La estrella de Belén y los Magos de Oriente


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El pasado 21 de diciembre de 2020, se vio en los cielos uno de los fenómenos más emblemáticos del año, la conjunción planetaria entre Júpiter y Saturno. Aunque estos planetas, por cierto, los más grandes de nuestro sistema solar, se cruzan cada 20 años, la conjunción que se observó en este solsticio de invierno (hemisferio norte) fue muy particular por varias razones.

La primera razón de lo significativo de esta conjunción es el grado en que los dos planetas se alinearon. Los expertos declararon que fue lo más cerca que han estado en casi ocho siglos, es decir desde el 1223, cuando los dos planetas parecieron estar más cerca y también más brillantes.  De hecho, en dicha fecha los antiguos identificaron dicha conjunción como una señal visible que anunciaba la conquista de Asia por el gran caudillo mongol Gengis Kan (1162-1227).

La segunda razón que hizo particular esta conjunción, y que convirtió al evento en el centro de atención, fue que ocurrió en el solsticio de invierno, y en los límites de las constelaciones de Capricornio y Sagitario, justo antes de Navidad.  Este fenómeno no se repetirá hasta el año 2080.

Esta formidable conjunción vista desde la tierra aparentó ser una gran estrella que llamaba la atención, y nos evocó la estrella de Belén que nos narra el evangelio de Mateo (2: 1-12). Aunque no tenemos suficientes evidencias para sostener la hipótesis de la estrella de Belén como una conjunción planetaria como pensaba el astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630), no es descabellada la idea.

Ahora bien, las tradiciones que Mateo utilizó para hablarnos de la estrella de Belén provienen de un conjunto de fuentes tanto bíblicas como extrabíblicas, en las que las estrellas están conectadas a eventos relacionados a los gobernantes. El surgimiento de una estrella no antes vista por los antiguos estudiosos de los astros significaba que un gobernante advendría al poder.

Uno de los ejemplos de intertexto en donde se muestra esta tradición antigua es el llamado Sidus Iulium o “estrella Juliana”, un cometa (Cometa de César) que apareció unos meses después del asesinato de Julio César en el 44 a. C. Permaneció por siete días en el firmamento lo que fue interpretado por los romanos como una señal. Los autores romanos Suetonio y Plinio el Viejo dijeron que el cometa era tan brillante que se podia observar a simple vista en horas de la tarde, y que fue interpretado como la divinización del emperador Julio Cesar (100-44 a. C.) [1]

A la luz de dichas tradiciones, es posible que el relato de la estrella de Belén en Mateo, lo que pretenda es decir a sus lectores que Jesús era realmente un rey celestial. Con toda probabilidad la intención de la redacción de Mateo sea más teológica que histórica. Por lo tanto, la conjunción de Júpiter y Saturno que aconteció en diciembre, no fue realmente una evidencia de la existencia de la estrella de Belén, pero creo que el evangelista Mateo estaría muy contento con el interés que ha evocado este fenómeno en todo el mundo.

DESARROLLO

Consideremos el texto de las Sagradas Escrituras que sirve de fundamento a nuestra reflexión:

Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente.

—¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo.

Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. Así que convocó de entre el pueblo a todos los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, y les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

—En Belén de Judea —le respondieron—, porque esto es lo que ha escrito el profeta:

»“Pero tú, Belén, en la tierra de Judá,
    de ninguna manera eres la menor entre los principales de Judá;
porque de ti saldrá un príncipe
    que será el pastor de mi pueblo Israel”».

Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén y les dijo:

—Vayan e infórmense bien de ese niño y, tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore.

Después de oír al rey, siguieron su camino, y sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella, se llenaron de alegría. 11 Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra. 12 Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino (Mateo 2: 1-12, NVI)

  • Belén, casa del pan.

Belén, cuyo primer nombre fue Efrata, quedaba a ocho kilómetros de Jerusalén, y era la ciudad ancestral del rey David.  Aquí había sido ungido por primera vez por el profeta Samuel, como rey del pueblo de Dios (1 Samuel 16: 1-3; 17:12-15; 20: 6). Conforme al relato de Mateo, Jesús nace en la casa de María y José (verso 11).  Observe que no está el pesebre, que es una tradición exclusiva de Lucas (Lucas 2: 7).  De hecho, la Basílica de Belén construida por Constantino (325 d.  C.), y reconstruida por Justiniano en el 500 d. C, fue construida en una gruta de la región, asumiendo la estampa presentada por el evangelista Lucas.

Las posibilidades de que Jesús naciera antes del 4 a. C, son muy altas, dada que esta es la fecha de muerte de Herodes el Grande.  Dionisio el Exiguo [500-560 d. C] se equivocó en sus cálculos al determinar el año del nacimiento de Jesús en 753 A.U.C. [anno urbia conditas o “año de la fundación de la ciudad” (Roma)] [2]. Mateo sitúa la Natividad hacia el final o muy próxima a la muerte de Herodes el Grande, lo cual tuvo lugar el 750 A.U.C., correspondiente al año 4 ó 5 de la era cristiana. Este error fue notado por el monje inglés el Venerable Beda (673-735) y luego el monje benedictino alemán Regino de Prüm (842-915), pero ninguna autoridad eclesial tomó en cuenta sus reclamos, y el sistema creado por Dionisio el Exiguo ha seguido usándose hasta nuestros días.

