REGRESA A CASA … una invitación especial


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto del 10 de enero, primer domingo después de epifanía lo encontramos en el evangelio de Marcos 1: 4-11.  Este domingo se cumplen el tricentésimo (301) primer día (10 meses) de “lockdown” por el COVID-19.

Es significativo que el libro de Marcos se autodenomina así mismo el principio del evangelio de Jesucristo (verso 1), y de inmediato nos lleva a una cita de la Biblia hebrea en la que se entremezclan el libro de Isaías 40: 3; 52: 7; Malaquías 1: 3 y Éxodo 23:20:

Sucedió como está escrito en el profeta Isaías:

«Yo estoy por enviar a mi mensajero delante de ti,
    el cual preparará tu camino».[a]
«Voz de uno que grita en el desierto:
“Preparen el camino del Señor,
    háganle sendas derechas”» (NVI).

Esta era la forma típica en que se citaba la Biblia Hebrea porque las divisiones que conocemos hoy, en capítulos [hechas por Stephen Langton en 1227 d. C] y versículos [Antiguo Testamento-Rabino Natán en 1448 d. C, y el Nuevo Testamento- Robert Estienne en 1553 d. C] no existían al escribirse los evangelios.

Además, el teólogo Santiago Guijarro. nos dice que esta forma de citar las Escrituras de Israel en el Nuevo Testamento responde a una hermenéutica mesiánica utilizada por los discípulos de Jesús para vincular a éste este con toda la tradición veterotestamentaria. [1] En este caso particular esta cita conduce al lector a una alusión, que en este caso de Marcos, se refiere a Juan el bautista, que según la cita es quien prepara el camino al Mesías.

Para el evangelista Marcos las buenas nuevas comienzan con el ministerio de Juan el bautista.  Es Juan es quien “pavimenta” la ruta por la cual había de caminar el Mesías, es por eso que cuando llega Jesús el camino estaba listo para ser transitado.

DESARROLLO

  • El bautismo de arrepentimiento

Apareció Juan bautizando en el desierto, y proclamando un bautismo de arrepentimiento para liberación de pecados (Marcos 1: 4 BTX)

La primera etapa en la preparación del camino del Mesías es el llamado al bautismo de arrepentimiento.  ¿Qué era el arrepentimiento para Juan el bautista? Dado que Juan, es el último de los profetas de Israel (Lucas 16: 16; Mateo 11: 13), la respuesta a esta interrogante la encontramos en el entendimiento veterotestamentario del concepto de arrepentimiento.

El termino hebreo “šŭb” (se pronuncia shub) se traduce como arrepentir y es equivalente a los verbos regresar, restaurar y volver.  Este término aparece 1,080 veces en las Escrituras hebreas.   También se utiliza el sustantivo hebreo “teshuvā” para hablar de arrepentimiento.  El término “šŭb” significa volverse hacia Dios e implica una acción observable desde el punto de vista del sujeto, y es la clave para la expiación y el perdón:

¡Oh Israel, vuélvete a YHVH tu Dios, Pues has caído por tu iniquidad! ¡Procuraos palabras y volveos a YHVH! Decidle: ¡Quita toda iniquidad y acéptanos con benevolencia!, Y te ofreceremos los sacrificios de nuestros labios.  (Oseas 14: 1-2). 

La meta del arrepentimiento es volver a ser el sirviente que era del Señor.  En el contexto del arrepentimiento, el siervo es alguien que no solo reconoce que su señor existe, sino que se somete a su gobierno y jurisdicción; acepta sus mandamientos y peticiones.  El arrepentimiento implica un retorno físico y espiritual a la alianza que ha sido transgredida, y que identificaba a Israel como pueblo de Dios.  Es un regresar de forma personal a YHVH. 

El arrepentimiento, para Juan el bautista, como profeta, no es solo confesar su dolor (contrición) sino un alejamiento total de la conducta actual e ir en dirección contraria, dando un giro de 180 grados.  La idea del “šŭb” es que uno debe alejarse de lo que uno hacia incorrectamente para volver a hacer lo que es correcto. El profeta Ezequiel expresa esta verdad en unas expresiones dramáticas:

Por tanto, dile a la casa de Israel: “Así dice el Señor Dios”: ‘Arrepiéntanse y apártense de sus ídolos, y de todas sus abominaciones aparten sus rostros.’ (Ezequiel 14: 6 LBLA).

En tres (3) ocasiones el profeta Ezequiel utiliza el concepto “šŭb” (arrepiéntanse, apártense, aparten sus rostros).  El profeta llama al pueblo, a los que creen en El, a regresar a YHVH.  Regresar es volver al lugar donde uno estuvo previamente, haciendo lo que es correcto. El arrepentimiento de corazón era y es el único remedio para perdonar un pecado intencionado dentro del sistema religioso judío (Salmo 51: 15-17 vs. 1 Samuel 3: 14)

El evangelista Lucas traslada este sentido del “šŭb” al mensaje dirigido por Juan el bautista a los grupos que llegaban a su bautismo en el Jordán:

 —¿Entonces qué debemos hacer? —le preguntaba la gente.

