Una serpiente levantada en el desierto … ¿Qué significa?


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto del 14 de marzo de 2021, cuarto domingo de cuaresma, y tricentésimo sexagésimo cuarto (364) día de lockdown, lo encontramos en Juan 3: 14-21

Según Juan esta etapa temprana del ministerio de Jesús que se relatan en los capítulos 2 y 3 de Juan ocurren en Jerusalén (Juan 2: 23).  El discurso del capítulo 3: 11-21 forma en cierta medida parte del dialogo entre Jesús y Nicodemo, en el que Jesús ofrece una especie de resumen de los buenos propósitos de Dios para el mundo.

El discurso de Jesús toma la forma de una reflexión sobre el significado de su propia vida.  Sin embargo, los comentaristas se debaten si estos versículos se deben entender como las palabras de otro personaje dentro del relato dirigidas a los lectores de la comunidad juanina [1]. Ahora bien, lo sorprendente es que Juan ubica a Jesús dentro de este discurso ofreciendo una reflexión cristológica sobre sí mismo.

En primer lugar, el contexto de la perícopa sugiere que la verdad sobre los buenos propósitos de Dios que Jesús declara fueron confusos y preocupantes para Nicodemo. Este, siendo un líder y maestro de Israel, encuentra complejas las palabras de Jesús porque implican desaprender, y trascender la cultura religiosa de Israel para volver como un recién nacido a mirar el mundo en una forma completamente nueva (Juan 3: 1-12).

DESARROLLO

  • La serpiente “levantada” que da vida (Juan 3: 14-15)

La verdad es que muchas cosas que no comprendemos sobre la fe no se deben a un problema de confusión cognitiva o conceptual, sino a que dicha enseñanza tiene unas demandas a las cuales no estamos dispuestos a responder en la afirmativa. Es decir, el declarar mi incomprensión puede ser un mecanismo de defensa para no involucrarme.  La pregunta en este relato del evangelio de Juan es, ¿Qué es lo que resistimos entender?  Pasemos a analizar la perícopa que corresponde a este día:

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna (Juan 3: 14-15)

Hay varias cosas que necesitamos entender al estudiar este maravilloso texto. Primero, Jesús compara su misión con el evento en que Moisés levantó la serpiente en el desierto (Números 21: 9).  En el relato del libro de Números, Dios envió serpientes venenosas al campamento israelita como castigo por las quejas del pueblo.  Miremos el relato:

Y el pueblo habló contra Dios y Moisés: «¿Por qué nos han sacado de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay comida ni agua, y detestamos este alimento tan miserable». Y el Señor envió serpientes abrasadoras entre el pueblo, y mordieron al pueblo, y mucha gente de Israel murió (Números 21: 5-6 NBLA).

Cuando el pueblo se arrepintió, YHVH le dijo a Moises que hiciera una serpiente de bronce y la levantara sobre un asta para que cualquiera que fuese mordido mirare a ella y viviera (Números 21: 8-9). Lo más interesante es la comparación exclusiva de Juan: “de la misma manera que la serpiente fue levantada en el asta, así será necesario que el Hijo del Hombre sea levantado (Juan 3: 15).

El verbo griego que se utiliza para levantar es hypsoo, que también significa exaltar, y por lo tanto, el evangelista Juan lo utiliza con un doble significado que comunica una paradoja teológica.  Juan señala que dicho levantamiento físico de Jesús en la cruz implica perdón, sanidad y vida eterna.  La cruz es sacrificio, martirio y muerte, pero es el trono para el nuevo rey que ha sido exaltado por Dios (Juan 8: 28; 12:32).  Desde el punto de vista humano, la cruz es un momento de profunda humillación y derrota, pero en la imaginación teológica de Juan la crucifixión, resurrección y ascensión de Jesús se convierten en acciones de exaltación divinas para el Mesías de Dios (Filipenses 2: 8-9).

De forma paradójica se le requirió que los israelitas miraran en aquel desierto la serpiente que había traído muerte que es levantada para que el que mirara a ella tuviera vida.  De igual forma Dios nos pide que contemplemos el levantamiento de Jesús en aquella humillante crucifixión, y que la veamos como parte de su plan para glorificar al Mesías, y por medio de Él ofrecer la vida eterna al mundo pecador. 

