El ministerio Pastoral … ¿Pertinente o insignificante?


Por Samuel Caraballo-López

Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, las pastoreó con la pericia de sus manos. Salmo 78:72

INTRODUCCION

Hay dos (2) conceptos que deseo clarificar antes de iniciar el tema que sirve de título a este escrito y son, ministerio y pastor.  El ministerio es la actividad pública de un seguidor de Jesucristo, en la que se conjugan los dones que el Espíritu Santo da y su personalidad individual. Esta actividad pública o ministerio se ejerce a nombre de una comunidad de fe a la que se le rinde cuentas, y tiene como propósito principal, testificar, servir y hacer real los signos del evangelio del Reino de Dios en un contexto particular. 

Esta definición combina, al menos, dos (2) factores esenciales a mencionar; los dones espirituales y ministeriales, que provienen de Dios, y la personalidad del ministro.  Los dones son regalos que evidencian la gracia divina, y permite que seamos efectivos en la realización del ministerio (2 Cor. 3:5).  Cuando hablamos de efectividad nos referimos a el equilibrio entre eficacia y eficiencia, es decir, se es efectivo si se es eficaz y eficiente. La eficacia tiene que ver con el resultado o efecto de lo que hacemos, en cambio la eficiencia permite que logremos el resultado con el mínimo de recursos posibles.

Ahora bien, este tesoro divino que son los dones espirituales, al encarnarse en el ser humano, se expresan a través de la personalidad de este, y que a su vez lo distingue. La mayor limitación del ministerio está en el componente de la personalidad humana que necesita desarrollo, “pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros, ” (2 Cor. 4: 7). Por lo tanto, en el ministerio cristiano lo divino y lo humano interaccionan entre sí y haciendo de cada servicio algo particular (1 Corintios 3: 5-9), y que requiere atención y supervisión. 

El ministerio es la parte visible y encarnación de la vocación cristiana.  A través del ministerio se expresa el carácter y la voluntad de Dios para un individuo, y Su intención de bendecir la comunidad.  La labor del ministro es ser testigo de Cristo, servir, y hacerse disponible para que Dios haga presente los signos de su Reino en el tiempo y lugar donde ha sido ubicado.   El ministerio implica esfuerzos conscientes y deliberados para anticipar la “era” del reino de los cielos en las personas y las estructuras de nuestro tiempo.  Podemos decir que todo ministerio cristiano tiene una dimension escatológica.

El segundo concepto, que esta ligado al primero es el pastor.  Según el insigne teólogo Thomas C. Oden [1], el pastor es un miembro del cuerpo de Cristo quien ha sido llamado por Dios y la Iglesia (importante paradigma), y “apartado” por medio de la ordenación para proclamar la Palabra, administrar los sacramentos y para apacentar y guiar a la comunidad cristiana hacia una plena respuesta a la revelación que Dios ha hecho de sí mismo.

Thomas Oden entiende que el ministerio pastoral como está establecido en la actualidad es muy diferente al modelo bíblico de los ancianos (presbíteros) o líderes de la iglesia primitiva. Por esto la ordenación es lo que distingue al pastor o la pastora de otros oficios ministeriales igualmente importantes.  El definir al pastor, como lo hace Oden, lo que pretende es eliminar los dos (2) posibles extremos en el que podríaos caer al hablar del pastor. 

El primer extremo es el “reduccionismo” del llamado.  Este error postula que la esencia del ministerio es meramente una función de índole social humana, en la que el pastor funciona como un activista social, olvidando las tres (3) funciones medulares de este. Cuando identificamos al pastor como un activista o servidor social en la comunidad, le quitamos la dimensión de ser “apartado” para el servicio de la palabra, los sacramentos y el cuidado de el pueblo. 

Por otro lado, podemos caer en un segundo extremo que llamamos el el “triunfalismo elitista”.  Este error ocurre cuando se pierde la dimensión humana del llamado pastoral y se enfatiza solo su aspecto divino y trascendente.  Bajo esta aseveración, se convierte el ministerio pastoral en una “casta de ungidos”, separados de la gente, intocables, formando un grupo elitista que tienen control y dominio de la revelación de Dios. Esta visión extrema ignora que en Pentecostés, el Espíritu se democratizó, y “fue derramado sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños” (Hechos 2: 17). 

Ambos extremos deben ser eliminados de nuestra conceptualización del ministerio pastoral.

DESARROLLO

I. Funciones del Ministerio Pastoral

El trabajo pastoral de la Iglesia ahora surge como uno poderoso, urgente y una alternativa para una sociedad en profunda crisis, y que en su conformidad se mueve hacia la brutalidad y un final solitario en desesperación.  El cuidado pastoral informado por el Evangelio se presenta en esta sociedad como un ministerio que fomenta la transformación. 

