“Señor, deseamos ver a Jesús” … ¿En serio?


Por Samuel Caraballo-López

“Pero debo aclararte que no podrás ver mi rostro, porque nadie puede verme y seguir con vida.” (Éxodo 33: 20, NIV)

INTRODUCCIÓN

El texto del 21 de marzo de 2021, sexto domingo de cuaresma y tricentésimo septuagésimo primer (371) día de lockdown, lo encontramos en el evangelio de Juan 12: 20-33.  Este pasaje ha servido de inspiración para múltiples tratados y composiciones litúrgicas.

Hay un cántico sobre el tema muy utilizado en nuestras congregaciones, que deseo considerar brevemente y que lleva por título, ¨Abre Mis Ojos”, y que copio a continuación.

Abre Mis Ojos

Autor: Danilo Montero

Abre mis ojos, oh, Cristo
Abre mis ojos, te pido
Yo quiero verte
Yo quiero verte

Abre mis ojos, oh, Cristo
Abre mis ojos, te pido
Yo quiero verte
Yo quiero verte

Y contemplar tu majestad
Y el resplandor de tu gloria
Derrama tu amor y poder
Cuando cantamos (santo, santo)

Y contemplar tu majestad
Y el resplandor de tu gloria
Derrama tu amor y poder
Cuando cantamos santo, santo

Santo, santo, santo
Santo, santo, santo
Santo, santo, santo
Yo quiero verte

Santo, santo, santo
Santo, santo, santo
Santo, santo, santo
Yo quiero verte

Por cierto es un hermoso himno y su melodía tipo “mantra” [1] nos evoca una gran intimidad con Dios. Sin embargo, es de vital importancia que entendamos lo que estamos solicitando en dicho alabanza, porque podríamos entender un significado diferente al que las Sagradas Escrituras nos invitan. Querer ver a Dios es un profundo anhelo del alma, pero sus implicaciones están claramente definidas en el mensaje de Jesús nos ofrece en esta perícopa que consideramos hoy.


Uno de los pasajes más inspiradores y reveladores de la Biblia Hebrea sobre YHVH, se da en el libro de Éxodo 33: 11-23. Dios se encuentra “enojado” con el pueblo, luego de la experiencia de negación total de su santidad hecha por ellos al adorar un becerro de oro (Éxodo 32:1ss). Es tal la situación que Moisés se ve obligado a sacar el Tabernáculo de reunión fuera del campamento de los hebreos (Éxodo 33: 7). En la intercesión que Moisés hace a favor del pueblo hay un planteamiento que solo en el Nuevo Testamento tiene contestación plena:

Entonces él dijo: ¡Te ruego que me permitas ver tu gloria! (Éxodo 33: 18 BTX)

Moisés inspirado por este diálogo amistoso con YHVH, y no contento con el acuerdo alcanzado, se atreve pedir a YHVH que confirme sus Palabras con una manifestación plena de su naturaleza y carácter—“no sólo oír, sino ver tu rostro, contemplar tu persona” (Éxodo 33:18; cfr. Job 42,5). ¿Podrá el ser humano contemplar la manifestación de YHVH y vivir? Moisés tuvo el privilegio de contemplar parte de las maravillas de Dios, pero no vio su rostro (Éxodo 33: 20-23).

La pregunta obligada es; ¿podremos ver hoy lo que Moisés no pudo ver?  La contestación es Sí y la pregunta obligada es, ¿QUÉ SE REQUIERE PARA VER A JESÚS?

DESARROLLO

  • Para ver a Jesús (Juan 12: 20-27)

El Evangelio de Juan es congruente con la experiencia de Moisés en el libro de Éxodo, y se atreve a responder a esta pregunta, en uno de los relatos más emblemáticos del libro de Juan [2].

Entre los que subían a adorar en la fiesta, había algunos griegos.  Estos, pues, se acercaron a Felipe (al de Betsaida de Galilea), y le rogaban diciendo:  Señor, deseamos ver a Jesús (Juan 12: 20-21).

Ahora no es el Moisés entusiasmado con el diálogo con YHVH, sino unos griegos que se acercan para preguntar a Felipe—“Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Es interesante este evento de unos griegos, posiblemente prosélitos, que se encontraban en la celebración de la Pascua, en la última semana de Jesús, que ahora desean verlo. Las noticias de las señales que Jesús había realizado, muy especialmente la resucitación de Lázaro de Betania, habían inspirado la imaginación de estos helenistas (Juan 11: 44—45; 56-57).

La pregunta vuelve a resonar en nuestros oídos, ¿Qué se requiere para ver a Jesús? He ahí la respuesta:

En verdad, en verdad os digo: A menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda él solo, pero si muere, lleva mucho fruto.  El que ama su vida, la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para vida eterna.  Si alguno me sirve, sígame; y donde Yo estoy, allí también estará mi servidor.  Si alguno me sirve, el Padre lo honrará (Juan 12: 24-26).

