“Te alineas o TE alineo” … el camino del discipulado cristiano


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto del 28 de febrero de 2021, segundo domingo de cuaresma, y tricentésimo quincuagésimo (350) día de lockdown por el COVID-19, lo encontramos en el evangelio de Marcos 8: 31-38. En esta perícopa encontramos una de las más pertinentes enseñanzas de Jesucristo, y a la vez subestimada.  Te invito a “saborear” este inquietante relato:

31 Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar. 32 Y les decía estas palabras claramente. Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprender a Jesús. 33 Pero Él volviéndose y mirando a Sus discípulos, reprendió a Pedro y le dijo*: «¡Quítate de delante de Mí[a], Satanás!, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres».

34 Llamando Jesús a la multitud y a Sus discípulos, les dijo: «Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. 35 Porque el que quiera salvar su vida[b], la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Mí y del evangelio, la salvará. 36 O, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? 37 O, ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? 38 Porque cualquiera que se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos ángeles». (Marcos 8: 31-38 NBLA)

DESARROLLO

  • Primer anuncio de la pasión y muerte (Marcos 8: 31-33)

Con claridad, y por primera vez, Jesús da a conocer [deiknumi (gr)] a sus discípulos lo que le esperaba cuando llegara a Jerusalén –“el Hijo de Hombre debía padecer muchas cosas, –.  De este texto en adelante la autodefinición “Hijo del Hombre” irá siempre conectada al anuncio de su pasión y muerte.  Observe que Jesús le comunica de forma clara, honesta y adecuadamente a sus discípulos sobre lo que le ha de suceder, sin requerir sugerencias u opiniones.

El sufrimiento y la muerte eran inevitables como parte de su misión mesiánica.  Sería desechado (tenido como indigno) por el sector cultural representado por los ancianos o gobernantes de Jerusalén, por los principales sacerdotes, representantes del poder religioso, y por los escribas, los interpretes autorizados de la ley y la tradición. Aunque no menciona el poder político y militar representado por Roma, está implícito en sus palabras. El rechazo sería total y unánime por las autoridades judías y romanas. Dicho en español, los poderes humanos en todas sus manifestaciones rechazarían a Jesus, convirtiéndolo en víctima del poder que Él denuncia.

El poder del mal eliminaría a su mayor crítico, y sin saberlo, produciría su propia derrota, cuando la víctima resucite al tercer día.  Aquel que será víctima de todo un sistema del mal (todos son instrumentos de Satán) ahora resucitará, para no volver más a ser derrotado por el mismo mal que lo asesina.

Pedro, escuchó la aseveración de Jesús con mucho asombro, y en un aparente gesto de cortesía, llama aparte a Jesús y comienza a reconvenirlo [epitimaó].  El verbo griego “epitimaó”, significa censurar o reprender por lo que Él ha dicho frente a sus discípulos. Aunque el acercamiento es correcto, el lenguaje de Pedro, según Mateo (16: 22) es duro e irrespetuoso. Pedro se opone abiertamente a las declaraciones de Jesús, lo contradice y le ordena cambiar de parecer.  No se si fueron las alabanzas anteriores que Jesús le dijo (Mateo 16: 13-20), lo que empoderó a Pedro para hacer su intervención.   Según  el evangelio de Mateo Jesús lo había declarado bienaventurado y líder:

17 Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos. 18 Yo también te digo que tú eres Pedro[a], y sobre esta roca[b] edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades[c] no prevalecerán contra ella. 19 Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será[d] atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será[e] desatado en los cielos». 20 Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que Él era el Cristo. (Mateo 16: 17-20)

El sentido triunfalista de los discípulos es confrontado con la misión que espera a Jesús en Jerusalén.  Ya habíamos denunciado la manifestación de este “espíritu” desde los primeros relatos de su ministerio en Cafarnaum (Marcos 1: 35-39). Las expectativas populares, de las que los discípulos se habían hecho cómplices, son ahora confrontadas con la realidad de la misión de Jesús como Mesías de Dios. Ya Pedro, en el pasaje citado, había intentado correr la agenda de Jesús, imponiendo sus ideologías triunfalistas, que le traerían grandes ganancias y popularidad entre las multitudes.

