Más que parecer, hay que ser …


Por Samuel Caraballo-López

Pero el Señor le dijo a Samuel:

—No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón (1 Samuel 16: 7 NVI).

INTRODUCCIÓN

El texto para el 11 de octubre de 2020, décimo noveno (19) domingo de Pentecostés y ducentésimo décimo (210) día de “lockdown”, lo encontramos en Mateo 22: 1-14.  La “fiesta de bodas” es la tercera de la serie de parábolas que comenzó con la de los “dos hijos” en Mateo 21: 28-32, continuó con la de los “labradores malvados” en Mateo 21: 33-43, y que hemos discutido en los pasados domingos. 

La audiencia de esta tercera parábola es la misma audiencia de las anteriores, es decir los principales sacerdotes y los ancianos de Jerusalén, que eran en su mayoría de la secta de los fariseos (Mateo 21: 45).  Es decir, el auditorio primario al Jesús exponer estas parábolas su última semana eran los líderes de Jerusalén.  Este asunto es importante a la hora de hacer exégesis del pasaje, sin ignorar que esta parábola es reinterpretada para responder al nuevo contexto en la redacción que hacen tanto Mateo como Lucas.

Es importante, antes de entrar en el análisis de esta parábola, hacer una breve comparación de la redacción que hace Lucas 14: 16-24 del pasaje paralelo de Mateo, y que es llamada la parábola de la “gran cena”.  Primero, la audiencia de Lucas es diferente a la de Mateo, y se compone de los invitados a un banquete en casa de un principal de los fariseos, antes de Jesús llegar a Jerusalén.  Específicamente esta parábola de Lucas aparece en los relatos de la “subida de Jesús a Jerusalén” (9: 51-19:28)

En Lucas la causa de la exclusión de los comensales era la misma que en Mateo, fueron invitados y no respondieron.  De hecho, en Lucas no era una boda del hijo del rey, sino una gran cena, y la trama se centra en las excusas ofrecidas para no asistir al banquete; además hay dos (2) oleadas de reemplazo de invitados, que pueden representar a judíos y gentiles.  En Lucas no se dice nada sobre el maltrato a los mensajeros, y el anfitrión no toma ninguna acción violenta para castigar a los invitados originales que se negaron a asistir a la gran cena.

En la parábola de Lucas todo se detiene cuando el salón está lleno, no hay una segunda escena en la que se expulsa a alguno de los nuevos invitados.  La parábola de Lucas es más simple que la de Mateo. Ya hemos visto que Mateo en la redacción tiende a complicar las narrativas. Parece más lógico asumir que Jesús contó dos (2) parábolas relacionadas pero separadas en diferentes ocasiones y esto puede explicar que la de Mateo parece ser una revisión editorial de la de Lucas. Pienso que desde el punto de vista exegético es preferible leer cada parábola de acuerdo con el contexto particular en que cada evangelista la redactó.

DESARROLLO

  • La fiesta de Bodas (Mateo 22: 1-2)

Jesús tomó nuevamente la palabra, y les habló en parábolas, diciendo: El reino de los cielos fue hecho semejante a cierto rey que hizo la fiesta de bodas para su hijo (BTX).

La parábola de la “fiesta de bodas”, al igual que la que le preceda, nos habla de personas que no viven de acuerdo con lo que se espera de ellas, y pierden el lugar de privilegio y son reemplazadas por un grupo “sorpresivo”, los últimos pasan a ser primeros y los primeros últimos.

Hay un obvio paralelo entre este relato y la parábola de los “labradores malvados”, que ya discutimos, en la que son enviados dos (2) grupos de esclavos a buscar el fruto que le corresponde al propietario, y que son maltratados y asesinados por los inquilinos de la viña.  En la anterior parábola la misión de los enviados culmina con el asesinato del hijo del propietario, mientras que en esta parábola la culminación se da al rey enojarse con la actitud de indiferencia y desprecio de los invitados, y destruye su ciudad.

  • Invitación denegada (Mateo 22: 3-8)

El reino de los cielos fue hecho semejante a cierto rey que hizo la fiesta de bodas para su hijo. Y envió a sus siervos para llamar a los que habían sido invitados a la fiesta de bodas, y no querían venir.  Volvió a enviar a otros siervos, diciendo: Decid a los que han sido invitados: He aquí, he preparado mi banquete, se han sacrificado mis novillos y las reses cebadas, y todo esta dispuesto: venid a la fiesta de bodas (Mateo 22: 2-4).

En este relato la doble invitación en los versos 3-4 podrían simbolizar primero a los profetas de Israel que prepararon el camino para el Mesías, y luego los predicadores cristianos que convocaban a las personas para entrar en el reino de los cielos. Hay que recalcar que rechazar una invitación real era considerado en la cultura mediterránea como un insulto a la dignidad del rey, y podía ser considerado como una traición al reino. Cuando Israel rechazó la invitación fueron castigados con la destrucción de Jerusalén (verso 7), y un nuevo conjunto de mensajeros fueron enviados para convocar a los gentiles a tomar su lugar (8-10).

La anterior interpretación probablemente haya sido fácil de entender para los lectores cristianos de finales del siglo I, y es posible que esta fuese la intención redaccional de Mateo; sin embargo, esto no seria obvio para los líderes judíos a quienes se dirige la parábola primariamente.  Hay que estar consciente que hay al menos dos (2) contextos interpretativos en esta parábola, la audiencia primaria de los líderes de Jerusalén y en segundo lugar la comunidad de Mateo a quien se dirige esta.

El hijo del rey, que se menciona en el verso 2, no juega ningún papel en el resto del relato.  Por otro lado, la doble invitación de los versos 3-4 se ajusta al patrón cultural de la época y no se requiere ninguna explicación alegórica; los invitados de reemplazo de los versos (8-10) fueron reclutados de la propia ciudad del rey y no son extranjeros.

