Estos tiempos complejos … ¿cómo respondemos?

Por Samuel Caraballo López

INTRODUCCIÓN

El texto del 17 de noviembre de 2019, vigésimo tercer domingo después de Pentecostés, lo encontramos en Lucas 21: 5-19.  Este texto forma parte de un bloque en que Jesús se enfrenta en fuertes debates al liderato de Jerusalén (Lucas 20:1—21: 37). El escenario de esta perícopa es el templo de Jerusalén (21: 37). 

El discurso de Jesús que vamos a considerar es provocado por dos (2) preguntas interrelacionadas, que Lucas pone en la boca de sus discípulos. Estos, que estaban fascinados por el gran tamaño del templo, su magnificencia, el brillo de sus planchas de oro y del mármol blanco que adornaba sus paredes, escuchan con perplejidad las palabras de Jesús: “vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida.” (verso 6)

Aquel templo de Jerusalén motivo de admiración de los peregrinos y extranjeros, fue el principal proyecto de Herodes el Grande, quien comenzó su reconstrucción en el año 19 a. C, y que fue completado luego de su muerte en el año 60 d.C.  En la reconstrucción del Segundo templo, Herodes duplicó el tamaño del templo anterior, añadiendo atrios que representaba la diversidad de los pobladores que recurrían a este y que reflejaba la propia grandeza que este personaje se atribuía.  Su esplendor, como una hazaña arquitectónica, fue lo que inspiró a los fieles a creer que este lugar era la morada de YHVH, y el centro socio-religioso-político del universo judío.

DESARROLLO

La predicción de Jesús de la total destrucción del templo de Jerusalén (Lucas 19: 43-44), sostenido en los oráculos proféticos de juicio en el Antiguo Testamento, impresionaron al auditorio, muy especialmente a sus discípulos:

Y (ellos) le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿Cuándo, pues, serán estas cosas? Y ¿Qué señal habrá cuando estén a punto de suceder estas cosas? (Lucas 21: 7)

El pronombre “ellos” se refiere a sus discípulos (vea Lucas 20: 45), que formaban parte de la audiencia, y que dan la impresión por el uso del término “maestro”, que estos tenían dudas sobre la persona y ministerio de Jesús. Es posible que Lucas pretenda decirnos que el grado de entendimiento   que los discípulos tenían de Jesús se había “desvanecido” en su encuentro con las multitudes al llegar a Jerusalén, y que este no era diferente al de los judíos en general. Es esta realidad lo que justifica lo público de este discurso escatológico en el evangelio de Lucas (en Mateo 24: 3, no dice que este discurso de Jesús fue en privado con sus discípulos) .

La pregunta planteada por los discípulos tienes dos (2) partes relacionadas entre sí. Cuando Jesús hace mención de “estas cosas” se refiere tanto a la destrucción del templo de Jerusalén, (a la luz de los motivos planteados por los oráculos proféticos de Jesús en Lucas 19: 43-44), como al tiempo del fin o la parusía. Dichas expresiones no necesariamente asocian estructuralmente estos dos (2) eventos, y de ningún modo dice que estos ocurrirán en el mismo momento escatológico.

En la pregunta de los discípulos, el término “señal” se refiere al sentido de “saber” lo que esta por ocurrir (vea Lucas 1: 18; 11: 29). Parafraseando la pregunta de los discípulos diría así: ¿cómo nos percataremos que lo que anuncias está por ocurrir? La respuesta de Jesús es digna de considerar en todas sus partes:

El dijo: Mirad que no seáis engañados, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: ¡Yo soy! Y ¡El tiempo esta cerca! No vayáis en pos de ellos.  Y cuando oigáis de guerras y revueltas, no os alarméis, porque estas cosas tienen que acontecer primero pero el fin no será inmediatamente.  Entonces les dijo: Será levantada nación contra nación y reino contra reino; y habrá grandes terremotos y hambrunas y pestilencias en diferentes lugares, y sucesos aterradores y grandes señales del cielo (Lucas 21: 8-11).

