La Autoridad de Jesús … el pilar para la restauración de la predicación cristiana


Por Samuel Caraballo-López

 “Recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y trabaja como lo hacías antes. Si no lo haces, vendré y quitaré tu candelero de su lugar.” (Apocalipsis 2: 5 NBV)

INTRODUCCIÓN

El texto del 31 de enero de 2021, cuarto domingo de epifanía y tricentésimo vigésimo segundo (322) día de lockdown por el COVID-19, lo encontramos en Marcos 1: 21-28. El texto trabaja con el concepto de autoridad de Jesús como la garantía de la restauración del orden cósmico, político y sociológico.

La autoridad de Jesús no proviene de posiciones o roles, ni del peritaje profesional.  Su autoridad proviene de su misma naturaleza y su llamado como el Mesías de Dios.  De hecho, Jesús presenta el modelo de la genuina autoridad, que se deriva de la ejecución de su propia misión, y que Él ha convertido en vocación.  La autoridad de Jesús no es delegada, sino adquirida (Filipenses 2: 5-11).  Es la autoridad del que “manda y va”, del que es congruente, que lo que siente, piensa, dice y hace están alineados.

DESARROLLO

(a) Los “espiritus inmundos” en la sinagoga de Cafarnaúm [Marcos 1: 22-24]

Y llegan a Cafernaum, y tan pronto llegaba el sábado, entraba en la sinagoga y enseñaba. (Marcos 1: 21)

Jesús y sus discípulos fueron un sábado a la sinagoga de Cafarnaum en la región de Galilea, y se le dio oportunidad de enseñar. La sinagoga en el I siglo d. C, se había convertido en el lugar de observancia y enseñanza de la Torah.  Los escribas eran las autoridades educacionales en dichos lugares. Así que estos le permiten a Jesús enseñar la Torah.

Lo significativo del relato de Marcos es la presencia de un hombre con espíritu inmundo en la misma sinagoga:

Y en aquel momento estaba en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, y chilló, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús nazareno? ¿Viniste a destruirnos? ¡Se quién eres: el Santo de Dios!   (Marcos 1: 23-24 BTX)

Al analizar esta perícopa varios aspectos me llaman la atención de este evento sorpresivo y confrontativo que se suscita en la sinagoga.  Primero, los “espíritus inmundos” [akatharton pneuma] están aún en los lugares que se consideran “santos” o separados para el servicio a Dios, y pueden ser parte de los procesos rituales de dichos centros. Es decir, los “demonios” pueden expresar formas de piedad religiosa, e inclusive sus manifestaciones pueden ser consideradas “normales”, y ser aceptados y tolerados sin censura.

 En segundo lugar, las expresiones públicas de los espíritus inmundos son en verbos plurales, lo que indica que la posesión demoniaca es de múltiple composición (verso 24). Por otro lado, la respuesta de Jesús es singular — ¡Enmudece y sal de él! (verso 25).  Tercero, estos espíritus desencarnados utilizan el cuerpo del poseso para comunicarse, y parecen seres autónomos de éste, porque tienen memoria, conocimiento y voluntad. El poseso parece no estar consciente de las palabras y acciones del espíritu inmundo (vea Marcos 5: 15).

Cuarto, los “espíritus inmundos” de la sinagoga de Cafarnaum tiene conocimiento de la preexistencia de Jesús y su vínculo con YHVH, lo que parece indicar que, dentro de la tradición de la apocalíptica judía del segundo templo, se entendía que estos espíritus tuvieron en relación con YHVH en algún momento de su existencia.  Es decir, los espíritus inmundos conocen de antemano a Jesús y le temen. 

Quinto, el lenguaje confrontativo de aquellos “espíritus inmundos” describen la misión de Jesús en Galilea … “¿Qué viniste a hacer en Galilea? ¿Por qué estás buscando pelea con nosotros? Mantén distancia con nosotros –nosotros no nos metemos contigo, así que no te metas con nosotros” – Este estilo de comunicación “confrontativa” es común en las disputas bélicas en la Biblia Hebrea (Jueces 11: 12; 1 Reyes 17: 18; 2 Reyes 3: 13-14).

