El Rico y el Pobre: Una parábola para hoy-Parte II


El rico y el pobre

Por Samuel Caraballo-López

«El que da al pobre a YHVH presta, y Él se lo devolverá.” Proverbios 19: 17

INTRODUCCIÓN

Esta es la segunda parte del análisis composicional de la perícopa que contiene la parábola del «rico y Lázaro». Con este segundo escrito completamos el análisis que hemos propuesto para esta emblemática parábola, que posiblemente es una de las que mayor polémica a generado. Te invito a leer y a opinar sobre esta propuesta interpretativa.

La perícopa bajo consideración (Lucas 16: 19-31) tiene como asunto central las riquezas y su uso en contraposición a la enseñanza de la Ley de Moisés y las Escrituras. Al igual que la construcción de la parábola del buen samaritano (Lucas 10: 25-29), aquí encontramos una preocupación con la ley de Moisés unida con los intentos de “auto justificación” de los fariseos (Lucas 16: 15-18).

En el texto de la parábola según Bruce Metzger [1] existen algunas variantes no significativas entre los manuscritos más conocidos, que van desde el «nombre» del hombre rico en el verso 19 (algunos nombres dados son: «Nínive», «Finees» o «Aménofis»), la expresión “migajas”, añadida en la Biblia versión Reina-Valera en el verso 21, y la conjunción “y” antes de la frase “estando en tormentos” del versículo 23.  Dado que las variantes no son significativas, no le prestaré mucha atención.

Es importante recalcar que esta parábola es una respuesta de Jesús a los fariseos, dado su «amor» por el dinero y su «consumo conspicuo» sin considerar a los seres humanos menos privilegiados y que la sociedad los relegaba a la miseria.

Permitame hacer una digresión a este relato definiendo lo que significa hoy «consumo conspicuo». El origen de este concepto de «consumo conspicuo», lo encontramos en el economista Thorstein Veblen, a finales del siglo 19. Es un consumo similar al de los jefes de tribu, que llevan una corona o una capa o collares que los distinguen del resto, mostrando su posición social.

El «consumo conspicuo» se refiere a aquellos consumidores que compran productos o marcas por causas de la imagen personal que producen en otras personas. Estos productos muestran a otros el estatus alto del comprador. Un ejemplo de esto es la compra de un auto de lujo, como podría ser un Rolls Royce, para mostrar ante otros lo afortunado que uno es en la vida. Muy triste la condición espiritual de aquellos que viven de esa forma.

En el capítulo anterior, Jesús responde a las críticas de los fariseos y doctores de la ley por compartir en la mesa con los publicanos y pecadores, con tres (3) parábolas.  Ahora aquellos que «amaban» el dinero se oponían a las enseñanzas de Jesús (verso 14).

Jesús presenta en la parábola a un hombre rico que era dado al «consumo conspicuo», sin tener en cuenta a un hombre pobre, que yacía en su puerta, es decir a su prójimo.  Tanto los ricos como los pobres experimentan el pronóstico de la «reversión escatológica»[2] declarada por Jesús (Lucas 6: 20-25).

La riqueza y su uso proporcionan la melodía para esta unidad literaria, y la contra melodía la proporciona la enseñanza de la ley de Moisés y las Escrituras. Como en la parábola del buen samaritano (10: 25-29), en esta, encontramos preocupación por la Torá, junto a los intentos de auto justificación del sector religioso (16: 15-18).  Las prácticas de Jesús con los publicanos y pecadores plantean la relevancia de la ley, y se aconseja a los ricos que presten atención a Moisés y los profetas.

Claramente estos asuntos deben leerse juntos con lo que el relato insinúa (Lucas 11: 39-41). La parábola del hombre rico, que se percata muy tarde que él había ignorado las palabras de Moisés y los profetas con relación a los pobres, nos debe alertar a todos sobre la responsabilidad para con el menesteroso.  De ahí la hostilidad entre Jesús y los fariseos que florece en este irónico texto.  De acuerdo con Jesús, los fariseos en su amor por el dinero y por mantener su estatus socio-religioso, han revelado su falta de compromiso con el propósito de Dios, transgrediendo el mensaje de las Sagradas Escrituras (Lucas 11:42).