En este inicio del mensaje escatológico, Jesús proporciona un resumen prospectivo del discurso que esta por declarar (vea versos 12-36), indicando y distinguiendo la relación de la destrucción de Jerusalén y el “Fin” de la historia. Jesús no indica que esto sucederá en forma simultánea.  De hecho, lo más importante de este discurso es el llamado al “discernimiento” frente a las interpretaciones falsas, pero seductoras, de los eventos que están por venir.  Siempre los relatos futuristas nos llaman la atención … ¡pero cuidado, pueden ser utilizado para engañar!

La referencia a la caída de Jerusalén en estos versos es indirecta, localizada en las expresiones de Jesús sobre “guerras y revueltas” (verso 9).  El “Fin” aparece en relación con el “tiempo” y ambos se refieren a la venida de Cristo.  Jesús niega claramente que el tiempo del fin vendría inmediatamente después de la caída de Jerusalén (verso 9). Esta declaración de Jesús nos sirve como cuña hermenéutica para evitar conclusiones apresuradas sobre estos dos (2) eventos.

Por lo tanto, la presencia de aflicciones y calamidades no es necesariamente una señal de que el tiempo del fin ha llegado.  Las respuestas apocalípticas a los eventos catastróficos, como lo hizo la comunidad de Qumran [1], podría parecer muy natural, pero requieren de nuestro “discernimiento”.  Es un peligro que leamos los eventos catastróficos que están ocurriendo hoy como el final escatológico, y comenzar una cruzada para afirmar esto, en lugar de aprovechar la oportunidad para proclamar y servir en medio del sufrimiento humano.

Esto es exactamente lo que sucedió en los años 60 d.C., cuando los líderes judíos de Qumran reclutaron fuerzas revolucionarias para la gran batalla final contra Roma, inspirados por un mesianismo apocalíptico, que los llevó al desastre, y como consecuencia la destrucción de la Ciudad Santa. 

Jesús advierte explícitamente a su audiencia que resista tales interpretaciones—“No vayáis en pos de ellos”. Nunca debemos seguir a quienes hacen tales afirmaciones, pero tampoco se debe responder con terror y angustia a los fenómenos que Jesús menciona —“No os alarméis”.  En su lugar, deben estar “vigilantes” para que puedan “discernir” lo que Dios está haciendo.      

Esta advertencia de Jesús sobre el “discernir” los tiempos se sostiene sobre dos (2) pilares:

Primer pilar, hay que identificar correctamente aquellos quienes vienen genuinamente “en su nombre”, observando sus acciones (frutos) para determinar sus semejanzas con las de Jesús. ¿En qué se parecen a Jesús?

(a) Son sensibles con los más vulnerables y humildes– “reciben a un niño en mi nombre” “porque quien es él más pequeño entre todos vosotros, ése es grande.” (Lucas 9: 48-49);

(b) Tienen poder espiritual para expulsar “demonios” en “mi nombre” (Lucas 10: 17);

(c) Sus acciones apegadas al evangelio pueden atraer persecución y críticas del mundo (Lucas 21: 12, 17; 6: 22).

(d) Aquellos que vienen en el “nombre de Jesús”, no harán reclamos “extravagantes” sobre sí mismos; por lo tanto, proclaman el mensaje de arrepentimiento y perdón (24: 47), no están pendientes a las especulaciones sobre el tiempo del fin (tal como Jesús no lo hizo, vea, Hechos 1: 6-8).

Segundo Pilar, el terror y la angustia son respuestas inapropiadas a los eventos que preceden a la venida de Cristo, porque los fenómenos que Jesús describe por muy caóticos o terribles que parezcan, en realidad están incluidos en el propósito divino –“porque estas cosas tienen que acontecer” (verso 9).