Ahora bien, es preferible leer esta parábola de la misma forma que las dos (2) parábolas que le preceden; como una advertencia para aquellos que rechazan el llamado de Dios.  Los que así lo hacen se enfrentan a la exclusión y al reemplazo definitivo. La interpretación de esta parábola en nuevos contextos se le deja al entorno en que se lee la parábola.  Es importante insistir que el significado primario de la parábola no es necesariamente el mismo discernido por un lector cristiano posterior.

Como ya hemos mencionado, la parábola en Mateo tiene un doble significado que hay que considerar al estudiar el pasaje. El simbolismo es muy claro en cuanto a la respuesta de Dios frente a la indiferencia e insulto de Israel. Dios no puede ignorar la violencia institucionalizada de Israel hacia Él y sus mensajeros, y muchos más hacia su Hijo, Jesús.  La retribución del rey, expresada en el verso 7, representa el actuar consistente de YHVH tanto en el primer templo de Salomón destruido por Babilonia, y el segundo templo de Herodes, también arrasado por el imperio romano.  La indiferencia y rechazo a la voz de Dios a través de sus mensajeros acarrea juicio para los responsables.

  • Los nuevos invitados (Mateo 22: 9-13)

Id pues a las encrucijadas de los caminos, y llamad a la fiesta de bodas a cuantos halléis. Y saliendo aquellos siervos a los caminos, y reunieron a todos los que hallaron, tanto malos como buenos, y el salón de bodas se llenó de invitados (Mateo 22: 9-10)

Ahora hay una nota discordante, desde el punto de vista cristiano, y aún más, del judío, en estos invitados hay buenos y malos (verso 10).  Esta parábola aclara, no solo el fracaso de los líderes de Jerusalén y sus consecuencias, sino también la naturaleza de la nueva “nación” que hereda la viña (Mateo 21: 43).  Una nación dirigida por Jesús y compuesta por personas de la “calle”, sin ninguna posición especial, como los publicanos y rameras (Mateo 21:31) que son los grupos sociales de más bajo nivel y que ahora entrarán primero al reino de los cielos (versos 9-10).

Por otro lado, ( y muy importante) en la segunda parte de la parábola se centra en uno de los que resultó ser malo, y que se mantuvo malo, y se negó a ponerse el “vestido de boda” (verso 12), y que es “atado” de pies y manos, y consignado a la oscuridad del exterior. Este castigo parece superar la ofensa de este hombre condenado, y nos debemos preguntar, ¿cuál es el significado de este detalle. ¿Por qué Mateo incluye esta redacción? Es importante explicarlo.

APLICACIÓN

Para ser miembro de la nueva nación, en la que Jesús es líder, ya no es una garantía para salvación nacer en el antiguo Israel, sino producir “frutos”, aquí simbolizado por la ropa de boda. Ya Juan lo había expresado en su alocución a los fariseos y saduceos que se acercaban a su bautismo:

 ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseño a huir de la inminente ira venidera? Dad, pues, frutos dignos de arrepentimiento, (Mateo 3: 7-8).

  • Un mensaje subliminal (Mateo 22: 14)

… porque muchos son llamados, pero pocos escogidos (Mateo 22: 14)

El epigrama final de Jesús sobre la diferencia entre ser invitado y ser elegido se aplica tanto a la Iglesia como a Israel. El concepto de una comunidad mixta, dentro de la cual no todos experimentarán la salvación final, ha sido una característica recurrente de este evangelio. Si miramos el cierre del Sermón de la Montaña (Mateo 7: 13-27), especialmente a los impostores, que en Mateo 7: 21-23, pensaron equivocadamente que estaban bien.  Lo mismo sucede en Mateo 25: 1-13, donde se encuentran juntas las vírgenes prudentes y las insensatas, de estas solo aquellas que demostraron sabiduría entraron a la fiesta de bodas.

El principio de que el bien y el mal se mezclan lo vemos también en la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13: 24-30).  En estos ejemplos la advertencia de que es peligroso juzgar por las apariencias y privilegios disfrutados parece ser medular.  Ahora bien, en esta tercera parábola que estamos discutiendo hay una advertencia a la “nueva nación”; de la misma manera que Dios aplicó este principio a Israel, le puede igualmente ser aplicado a ellos que ocupan su lugar.

Ahora bien, ¿Quiénes son los muchos llamados y los pocos escogidos? Según la visión del evangelista Mateo, los llamados son los “nuevos arrendatarios” de la viña, que son invitados a vivir juntamente con Cristo y que tienen como misión producir los frutos esperados por el propietario.  Un pueblo que no es necesariamente judío o gentil, sino que está compuesto por aquellos que son llamados a producir los frutos que a Dios le agrada por medio de Jesucristo.

 El escritor de la carta a los Hebreos lo expresa de manera magistral:

 Ofrezcamos siempre, por medio de Él, sacrificios de alabanza a Dios, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre. Y de hacer el bien y de la ayuda mutua, no os olvidéis, porque de tales sacrificios se agrada Dios (Hebreos 13: 15-16)

¿Quiénes son los “pocos” escogidos según Jesús? Todos aquellos que, negandose a sí mismos, producen los “frutos” que son inherentes a su llamado, es decir aquellos que se han vestido con “traje de bodas”.   El escritor de los Efesios nos ayuda a entender este epigrama de Jesús:

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. 10 Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica (Efesios 2: 8-10 NVI).

Somos llamados por su gracias, y seremos juzgado (evaluados) por poner en práctica o no las obras que El dispuso para nosotros.  Muchas bendiciones,

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