DESARROLLO

(a) Lázaro y el rico

Pasemos a mirar la perícopa de Lucas 16: 19-31 en sus partes. Los versos 19-22 presentan el escenario de esta parábola, donde existe un extravagante «paralelismo sintáctico» entre la descripción de los dos (2) personajes principales.  La distancia social entre los dos continua hasta el final de la narrativa, simbolizada primero por “la puerta” (verso 20), luego por «la distancia” (verso 23), y finalmente por «la gran sima” entre ellos (verso 26).  El hombre rico se presenta en forma excesiva y escandalosa, mientras Lázaro era un hombre marginado y «sin tierra» que había experimentado una devastadora movilidad descendente en una sociedad agraria. [3]

Es importante observar que en la parábola la «ropa» se menciona primero (verso 19):

“Había cierto hombre rico que se vestía de púrpura y lino fino blanco”

Esta mención de la vestidura en primer lugar alude claramente a la importancia que los fariseos y los escribas le daban a la etiqueta (Mateo 23: 5). El lino y la lana se utilizaron para producir vestimentas que anunciaban la posición social de quienes la usaban. El procesamiento del lino fino consumía mucho tiempo y era muy costoso.  La ropa coloreada con tinte púrpura de Tiro, que era producida por un molusco, también era un lujo sorprendente.  Aunque las prendas blancas indicaban la pertenencia a la elite, se consideraban modestas al compararlas con la ropa teñida de púrpura de Tiro.  Tener prendas blancas debajo de una túnica de color púrpura era el signo de la más alta opulencia.

En contraste con el hombre rico, la ropa que llevaba Lázaro no se menciona en la parábola, en su lugar se dice que estaba cubierto de «llagas», una condición que lo marcaba como impuro (Levítico 13:22). El término utilizado en la descripción de Lázaro sugiere que Lázaro estaba sufriendo un castigo divino. Este lenguaje es muy común en la teología de los amigos de Job (vea Job 4: 7-12), seguramente el hombre rico estaba “bendecido” por Dios mientras Lázaro vivía bajo «maldición» divina.

En segundo lugar, se menciona la comida.  La leyenda sobre el rey Agripa II y Berenice (Hechos 25: 13-26: 32) sirve de intertexto en este relato [4]. Este rey acostumbraba diariamente organizar una comida con proporciones de banquete, y es precisamente la forma que Jesús presenta en la parábola a aquel hombre rico.

En la parábola anterior del hijo prodigo (15: 11-32), la fiesta y el banquete se utilizan para señalar una ocasión especial en la que mataba un ternero para alimentar centenares de invitados. Jesús dice que esto era lo que diariamente hacía este hombre rico.  En una economía como la del primer siglo, los hombres ricos, inclusive solo podían ocasionalmente matar un cordero, éste lo hacía cada día (verso 19), lo que evidencia su opulencia y derroche.

En medio de esa realidad, Lázaro anhelaba comer la comida de los perros. Es decir, los pedazos de pan que servían de “servilletas” para los comensales limpiarse las manos, y que se lanzaban debajo de la mesa.  Es importante mencionar que los perros que se habla en la parábola no son las mascotas de hoy, sino perros callejeros que vagaban por la ciudad buscando comida entre los basureros y escombros.

Estos perros eran salvajes –no era que lamían gentilmente las llagas de Lázaro–, sino que lo mordían para comer la carne expuesta.  Hasta los perros abusaban de Lázaro, y esto lo hacía más impuro y menos que humano.  Lázaro era un total marginado.

En tercer lugar, se menciona los respectivos lugares de residencia de los protagonistas. El acaudalado rico tenía una “puerta”, que significa que poseía una finca o casa apropiada para su situación.  En cambio, Lázaro no tenía hogar, pero había sido arrojado a la puerta del hombre rico.  Es posible que Lázaro fuese lisiado (vea Mateo 8: 6, 14; 9:2; Revelación 2: 22).  Esto podría explicar su trágica circunstancia.

En la parábola el hombre rico se presenta como activo, mientras Lázaro es completamente pasivo y solo es objeto del diálogo.  Es notable el hecho de que solo Lázaro tiene nombre, lo que indica que a pesar de la desgracia hay algo en él que supera lo infrahumano de su existir. Por otro lado, el hombre rico no tiene nombre (aunque algunos copistas quisieron añadirle uno).  Posiblemente en la forma que Lucas presenta la parábola es una estrategia narrativa para que el lector o auditorio coloque su propio nombre en el personaje sin nombre.

