Sí gracias, pero No gracias …


Por Samuel Caraballo-López

Introducción

El texto para el 20 de diciembre de 2020, cuarto domingo de adviento, y ducentésimo octogésimo (280) día de “lockdown” por el COVID-19, lo encontramos en Lucas 1: 26-38.   Este relato tiene como intención demostrar el cómo fue el nacimiento virginal de Jesús el Mesías.  El contenido de la perícopa demuestra el carácter libre, soberano y particular de Dios al cumplir sus propósitos y promesas.

Hay solo dos nombres de ángeles conocidos en las Sagradas Escrituras canónicas: Miguel, que aparece vinculado a Israel como pueblo (Daniel 12: 1) y Gabriel, relacionado a dar entendimiento a las personas afectadas por eventos divinos de difícil interpretación, y a ser portador y comunicador de mensajes especiales de parte de YHVH a diferentes personajes que así lo requerían (Daniel 8: 15-19; 9: 21-22, 10: 9; Lucas 1: 8-19; 26-38). 

En el caso que nos incumbe, Gabriel pasa por alto a Jerusalén, la ciudad Santa, y toda la provincia de Judea, para llegar a un lugar donde nadie llegaba, a Nazaret una villa de Galilea.  De hecho, Nazaret era un lugar insignificante, que no se menciona en el Antiguo Testamento, ni en los escritos rabínicos e inclusive por el historiador Flavio Josefo. Además, Galilea era despreciada por la comunidad judía de Jerusalén por su mestizaje racial, cultural y religioso (Juan 1:45-47).  Esta villa estaba localizada entre las ciudades portuarias de Tiro y Sidón, y durante las guerras tanto helénicas como romanas había sido invadida por dichos ejércitos. 

En esa localización vivía una joven virgen que estaba comprometida para casarse con José de la casa de David.  Es posible que José era parte de una significativa cantidad de residentes de Judea, que habían emigrado a Galilea.  En ciertos evangelios apócrifos se decía que esta joven tenía apenas 14 años y en otros se dice que eran 12 años al momento de ocurrir la visitación angelical. La edad de matrimonio de una joven judía fluctuaba entre los 12 a 20 años.  Así que estamos en presencia de lo que hoy llamamos una adolescente, que por lógica era analfabeta y pobre, aunque no parezca dada las respuestas que Lucas pone en sus labios (vea el Magníficat, versos 46-55).

Es posible que el conocimiento que María tenía de las Escrituras provenía de sus experiencias en la sinagoga de Nazaret (Marcos 6: 1-2) y de la memorización de porciones bíblicas que había escuchado.  Así que la profecía de la llegada del Mesías era conocida por ella al momento del encuentro con Gabriel.

La noticia más grande jamás proclamada en Israel le es trasmitida a una joven mujer humilde, pobre y que asumimos era analfabeta, de una ciudad marginal y desconocida ¡Qué paradoja!  ¿Por qué YHVH no escogió a la hija de Caifás o de alguno de los miembros del Sanedrín, que vivían en Jerusalén? Estas eran personas ricas, educadas, con recursos y asistencia médica para hacer que su Hijo viniese a este mundo de manera más “digna”.  ¿Por qué Dios se complace en complicarle la vida a esta mujer pobre?

Desarrollo

(1) Acercamiento de Gabriel a María (Lucas 1: 26-29)

26 A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, 27 a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David. La virgen se llamaba María. 28 El ángel se acercó a ella y le dijo:

—¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo.

29 Ante estas palabras, María se perturbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo.

El relato de los encuentros con el ángel Gabriel en otros contextos había provocado en los receptores debilidad y pérdida del habla (mudez) (Lucas 1:20).  En el caso del sacerdote Zacarías lo dejó mudo 9 meses por su incredulidad.  A Daniel lo debilitó, se turbó, y estuvo enfermo por algunos días (Daniel 8: 18, 27; 10: 9). Lo interesante de este relato es que, a María, la joven de Nazaret, ni la debilitó, ni se quedó muda; aun cuando se turbó mucho, su mente se mantuvo alerta e inquisitiva.

(2) El anuncio del Ángel Gabriel (Lucas 1: 30-33)

 —No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor —le dijo el ángel—. 31 Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Él será un gran hombre, y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David, 33 y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin.

La declaración de Gabriel de que esa niña de Nazaret sería madre del Mesías prometido, sorprende a los lectores, y por supuesto a María.  El niño que nacerá es doblemente proclamado por Gabriel: (a) Primero, cumplirá las expectativas de Israel ya que este niño será el Mesías davídico (2 Samuel 7: 9, 13-16), y (b) segundo, el niño sobrepasará las expectativas de Israel, ya que será llamado Hijo unigénito de YHVH, cuyo reino será eterno por el poder del Espíritu Santo.  Esta anunciación nos sugiere que la verdadera identidad de Jesucristo que es la unión perfecta de dos naturalezas, divina y humana, en una sola persona. Jesucristo es verdadero Dios y hombre.   María, por otro lado, es la primera discípula de Jesucristo.