Como toda actividad evangélica, el cuidado pastoral tiene como fin evocar, permitir, y legitimar cambios hacia una vida congruente con los principios del Reino de Dios, y alejada de los criterios que rigen este mundo. Todo cambio hacia el nuevo orden de Dios requiere una combinación de factores tales como: (a) el conocer los principios y valores del Reino de Dios, (b) la intervención del Espíritu de Dios, (c) la voluntad de la persona, y (d) una comunidad de sostén y apoyo, que provee una multiplicidad de recursos y asistencia. El cuidado pastoral rechaza todo romanticismo y falso profetismo de esta época que nos hace creer que todo cambio es una opción fácil y sin dolor.

Hay tres (3) funciones bíblicas del ministerio pastoral que no podemos ignorar. Las Escrituras nos dicen que el pastor apacienta las ovejas, las cuida y las guía en su peregrinaje por la vida. Así que podemos decir que el pastor provee, protege y dirige su comunidad eclesial por medio de su liderazgo, competencias, y actividades específicas con dicho fin. Estas tres (3) funciones bíblicas están relacionadas con las tareas principales asignadas actualmente a los pastores en sus respectivas congregaciones locales a saber: Predicación y enseñanza, Administración y liderato, Cuidado y guía pastoral.

Dentro de cada área hay un sinnúmero de tareas específicas de gran importancia para la iglesia y la comunidad donde esta se encuentra. Pasemos pues a enumerar y caracterizar dichas áreas de trabajo:

A)    Área de la Predicación y Enseñanza: (Ezequiel 34: 1-6, Hechos 20:28) Ante todo el pastor es un predicador, “cuyas actividades tienen que ser corrientes que fluyen hacia el púlpito”.  La predicación y la enseñanza tienen como fin fortalecer y enriquecer la vida de la iglesia por medio de la comunicación de las Sagradas Escrituras.  La predicación también pretende ser el medio de despertar la conciencia del perdido y traerlo al redil.  La predicación en muchas ocasiones se convierte en palabra profética para consolar, corregir, exhortar, según sea el caso.  Hay varias actividades relacionadas a esta importante área, a mencionar:

1.     Estudios Bíblicos

2.    Diversos tipos de predicación (pastoral, apologética, evangelística, etc.)

3.     Pláticas, talleres, presentaciones formales e informales

4.     Conferencias

5.     Clases de Discipulado

B)     Área de Administración / liderato: (Juan 10:1-6) Toda congregación por “estar en el mundo” tiene una estructura o forma administrativa para cumplir su misión en cada contexto. El pastor no solo ejerce un liderazgo institucional, sino que debe ejercer dichas funciones con amor, justicia y equidad.  Es fundamental que el pastor desarrolle hábitos consistentes de justicia y equidad en el trato con sus feligreses y fuera de su comunidad eclesial.  El servicio (diaconía) es el motor impulsor del liderato pastoral.   Dentro de esta dimensión el pastor ejercerá los siguientes oficios:

1.     Supervisión Pastoral a la congregación y a los ministerios que funcionan dentro de la iglesia.

2.     Organización Eclesiástica Eficiente

3.     Planificación Estratégica

4.     Manejo de Conflictos

5.     Desarrollo de Proyectos

6.     Trabajo en la Comunidad sobre asuntos que afectan la misma.

C)    Área de Cuidado y Guía Pastoral (Juan 10:1-6, Mateo 18: 10-14; Lucas 15:3-6): Una tarea de vital importancia en la congregación es el Cuidado pastoral y la dirección espiritual de los miembros.  En medio del caos de gobernabilidad existente en Puerto Rico, y junto al incremento de los problemas sociales se hace imprescindible una adecuada dirección y un programa de consejería pastoral continua y accesible para los creyentes.  Dentro de esta área el pastor ejercerá las siguientes tareas.

1.     Visitación periódica a los miembros.

2.     Conversaciones informales y formales con los jóvenes, familias y miembros de la congregación.

3.     Horarios de oficina para que los hermanos / as puedan asistir para asesoramiento pastoral.

4.     Dirección espiritual

5.     Fomento de la Adoración profunda

6.     Desarrollo de Retiros y momentos de fortalecimiento espiritual para la iglesia.

Estas actividades son fundamentales dentro de la tarea pastoral.  Todas tienen importancia dentro de la vida tanto de la congregación como de la comunidad donde ésta se encuentra. 

