Juan el bautista, el testigo de la encarnación-3er domingo de Adviento


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto del domingo 13 de diciembre de 2020, tercer domingo de adviento y ducentésimo septuagésimo tercero (273) día de “lockdown” por el COVID-19, lo encontramos en Juan 1: 6-8, 15, 19-28. La palabra clave para este tercer domingo de adviento es testimonio

¿Qué es un testimonio?

Es la declaración que hace una persona en forma pública, en un foro o tribunal, para demostrar o asegurar la veracidad de un hecho por haber sido testigo de este. Por otro lado, la evidencia presentada por los testigos es una mezcla de recuerdos, reconstrucciones, imaginación y deseos. El propósito del testimonio en un tribunal es establecer la certeza de una situación particular. Por lo tanto, el testimonio consiste en decir algo que uno mismo ha visto, oído y experimentado. 

Ahora bien, el testimonio es urgente cuando la verdad está en crisis, por una carencia de evidencia.  El testimonio se toma como un retrato real de lo que ha ocurrido.  Los testigos son llamados a relatar lo ocurrido, es decir a dar su versión de la realidad. Cuando un tribunal toma una decisión y acuerda aceptar una versión de la realidad basada en el testimonio, éste se convierte en verdad, y el testimonio en virtud del veredicto es transformado en realidad.

En el caso de las Sagradas Escrituras, específicamente, el Antiguo Testamento, el testimonio es la declaración que Israel expone sobre YHVH.  Israel está declarando la veracidad de las acciones y palabras de YHVH, que ellos mismos han corroborado en su cotidianidad.  El testimonio revela aquello que hasta el momento no se conocía y estaba oculto. El testimonio que Israel da acerca de la naturaleza y carácter de YHVH es considerado por la comunidad eclesial del texto como una manifestación fiable de Dios. 

En el Nuevo Testamento, especialmente en el evangelio de Juan, el testimonio [martyria (gr)] es un recurso clave para presentar la verdad de Jesús.  En su declaración del propósito del libro de Juan, el hagiógrafo declara:

pero éstas (testimonio) han sido escritas para que creáis que Jesús es el Ungido, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida su nombre (Juan 20: 31).

Es a través de la proclamación del testimonio de las Escrituras que el Espíritu nos convence de pecado y nos invita a creer en Jesús, en quien encontramos el regalo de la vida eterna.

DESARROLLO

  • El testimonio de Juan el bautista (Juan 1: 6-8, 15, 29-34)

El cuarto evangelio, consciente de la existencia de ciertas herejías sobre Juan el bautista, comienza sus expresiones sobre el profeta de manera muy intencional:

Hubo un hombre enviado de parte de Dios, llamado Juan; este vino como testigo para que diese testimonio de la Luz, … (Juan 1: 6-7). 

Juan había sido enviado por Dios para ser el primer y principal testigo [martyr (gr.)] de la misión de Jesucristo. Recuerden que el evangelio de Juan, no tenemos nacimiento, ángeles que anuncian, pastores que escuchan, magos que visitan y que atestiguen sobre Jesús. Juan el bautista es quien nos habla del mesianismo y filiación divina de Jesús (Juan 1: 29-34). Este profeta era el reflector de la luz que había venido al mundo; él era la “antorcha” que ardía y alumbraba el camino hacia Jesús (Juan 5: 35).

El testimonio de Juan el bautista sobre Jesús es una declaración humana de una revelación divina:

Y Juan dio testimonio, diciendo:  he contemplado al Espíritu que descendía del cielo como una paloma, y permaneció sobre Él.  Y yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, Él me dijo: Sobre el que veas que desciende el Espíritu y permanece en El, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.  Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios (Juan 1: 32-34).

El testimonio de Juan no descansa en conjeturas, sino en una revelación divina.  Cuando un testimonio se sostiene en una encomienda divina decimos que esta declaración es revelación.  Juan era un profeta porque habia sido llamado por Dios, y actuaba por obediencia divina.  Su principal labor era obedecer a Aquel que lo había llamado desde el desierto como testigo de la Luz (logos) que se había encarnado (Juan 1: 14).

Observemos la función del testimonio de Juan … generar fe en la Luz que vino al mundo.  Todo testimonio cristiano o eclesiástico apunta a generar fe en los oyentes hacia Jesucristo.  Ni la iglesia, ni los creyentes testifican o predican con el fin de promoverse a sí mismos (Juan 5: 31-32).

El hecho de que esta Luz que vino al mundo se convierta en la verdad descansa en la fiabilidad del testigo.  Hay que prestar la atención a la forma, al carácter y detalles del testimonio de Juan, porque es en, con y bajo éste en donde encontramos al Dios encarnado y no en otra parte.  Es en el testimonio de los fieles testigos de la vida, obra, muerte y resurrección de Jesús en donde encontramos la Luz verdadera (logos) que vino al mundo y alumbra a todo hombre.

  • Análisis del texto de Juan 1: 19-28

Los eventos que nos narra esta perícopa ocurrieron un día antes de Jesús llegar a la región de Betania, al este del río Jordán, en el año 27 d. C (vea Juan 1: 35-36).  Una delegación de sacerdotes y levitas desde Jerusalén, y enviada por el Sanedrín para investigar de primera mano lo que estaba sucediendo con Juan el bautista, había llegado a la región.  Su propósito era corroborar si Juan era el Mesías o estaba relacionado con esta profecía, ya que habían surgido con anterioridad falsos mesías y habían traído serios problemas con los romanos. El hecho de que ellos conocían sobre Juan, que según Lucas (1: 5-25) era hijo del sacerdote Zacarías de la clase de Abías, los hizo ser cuidadosos en su investigación (el evangelio de Juan no menciona nada de esto).

