La hoja de ruta del seguimiento cristiano


Por Samuel Caraballo-López

Introducción

Los textos para el 24 de enero de 2021, tercer domingo de epifanía y  tricentésimo décimo quinto (315) día de “lockdown” por el COVID-19. los encontramos en cuatro libros de las Sagradas Escrituras, de los cuales voy a seleccionar el libro del profeta Jonás 3: 1-5, 10, y el evangelio de Marcos 1: 14-20.

El libro del profeta Jonás pertenece al periodo persa o postexílico, y que al igual que Isaías III, Hageo, Zacarías I y Malaquías denuncian problemas concretos de la comunidad que regresó del exilio y comienza la construcción del Segundo Templo en Jerusalén.

Jonás fue un profeta de Israel del norte que ejerció su ministerio bajo el reinado de Jeroboam II (783-742 a. C). Según, 2 Reyes 14: 25, Jonás hijo de Amitay, profeta de Gat-hefer, había profetizado la expansión territorial llevada a cabo por Jeroboam II, que hizo lo malo delante de YHVH.  Se desprende de este relato que Jonás era un promotor de la expansión nacionalista de Israel del Norte (la región de Galilea).  De hecho, 20 años después del ministerio profético de Jonás, Samaria, capital del reino del Norte, fue destruida y sus líderes llevados en cautiverio por el imperio asirio (2 Reyes 17: 1-6).

Desarrollo

  • Jonás el profeta rebelde

La palabra del Señor vino a Jonás hijo de Amitay:«Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama contra ella que su maldad ha llegado hasta mi presencia». Jonás se fue, pero en dirección a Tarsis, para huir del Señor. Bajó a Jope, donde encontró un barco que zarpaba rumbo a Tarsis. Pagó su pasaje y se embarcó con los que iban a esa ciudad, huyendo así del Señor [Jonás 1: 1-3, NVI].

Aunque el libro de Jonás se redacta en la época persa de finales del siglo VI a. C (posiblemente el 530 a. C), cuando ya Israel del Norte había desaparecido, dada la intervención de Salmanasar, rey de Asiria (721 a. C), este pretende responder y reaccionar a la visión de una fe y salvación nacionalista y exclusivista por parte de los nuevos residentes de Jerusalén (Jonás 1: 9).  La experiencia del exilio, y los proyectos de reconstrucción del templo y la ciudad, les había hecho “olvidar” que los planes de Dios abrazan e incluyen a todos los pueblos y personas de la tierra. La fe yahvista, (y por ende la cristiana) es antinacionalista y cosmopolita (vea Zacarías 2: 1-5; 1 Corintios 8: 4-6).

Jonás representa ese espíritu nacionalista y exclusivista que YHVH rechaza porque niega el propósito por el cual Israel fue elegido pueblo (Éxodo 19: 5-6; Isaías 2:1-3; Miqueas 4: 1-3). El segundo gran pecado de Jonás, derivado del anterior, es mantenerse fuera de toda situación que le incumbe.  Jonás pretende zafarse de su responsabilidad, y lo intenta en toda la narrativa del libro.  Un ejemplo de esto es su intento de huir a Tarsis, habiendo sido enviado a Nínive, capital del Imperio Asirio [1: 3]. Durante la tormenta en alta mar, Jonás se encierra a dormir, dejando a los marineros con el problema [1: 5-6]. Lo mismo ocurrió en Nínive, cuando estaba en juego la muerte y la vida, se va fuera de la ciudad para observar qué sucedería [4: 5].  Jonás comete el pecado de no involucrarse en los asuntos que le interesan a Aquel que lo llamó como profeta (4:11].

Por otro lado, Marcos escribe su evangelio después de la muerte de Pedro entre los años 65-70 d. C.  Según Juan Crisóstomo este evangelio tiene un vínculo especial con Alejandría, sin embargo, la gran mayoría de los historiadores cristianos lo relacionan con Roma.  Es casi seguro que fue escrito para una comunidad no palestinence y de origen pagano, por su insistencia de explicar las costumbres judías, traducir los términos arameos, dar detalles geográficos y explicar el significado del mensaje evangélico para los paganos.

  • Llamamiento de los primeros discípulos

14 Después que Juan fue entregado, Jesús fue a Galilea proclamando el evangelio de Dios, 15 y diciendo: ¡El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado! ¡Arrepentíos, y creed en el evangelio! [Marcos 1: 14-15, BTX]

Marcos nos dice que el evangelio comenzó en Galilea, que representa los lugares donde la mayoría de nosotros vive.  De hecho, gran parte de nosotros no formamos parte de las clases aristocráticas y los grupos privilegiados, sino que vivimos en los márgenes, en donde el poder no nos visita y no nos reconoce.  Nosotros no vivimos en las ciudadelas del poder o en el resplandor de las brillantes luces de la historia, simplemente vivimos en “Galilea”, donde se comenzó a anunciar las buenas nuevas de Dios.

Fue luego de la entrega de Juan el bautista en manos del tetrarca Herodes Antipas, que comienza el ministerio de Jesús en Galilea.  De hecho, esta fue la señal que Jesús identificó para el comienzo de su jornada de predicación.  Me llama la atención el hecho de que Jesús utilizara para comenzar su lanzamiento público la región de Galilea, un lugar que en nada reflejaba el mensaje que se proclamaba.

  • Los primeros discípulos (Marcos 1: 16-20)

Es interesante la forma que Marcos nos narra el llamamiento a las dos (2) parejas de hermanos.  “Pasando junto al mar de Galilea” … esta expresión es equivalente al concepto “epifanía” [paragein (gr) o parachestai (gr.)], es decir ocurrió una manifestación del Mesías junto al mar.  El poder mesiánico de persuasión de Jesús se manifiesta para “crear” discípulos de aquellos empresarios de la pesca.  Observe que el llamado inicial de Jesús es a ambos hermanos, primero a Simón y Andrés (versos 16-17), y luego a Jacobo y Juan (versos 19-20). 