  • ¿Quiénes eran los magos de oriente?

Según Heródoto existía una casta sacerdotal del zoroastrismo [persa] llamados magos, cuya mayor capacidad era la interpretación de sueños.  De hecho, en el libro de Daniel había en la corte de Babilonia, magos y caldeos que practicaban la magia y las ciencias ocultas (Daniel 2: 1-12).   Tácito (1 d.C) en sus escritos (Anales III, 27-33) dice que el emperador Tiberio desterró a todos los astrólogos de Roma, porque eran embaucadores y charlatanes. 

En el libro de los Hechos 8: 9-23 se nos narra la vida de un mago llamado Simón, que tenía su centro de acción en Samaria, y que asombraba a todos con sus poderes mágicos.  De igual modo, Hechos 13: 6-11, nos habla de Elimas o BarJesús, un judío, mago y falso profeta de la isla de Chipre.  En los relatos de Lucas se designa como magos, aquellos que se dedicaban a la práctica de las ciencias ocultas y a la adivinación.

El consenso sobre los magos que describe Mateo es que eran una casta sacerdotal del zoroastrismo que se dedicaban a la astrología.  Así que de la misma forma que Moisés venció a los magos de Egipto, Jesús quebrantó su poder con su venida.

Un detalle que llama la atención de estos magos es que rinden homenaje a Jesús reconociendo la realeza del niño (verso 11).  Para los padres apostólicos, Ignacio, Justino y Agustín, los magos, con este acto de adoración se convierten de la superstición a la verdadera fe.

Ahora bien, tenemos que reconocer que la presentación que hace Mateo de ellos es de personas admirables.  Se acercan a Jesús por medio de la revelación natural, y demuestran confianza en las Escrituras Hebreas al estas declarar la profecía del nacimiento del Mesías (Mateo 2: 5-6; Miqueas 5: 2; 2 Sam. 5: 2). El protocolo de estos magos al visitar a Jesús es equivalente a las visitas de los potentados o reyes orientales.

Es interesante saber que existían intertextos que parecen ser conocidos por el evangelista Mateo.  Un ejemplo de esto es el escrito sobre Tiridates, rey de Armenia en su visita a Roma en el año 66 d. C., para rendir homenaje a Nerón.  De hecho, Nerón lo confirma como rey de Armenia y “el no regresa por el camino que lo había traído, sino que regresó navegando, por distinto camino.” De hecho, Plinio en su Historia Natural, (xxxx, Vi, 16-17), llama magos a Tiridates y sus acompañantes [3].

  • La estrella de Belén: su significado

Según Josefo, era muy común la creencia que las estrellas anunciaban eventos en la tierra.  Es decir, las estrellas ofrecían señales premonitorias de eventos divinos.  Existía la idea que el nacimiento y la muerte eran marcadas por signos celestiales. Un ejemplo de esto había sido la creencia generalizada que el nacimiento de los gobernantes Mitrídates, Alejandro de Macedonia, Alejandro Severo y Augusto Cesar fueron anunciados por una nueva estrella en el cielo [4]. Como ya dijimos, el evangelista Mateo se hace eco de esta tradición antigua en su presentación de la estrella de Belén.

Ahora bien, Mateo utiliza principalmente tradiciones bíblicas para su redacción de la narrativa de los magos de oriente, y por lo tanto, para entender su significado primario se hace necesario acudir a estas. Estas tradiciones, principalmente de la Biblia hebrea son las siguientes: los relatos de José y Moisés en Egipto, y la narrativa de Balaán, hijo de Beor.

La tradición bíblica clave para entender el significado de la estrella de Belén se encuentra en el libro de Números, específicamente el relato de Balaán, hijo de Beor (caps. 22-24).  El contexto es la intriga de Balac, rey de Moab, en su intento de destruir a Israel.  Esta tradición, según Raymond E. Brown, se unió al relato pre-mateano basado en el nacimiento de Moisés, en la que el Faraón egipcio intenta destruir al recién nacido (Éxodo 2:1-10).   

Herodes el grande (Mateo 2: 16-19) se parece tanto al faraón egipcio como a Balac rey de Moab en su intento de destruir al pueblo hebreo.  Lo interesante es que Balac era de Transjordania al igual que Herodes que era idumeo, descendiente de los edomitas.  Por otro lado, Balaán viene del oriente para maldecir a los hebreos contratado por Balac.  Balaán era un mago, no hebreo, que predecía el futuro (Número 23: 23).