—El que tiene dos camisas debe compartir con el que no tiene ninguna —les contestó Juan—, y el que tiene comida debe hacer lo mismo.

Llegaron también unos recaudadores de impuestos para que los bautizara.

—Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros? —le preguntaron.

 —No cobren más de lo debido —les respondió.

 —Y nosotros, ¿qué debemos hacer? —le preguntaron unos soldados.

—No extorsionen a nadie ni hagan denuncias falsas; más bien confórmense con lo que les pagan. (Lucas 3: 10-14 NVI)

El arrepentimiento como lo ve el bautista implica asumir la responsabilidad de los actos incorrectos, alejarse de la conducta pecaminosa y regresar a lo que la ley divina nos dice que es correcto.

El llamado de Juan el bautista es a los judíos (observe que su mensaje era dirigido a la gente de Judea y Jerusalén (Marcos 1: 5).  Ahora se le ofrece a los Israelitas la gran oportunidad de retornar a YHVH y restaurar el pacto que habían quebrantado.  Juan por medio del bautismo “lava” simbólicamente los pecados del pueblo del pacto y separa el pecado del pecador. Esta separación indica el por qué el evangelista Marcos ha llamado al ministerio de Juan el bautista, el comienzo de las buenas noticias.

En sí mismo, Juan el bautista no resuelve con su ritual el problema del pecado, es el arrepentimiento [teshuba (heb.)] [metanoia (gr)] [paenitentia (lat.)] es quien lo propicia.  Es el arrepentimiento de corazón que lleva a la confesión de pecados y al bautismo, que redunda en el perdón de los pecados:

Y salía a él toda la provincia de Judea y todos los de Jerusalem, y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán (Marcos 1: 5)

La confesión de pecados es la verbalización del arrepentimiento, lo que resulta en un cambio de mente [metanoia (gr)] y por ende un cambio de conducta.  Es importante aclarar que la gente que llega al bautismo de Juan, no se bautiza a sí mismo.  Es decir, no hay tal cosa como la autolimpieza, y el auto perdón humano.  Como mensajero de YHVH, Juan bautizó a la gente para simbolizar que Dios es quien limpia y perdona los pecados.

  • ¿Quién era Juan, el bautista?

Marcos nos dice que no era un cortesano jerosolimitano.  No vestía como un ciudadano de la metrópoli.  Su ropa y dieta representaban la realidad de su vida, Juan utilizaba aquello que estaba disponible para su uso en su contexto.  Esto no fue exclusivo de él, porque Elías tisbita, cerca de 800 años atrás, vestía de igual forma (2 Reyes 1: 8), y aunque algunos lo identificaban con la reencarnación de Elías, este lo negaba (Juan 1:21).

Hay una cosa que Juan el bautista acepta y era que el anticipaba a uno más poderoso, ante el cual él se sentía menos que un esclavo.  El Mesías, según Marcos, bautizaría con Espíritu Santo.  He ahí la grandeza del Mesías, que impartía el poder divino sobre el pueblo.

El Espíritu Santo habilita al Mesías para enseñar como quien tiene autoridad, predicar el evangelio del reino, expulsar toda clase de demonios y males, sanar a los enfermos, resucitar los muertos, perdonar pecados, morir en forma vicaria y resucitar de entre los muertos. Es decir el tener el poder para bautizar con Espíritu Santo indica que el Mesias era el único capaz de instaurar un nuevo orden (1 Corintios 5: 17; Juan 3: 7-8) en aquellos que se acercaban a El por la fe.

  • Jesús el discípulo de Juan

A pesar de lo que Juan a dicho sobre Jesús, Éste viene como un humilde y oculto discípulo que se somete al bautismo:

En aquellos días sucedió que vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.  Inmediatamente, mientras subía del agua, vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre El como una paloma.  Y vino una voz de los cielos: Tú eres mi Hijo amado; en ti hallo mi complacencia (Marcos 1: 9-11).

Ahora bien, conforme al relato de Marcos, Jesús se queda como discípulo de Juan hasta que este es encarcelado (Marcos 1: 14).  Mientras Juan realizó su ministerio en la región de Judea, Jesús se mueve a la región de Galilea

APLICACION

 La invitación a regresar a casa tiene una doble connotación.  Primero, es un llamado a reordenar la vida conforme al propósito primigenio de Dios para con su pueblo expresado en la alianza (Éxodo 19: 5-6).  Segundo incorporar en este reordenamiento a Aquel que tiene el poder, por medio del Espíritu, para realizar dicha empresa de forma plena y permanente (Ezequiel 36: 25-27). 

Solo el Mesías es quién puede impartir el Espíritu Santo al corazón y hacer que el pueblo pueda guardar y poner por obras las enseñanzas del evangelio del reino de Dios.  Abramos nuestro corazón a la manifestación del Mesías de Dios. Amen!

Notas

[1] Santiago Guijarro Oporto. “La hermenéutica mesiánica de las Escrituras entre los primeros discípulos de Jesús”, Cuestiones Teológicas, vol. 44, no. 101, (enero-junio, 2017): 177-194.

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