¡Que se callen los cristianos! ¿De verdad?


March 2004 — Woman Shushing — Image by © Anne Domdey/CORBIS

Por Samuel Caraballo-López

Pero él respondió:

—Les aseguro que, si ellos se callan, gritarán las piedras. (Lucas 19:40 NVI)

INTRODUCCIÓN

El texto del 27 de septiembre de 2020, décimo séptimo (17) domingo de Pentecostés, y centésimo nonagésimo sexto (196) día de “lockdown” por el COVID-19, lo encontramos en Mateo 21: 23-32. Un texto de suprema importancia para sostener nuestra participación en la arena pública hoy.

DESARROLLO

Mientras Jesús enseñaba en el templo, en su última semana, se acercaron los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: ¿Con qué clase de autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad?  (Mateo 21:23)

Jesús estratégicamente le devuelve una contra pregunta sobre el bautismo de Juan y su procedencia — ¿el bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo o de los hombres?–  Los principales sacerdotes y los ancianos se niegan a contestar por las implicaciones de su respuesta ante la multitud que le escuchaba (verso 25).

Jesús asumiendo la misma actitud de sus detractores se niega a contestar las preguntas de los líderes de Jerusalén:

Y Él les dijo: Tampoco Yo os digo con que clase de autoridad hago estas cosas (verso 27)

La realidad es que la pregunta de los líderes de Jerusalén es muy válida.  Jesús había entrado a Jerusalén en una procesión que produjo consternación entre estos líderes (Mateo 21: 1-10).  Inmediatamente que entró en la ciudad, acudió al templo y creó una crisis al echar a todos los que vendían y compraban animales para los sacrificios, y luego confrontó a los cambistas volcando sus mesas de trabajo.

Además, utilizando el lenguaje del profeta Jeremías (7: 11) afirma la función principal del templo como Casa de Oración, tal como Salomón lo establece en la dedicación del primer templo (1 Reyes 8: 28-53)   De inmediato comenzó a realizar milagros entre los enfermos (Mateo 21: 14-15), y les enseñaba.

 A la luz de estas acciones de Jesús la pregunta sobre la naturaleza y fuente de su autoridad era obligada. El concepto griego para referirse a la autoridad en el Nuevo Testamento es  exousia, y se refiere a aquello que le da legitimidad al poder humano.  Es decir, la autoridad es la justificación ideológica que legitima o da el permiso al poder político o religioso para actuar.

Las preguntas de los ancianos y principales sacerdotes van dirigidas a dos (2) aspectos de la autoridad de Jesús: (a) la naturaleza de su autoridad, y, (b) la fuente de su autoridad.  Cuando se pregunta la naturaleza de la autoridad de Jesús hay dos (2) posibles respuestas dentro de la intención de aquellos judíos, a mencionar: (a) autoridad profética (Mateo 21:11), o (b) autoridad mesiánica (Mateo 16: 16).

La segunda pregunta de los líderes de Jerusalén se refiere a la fuente de la autoridad de Jesús, y que podrían ser al menos tres (3) para los judíos: (a) Dios (del cielo), (b) los hombres (una fuente humana), o (3) Beelzebul (Satanás) (vea Mateo 12:24).

Jesús procede a confrontar a los principales sacerdotes y ancianos de Jerusalén con una parábola (Mateo 21: 28-32).  Según Metzger existen al menos tres (3) formas distintas de la trasmisión de esta parábola entre los manuscritos más conocidos, por lo tanto, seguiremos la secuencia narrativa que este erudito propone [1].

El mayor de los hijos al ser invitado a trabajar en la viña del padre dijo que no iría y luego por remordimiento fue.  El hijo menor dijo que iría y después no hace nada.  ¿Les pregunta, quién de los hijos hizo la voluntad del padre?  Ellos contestaron el primero.   Jesús les confronta con la enseñanza de que los publicanos y las rameras irían antes [proago] que ellos al reino de Dios, porque Juan vino a ellos con camino de justicia (Proverbios 8:20) y no le creyeron, pero las rameras y publicanos sí, y aún ellos como líderes, habiendo visto esto, no se arrepintieron [metamelomai] ni le creyeron.

La viña en la Biblia hebrea simboliza a Israel basado en la analogía del profeta Isaías (5: 1-7), y por lo tanto, el mensaje de Jesús esta dirigido a estos líderes de Jerusalén. Estos, además de ser inconsistentes al rechazar el mensaje de Dios a través de Juan el bautista, fallaban en cumplir con su rol principal de ser los “pastores” o cuidadores del pueblo elegido (la viña de YHVH).

Esta enseñanza no era nueva en Jesús, pero en las dos (2) parábolas subsiguiente lo va ha desarrollar con mayor claridad:

“Por esto os digo que el reino de Dios os será quitado y será dado a un pueblo que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43).

De hecho, la llave que abre las puertas del del reino de los cielos está dado en el primer mensaje de Juan en el desierto de Judea:

“Arrepentíos, porque el reino de los Cielos se ha acercado” (Mateo 3: 2)

De manera idéntica Jesús expresa el mismo mensaje al iniciar su ministerio en Galilea:

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4: 17).

APLICACIÓN

Las mismas preguntas que los líderes de Jerusalén hicieron a Jesús, el mundo nos las está haciendo, y debemos dar respuestas. ¿Cómo contestamos esas preguntas hoy?

