Plenamente humano en un mundo no-humano


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto para el 11 de abril de 2021, segundo domingo de resurrección y tricentésimo nonagésimo segundo (392) día de lockdown por COVID-19, lo encontramos en 1 Juan 1: 1-2:2.   Estos textos pertenecen a la primera de las tres cartas escritas por el hagiógrafo que se denomina “el presbítero” o “el anciano”.  De hecho, esta primera carta es de carácter doctrinal y exhortativa. Su intención es orientar y reforzar a sus destinatarios contra grupos disidentes que han dejado la comunidad, y realizan la labor de los “demonios y el anticristo” (1 Juan 2: 18; 4: 1-6).

El “presbítero” o “anciano”, que es el autor de la cartas de Juan (vea 2 Juan 1: 1; 3 Juan 1: 1), es un miembro de la generación de maestros que siguieron a los primeros testigos de Jesús durante el primer siglo de la era cristiana [1]. Se le puede denominar a éste como parte de la segunda generación de los seguidores de Jesucristo. En otras palabras “el presbítero ” fue un discípulo del “discípulo amado”, que a su vez fue el fundador de la comunidad joánica.  Dada esta cercanía del “presbítero” al fundador de la comunidad tenía la autoridad para enseñar la tradición recibida del “discípulo amado”. 

El periodo histórico que sirve de contexto a estas cartas de Juan es la última década del siglo I de la era cristiana (90 d. C), que fue un período lleno de desafíos para la Iglesia frente a un mundo hostil.  Sin embargo, la poderosa manifestación del Espíritu Santo trajo un rápido crecimiento para esta comunidad. Por otro lado, las cartas de Juan dan testimonio de que el primer siglo del cristianismo también fue una época de grandes luchas y divisiones para la Iglesia emergente, causada principalmente por diferencias teológicas y falsos profetas.

No sabemos con especificidad lo que había sucedido en aquella comunidad cristiana que recibió la carta de 1 Juan, pero del texto podemos inferir que hubo alguno disidentes que se separaron debido a desacuerdos, especialmente sobre la persona de Jesús [cristológicos] y la naturaleza de la vida cristiana [éticos] (Juan 2: 19). Estos disidentes negaron que Jesús fuera realmente humano (1 Juan 4: 2). Dado que concebían al Mesías como un ser “celestial”, sin pecado y sabio, enseñaron que ellos también lo eran. A esta herejía le llamamos docetismo [2].

DESARROLLO

El escritor de 1 Juan (a quien llamaremos “el presbítero”) escribió esta carta para “dejar las cosas claras”, por así decirlo, sobre estos asuntos que los habían separados, y posiblemente sentía cierto temor de que los actuales miembros pudiesen separarse y unirse a estos disidentes. Sin embargo, lo que tenemos en 1 Juan no es realmente una polémica contra estos secesionistas, sino un llamamiento positivo a los lectores para que abracen al Cristo encarnado y entren en comunión con el Padre y el Hijo (1 Juan 1: 3).

Si bien, 1 Juan no ha ocupado un lugar central en las discusiones doctrinales de nuestro tiempo e incluso no se usa profusamente en la predicación, esta epístola resultó ser favorecida por Juan Wesley, tanto que exclamó: “Si el predicador tuviera que imitar alguna parte de los oráculos de Dios, por encima de todos las demás, que escoja la primera epístola de San Juan”

Según Lucas, cuando Pablo fue a Atenas, estaba discutiendo con filósofos griegos que estaban interesados ​​en su mensaje por curiosidad intelectual porque disfrutaban pasar tiempo “contando o escuchando algo nuevo” (Hechos 17: 21). Quizás los disidentes de 1 Juan también estaban obsesionados con nuevos conocimientos y sabiduría especial de aquel mundo helenista que los rodeaba.  Esto suele ocurrirnos a nosotros que en ocasiones somos seducidos por lo nuevo:  nuevos dispositivos, nueva tecnología, nuevos programas de cine y televisión, nuevos automóviles, nuevas ofertas, etc.  Estas opiniones de los disidentes se parecían a lo que más tarde se llamó el gnosticismo, herejía que enseñaba que sus seguidores eran iluminados por un conocimiento nuevo, exclusivo y único, y que les daba ciertos privilegios delante de Dios sobre los demás.

Lo que hace significativo el comienzo de la carta de 1 Juan es cómo “el presbítero” anula esta obsesión por la novedad y la exclusividad:

“Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida. Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado. Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría[a] sea completa.” (1 Juan 1: 1-4 NVI)

El “presbítero” inicia su carta escribiendo sobre Jesús, dando un testimonio de su encarnación. Pero lo hace lentamente para desenvolver su mensaje con delicadeza. A pesar de que está hablando de un Quién (una persona), comienza la retórica del “qué”.