Finalmente, la redacción de esta narrativa está claramente influenciada por las tradiciones de la apocalíptica judía del segundo templo [1] y que discutiremos en otro artículo.  Este relato de Marcos, temprano en el ministerio de Jesús en Galilea establece un aspecto fundamental de la misión del Mesías: Jesús vino a establecer el gobierno de YHVH en medio del desorden y el caos que pretendía dominar la tierra y al ser humano, y que la región de Galilea era un prototipo (Mateo 4: 15-16; 1 Juan 3: 8b). Marcos parece estar pensando en el primer relato de la creación [Génesis 1: 1-3], como base a su reflexión teológica.  

(b) Jesús y los “espíritus inmundos” [Marcos 1: 25-28]

Jesús le establece firmemente los límites a los espíritus inmundos:

Pero Jesús le ordenó, diciendo: ¡Enmudece y sal de él! Y el espíritu inmundo convulsionándolo y gritando a gran voz, salió de él.  Y todos se maravillaron, y discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Una nueva doctrina autoritativa? ¡Aun a los espíritus inmundos manda, y le obedecen! (Marcos 1: 25-27).

El espíritu inmundo convulsionando, y gritando tiene que abandonar la morada humana, desde la que había estado funcionando, no sabemos por cuanto tiempo. Observe que no existen palabras de cortesía de Jesús hacia las fuerzas demoniacas, como tampoco YHVH lo hacia ante el caos que quería desordenar y alterar la fecundidad y bienestar establecido en la creación (Salmo 74: 12-14).

De hecho, Jesús le niega a estos espíritus inmundos mantener el frente de fortaleza que habían establecido en aquel hombre, y por ende sobre aquellos que eran influenciados por este.  Jesús no elimina la totalidad del caos en su primera venida, sin embargo, la derrota y expulsión de los espíritus inmundos es un anticipo de la victoria final, que restaurará el orden creado, y el bienestar con que originalmente estaban dotados los que ahora sufrían.  Jesús les niega a estos espíritus inmundos la fuerza, autoridad o poder que ellos falsamente reclamaban tener o le era atribuido (verso 27). He ahí la importancia de la manifestación de la autoridad de Jesús en Galilea.

APLICACIÓN

Es impactante estas expresiones de los “espíritus inmundos” en el comienzo del ministerio de Jesús en Galilea.  No hay duda de que este conflicto que se suscita en la sinagoga de Cafarnaum entre Jesús y los demonios subordinados a Satanás, está fuertemente influenciado por las tradiciones apocalípticas judías [1].  El evangelista Marcos subraya el éxito de Jesús como Aquel cuyo poder es superior al de los espíritus inmundos en la era actual.

Es importante resaltar que Jesús no solo tiene poder absoluto sobre los espíritus inmundos, sino que el uso de su Nombre es eficaz en la expulsión de estos por sus discípulos y otros seguidores ajenos al grupo de los doce (Mateo 7:22; Marcos 9:38; Lucas 9:49; 10:17).  Aun cuando Jesús no destruirá el mal o el caos hasta el final (I Corintios 15: 24-26, 51-54), su poder mesiánico hace posible el intervenir y reducir sus efectos en el tiempo presente.

Por otro lado, en el texto que hemos considerado es el mismo pueblo afirmaba la autoridad de Jesús como maestro:

Y se asombraban de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas (Marcos 1: 22)

La liberación de aquel endemoniado era la aplicación milagrosa de la enseñanza liberadora de Jesús.  Jesús interpretaba la Torah en nombre de YHVH, sin envolverse en tanto detalles de la tradición como los escribas del primer siglo, y las manifestaciones milagrosas eran el complemento, confirmación y resultado de lo enseñado.  Aquello que se enseña como una verdad y no puede ser confirmado de forma clara y concreta, no debe enseñarse. 

La enseñanza y proclamación de Jesús tenía como tema central el reino de Dios (Marcos 2: 21-22) y evaluaba como las cosas eran en sí mismas (Marcos 2: 28; 10: 5).  La expulsión de espíritus inmundos era la confirmación de la verdad de sus enseñanzas sobre el reino de Dios, y que tenían su cumplimiento inmediato en la vida de los seres humanos.

Una verdad que tenemos que afirmar, y que es clara en los evangelios sinópticos, es que la expulsión de espíritus inmundos es una evidencia concreta de que el reino de Dios ha llegado (Mateo 12: 28; Lucas 11: 20).  De hecho, la predicación y enseñanza del reino de Dios es un claro desafío al poder hegemónico del caos y de Satanás, que pretende esclavizar y oprimir al ser humano.  

