Paz … para liderar un mundo en conflicto.


Por Samuel Caraballo-López

Paz os dejo, mi paz os doy. Yo os la doy no como el mundo la da.  (Juan 14: 27 BTX)

INTRODUCCION

El texto para el 28 de marzo de 2021, primer día de la semana santa y el tricentésimo septuagésimo octavo (378) día de “lockdown” por el COVID-19, lo encontramos en el evangelio de Marcos 11: 1-11.

La última semana de Jesús en Jerusalén fue el tiempo de mayor importancia en todo el ministerio de Jesús. Sin la última semana el mundo jamás hubiese conocido sobre aquel profeta galileo, llamado Jesús.

Hay al menos hay ocho (8) aspectos que debemos considerar sobre las narrativas de la última semana de Jesús según los evangelios sinópticos y el cuarto evangelio:

  • Son las narraciones más extensas de todo el ministerio de Jesús en los cuatro (4) evangelios. 
  • Las narrativas tienen múltiples detalles, que han motivado la imaginación de escritores, artistas, músicos, poetas, escultores y pintores de todas las épocas.
  • La pasión, muerte y resurrección que se nos narra en la última semana ha dejado su marca en el lenguaje del mundo, inclusive estableciendo signos, modismos y frases idiomáticas que se han integrado a la cultura.  Algunas de las expresiones son las siguientes:
  • “treinta piezas de plata”
  • “El beso de Judas”
  • El canto del gallo”
  • “Lavarse las manos como Pilato”
  • “El buen ladrón”
  • Llorar como una Magdalena”
  • “Meter el dedo en la llaga”
  • “Más contento que unas pascuas”
  • “Estoy pasando por un calvario”
  • “Ser una cruz”
  • “Hacer una barrabasada”
  • “Me llevas por la calle de la amargura”

  • Históricamente la última semana de Jesús fue el momento más público de su vida, al cruzarse en el camino con personajes conocidos del judaísmo y la historia secular:
    • Caifás
    • Anás
    • Pilato
    • Herodes Antipas
  • En la última semana se culmina el Plan Eterno de redención, por medio de la muerte de Jesús, para la justificación y salvación de la humanidad.
  • Estos eventos de la última semana han sido a través de la historia el centro de la meditación cristiana para la Iglesia.
  • Los relatos de la pasión constituyen los eventos de la cuaresma y la semana santa más esperados y celebrados del calendario litúrgico.
  • Nadie puede hablar de la fe cristiana sin mencionar los eventos que se suscitaron durante esta última semana.

Aunque hay similitudes entre ellos, cada evangelista organizó los materiales de la tradición que tenía disponibles para el servicio de sus auditorios.  Dado que consideramos el mensaje original de estos evangelios como Palabra de Dios, es urgente recuperar su significado primario hoy.

DESARROLLO

Pasemos a Considerar el texto de este domingo el evangelio de Marcos 11: 1-11.  Uno de los detalles que mayor atención nos reclama es el significado del asno en el cual entró a la ciudad de Jerusalén.

La utilización de un asno como montura tenía un simbolismo claro.  Este tipo de montura era propia de un príncipe que entraba a una ciudad en son de paz y alegría (Vea Génesis 49: 11; 1 Reyes 1: 38; Zacarías 9: 9-10).  Me parece significativo que Zacarías, un profeta cuyo libro se divide en dos periodos históricos diferentes (periodo persa y periodo helenista), menciona en su visión el perfil pacífico del Mesías que había de venir, y muy especialmente de cara a su entrada en la ciudad santa de YHVH.

Hay varios énfasis que Marcos hace en los detalles de este evento.  El primer detalle que nos deja anonadados es la forma en que Jesús obtuvo el pollino que nunca había sido montado con el que entró a la ciudad santa. Es interesante que el relato le da un aire de misterio a este evento que estratégicamente Jesús organiza.  Marcos no menciona nada sobre la procedencia de esta simbología, pero la lectura nos evoca el texto de Zacarias 9: 9-10.  El mensaje del profeta fue claro, solo el que venga montado en el asno traerá paz sin violencia.

Si observamos los títulos que le da la multitud que viene de Galilea a Jesús son títulos de honores reales, (sacados del Salmo 118: 19-26) … ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el reino que viene, de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas! (Marcos 11: 9-10).

Este punto es significativo por el concepto de “Pax” romana que se había impuesto en el mundo existente.  Una paz que era sostenida por la superioridad militar y tecnológica de Roma.  En contraposición de la “Pax” romana que, según algunos historiadores se extendió del 27 a. C -180 d. C, estaba la paz que el Mesías anunciaba en aquel día.  De hecho, Mateo en su lectura del escrito de Marcos, añade que esto era un cumplimiento profético (Mateo 21: 4). 

Esta entrada de Jesús a Jerusalén, sin duda era un desafío al imperio. El imperio romano era el típico sistema imperial que, con su propia cultura, leyes y sistema judicial, oprimía a sus súbditos. Roma no aceptaría estas nuevas visiones de la paz promovidas por Jesús, porque no correspondía a las ideologías del imperio. La paz que Jesús está caracterizando implica un reordenamiento en todas las dimensiones de la vida humana, con la justicia como criterio principal. Por lo tanto, esta visión de la paz envuelve en si misma lucha y tensión, no solo contra los factores externos que impiden lograrla, sino contra el sistema de antivalores internos que impiden vivir como agentes de esa paz.