En Balaán encontramos una mezcla de profeta de YHVH y adivino, de bondad y maldad, que bendice a Israel y también fomenta su seducción por las mujeres moabitas, haciendo que caigan en idolatría (Números 25).  De hecho, hay una clara hostilidad hacia Balaán en todo el Nuevo Testamento (vea Apoc. 2: 14; Judas 11; 2 Pedro 2: 15-16) y esta parece ser la razón por la que Mateo no víncula directamente a este profeta con la estrella de Belén (Mateo 2: 9). En la tradición del midrash y el Tárgum Jonatan, Balaán es vinculado de forma consanguínea e ideológica con Labán, suegro de Jacob [5].

Balaán, que es original del oriente (Números 23: 7), viene acompañado de dos siervos (Números 22: 22), al igual que lo que la tradición cristiana enseña de los magos, y aunque fue llamado para maldecir a Israel, realmente lo bendice en tres (3) ocasiones (Números 23: 7-10, 18-24; 24: 3-9).  De la misma forma en que la llegada de Balaán hace fracasar los planes de Balac, los magos de oriente hacen fracasar los planes de Herodes.

Es importante el oráculo de Balaán para Balac sobre los que YHVH haría en tiempos venideros (Número 24: 14-19), muy especialmente el verso 17:

Lo veré, pero no ahora,

Lo contemplaré, pero no de cerca.

Surgirá una estrella de Jacob

Y de Israel se levantará un cetro.

Que aplastará las sienes de Moab,

Y el cráneo de todos los hijos de Set.

Este oráculo de Balaán se vinculó en la tradición popular, midrásica y targúmica con el surgimiento de una estrella que simbolizaría el nacimiento del Mesías davídico.  Fueron los magos, según Mateo los que ven dicha estrella, e interpretan su significado, y llegan a Belén a buscar el rey de los judíos que ha nacido para adorarlo, entregar sus presentes, y regresar a su tierra por otro camino (verso 2, 11-12).  Para Mateo la luz que guio a Israel en el desierto durante la noche le es concedida verla ahora a los gentiles.

APLICACIÓN

Podemos decir que las tradiciones que sirve de base a la construcción teológica del relato de los magos tienen tres (3) elementos combinados: la narrativa de José en Egipto, la vida de Moisés y las acciones de Balaán en su relación con Balac [6].  Nada de esto le resta valor al relato mateano, al contrario, la realidad de que Jesús es la luz del mundo, vista e interpretada por los paganos y que a su vez los alcanza, es la buena noticia del evangelio.

La belleza y excelente redacción de esta narrativa de los magos de oriente, evoca y afirma la realeza de Jesús.  Es su afiliación divina, su encarnación y manifestación universal que nos sirve de fundamento a la predicación del evangelio.  

Para Mateo la luz que guio durante la noche a Israel en el desierto (Éxodo 13: 21-22) lleva como nombre Jesús (Mateo 4: 15-16).  La estrella que ven los magos de Oriente y (no vista por los sacerdotes y escribas) indica que la Luz se hace presente en la historia de la humanidad, y que todo aquel que por la fe se acerque a ella, “no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8: 12).  ¡Muchas felicidades y  bendiciones!

Notas:

[1] Raymond Brown, El nacimiento del Mesías. Comentarios a los relatos de la infancia.  (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1982): 170

[2] Ruben Monasterios.  “¿Qué celebramos el 31/12/1999?”  Educere, vol. 2, núm. 8, (2000): 95-96, accesado el 2 de enero de 2021 en https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=35620816

[3] Narrado por Dión Casio, en Historia de Roma, lxiii, 1-7; Suetonio, Nerón, 13, En Raymond Brown, El nacimiento del Mesías. Comentarios a los relatos de la infancia.  (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1982): 174, nota.

[4] Raymond Brown, El nacimiento del Mesías. Comentarios a los relatos de la infancia.  (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1982): 170.

[5] Pinchas Kahn. “Balaam is Laban”.  Jewish Bible Quarterly, vol. 35, no. 4, (2007): 222-223.  Accesado el 3 de enero de 2021 en https://jbqnew.jewishbible.org/assets/Uploads/354/354_laban.pdf ·

[6] Raymond Brown, El nacimiento del Mesías. Comentarios a los relatos de la infancia.  (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1982): 196.

Bibliografía:

Brown, Raymond E.  El nacimiento del Mesías. Comentarios a los relatos de la infancia. Traducción T. Larriba.  Madrid: Ediciones Cristiandad, 1982.

France, R. T.  The Gospel of Matthew. Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdemans Publishing Company, 2007.

Kahn, Pinchas. “Balaam is Laban”.  Jewish Bible Quarterly, vol. 35, no. 4, (2007): 222-223.  Accesado el 3 de enero de 2021 en https://jbqnew.jewishbible.org/assets/Uploads/354/354_laban.pdf ·

Monasterio, Rubén.  “¿Qué celebramos el 31/12/1999?”  Educere, vol. 2, núm. 8, (2000): 95-96, accesado el 2 de enero de 2021 en https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=35620816

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