II. El Pastor como Ministro del Evangelio

Con estas aclaraciones procedo a establecer la relevancia del ministerio pastoral en nuestro mundo moderno.  La tesis de este escrito consiste en declarar (aunque el ministerio pastoral como disciplina teológica tiene su importancia en sí mismo) que lo que valida o justifica el ministerio pastoral en un mundo secularizado es que el pastor tenga integridad de corazón para apacentar a su pueblo y que esta labor pastoral sea hecha con competencia (pericia)

En otras palabras, para que la tarea pastoral sea considerada pertinente en esta sociedad, es necesario enfatizar el quién y el cómo lo hace.  El quién nos habla de la naturaleza del servidor y el cómo de la calidad de su servicio.  Estos dos (2) aspectos determinan principalmente lo relevante del ministerio pastoral en una sociedad secular. 

El salmista idealizando al rey David nos muestra lo que hizo que la labor pastoral del Rey David fuese valiosa dentro de su pueblo.  Él “los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos.”[2]

Resumiendo, dos aspectos tienen que acompañar la tarea pastoral para que esta sea existencialmente relevante en una sociedad secularizada; la integridad del corazón y la pericia de las manos del pastor.

La integridad personal es una señal distintiva de la madurez del líder.  Es casi imposible que un ministro pueda mejorar la calidad de vida de una organización o congregación, sin que antes él no haya tenido el suficiente desarrollo personal que le permita comenzar cambios en sí mismos. 

A. Integridad Personal:

Cuando hablo de madurez personal nos referimos al desarrollo de entendimiento de los propósitos de Dios en mi vida y la capacidad para articular dichos propósitos y convertirlos en acciones concretas congruentes.  Decía un insigne pensador: 

La madurez en la etapa de la vida en que ya no nos dejamos engañar por nosotros mismos.”

Se alcanza madurez cuando comprendemos que realizar los propósitos de Dios para mi vida representa mi contribución a la obra del Señor y por ende el bienestar de mi pueblo.  Alcanzar madurez implica abrirse a nuevos entendimientos de sí mismo y de su realidad con el fin de descubrir dilemas de incongruencias e inconsistencias y comenzar a superarlos.  Es comenzar un viaje hacia dentro de nosotros mismos con la asistencia primaria del Espíritu Santo y de personas capacitadas que me ayuden en el logro de la meta deseada. 

La madurez nos evita el “autoengaño” y trae la integridad personal o de corazón como el salmista le llama.  La integridad se distingue por una vida balanceada que nos permite vivir y satisfacer las diversas áreas de la vida personal.  Una vida balanceada tiene que tomar en consideración los siguientes aspectos:

a)     Disciplina física—cuidado de la salud y la condición física

b)     Estimulación intelectual—Se requiere mantener de forma continua y sostenida el pensamiento y la reflexión en diversos asuntos.

c)      Satisfacción emocional—es importante invertir tiempo en actividades recreativas, culturales y sociales que fomenten el descanso y la satisfacción.

d)     Vida Espiritual—Cultivar la vida espiritual en una relación e intimidad con Dios a través de la adoración, oración, meditación, el servicio, el ayuno y el estudio devocional de las Sagradas Escrituras.

Ahora bien, cuando Dios llama a un ser humano al ministerio, de inmediato el Espíritu Santo comienza a trabajar con él o ella.  Según J. Robert Clinton[3], Profesor de Desarrollo Ministerial en Fuller Theological Seminary, Dios desarrolla la integridad personal de un líder pasándolo por cinco (5) etapas, a mencionar:  

  1. La primera etapa se relaciona con la providencia o gracia divina en la vida del líder o lo que podemos llamar conversión.  De hecho, la conversión es el fundamento de todo ministerio cristiano.
  2. La segunda etapa es la entrada el ministerio.  En esta etapa Dios confronta y dirige al líder al ministerio a través de diversas experiencias de gracia.  Dios comienza el trabajo de madurez, asignando pequeñas tareas ministeriales que a medida que el líder cumple, va aumentando en complejidad.
  3. La tercera etapa es de aprendizaje relacional.  Dios dispone al candidato para relacionarse con personas de las cuales aprenderá, recibirá motivación e influencia.  En esta etapa, dice Clinton, el candidato aprende a relacionarse con las estructuras organizacionales y comienza a crear nuevas estructuras que realcen su ministerio.  En esta fase, Dios usa las complicaciones ministeriales para desarrollar la madurez personal y ministerial del candidato. 
  4. La cuarta etapa es la de discernimiento.  En esta etapa Dios desarrolla destrezas y hace consciente al candidato de la dinámica espiritual del ministerio.  Dios expande la perspectiva personal del candidato para ayudarlo a identificar la voz de Dios en cada proceso de su ministerio.  Dios reta al candidato para que amplíe las fronteras de su entendimiento para que puede cumplir con efectividad sus propósitos.  En esta etapa se aprende a sensibilizarse de la realidad del mundo espiritual más allá de la realidad física y a depender del poder de Dios en el ministerio cristiano. 
  5. Finalmente, la quinta etapa se le llama de convergencia. Es en esta etapa que se desarrolla ampliamente la autoridad pastoral, ya que el líder es guiado por Dios hacia un rol en que puede parear los dones espirituales, la experiencia y su temperamento. En esta etapa de madurez que es delegada por Dios y se desarrolla un ministerio poderoso en la que el Cristo vivo utiliza los dones espirituales del líder y su madurez ministerial para manifestar plenamente su poder.  En esta etapa Dios desea un balance entre el fruto del Espíritu y los dones espirituales.