Siguiendo el resumen prospectivo de los versos 8-11, Jesús comienza en los versos 12-19 proveyendo un calendario de eventos que tendrán una prioridad temporal (en el tiempo apostólico):

Pero antes de todas estas cosas, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles, y seréis llevados ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre.  Os será ocasión para testimonio.  Por tanto, proponed en vuestros corazones no ensayar para defenderos, pues Yo os daré palabras y sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos los que os adversan.  Y seréis entregados aun por padres y hermanos, y parientes y amigos, y mataran a algunos de entre vosotros.  Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. ¡Ganad vuestras almas con vuestra perseverancia! (Lucas 21: 12-19)

El uso de “antes de todas estas cosas”, es una expresión que plantea que lo que Jesús va a contar ocurrirá antes de las calamidades de la destrucción del templo (verso 6 y 9), y, por lo tanto, antes de las catástrofes asociadas al tiempo del fin (verso 12).  Podemos titular este material como “la persecución”, que será el resultado de identificarse con Jesús y su mensaje. La persecución es inherente a la decisión de ser un discípulo de Jesús.  

Anteriormente, Simeón (Lucas 2: 34-35), y Juan el bautista (3: 17), habían predicho que Jesús sería motivo de división dentro de Israel. Ahora Jesús anticipa que sus seguidores quedarán “atrapados” en esta división, cuando las personas se pongan de su lado o en contra del propósito de Dios que ellos representan (versos 12b, 17, cf. 6: 22; 9: 21-26).

La aparición en el texto de “ser llevados ante reyes y gobernadores” y “entregados a las sinagogas y las cárceles” –anticipa que la persecución de los discípulos comenzará por los judíos y continuará por el Imperio romano.  Además, esta persecución no solo tendrá a los grupos anteriores como protagonistas, sino también será efectuada por los propios parientes.

Jesús había anticipado que el discipulado hace que las relaciones familiares normales se relativicen.  La relación con Jesús nos llama a revisar las líneas de parentesco, para encontrar vínculos familiares con aquellos “que escuchan la Palabra de Dios y la hacen” (Lucas 8: 21; 18: 29).  Jesús advierte que sus seguidores serán acusados de tener “conductas desviadas” por no responder a los protocolos institucionalizados de su mundo cultural.

En medio de este diálogo sobre la persecución, Jesús provee tres (3) contramedidas a sus discípulos sostenidas en el supuesto que Jesús estará presente durante estos procesos:

Primera, la persecución es una oportunidad para testificar (verso 13-15). La promesa de recibir “palabras y sabiduría” recuerda la promesa anterior de dar testimonio inspirado (12: 11-12), con la excepción que en el texto anterior, Jesús no promete sabiduría, sino “potenciación” del Espíritu Santo. 

Los seguidores de Jesús no deben ser como los oradores entrenados que practican sus discursos por adelantado, sino que en ese momento de peligro hablarán con poder del Espíritu (Hechos 4: 13). El hecho que Jesús esté presente no garantiza que el testimonio de los seguidores “gane” en aquel día, solo garantiza que el testimonio de los discípulos es la verdad y expresan la auténtica comprensión de los propósitos de Dios.  Lo importante es que los seguidores de Jesús puedan relacionar su experiencia de humillación y sufrimiento con el propósito que Dios tiene para ellos (Lucas 9: 44-50; 18: 31-34).

Segunda, Jesús insiste en que “ni un pelo de la cabeza perecerá” (verso 18).  Esta expresión proverbial se utiliza en algunas partes de los evangelios para garantizar una completa seguridad física, pero no en este lugar. Aquí se refiere a que nada sucederá que no esté dentro del propósito divino.  Su proximidad con el verso 17 sugiere que Jesús les dice a sus seguidores que la muerte no es el fin de la vida.

Tercera, Jesús instruye a sus seguidores a resistir (verso 19). La resistencia a la que Jesús nos llama no se puede confundir con la espera pasiva o el plácido ejercicio de la paciencia; después de todo Jesús en los versos anteriores nos señaló que la persecución nos da la oportunidad de ser testigos.  La resistencia es el fruto concreto de la fidelidad (Lucas 8: 15; 18: 1-8).  Ahora bien, Jesús utilizando, la versión del Antiguo Testamento del LXX (Septuaginta) [2], presenta la resistencia como ligada a la esperanza en Dios, y con el esperado resultado de que Dios intervendrá.  Aunque la persecución puede conducir a la muerte, no puede acabar con la vida (Lucas 12: 4-5).