La severa reprensión de Jesús no puede ser ocultada:

«¡Quítate de delante de Mí[a], Satanás!, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres».

Jesús es claro con Pedro –“Quítate de donde estás y alinéate detrás de mí, en el lugar que te corresponde como discípulo” [1]–.  La expresión Satán es una transliteración del hebreo הַשָּׂטָן, ha-sa’tan (Números 22: 22, 32; Zacarías 3: 1-2; Job 1: 6-9; 12: 1-7; 1 Corintios 21: 1), que significa el oponente, acusador o adversario.

En el caso de Pedro, Jesús no utilizó el nombre Satanás para identificarlo literalmente con él, sino para criticar su actitud, que es demoniaca porque pretende apartar a Jesús de su camino a la cruz.  Adicional, esta actitud de Pedro es demoniaca porque se enfrenta a Jesús, desplazándose del lugar que le correspondía como discípulo y queriendo igualarse a su maestro [2].

La sabiduría de Pedro refleja, no la inspiración divina que anteriormente había manifestado (Mc 8: 29), sino los pensamientos convencionales de la sabiduría humana. Lamentablemente los pensamientos de Pedro sobre la misión del Mesías estaban influenciados por toda la cultura mediterránea en la que predominaba la orientación hacia la conquista y el acceso al poder (pensamientos triunfalistas).  Jesús confronta a Pedro con su propia realidad, le invita a retomar su lugar como discípulo “detrás” de Él, y más aún, a recorrer el camino concreto de la cruz.

A partir de este primer anuncio de su pasión, Jesús se revela como el verdadero Mesías de Dios, cuyo anhelo es hacer su voluntad (Isaías 53: 3-10). Es por eso por lo que esta revelación era “inimaginable” para los judíos, un Mesías sufriente y que sería asesinado por sus enemigos.

(b) El camino del discipulado (Marcos 8:34-38)

Estos textos están vinculados al encuentro anterior de Jesús y Pedro en cuanto al primer anuncio de la pasión:

Luego dijo Jesús a sus discípulos:

—Y llamando a la gente junto con sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, (Marcos 8: 34 BTX).

Este texto, desde una perspectiva gramatical, tiene tres partes que en ocasiones no han sido bien entendidas.  La primera parte, “Si alguno quiere venir en pos de mí…”,  nos propone la voluntariedad de esta invitación de Jesús a la gente y sus discípulos. El llamado al discipulado no es algo impuesto, ya sea por manipulación ni por coerción. Es una invitación que requiere una respuesta voluntaria de aquel que desea seguir a Jesús, muy especialmente a los que están cargados y cansados de las prácticas religiosas que agobian el alma (Mateo 11: 28).

La segunda parte del texto  requiere nuestra consideración detallada, “niéguese  a sí mismo,”.  Es importante observar el escrito: Jesús no está pidiendo que nos odiemos a nosotros mismos, inclusive no hay una solicitud de renuncia a nuestra humanidad, nuestra personalidad y ni siquiera a lo que tenemos o hemos alcanzado.  El llamado a negarse a sí mismo no será jamás un llamado a renunciar a la participación en la vida humana en todas sus dimensiones y ramificaciones.  Negarse a sí mismo significa negar nuestro derecho a determinar de forma autónoma nuestra vida y nuestras decisiones.  Es reconocer que no somos dueños de nosotros mismos, sino que estamos bajo el señorío de Jesucristo.  Esto es algo que Pedro tenía que entender.

Negarse a sí mismo es reconocer que usted ya no es dueño de su vida, y es Jesús, el que pagó el precio de nuestra libertad, el que nos debe dirigir en la toma de las decisiones finales y muy especialmente, cuando las cosas importantes de la vida están en juego. Negarse a sí mismo es renunciar voluntariamente a nuestra autosuficiencia, que nos dice que somos capaces de encargarnos solos de nuestra vida, y dejar de hacer las cosas de manera que solo nos satisfaga a nosotros mismos.