Esta integridad personal se va a manifestar en seis (6) aspectos necesarios dentro del ministerio pastoral, a mencionar:

  1. Integridad como fidelidad al Señor: Es necesario que el administrador sea hallado fiel.
  2. Integridad al rol pastoral. Cada acercamiento que hacemos a nuestra congregación lo hacemos como pastor, no importa la preparación que tengamos.
  3. Integridad a las Escrituras. La Escritura es nuestro documento de Fe y conducta. El pastor tiene que ser integro en el uso de las Escrituras.
  4. Integridad hacia la Congregación. Nuestra relación con nuestra congregación tiene que ser de respeto y de servicio.
  5. Integridad a Nuestra ordenación. Hicimos un pacto cuando fuimos nombrados pastores / as; Nunca debemos olvidarlo.
  6. Integridad para reconocer los límites. El pastor tiene que ser honesto con él y con su grey. Debe reconocer sus límites y no ir más allá de estos.

B. La pericia de sus manos

La palabra pericia se define como habilidad, competencia, destreza, ciencia o arte.  Cuando el salmista dice que David pastoreó con la “pericia de sus manos,” nos dice que su labor fue eficiente.  Se requiere además de la integridad del corazón, sabiduría y cuidado al dirigir una congregación. En muchas ocasiones enfatizamos el conocimiento de ciertos aspectos de índole intelectual como requerimiento para el ejercicio de una pastoral efectiva.  Sin embargo, no nos podemos olvidar de la importancia de la sabiduría como la verdadera competencia en la labor pastoral.

CONCLUSIONES

El trabajo pastoral será pertinente y relevante si el pastor tiene pericia para proveer, proteger y guiar a su pueblo.  El pastor necesita conocer la disciplina que él a tomado como trabajo de su vida.  Dentro de su pericia debe existir una ejecución pastoral justa, humilde y respetuosa hacia toda la congregación.  El pastor debe ser un motivador y organizador de su grey, para ubicar a cada hermano en aquellas tareas que parean con los talentos y dones espirituales recibidos. 

Es necesario que el pastor sepa la condición de sus ovejas para poder ayudarlas.  Se requiere del pastor un alto grado de competencias en las relaciones humanas, administración y liderato y en consejería pastoral.  El pastor debe ser un estratega en asuntos de proyectos y desarrollo de la iglesia.  Debe tener un alto grado de confiabilidad y nunca debe lucrarse de sus ovejas.  El uso y manejo del dinero y sus relaciones humanas son dos de las áreas que requerirá pericia en sus manos.  Por lo tanto, el pastor deberá ser un perseguidor de la sabiduría para enfrentar los continuos retos de su medio ambiente y los reclamos de su congregación.

¿Qué hace la labor pastoral relevante en una sociedad secularizada?  ¿Qué hace de esta labor una significativa para las personas?  Para que una tarea pastoral tenga relevancia se requiere que el ministro tenga integridad de corazón y pericia en sus manos.  Esta combinación hace de los servicios pastorales tareas necesarias y relevantes a las comunidades donde se sirve. 

Las comunidades anhelan líderes que sean íntegros en su conducta personal y profesional, y que demuestren pericia y efectividad en lo que hacen.  Esa combinación es ciertamente las cualidades necesarias para validar nuestros ministerios en el lugar donde Dios nos llamó.  ¡Muchas bendiciones!


Notas:  

[1] Thomas C. Oden. Pastoral Theology: Essential of Ministry. (New York: HarperCollins Publishers, 1983)

[2] Salmo 78: 72

[3] Robert J. Clinton. The Making of a Leader: Recognizing the Lessons and Stages of Leadership Development. (Colorado Springs: NAVPRESS, 1988).

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