Primero, nuestra autoridad como cristianos nos es delegada por Jesucristo.  La naturaleza de la autoridad recibida es en nuestro rol como discípulos o seguidores de Jesús, quien es el Soberano de los reyes de la tierra (Apoc 1:5) y a quien le fue dada toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mateo 28: 18).

Ahora bien, la delegación de autoridad que está vinculada a nuestro rol en el mundo tiene dos (2) aspectos, ser sal de la tierra (Mateo 5: 13) y luz del mundo (Mateo 5:16).  En el primer caso, ser sal, se relaciona con evitar la corrupción del mundo. La metáfora de la sal nos invita a asumir en la arena pública acciones que eviten que nuestro mundo se deprave, y por lo tanto se autodestruya.  Tenemos que utilizar la autoridad recibida para evitar el “envilecimiento” de nuestra tierra (Salmo 12: 8).

Un elemento que propicia la impiedad del ser humano es la ausencia del temor reverente a Dios. Se ha encontrado que un factor que nos hace perder el respeto por Dios es el “analfabetismo bíblico” que hoy existe. ¿A qué se debe ese “analfabetismo bíblico”? ¿Cómo podemos resolver este problema? No hay duda de que se ha descuidado en gran manera la educación cristiana en las congregaciones, sin embargo, la solución al “analfabetismo bíblico” no consiste solo en un mayor conocimiento de la Biblia, sino un mayor empoderamiento para leer, interpretar, y confiar que las propias experiencias con el Espíritu de Dios son importantes y marcan la diferencia en la vida.

El segundo papel explícito que Jesús nos asignó es el de ser luz del mundo (Mateo 5: 16). Esta designación de Jesús declara que sus discípulos iluminarán al mundo en tiempos de confusión y crisis.  Un ejemplo claro de esto ocurrió durante la novena plaga que YHVH envio a Egipto para obtener la libertad de su pueblo:

 “Durante ese tiempo los egipcios no podían verse unos a otros, ni moverse de su sitio. Sin embargo, en todos los hogares israelitas había luz” (Éxodo 10: 23 NVI)

Esta delegación se enfoca en la conducta personal del discípulo en la que éste se convierte en prototipo de lo que es la acción transformadora de Dios. Por lo tanto, la autoridad delegada por Jesús a sus discípulos de ser sal y luz de la tierra implica que las acciones y testimonio público de estos serán coherentes con los valores del reino de los cielos.

Ahora bien, debemos estar muy atentos para no sobrepasar la autoridad que nos ha sido delegada por Jesús.  Recuerde que cuando esa autoridad fue delegada a los discípulos las enseñanzas de Jesús, aunque eran conocidas, no estaban escrita en documentos.  La autoridad más bien provenía de la relación obediente que el discípulo tenía con su maestro.  En muchas ocasiones hemos sustituido la relación con Dios, con el conocimiento teológico de las Sagradas Escrituras. En ocasiones creemos que la autoridad proviene de nuestro peritaje en la interpretación del texto bíblico. Querido hermano, esto no es así.

Es de vital importancia que entendamos que nuestra autoridad proviene de una relación adecuada con Dios, y nuestras palabras y acciones tienen como referencia los principios del evangelio del reino de Dios proclamado por Jesucristo.

Nuestros sermones no tienen ninguna autoridad si no inspiran a nuestra gente a vivir su fe. De hecho, nuestras enseñanzas y homilías carecen de autoridad si no ayudan a nuestra gente a interpretar el mundo teológicamente. Tampoco nuestros discursos tienen autoridad en absoluto si no le muestran al pueblo a vivir una fe encarnada en un mundo real.

En los creyentes tiene que existir una correlación entre palabra y acción, entre ideas e implantación, entre visión y acción. La autoridad se reconoce y se afirma solo cuando hay integridad. Si las personas acceden a posiciones de autoridad con “dobles” vidas y “esqueletos” en el closet, su autoridad debería, como mínimo, ser cuestionada y, en última instancia, ser despojados de su poder.  Dada esta verdad, hay personas a las que no podemos permitir que suban a puestos de autoridad durante estas próximas elecciones, y mucho menos se preserven en sus puestos.

En conclusión, los cristianos necesitamos encarnar una autoridad que muestre la integración del ego y el llamado, de la identidad y la vocación. Y es de vital importancia que cuando hablemos de la fuente de nuestra autoridad no estemos pensando en la iglesia a la que asisto, ni en la universidad o seminario que estudié, ni en las ideas que tengo, los credos que he abrazado, ni en las doctrinas que afirmo, más aún, no está en mi dominio del texto bíblico.

La verdadera naturaleza y fuente de nuestra autoridad proviene de un arrepentimiento genuino, de un arraigo a la persona de Jesucristo y una amplia apertura al Espíritu de Dios.  ¡Muchas bendiciones!

Notas:

[1] Bruce M. Metzger. Un comentario textual al Nuevo Testamento griego. Traducción por Moisés Silva y Alfredo Tepox. (New York: Sociedades Biblica Americana, 2006): 44-47.

Bibliografía

France, R. T.  The Gospel of Matthew. Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdemans Publishing Company, 2007.

Lewis, Karoline. “True Authority”. In Dear Working Preacher. Consulted September 26, 2020, at http://www.workingpreacher.org/craft.aspx?post=4974

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