Un punto que me gustaría destacar en esta perícopa de Marcos es la función de los escribas como los estudiosos, custodios, intérpretes y educadores de la tradición bíblica. Para el biblista y teólogo norteamericano, Walter Brueggemann, el rol del predicador cristiano no es el de profeta, sino el de escriba [2]

Para Brueggemann el predicador cumple con la función del escriba porque tiene como responsabilidad la trasmisión de la tradición cristiana al pueblo, y de el fiel cumplimiento de esta misión brota su autoridad.  Esa comparación nos asombra por la idea generalizada que tenemos del escriba como parte del “combo” de los fariseos [“Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas”- Mateo 23: 15].  Sin embargo, este estereotipo erróneo proviene del contexto de las polémicas en los evangelios sinópticos.

Los escribas modelos del judaísmo, por ejemplo, fueron Esdras (Esdras 7: 6) y Baruc (Jeremías 36: 4-10), eran realmente eruditos, cuya labor era estudiar, escribir y reinterpretar los rollos en que se mantenían las tradiciones y memorias preservadas en forma de textos. De hecho, eran los especialistas del texto bíblico, es por esta razón que se puede relacionar al predicador cristiano y el escriba judío.

Jesús mismo utilizó ejemplos que nos puede afirmar la vinculación entre el escriba judío y el predicador cristiano:

 Entonces Jesús les dijo: «Por eso todo escriba que se ha convertido en un discípulo del reino de los cielos es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas». (Mateo 13: 52 NBLA)

La función del predicador es releer la comunidad a quien sirve, con el propósito de estimular la imaginación y fomentar nuevas prácticas en esta.  Es hacer volver a nuestras congregaciones a la base misma de las premisas y reclamos básicos del evangelio. Para que esto ocurra el predicador-escriba debe recordar al pueblo que los personajes bíblicos no tienen el protagonismo en los textos, solo Jesucristo, es el que promete, cumple, envía y ordena.

No es que Jesús, es activado por el predicador, sino que Él actúa en y por sí mismo a través de la correcta reinterpretación del texto por el predicador – escriba. Para que la autoridad de Jesús se manifieste a través de la proclamación del texto, se requiere del predicador-escriba al menos dos cosas:

  • Primero, se requiere que seamos hombres y mujeres del texto, es decir que lo estudiemos con dedicación, confiemos en el texto, nos comprometamos con este, nos dejemos guiar y formar por este, y sometamos nuestros supuestos modernistas al Espíritu del texto.
  • Segundo, se requiere prestar atención a la comunidad que recibe el texto predicado para ayudarle a escuchar el texto, a ver su pertinencia, a relacionarse con este y a creer en Aquel que les invita, y a responder a lo que Él nos invita, que es a dejar de vivir de forma autónoma de Él.

Cuando esto ocurra los predicadores-escribas seremos como Aquel que tiene autoridad y no como los “otros” escribas.

¡Muchas bendiciones!

Notas

[1] Loren T. Stuckenbruck, “Satan and Demons”, in Jesus Among Friends and Enemies: A Historical and Literary Introduction to Jesus in the Gospels. Ed. Christ Keith and Larry W. Hurtado.  (Grand Rapids:  Baker Academic, 2011): chapter VII.

[2] Walter Brueggemann, “The Preacher as Scribe”, in Inscribing the Text Sermons and Prayers of Walter Brueggemann.  (Mineapolis: Fortress Press, 2011)

Bibliografía

Blackwell, Ben C., John K. Goodrich and Jason Maston, eds. Reading Mark in Context: Jesus and Second Temple Judaism.  Grand Rapids, Michigan: Zondervan, 2018.

Brueggemann, Walter. “The Preacher as Scribe”, in Inscribing the Text Sermons and Prayers of Walter Brueggemann.  Mineapolis: Fortress Press, 2011.

Stuckenbruck, Loren T. “Satan and Demons”, in Jesus Among Friends and Enemies: A Historical and Literary Introduction to Jesus in the Gospels. Ed. Christ Keith and Larry W. Hurtado.  Grand Rapids:  Baker Academic, 2011.

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