio y muy escandaloso para aquellos oyentes de sobremesa. Hay varias razones para que esto sea así:

  • El mundo mediterráneo del primer siglo era un mundo donde el estatus y la estratificación social era vitales para mantener el orden vital del imperio, ya que era una sociedad que se movía entre los polos del honor y la vergüenza.
  • Era importante dar la percepción a los demás de tener honor y prestigio.  Un ejemplo de esto eran que los asientos eran asignados según el honor que se poseía.  Sentarse frente al anfitrión de una cena era un anuncio público de tu estatus social.
  • Los banquetes, bodas, comidas eran utilizadas para publicar y reforzar tu jerarquía social.  Así que las invitaciones a comer tenían la intención de procurar una posición social.
  • Por otro lado, existía la ética de la reciprocidad, que era central para la estabilidad del imperio. Este era un sistema de obsequios y obligaciones que cada persona, desde el emperador y el de menor estatus en las remotas provincias de este, tenia que realizar como una compleja red de relaciones sociales.  Estos obsequios no eran gratis, sino que eran acompañados con instrucciones explicitas e implícitas.
  • Estas instrucciones de reciprocidad se extendían a la mesa. Aceptar una invitación obligada a la otra parte a extender posteriormente otra invitación comparable. Por lo tanto, solo se invitaban a aquellos que luego podían invitar a uno.  Así que los pobres nunca eran invitados a estas cenas, porque estos no podían reciprocar dicha invitación y le producirían vergüenza.

Lucas presenta en la primera parábola (14: 7-11) una escena cómica al presentar a los fariseos pelearse por los primeros reclinatorios.  La parábola de Jesús es una crítica a la cultura del honor y la vergüenza que había dominado la conducta misma de los fariseos.  El mensaje de Jesús es claro: “No determines tú el honor que mereces, deja que otros lo hagan.” Hay un refrán común entre nosotros que critica esta realidad: “alábate pollo que mañana te guisan”.  Jesús es claro, nunca reclames privilegios para ti, deja que otros le lo reconozcan, y entonces los aceptas.

Escuchemos a Jesús con detenimiento, aún cuando esta cultura nos llame al orgullo y la auto promoción, no busques el honor como expresión pública para ti mismo.  Deja que los demás reconozcan tu talento y tus capacidades.  La humildad, que era considerada en aquella sociedad, no como una virtud, para Jesús es la “madre de las virtudes.”

  • ¿A quién invitar? (14: 12-14)

La escena de Jesús cambia ahora dirigiéndose al anfitrión de la cena:

Decía también al que lo había invitado: Cuando hagas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus familiares, ni a vecinos ricos, no sea que también ellos te inviten a su vez, y seas recompensado. Sino que, cuando hagas un banquete, invita a los pobres, a los mancos, a los cojos, a los ciegos, y seras bienaventurado, pues no te pueden retribuir, pero te será recompensado en la resurrección de los justos (Lucas 14: 12-14)

Jesús es claro, el protocolo social de esta cultura es excluyente con los pobres y marginados.  Jesús le hace al principal de los fariseos una contra propuesta:

  • Rechaza los límites sociales excluyentes que establece esta cultura.
  • Rechaza el valor de la “reciprocidad” de esta sociedad.

Es importante esta contra propuesta de Jesús.  Primero, elimina o deconstruye las categorías de los de “adentro” y los de “afuera” común en la visión, tanto de los fariseos, como de la sociedad en general.  Ahora eres bienaventurado cuando invitas, das, prestas y ofreces a aquellos que no te pueden retribuir.  Segundo, Jesús rechaza el conjunto de privilegios del “patronazgo” [ii], muy común en la sociedad Mediterránea, y aun más, la regulación social de la reciprocidad.

APLICACIÓN

La conducta que Jesús esta proponiendo en esta mesa hace colapsar la distancia entre ricos y pobres, los de “adentro” y los de “afuera”, revirtiendo el modelo antropológico del intercambio económico, estableciendo una “reciprocidad generalizada”, que implica el dar regalos, extender la hospitalidad sin ninguna expectativa de retribución (Lucas 6: 32-35).    En este modelo de Jesús los extranjeros, los vulnerables y marginados son incluidos como miembros de la familia extendida como enseñaba la Torá (Levítico 19: 33-34).  Jesús invita a los grupos elitistas a cambiar su forma de actuar a una de devolución y redistribución de sus recursos con los pobres y menesterosos.

La bienaventuranza que Jesús declara toma forma de pago en la resurrección de los justos, pero no hay una recomendación de una generosidad de intercambio que espera recibir beneficios divinos a cambio de lo hecho. La generosidad humana fluye de una apreciación de la misericordia expresiva de Dios (Lucas 6: 36), así como Dios es generoso, sus seguidores también lo seremos. 

Ahora bien, Jesús añade que la generosidad genuina e incalculable hacia aquellos en necesidad no quedará sin recompensa.   Jesús habla de la recompensa en la resurrección de los justos, entendiendo como justos aquellos cuya visión es transformada por las directrices que Jesús promulga, y para quienes aceptan la noción que tiene Jesús de su Padre como el Gran Benefactor y cuyas prácticas son congruentes con esta visión de un Dios que atiende a los humildes. ¡Alabado sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo!

NOTAS


[i] Un buen recurso para entender con profundidad las creencias fundamentales de esta secta lo encontramos en el siguiente artículo,  https://www.monografias.com/trabajos93/sectas-o-partidos-y-clases-sociales-palestina-tiempo-jesus/sectas-o-partidos-y-clases-sociales-palestina-tiempo-jesus.shtml

[ii] Las élites de la sociedades mediterráneas del siglo I recurrían a redes de familiares y de amigos para lograr “privilegios”. Los puestos públicos eran ocupados de manera discrecional, sin ningún tipo de filtro  competitivo en méritos o competencias, gracias a estas redes informales, a la compra de los puestos e incluso con puestos públicos que son heredados por familiares. Este modelo de “patronazgo” es el que ha dominado desde entonces en los países occidentales, y que Jesús abiertamente rechaza.