Los primeros echaban una jábega [anaphibleston] en el mar, lo que indicaba que eran empresarios de la pesca y no simples pescadores. Una jábega era una red de pesca sofisticada de considerable valor.   Los segundos remendaban unas redes y trabajaban con su padre Zebedeo y tenían jornaleros que estaban bajo su supervisión. Solo el poder de Dios pudo atraer hacia Jesús aquellos primeros discípulos (Juan 6: 44). 

Jesus los llama en parejas y les comparte la misma misión a todos: “y haré que seáis pescadores de hombres” (verso 17). Según el verso 18, la respuesta de los hermanos Simón y Andrés es inmediata [euthus (gr.) = enseguida, en el acto], dejando sus redes. Por otro lado, la respuesta de los hermanos Boanerges (Jacobo y Juan), es similar a la de Eliseo (1 Reyes 19: 19-21), dejan a su padre en la barca con los jornaleros antes de seguirle (verso 20).

Aplicación

Pienso que hay tres (3) críticas implícitas en la narrativa de Jonás, y que debemos tomar con mucha seriedad en nuestra realidad como seguidores de Jesucristo.  Primero, hay que entender que tener mucho cuidado con nuestro espíritu nacionalista y de exclusivismo cristiano porque puede opacar la misericordia y la compasión como distintivos del mensaje del evangelio.

En segundo lugar, tenemos que afirmar que el protagonista del ministerio cristiano es Jesucristo, y los discípulos [que también llama profetas] se tienen que involucrar en los escenarios donde Él se involucra. Finalmente, el seguidor de Jesucristo glorifica a Aquel que lo llamó como soldado en todo lo que hace y dice.  La meta olvidada de algunos discípulos de Jesús es menguar para que Él crezca y sea glorificado (Juan 3: 30). 

En el relato del comienzo del ministerio de Jesús que nos narra el evangelista Marcos, Éste no fue a la sinagoga de Capernaúm a reclutar candidatos al ministerio, sino que fue a la playa, el lugar de trabajo, y en un día de trabajo regular de los convocados. Este llamado y respuesta de los primeros discípulos nos muestran algunas enseñanzas claves para todo seguidor de Jesús.

Primero, todo llamado, Dios lo hace desde su carácter santo, misericordioso y soberano.  La invitación de Jesús a los discípulos no presenta una hoja de ruta, no sabemos con detalles a dónde vamos, ni cuál será el sendero que seguiremos, solo nos invita a seguirle.  No hay una descripción del programa, ni las estrategias; no nos dice la secuencia de eventos que seguiremos, la descripción de nuestras tareas no es clara (pescadores de hombres), no nos dice en detalle qué planes tiene con nuestros parientes.  Solo nos llama a acompañarle y ser sus colaboradores en su propósito de transformar el mundo.

Segundo, toda respuesta afirmativa del ser humano al llamado de Dios es un acto milagroso (Juan 6: 44), que produce cambios en la vida tanto en lo personal, lo familiar y lo laboral del convocado.  Esta verdad nos obliga como iglesia a cambiar nuestros paradigmas de reclutamiento del liderato de nuestras congregaciones. Es importante entender que todo llamado cristiano requiere una intervención milagrosa de Dios que “persuada” a la persona para responder afirmativamente.  Por lo tanto, el instrumento mas importante en el reclutamiento del liderato cristiano es el poder “persuasivo” de Dios, el cual tenemos que solicitar por medio de la oración (Mateo 9: 37-38)

Tercero (y que quede claro), toda respuesta afirmativa al llamado divino nos produce pérdidas tanto en lo personal e ideológico, familiar y laboral, aunque a la larga haya ganancias.  Tanto en el caso de Simón y Andrés, que tienen que dejar su empresa, familia y amistades, o en el caso concreto de los Boanerges que dejan las redes, sus colaboradores y a su padre Zebedeo, pero ganan la compañía, cátedra y comisión de Jesús, el Maestro.

Cuarto, seguir a Jesús es una invitación a caminar tras Él, sin importar edad, raza, sexo y condición económica, por nuevos parajes, diferentes a los anteriores y llenos de sorpresas e incertidumbre, tanto para el que personalmente fue llamado, como para los afectados por dicho llamado.  Tanto para Andrés, que parecía ser el mayor de todos, como Juan, el menor, para Zebedeo el padre; a todos le cambio la vida.

Quinto, aunque la respuesta al poder “persuasivo” de Dios es personal, hay un claro elemento de imposición (1 Corintios 9: 16).  La “impuesta” invitación es a “reorientar” la vida, y su efecto es inmediato. Jesús abre los ojos de los llamados para que estos establezcan personalmente prioridades. Tanto en la vida del profeta Jonás como en el llamado de Jesús a sus primeros discípulos el llamado es a una lealtad absoluta.   

Sexto, todo peregrinaje espiritual o ministerial comienza con un llamado de Dios, que “persuade” todo nuestro ser, y nos catapulta hacia lo desconocido– “conocido” de la voluntad y propósito de Dios.  Es un llamado que reorganiza, mediante el poder persuasivo del Espíritu Santo, nuestras prioridades, ampliando las fronteras de nuestro entendimiento de forma gradual y continua, hasta que alcancemos la “estatura” de Jesucristo.  Si esto no sucede, nunca hubo tal llamado.

Muchas bendiciones.

2 respuestas para “La hoja de ruta del seguimiento cristiano”

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