Me pregunto: ¿Realmente para una joven soltera esto era una “bendición”?  La contestación es Sí y No. Ser madre del Mesías era un privilegio para cualquier mujer israelita. La realidad de su mundo la exponía a un alto riesgo de muerte.  Una sociedad patriarcal de vergüenza y honor no toma en consideración a la persona, sino al acto, y el efecto de este en su familia.  El relato de Mateo dramatiza esta situación al mencionar a José, su prometido:

El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue así: Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero, antes de unirse a él, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. 19 Como José, su esposo, era un hombre justo y no quería exponerla a vergüenza pública, resolvió divorciarse de ella en secreto. 20 Pero, cuando él estaba considerando hacerlo, se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo (Mateo 1: 18-20).

Las implicaciones que esto tenía para una mujer soltera, y comprometida por su familia para casarse con José el carpintero, eran altamente peligrosas.  Ese actuar de Dios, que va más allá de las formulaciones culturales, raciales y de género demuestran el carácter soberano, impredecible y libre de YHVH.

(3) Las interrogantes del que es llamado (Lucas 1: 34)

34 —¿Cómo podrá suceder esto —le preguntó María al ángel—, puesto que soy virgen?

¿Cómo Dios hace las cosas? ¿Cómo Dios cumple sus promesas?  ¿Cómo Dios hará lo que es imposible para mí? Esta es la pregunta obligada de cada persona que es llamada ha realizar cosas imposibles que Dios quiere que hagamos.  Es la pregunta de Sara (Génesis 18: 12-14), Moisés (Éxodo 3: 11), Jeremías (1: 6) y la de Zacarías en la escena anterior en Jerusalén (Lucas 1: 18).  Es mi pregunta y tu pregunta, ¿Cómo y cuando lo hará?   La respuesta de Elohim en la teofanía de Mamre a Abraham es también respuesta para nosotros: ¿Carece de fuerza una palabra que viene de Elohim? (verso 14). Esto es lo que tenemos que creer.

(4) La explicación de Gabriel (Lucas 1: 35-38) 

35 —El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios. 36 También tu parienta Elisabet va a tener un hijo en su vejez; de hecho, la que decían que era estéril ya está en el sexto mes de embarazo. 37 Porque para Dios no hay nada imposible.

38 —Aquí tienes a la sierva del Señor —contestó María—. Que él haga conmigo como me has dicho.  Con esto, el ángel la dejó.

Lo que explica Gabriel no es una unión sexual de lo divino con lo humano como nos describe Génesis 6: 1-7, las epístolas judeo cristianas de 2 Pedro 2: 4-5 y Judas 6 y 7 y que precipita el juicio del diluvio.  El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder creativo de YHVH engendrará al Logos en tu vientre.  Este es el mismo Espíritu que hizo la creación (Génesis 1: 2; Salmo 104: 30).

El desafío más grande que tenemos como creyentes es encarnar el testimonio que Gabriel hace de YHVH … No hay nada imposible para Dios

APLICACIÓN

Esta descripción del milagro de engendrar al Logos que aconteció en María es similar a la experiencia de transformación que experimentamos en Cristo Jesús.  Jesús se lo explica a Nicodemo:

No te sorprendas de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”. El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu (Juan 3: 7-8).

El apóstol Pablo declara el gran milagro de la nueva creación en Cristo Jesús:

17 Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 18 Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: (2 Corintios 5: 17-18).

El relato de la anunciación a María, es también nuestra historia de vida.  Es en medio de la confusión, la incredulidad y desesperanza que Dios aparece, para darle sentido a nuestra existencia. No hay duda de que la fidelidad y el amor inconmensurable de Dios que es revelado en el mensaje de Gabriel es también para nosotros hoy: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también lo nacido será llamado Santo, Hijo de Dios.” 

Por otro lado, la declaración del Angel Gabriel al cierre de su mensaje a Maria tiene total vigencia hoy en medio de la Pandemia del COVID-19.  En este momento que se ha aprobado al menos cuatro (4) vacunas (2 en Estados Unidos y Europa, una (1) en Rusia y otra en China ) con un 90% de efectividad para combatir esta pandemia, y que han sido producidas en un tiempo mínimo, nos indica que las palabras de Gabriel son también para nosotros: “Porque para Dios no hay nada imposible”. 

De la misma manera que el milagro del nacimiento del Mesías fue un acto en que la grandeza de Dios se manifiestó en una joven virgen de Nazaret, también hoy somos testigos de dicha grandeza.  Celebremos durante este tiempo de adviento y navidad las obras portentosas de Dios, que en su misericordia se ha compadecido de su creación.  ¡Muchas felicidades y bendiciones!

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