APLICACIÓN

Nuestros tiempos son de mucha incertidumbre y agitación; reclamos sobre reclamos, cambios sobre cambios, revueltas sobre revueltas, y catástrofes sobre catástrofes .  La naturaleza se revela manifestando signos claros de su inconformidad: terremotos, huracanes sin precedentes, deterioro de los sistemas ecológicos, aumento en la temperatura promedio, aumento en el nivel del mar, cambios en los ciclos naturales del planeta y plagas convertidas en pandemias .  Estos tiempos son un claro anuncio que algo esta por suceder, y que los seguidores de Jesús tienen que “discernir” los tiempos.

Urge a la iglesia del Señor predicar y vivir como Jesús lo hizo.  La solidaridad, sensibilidad y compasión deben ser valores inherentes a nuestra misión en los contextos donde nos encontremos. Los “mas” vulnerables tienen que estar en nuestras agendas de servicio diario como pueblo que ama y sigue al Señor Jesucristo. 

Nuestra proclamación tiene que seguir siendo las “buenas noticias del reino de Dios”, acompañado con el ‘poder que Dios da’ para ejercer un ministerio liberador, que transforme a los seres humanos atados por el caos y el pecado. El mensaje del arrepentimiento y el perdón de pecados es central en todas nuestras expresiones como iglesia del Señor (Lucas 24: 47). Este tiempo es una “ocasión para dar testimonio” (Lucas 21: 13).

Rechacemos todo  movimiento que pretenda afirmar tener formulas mágicas para transformar la realidad o que reclame el lugar que solo Jesús el Mesías tiene. No sigamos movimientos apocalípticos o políticos cuyo fin es conducirnos a batallas y enfrentamiento con otros seres humanos. Rechacemos todo quietismo espiritual que nos encierre para formar sectas misteriosas con revelaciones nuevas que no se sostiene en las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, y mucho menos de Jesús.

Finalmente, no permitamos que las guerras, revueltas, pandemias y desastres que se susciten nos “alarmen”.  Recordemos las palabras de Jesús: (a) Lo que estamos observando “tiene que acontecer primero” (Lucas 21: 9), y (b) Pero “ni un cabello de vuestra cabeza perecerá” (Lucas 21: 18) y la gran promesa que no debemos olvidar, “He aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los siglos” (Mateo 28: 20)

¡Muchas bendiciones!


Notas:

[1] Qumrán es el nombre árabe contemporáneo dado a unas ruinas donde es posible que habitara la comunidad judía de los esenios. Revisando los diferentes textos de la Comunidad de Qumrán encontrados en las excavaciones hechas en las cuevas donde estos habitaban a partir del 1950, podemos decir que estos tenían un claro horizonte escatológico que traspasaba el límite de la historia y que, de algún modo, se vivía en su existencia temporal dentro de la comunidad. Para ellos la etapa final de los tiempos sería marcada por la venida del Mesías (uno o varios) que será su sacerdote y administrador de la justicia. Fue en estas comunidades del Qumrán en que se construyó la idea de un Mesías Real, Guerrero que pudiese restaurar los antiguos ideales de la Monarquía Israelita, y que se manifestó en la rebelión judía del año 60 d.C y que culminó con la destrucción del templo en el año 70 d.C, por Vespasiano, y luego en la segunda Revuelta Judía de Simón Bar-Kojba (135 d.C.), que trajo la total destrucción de la patria judía tras no dejar “piedra sobre piedra” en el Templo de Jerusalén.

[2] La Biblia griega, comúnmente llamada Biblia Septuaginta o Biblia de los Setenta, y generalmente abreviada simplemente LXX, es una traducción en griego de los textos hebreos y arameos del Antiguo Testamento o Biblia hebrea. La Biblia Septuaginta fue el texto utilizado por las comunidades judías de todo el mundo antiguo más allá de Judea, y luego por la iglesia cristiana primitiva, de habla y cultura griegas

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