Esta comisión de Jerusalén tenía la encomienda de investigar todo sobre el ministerio de Juan, y llevar un informe al Sanedrín sobre los hallazgos.  Sus componentes eran principalmente sacerdotes, pertenecientes a la secta de los fariseos (Juan 1: 24), y guardias levitas vinculados a la seguridad del templo.  Los primeros eran los investigadores y los segundos tenían la responsabilidad de velar por la seguridad de los primeros.  Si había resistencia a responder a las interrogantes de los investigadores y se generaba algún tumulto estos estaban preparados para intervenir.

“Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén unos sacerdotes y levitas para que le preguntaran: ¿tú quién eres?, y confesó (no negó, sino confesó): Yo no soy el Cristo (Juan 1: 19-20).

La primera resolución de Juan fue decir la verdad. De hecho, es la honestidad de Juan es lo que lo capacita para ser un testigo fiel. Hay dos (2) características según el profeta de Jeremías que YHVH avala en las personas: que busquen verdad y hagan justicia:

Recorred las calles de Jerusalén, y mirad, e informaos, y buscad por sus plazas, si podéis hallar un hombre (o una mujer), si hay uno solo que haga justicia [mispat (heb)], que busque la verdad [emunah (heb)], y Yo la perdonaré (Jeremías 5: 1)

¿Qué significa hacer justicia?

La justicia es “un concepto relacional”, que expresa una verdadera y auténtica relación entre dos sujetos. En cierto sentido, la justicia y la alianza están relacionadas en el Antiguo Testamento; podríamos decir que son hermanas, porque estamos hablando de conceptos relacionales. Podríamos decir entonces que la esencia de la justicia bíblica no está en un postulado ético de un orden moral universal, es decir, en unas normas o leyes que hay que cumplir, sino en la fidelidad a una relación de comunión, en el caso concreto entre YHVH y la persona, y de la persona con la otra persona, las naciones y la creación (Walther Eichrod).

El planteamiento de YHVH a Jeremías es ve por las calles y busca alguien que tenga comunión conmigo (hacer justicia), es decir alguien que sea fiel a la alianza.  El buscar verdad tiene que ver con el carácter del ser humano.  Que sea confiable y honesto en sus palabras y acciones, sin dobles intenciones, buscando sacar ventaja de los demás.

Y le preguntaron: ¿Qué, pues?  ¿Eres tú Elías? Y dice: No soy ¿Eres tú el Profeta? Y respondió: NO (Juan 1: 21)

Esta pregunta es interesante, porque el evangelista Lucas dice que Juan haría el papel del precursor del Mesías con el “espíritu y poder de Elías” (Lucas 1: 17), y el mismo Jesús lo llamó Elías (Mateo 17: 12).  Ahora bien, Juan entendió muy bien la pregunta.  Los judíos esperaban “literalmente” a Elías, citando a Malaquías 4: 5, antes de la llegada del Mesías. A la luz de las expectativas judías, Juan contesta con la verdad, NO lo soy.  Dado su error de interpretación, yo no soy ese error.

El interrogatorio continúa, ¿acaso eres el profeta que se menciona en Deuteronomio 18: 15-18?  Para los judíos el profeta que habló Moisés sería un precursor del Mesías.  Los apóstoles le dieron esta designación a Jesús (Hechos 3: 22).  Frente a esta pregunta de los delegados, Juan contesta con un rotundo, NO.

Entonces le dijeron: ¿Quién eres? Para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices acerca de ti mismo?  Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Allanad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías (Juan 1: 22-23).

Soy solo una voz … que dice Allanad el camino del Señor, como dijo el Segundo Isaías en su llamado a salir del Exilio babilónico (Isaías 40:3).  Cuando vayan ante el Sanedrín le dirán que Juan, no es el Mesías, no es Elías, ni el Profeta, es solo una voz en el desierto que nos llama a arrepentirnos como preparación del camino del Mesías a nuestros corazones.  El camino de una relación renovada con Dios comienza con el arrepentimiento, que es un elemento de gracia para rehacer la alianza que el pecado había roto.

Y le preguntaron y le dijeron: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?  Juan respondió diciendo: Yo bautizo con agua, pero hay uno que ha tomado sitio entre vosotros, que vosotros no conocéis, el que viene después de mí, de quien no soy digno de desatar la correa de su sandalia (Juan 1: 25-27).

La mejor pregunta que hace la delegación, si tú no tienes “standing”, ¿para que estas bautizando a esta gente?  ¿Por qué estás creando falsas expectativas entre el pueblo?  Juan está utilizando la metáfora de la llegada de un rey a una provincia como explicación a sus acciones y palabras.  Cuando se sabe que el rey viene todo el lugar se limpia y se arregla para darle la bienvenida al lugar.  De la misma forma el arrepentimiento es el que “allana” el camino para que el Mesías entre a nuestros corazones.

APLICACIÓN

La segunda respuesta de Juan es loable, yo solo realizo un ritual simbólico y estimulante para que el ser humano se abra al arrepentimiento y a la purificación, para que sea el Espíritu el que transforme sus vidas.  Yo, dice Juan, soy insignificante ante la majestuosidad y poder del Mesías.  Ni aún la función más humilde de un esclavo, que es desatar las sandalias y lavar los pies del Mesías soy digno de hacer.

Es clara la invitación que hace Juan a los judíos … “enderecen el camino del Señor por medio del arrepentimiento para que el Mesías pueda morar en sus corazones”.  Abran su corazón para que la Luz Verdadera (logos) ponga en orden su vida. 

Solo el Mesías, que ya está entre vosotros, pero que ustedes por estar enfocados buscando falsos mesías, no han conocido al verdadero, puede purificar sus corazones con su Espíritu.  ¡A Él sea la gloria!

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