(b) ¿Nos iguala la muerte?

No es casualidad que Jesús observe que el hombre rico fue sepultado (verso 22), sin proveer ningún detalle del entierro de Lázaro.  El primero es honrado incluso en la muerte, Lázaro recibe la desgracia final.

En los versos 23 y 24 la comparación de los personajes continúa en la muerte.  Tanto los judíos como los romanos valoran adecuadamente la sepultura, en el caso de los romanos se sabía que estos participaban en «sociedades funerarias» cuyo propósito era garantizar un entierro adecuado para sus miembros.  En la tradición judía el negársele un entierro a una persona era dejarlo expuesto a los animales carroñeros, lo que era considerado una maldición de Dios.

Después de la muerte, aquel cuyos únicos compañeros de vida fueron los perros callejeros es transportado por los ángeles al “seno” de Abraham (verso 22), es decir a una relación de intimidad y honor en el banquete celestial (13: 28). Según el texto, tanto Lázaro como el hombre rico están en el Hades, pero separados entre sí (verso 26).

Lázaro está feliz junto a Abraham, mientras el hombre rico experimenta el Hades como tormento y agonía.  Este perfil tiene varios relatos análogos en la literatura judía contemporánea, donde el Hades se representa como el destino universal de todos los seres humanos, a veces con el resultado esperado del juicio final y proyectado por las categorías de justos y malvados.

Sorprendentemente el hombre rico no se siente humillado por sus nuevas circunstancias (una prueba clara que esta narrativa es una parábola).  En cambio, se da por sentado que Abraham sigue siendo su padre, y ese Lázaro, a quien el conoce por su nombre, pero nunca lo ayudó, está presente con Abraham.  Para aquel hombre el propósito de Lázaro era llevar a cabo «mandados» para él, que era un hombre rico (verso 24):

Y gritando, dijo: “¡Padre Abraham, ten misericordia de mí! Y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.”

Esta declaración demuestra lo irónico y presuntuoso del hombre rico, tanto después de la muerte, así como lo fue en vida. Su osadía solo es superada por la larga tradición de Abraham como modelo de la hospitalidad a extraños, una conducta que este hombre rico nunca manifestó hacia Lázaro.

Lo irónico de la expresión se puede comparar con el refranero griego: “El que ahora pide misericordia (eleos, gr.) nunca fue misericordioso”. La solicitud del hombre rico es denegada por dos motivos (verso 24):

Primero, a causa de la «reversión escatológica» declarada por Jesús (Lucas 6: 20-24); el hombre rico había cosechado lo que había sembrado.

Segundo, la «puerta» del hombre rico, que pudo haber estado abierta para la hospitalidad, nunca se abrió. Lázaro nunca recibió la hospitalidad del hombre rico, y ahora después de muerto la «puerta» se le cerró en forma permanente.  En el discurso de Abraham, él y Lázaro son clasificados como “nosotros”, distinguiéndolo claramente del hombre rico y de aquellos que eran como él, que son llamados “ustedes” (verso 26).

Sorprende en los versos 27-31, la preocupación que siente el hombre rico, dada la actitud que él había tenido hacia Lázaro.  Sin embargo, su preocupación es característica de los ricos, cuyo círculo de compasión se extiende a los amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos, quienes estaban dispuestos a reciprocar banquetes con banquetes, preocupación con preocupación y hospitalidad con hospitalidad (14: 12-14).  Incluso esta aparente muestra de sensibilidad, es indignante, ya que muestra cuan fiel a su carácter es este hombre rico.

En su agonía pide que se envíe a Lázaro como testigo a sus hermanos vivos.  La idea de que los muertos volvieran a visitar a los vivos era común en el mundo antiguo.  En este contexto del relato la negativa de Jesús a permitir tal «retorno» es notable (esto sí es una enseñanza cristiana) A Lázaro no se le permite regresar desde el más allá a llevar ninguna alerta a los hermanos del rico.  Abraham se niega a otorgar la revelación escatológica del destino de los muertos, insistiendo que ellos tienen el testimonio de Moisés y los profetas, y con esto es suficiente. El hombre rico acostumbrado a no ser contradicho continúa hablando desde su supuesta posición de privilegio en el Hades:

«No, Padre Abraham, pero si alguno de los muertos llegara a ellos, se arrepentirán.” (verso 30)

El hombre rico insiste que debe enviarse a alguien que les advierta a sus familiares vivos. La contestación de Abraham es clara y contundente,

Sí no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levantara de entre los muertos.”