Los judíos dividían el tiempo en la era presente, y la era por venir, por lo tanto, el adjetivo “eterna” se usaba para referirse a la vida en la era por venir, y no en la era presente.  La “vida eterna” es un concepto escatológico (vea Juan 6:40, 54). Pero como creemos que la era por venir ya comenzo a partir la encarnación de Cristo, esta no tiene final, el adjetivo pasó a querer decir “infinita”, “imperecedera”, donde el tiempo no existe.

Lo maravilloso de la vida eterna no radica en la cantidad de tiempo, sino en la calidad de este. La vida eterna es vida en Cristo que libera a la persona de la esfera y de las limitaciones terrenales. Tal y como vimos en la primera parte de este capítulo (Juan 3: 1-11), la vida eterna comienza con una acción divina que llamamos el nuevo nacimiento. Este es un regalo de Dios, y no un logro humano.

La imagen de Jesús como serpiente levantada es paradójica.  Según Juan, confiar en Jesús significa:

  • Poner nuestra confianza en Jesús es rechazar todo reclamo de lealtad y confianza de otras cosas que así lo demandan.
  • Poner la confianza en Jesús es reconocer que la nueva vida que Jesús ofrece es difícil equipararla con los requerimientos religiosos y culturales de nuestro mundo.  Los religiosos de la época de Jesús fueron los primeros que resistieron sus enseñanzas (Juan 1: 12).  La religión institucionalizada (el judaísmo rabínico) se convirtió en una barrera para comprender los reclamos sobre la fe en Dios que Jesús vivía y proclamaba. El levantamiento de Jesús en la cruz es un escándalo y piedra de tropiezo para los religiosos de su época, sean judíos o griegos (1 Corintios 1: 22-24)
  • Poner nuestra confianza en Jesús significa confrontar la verdad incómoda de que los propósitos de Dios no se refieren a nuestros propios valores e ideologías, visiones de vida y ni siquiera a nuestro sentido común sobre lo que es la felicidad, la salud y la seguridad que afirma nuestra cultura.  La vida que Dios nos ha prometido no es la vida que nosotros mismos nos aseguramos a través de nuestros esfuerzos e intereses propios.
  • Amor, vida y juicio para el mundo (Juan 3: 16)

El verso de Juan 3: 16 es posiblemente el más escandaloso del Nuevo Testamento:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3: 16 BTX).

Para el judío era fácil entender que Dios amaba a Israel, lo difícil es encontrar algún pasaje en la Biblia hebrea en el que el autor judío declare que Dios amó al mundo. Hay una posible excepción en el libro de Jonás (4: 2). Ahora bien, se trata de una idea desarrollada mayormente en el cristianismo: el amor de Dios es lo suficientemente grande para alcanzar a la persona, a las naciones y a toda la creación. Su amor no se limita a una nación concreta, o a una élite espiritual, se trata más bien de un amor que se deriva del hecho de que Él es amor (1 Jn. 4: 8, 16). Amar es propio de su naturaleza. Ama a la gente simplemente porque es el Dios que es.

Juan nos dice que su amor se concretiza al ofrecer a su Hijo como regalo. El amor de Dios está dirigido a toda la humanidad sin importar raza, color, cultura, es amor genuino al mundo entero. Por su amor Dios envió a su Hijo al mundo, pero Dios también dio a su Hijo en la cruz.  La cruz lo que realmente muestra es el amor del Padre hacia sus criaturas y también muestra su juicio.  He ahí la gran paradoja de la cruz:

Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. 18 El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y este es el juicio: que la Luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la Luz, pues sus acciones eran malas. 20 Porque todo el que hace lo malo odia la Luz, y no viene a la Luz para que sus acciones no sean expuestas.  (Juan 3: 17-21 NBLA).

Para encontrar la solución a esta paradoja debemos entender que el concepto de la salvación implica, necesariamente, el concepto del juicio. Aunque no nos guste, la salvación y el juicio son dos caras de la misma moneda. Jesús vino a traer salvación, pero la salvación de los que creen lleva implícito el juicio de los que no creen (verso 18). Esta es una realidad muy seria, y Juan quiere que la entendamos bien.

El juicio era un tema muy candente entre los judíos de la época en que Juan escribe su evangelio y cartas (90 d. C), y se referían principalmente al que tendría lugar en el día final. El evangelista utiliza el juicio desde dos (2) perspectivas.  En ocasiones habla del juicio de la forma en que el judaísmo rabínico acostumbraba a hacerlo (Juan 8:50). Pero hay un cambio de perspectiva cuando dice que Dios le ha confiado todo juicio al Hijo (Juan 5:22-27).  A la luz e estas declaraciones el resultado del juicio dependerá de la relación que cada uno tenga con Jesucristo (Juan 3: 18; 5:24).