La tercera parte del texto, “tome su cruz y sígame”, es un llamado a convertir la misión de Dios para mi vida, en mi vocación.  Es decir, cuando entiendo el propósito que Dios tiene para mi vida, lo incorporo intencionalmente a mi realidad de tal forma que pueda hacer de dicho propósito el faro que guía mi vida.  La cruz es la misión que Dios tiene para mi vida, y que, a su vez, es parte de Su Plan eterno para la humanidad. Seguir la misión de Dios es ganar la vida; rechazar la misión es perderla (Marcos 8:35).

APLICACIÓN

¿Cuántas veces Jesús, al igual que a Pedro, tiene que ponernos en nuestro lugar?  No es raro que nuestras actitudes triunfalistas nos pongan en actitud de oposición y enfrentamiento al evangelio y la misión de Dios.

Cuando nuestro razonamiento está confinado por las ideologías humanas del positivismo y el triunfalismo y las aplicamos a fe cristiana, hacemos el triste papel de Satanás (Marcos 8: 33). Cuando hablamos del positivismo nos referimos a una corriente filosófica que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico, y el triunfalismo es la seguridad exagerada en nuestras propias capacidades.

Ahora bien, este ensimismamiento en la autosuficiencia, el control y en la inmediatez, no solo es un problema personal, sino espiritual. ¿Cuántos creyentes han perdido su norte, y ahora su funcionamiento en la vida está dirigido por creencias y filosofías seculares? ¿Cuántas instituciones que surgieron con una misión particular a través de su historia han relegado la misma para responder a intereses ajenos a su misión primigenia?

Es medular aclarar que el llamado de Dios se convierte en vocación por una decisión personal que se expresa mediante un trabajo concreto y peculiar a través de la Iglesia o instituciones que se adecúan a dicho llamado. Dicho de otra manera, nuestro llamado divino se hace concreto en el “barro” de las congregaciones e instituciones humanas, pero que en ocasiones éstas se hacen tan “barro” (que llegan a “fango”), que limitan y obstaculizan el desarrollo de sus miembros.  ¡Cuán terrible es esto!

Jesús en el Sermón de la Montaña, nos declara: “Por tanto, sean perfectos (teleioi), así como su Padre celestial es perfecto (teleios)” (Mateo 5:48). El texto utiliza la palabra teleioi para hablar de plenitud, cabalidad.  El deseo de Dios es que nos relacionemos de tal forma con Él que nuestro crecimiento sea tan pleno, que las “debilidades” de las instituciones seculares o eclesiásticas en las que ejercemos nuestra vocación, sean superadas por éste.

¿Cómo puedo manejar la dialéctica—entre cumplir la misión de Cristo–y responder a las expectativas que provienen de nuestra sociedad secular?  La síntesis la encontramos cuando lleguemos a ser “teleioi” (completo, cabal).  Pienso que esto fue lo que Jesús le dijo a Pedro… ”alinéate detrás de mí” (verso 33) “…si alguno quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y sígame” (verso 34).

Sólo cuando nos pongamos en línea recta detrás de Jesús, tanto en lo personal, organizacional y ministerial, la síntesis será posible (verso 23).  Así podemos responder, y ayudar a otros a que también respondan al llamado de Jesús en medio de un mundo rebelde.  Muchas bendiciones

Notas:

           [1] Santiago Guijarro Oporto, “Vete detrás de mí, Satanás. Exégesis y traducción de Mc 8: 33c (par. Mt. 16, 23b)” Salmanticensis 58 (2011): 12.  Accesado el 27 de febrero de 2021 en https://summa.upsa.es/high.raw?id=0000030443&name=00000001.original.pdf

           [2] Ibid., 13

Bibliografía

Guijarro Oporto, Santiago. “Vete detrás de mí, Satanás.  Exégesis y traducción de Mc 8: 33c(par. Mt 16, 23b)”.  Salmanticensis 58, 2011. Accesada el 27 de febrero de 2021 en https://summa.upsa.es/high.raw?id=0000030443&name=00000001.original.pdf

Placher, William C. Mark. A Theological Commentary on the Bible. Louisville, Kentucky:Westminster John Knox Press, 2010.

Schnabel, Eckhard J. Mark. An Introduction and Commentary. Tyndale New Testament Commentaries.  England: Inter-Varsity Press, 2017.

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