Solo los que han muerto pueden ver a Jesús (Éxodo 33: 20; Juan 12: 24-25). Solo si morimos a nosotros mismos, nuestros ojos se habilitan para verlo… “El que quiera seguir en pos de mí, niéguese a sí mismo” “si el grano de trigo…muere, lleva mucho fruto”. A la disposición de seguir a Jesús como principal servicio, Jesús le llama morir (Marcos 8: 34-37).  La función principal del discípulo cristiano es seguir a Jesús, estar donde Él está y luchar en las luchas que Él lucha. 

El apóstol Pablo afirma lo anterior en una forma muy gráfica:

Con el Mesías he sido juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que el Mesías vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2: 19-20 BTX)

Solo los que le siguen pueden ver a Jesús (Juan 1: 50-51); Si seguimos a Jesús como sus discípulos lo hicieron lo veremos … “Crees…cosas mayores veras…Desde ahora veréis el cielo abierto…”. Cuando respondemos “heme aquí envíame a mí”, los ojos se abren para ver cada día a Jesús en nuestra vida cotidiana (Isaías 6: 5-8).

Solo cuando vivimos el significado del sacrificio de Cristo, podemos ver y colaboramos para que otros vean a Jesús (Isaías 53: 4-5; 6-11). Si comprendemos el propósito de la muerte de Cristo, lo asimilamos y la damos a conocer a los demás, lo oculto se hace visible. Cuando desde esta realidad proclamamos el evangelio, Jesús se hace presente (1 Corintios. 1: 22). Jesús y su Reino se manifiestan cuando sus discípulos le siguen y proclaman sus obras portentosas (Salmo 145: 11-13).

  • Jesús anuncia la culminación de su misión (Juan 12: 27-33)

Es importante observar que en el evangelio de Juan (12: 27-33), no se plantea la duda que plantean los evangelios sinópticos en el jardín de Getsemaní sobre la “copa” que ha de tomar Jesús (Marcos 14: 36; Mateo 26:39; Lucas 22: 42).  En el evangelio de Juan, Jesús acepta la copa sin cuestionar, aun cuando este turbada su alma (Juan 12: 27; 18: 11).  En Juan no se confirma la misión de Jesús con una intervención sobrenatural de ángeles como en Lucas 22: 43-44 [3].  Aunque Juan presenta una voz desde el cielo, esta voz no es para confirmar la misión de Jesús, sino por causa de las multitudes que escuchaba (Juan 12: 28-30).

Jesús anticipa su crucifixión en este discurso, es decir el tipo de muerte que ya discutimos en el artículo de la semana pasada (Juan 3: 14-21), pero además de forma clara se vincula dicho acto a la resurrección y ascensión (verso 32).  En el evangelio de Juan no se puede desconectar a los oyentes de estos tres inseparables eventos.   A Jesús lo vemos ahora en nuestra identificación con su muerte, resurrección y ascensión.  El mensaje de la Semana Santa incluye estos tres elementos, que como hemos dicho son inseparables, y es a través de ellos que veremos a Jesús, el Verbo de YHVH encarnado.

APLICACION

 ¿Quieres ver a Jesús? ¿Quieres que otros en esta bendita isla vean a Jesús? Cuando vivimos su muerte, resurrección y ascensión vemos a Jesús, cuando las proclamamos ayudamos a otros a que vean a Jesús. Creo que llegó la hora. ¡Muchas Bendiciones!

Notas:

[1] Un “mantra” es una práctica de repetir ciertas palabras o frases que se asumen tienen cierto poder psicológico y espiritual para libertar y clarificar la mente. Esta práctica es común en ciertas religiones orientales tales como el hinduismo y el budismo, entre otras. El cristianismo rechaza esta práctica por entender que la introducción de dichos mantras en la fe cristiana es sincretismo, que es censurado por las Sagradas Escrituras.

               [2] Karolyn Lewis, ¨Commentary on John 12: 20-33”.  Accesado el 20 de marzo de 2021, en  https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/fifth-sunday-in-lent-2/commentary-on-john-1220-33-3

              [3] Estos versos de Lucas 22: 43-44 no están registrados en el Nuevo Testamento Griego de Nestle-Aland 28vo ed., ya que no aparecen en los Manuscritos más antiguos y fidedignos tales como lo son los Códices Sinaítico, Alejandrino y Vaticano.

Bibliografía:

Brown, Raymond E. El evangelio y las cartas de Juan.  Bilbao: DESCLEE DE BROUWER, 2010.

Lewis, Karolyn.  Commentary on John 12: 20-33.  Accesado el 20 de marzo de 2021, en https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/fifth-sunday-in-lent-2/commentary-on-john-1220-33-3

Morris, Leon. El evangelio de Juan, Vol. I. Traducción Dorcas González Bataller. Barcelona: Editorial CLIE, 2005.

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