APLICACIÓN

Por otro lado, la cruz puede verse también como una amenaza, y es por eso por lo que Jesús puede decir que ya está aquí el juicio de este mundo (Juan 12:31) y la hora final de Satanás, que también está siendo juzgado (Juan 12:31; 16:11). Para Juan, la encarnación en sí transforma la doctrina del juicio como los judíos la entendían. Cuando añadimos toda la vida de Jesús, su muerte, resurrección y ascensión al concepto del juicio, éste cambia totalmente.  

Para el evangelio de Juan la enseñanza del juicio trasciende el aspecto futuro del concepto.  El juicio ahora es una realidad presente , es algo que ocurre a diario, no en términos de salvación y perdición futura simplemente. La conversación entre Marta y Jesús sobre la muerte de Lazaro afirma la creencia la realidad presente del juicio de Dios por una analogía con la resurrección:

Jesús le dice: Tu hermano se levantará. Marta le dice: Se que se levantará en la resurrección, en el día postrero. Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que cree en mí, de ningún modo morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11: 23-26)

Jesús reinterpreta el concepto de la resurrección futura, para hacerlo una realidad presentes por medio de la fe en El. De la misma manera que la resurrección es una realidad presente, el juicio también lo es. El texto de Juan declara “que el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios” (Juan 3: 18 NVI).,

Ahora el juicio es para el seguidor de Jesús, para evaluar la calidad de su seguimiento. El juicio de Dios es el camino por el que el Espíritu que nos conduce a la excelencia cristiana.

Pero el que practica la verdad viene a la Luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios (Juan 12: 21).

El juicio de Dios tiene como objetivo que practiquemos la verdad en nuestro peregrinaje por esta vida. Ya el salmista anticipaba este concepto de juicio que Juan patentiza:

Escudríñame, oh Elohim, y conoce mi corazón, Pruébame, y conoce mis pensamientos, Y ve si hay en mi camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno (Salmo 139: 23-24 BTX).

La verdad se manifiesta en diferentes niveles de profundidad por medio de las acciones y palabras de los que han nacido de nuevo. La verdad tiene como fuente de su origen el nuevo nacimiento expresado por Cristo a Nicodemo (Juan 3: 3-8). Cualquiera que participe habitualmente en aquellas acciones que se describen como verdad, vienen y viven en la luz. Estas acciones son hechas “en Dios”, y la luz hará que todos las puedan ver.

No son las buenas obras las que nos salvan, ni somos salvos porque tenemos una naturaleza intrínsecamente buena, sino por la gracia de Dios, que nos ha hecho nacer de nuevo por medio de la fe en Jesucristo.  Esa es la verdadera enseñanza. ¡Muchas bendiciones!

Nota:

            

[1] León Morris, El evangelio de Juan, Vol. I. Traducción Dorcas González Bataller. (Barcelona: Editorial CLIE, 2005):  266-268

[2] Ibid., 266.

Bibliografía:

Brown, Raymond E. El evangelio y las cartas de Juan.  Bilbao: DESCLEE DE BROUWER, 2010.

Morris, Leon. El evangelio de Juan, Vol. I. Traducción Dorcas González Bataller. Barcelona: Editorial CLIE, 2005.

3 respuestas para “Una serpiente levantada en el desierto … ¿Qué significa?”

  1. Esta semana mi esposa me hablaba sobre ese pasaje bíblico y como fue destruida dicha serpiente de bronce posteriormente. Tu artículo completa el cuadro biblico. Pero es interesante que esa serpiente de bronce surge por orden de Dios, de un pueblo que critica el alimento que Dios le da para mantenerse saludables en el desierto. Eso mismo hicieron con Jesús , se negaron a recibir la carne y el pan del cielo y sucede lo mismo. Dios lo levanta para que vean que es en lo que El ofrece qué hay sanidad y salvación. Magistral tu artículo. ¿ a que crees?

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    > El mar. 20, 2021, a la(s) 5:26 p. m., SIN MIEDO A PENSAR escribió: > >  >

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    1. Estoy de maneras diversas actuando. El tiempo de dar el frente todo el tiempo ya esta terminando. Dejando espacios a una nueva generacion pero sin dejaar que el conocimiento adquirido en las luchas se pierda. Pero es una nueva generacion que sabe mucho de todo y no busca consejo. No como haciamos nosotros con ustedes. Pero la oracion cambiara todo eso.

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