Esta lucha por la paz implica atreverse a destronar aquellos factores disfuncionales de aquella cultura y de toda cultura con los que hemos sido socializados, que fomentan y aplauden la guerra, la contienda y el discrimen.  El sistema de Caín y Lamec que fomenta que cada ser humano afirme sus ideologías sobre el anhelo de vivir en la verdad coloreada por el amor.  Hemos sido enviados por Dios como pacificadores a lugares donde el antagonismo está presente y se hace necesario enfrentarlo.  Es en estos lugares donde la fe y el valor son imprescindibles.

La imposición del Estado de ciertas ideologías con la fuerza de la “espada” no garantiza la paz verdadera para ninguno de los ciudadanos. Jesús hace una manifestación pública de cómo será su reinado, uno justo que se va a distinguir por un estilo que fomente la paz, sin violencia en todas las dimensiones de la vida humana y no humana.

APLICACION

¿Cómo los primeros cristianos entendieron este signo de Jesús? No hay duda de que el significado para nosotros hoy tiene que estar vinculado con el significado que intentaron trasmitir y trasmitieron los autores inspirados. Dios nos está llamando hoy en nuestra tierra a seguir el camino “arriesgado” de los pacificadores. El texto griego utilizado por Mateo 5:9 para hablar de los pacificadores es eirenopoioi, que significa hacedores de la paz o que se esfuerzan en pro de la paz.  A estas personas Dios los considerará sus hijos.

Es decir, la paz que necesitamos para mantener un ambiente de bienestar y desarrollo de nuestro pueblo y comunidades no la lograremos con imposiciones de criterio por medio de leyes o reglamentos.  Es cierto que, en algunos contextos, debido a la dureza de corazón de ciertas personas, hay que establecer normas claras de convivencia, sin embargo, la meta debe ser formar a cada persona con la madurez que Cristo espera de nosotros. Es tiempo que entendamos que nuestras creencias y mensajes no se pueden imponer a otros, aun cuando podamos tener razón, sino que debemos comunicarlos con bondad amorosa y misericordiosa. Jesús, el rey que tiene todo poder se niega a imponer por la fuerza el poderío de su reino.

Esta lucha de Jesús por la paz integral del ser humano y su entorno le trajo grandes conflictos con el sistema dominante de su época, es decir, el imperio romano y todas sus ramificaciones.  Los sistemas políticos son entidades con una dimensión espiritual y con toda una red de estructuras, programas, normas, definiciones, leyes e instituciones que sostienen y preservan el “estatus quo”. Estos también tienen etiquetas, normas de vida, perfil del ciudadano ejemplar y su propia interpretación sobre la paz y el orden.

Es bueno aclarar que esta lucha por la paz de la que Jesús habló, es diferente a las luchas que observamos en ciertos sectores de la sociedad.  Esta en sí misma no es una desagradable, rencorosa y mucho menos destructiva.  Es una lucha hermosa, misericordiosa y ante todo restaurativa.   El buscar la paz es un constante lidiar por encarnar y hacer la voluntad de Dios en cada contexto en que nos encontramos.   Es un enfrentamiento para que la gloria de Dios produzca bienestar a toda la familia humana, en la cual Dios en Cristo nos ha convertido en sus emisarios.      

Sin embargo, es bueno aclarar que, aun cuando una de las características de la llegada del Mesías consistía en fomentar la paz (Isaías 9: 6-7; Zacarías 9: 10), que es dulce y agradable, la proclamación de las buenas noticias del reino de Dios ha traído en muchas ocasiones respuestas violentas por aquellos que se sienten amenazados por dicho mensaje (Mateo 11: 12). 

Los evangelios nos llaman la atención en cómo Jesús se presentó como el rey mesiánico, manso y humilde, que trae paz, y su estilo de no-confrontación será claramente afirmado en Mateo 12: 15-21, y demostrado durante el proceso de condena y muerte que se narran en los capítulos 26-27.  De hecho, su nacimiento fue proclamado como el “amanecer” de la paz en la tierra (Lucas 2: 14).  Cuando Jesús envió a sus discípulos les exhortó a ofrecer la paz (Mateo 10: 13).  La construcción de la paz es parte esencial de la vida bienaventurada (Mateo 5: 9).

Sin embargo, es fundamental que los creyentes entendamos que el camino de la paz tiene como pre-requisito la justicia, y esta búsqueda de justicia le trajo a Jesús fuertes controversias.  Es cierto que la totalidad de las experiencias de Jesús apuntan hacia la búsqueda de la paz, pero este camino hacia la paz está coloreado por experiencias de conflictos.

Ahora bien, la hostilidad que genera el mensaje de Jesús no se debe al estilo, conducta o a la falta de sagacidad de los discípulos, sino al rol que ellos están asumiendo de representar a Jesús. No importa la bondad o diplomacia del discípulo, la persecución viene no por ellos, sino por causa de Jesús. 

El discípulo tiene que entender que seguir a Jesús implica “renunciar” al derecho a una vida tranquila y sosegada. De hecho, seguir a Jesús es abrazar el martirio si fuese necesario, no como una forma de alcanzar méritos para la salvación, sino por mi lealtad con la realización de la misión de Dios en el mundo.

¡Paz sea sobre el pueblo de Dios!

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