CONCLUSIÓN

Escuchar es fundamental en el libro de Lucas-Hechos, y es un requisito para la fe y del arrepentimiento.  El arrepentimiento se menciona como la respuesta apropiada al mensaje redentor de Dios en los evangelios.  En el contexto del evangelio de Lucas el arrepentimiento implica una renuncia radical a las posesiones (Lucas 5: 11, 28; 12: 32-34; 14: 25-33).  El arrepentimiento significa tomar en serio la injusticia de la convivencia desigual entre ricos y empobrecidos, y procurar revertirla. 

Es importante la coyuntura de «la puerta» mencionada al comienzo del relato (Lucas 16: 20).  Fue en las puertas de la ciudad donde se impartía la justicia, y no donde los necesitados debían sufrir la indiferencia.  El profeta Amos llamó al pueblo al reestablecimiento y afirmación de la justicia en las puertas (Amos 5: 12, 15).  Las Escrituras están llenas de texto en que se nos habla de la responsabilidad ética de todos de cuidar los pobres.

Hay una pregunta medular que surge de la parábola y que Jesús las tenía en mente: ¿Cómo alguno puede presumir que Abraham es su padre cuando ignora la conducta hospitalaria que caracterizó a este patriarca?

Este hombre rico, en virtud de su procedencia judía y sus hermanos debían prestar atención a las Escrituras como una voz viva que orienta.  De igual modo los fariseos que criticaban la hospitalidad de Jesús con los publicanos y pecadores, y que han ridiculizado a Jesús por sus enseñanzas sobre el dinero y las posesiones, son claramente identificados con el hombre rico de esta parábola (Lucas 16: 14). Esta parábola es una acusación a los fariseos, y a cualquiera que asuma una conducta similar, por descuidar al pobre, ignorando la voluntad de Dios que esta expresada en la ley de Moisés y las Escrituras. 

De igual manera, la iglesia del Señor tiene una clara responsabilidad con el pobre y menesteroso que no puede evadir. Es urgente que la Iglesia contextualice la situación de pobreza en cada escenario en que sirve, y atienda con premura dichas necesidades. La justicia en sus expresiones claras de generosidad, hospitalidad y amistad deben ser los distintivos de la Iglesia de Jesucristo en cualquier contexto donde se encuentre.  Es hora de vivir el evangelio. ¡Muchas bendiciones!

Notas:

[1] Bruce M. Metzger. Un comentario textual al Nuevo Testamento. Traducido por Moisés Silva y Alfredo Tepox. Stuttgart, Alemania: German Bible Society, 2006.

[2] Reversión escatológica-Se refiere a la situación de injusticia presente en el mundo, y plantea que al final de los tiempos el orden presente sera revertido a uno justo. Es necesario que hoy comencemos esa «reversión escatológica» en cada lugar donde servimos.

[3] Joel B. Green. The Gospel of Luke. Grand Rapids, Michigan: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1997.

[4] Ibíd.

Bibliografía

Green, Joel B. The Gospel of Luke. Grand Rapids, Michigan: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1997.

Metzger, Bruce M. Un comentario textual al Nuevo Testamento. Traducido por Moisés Silva y Alfredo Tepox. Stuttgart, Alemania: German Bible Society, 2006.

2 respuestas a «El Rico y el Pobre: Una parábola para hoy-Parte II»

  1. Nosotros los ignorantes. Tomamos este pasaje Y mandamos a todo el mundo al infierno y no nos miramos a nosotros mismo como estamos ante dios.Nosotros como Iglesia de Dios tenemos la responsabilidad de ser condecendiente con los menos afortunados.No podemos Ser indiferentes alas injunticias de los demas.En el libro de provervios dice Que el que cierra su oido al clamor del pobre el clamara y no se le oira.Dios te bendiga pastor.

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