Lo que ha sido desde el principio,

Lo que hemos oído,

Lo que hemos visto con nuestros ojos,

Lo que contemplamos y lo que palparon nuestras manos acerca de la Palabra de vida,

Lo que hemos visto y oído os anunciamos (1: 1, 3a)

Primero, parece que está hablando de un mensaje, una Palabra (logos), porque comienza con “qué” y no con “Quién”.

Para aquellos que buscan nuevas “noticias”, esta estrategia comunicativa es excelente.  Estoy seguro de que los lectores, y mucho más los que escuchaban (se acostumbraba a leer estas cartas en voz alta) estarían muy atentos. El “qué”, sin embargo, no es una idea nueva, fresca, sabiduría secreta, conocimiento esotérico. Esta “noticia” es “periódico de ayer”, aunque es actualizada por el Espíritu Santo.  Es lo que se dijo desde el comienzo del evangelio. Y no solo los oídos lo oyeron y los ojos lo vieron, sino que fue tocado por manos humanas.

Algunos pueden tener “comezón de oír” y quieren algo “nuevo y especial” del presbítero, pero él comienza con la vieja historia de una persona, un ser humano, de Jesús. No se puede conocer a Jesús, el Señor resucitado y reinante, sin contar con la encarnación, que demuestra la humanidad de Jesús. Si Él es la Palabra, debemos prestar atención en primer lugar a las palabras que nos habló en la tierra. Si Él es Vida, debemos desear vivir la vida que Él vivió (incluso hoy) que lo llevó a la muerte en la cruz. Solo así puede haber comunión, unión y vida junto con el Padre y el Hijo (1 Juan 1: 3).

A veces nos convertimos en víctimas de nuestras propias “definiciones”. A menudo usamos el concepto “espiritualidad” de una manera que puede llevarnos a pensar que ser cristiano solo requiere una trascendencia espiritual que catapulte nuestras almas a un plano celestial para lograr la paz o la santidad, dejando atrás nuestros cuerpos y este mundo. Pero la verdad es mucho más simple que eso y de una manera conmovedora el pastor y teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer lo explica en su carta del 21 de julio de 1944, algunos meses antes de su ejecución.

Para Bonhoeffer, Cristo no es un hombre de lo “sagrado”, sino de lo humano, que vive lo humano con cada ser humano, revelando así la profundidad de la gracia en el interior mismo de lo humano. Es en la encarnación que el cristiano alcanza su significado último, que es llegar a ser humano en el sentido pleno de la palabra, y permanecer humano a pesar de lo deshumanizante del mundo [3]. Es crucial que Juan también refuerce la humanidad de Jesús para dejar en claro que Jesús establece un nuevo patrón para la vida humana, uno marcado por el amor sacrificado (1 Juan 3:16).

Juan pasa tiempo en esta epístola hablando del pecado. Los disidentes aparentemente negaron ser vulnerables al pecado, por lo que Juan reforzó la realidad del pecado y la debilidad humana, incluso para los creyentes (1 Juan 1: 8). En nuestras comunidades cristianas de hoy, el problema no es tanto que los creyentes nieguen ser pecadores, sino que ignoren la terrible realidad del pecado.

APLICACION

Para nosotros hoy, en Jesús se “cumplen” todas las promesas de Dios (2 Corintios 1: 20) Por lo tanto, “cumplimiento” es la nueva palabra de moda. Queremos que Jesús nos dé satisfacción espiritual, paz y contentamiento. Estas son cosas buenas, pero Juan nos recuerda que el problema del pecado, que deteriora nuestra vida y contamina nuestra relación con Dios, es el verdadero obstáculo. La confesión (1 Juan 1: 9) limpia la contaminación y la confianza en Cristo aparta la ira y remueve sus efectos (1 Juan 2: 1-2).

Al igual que el autor de la carta a los Hebreos, “el presbítero” abraza la humanidad de Jesús apelando a su apoyo comprensivo (ver Hebreos 4: 15). El pecado debe ser reconocido y tratado, pero Cristo, quien fue tocado en su cuerpo por las consecuencias de nuestra pecaminosidad, lleva en sí mismo las marcas de haber encontrado una nueva forma de vivir plenamente humana. Solo viviendo el amor sacrificado de Jesús en nuestras vidas, nos permite ser plenamente humanos como lo fue Jesús:

En esto conocemos el amor: en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. (1 Juan 3: 16 LBLA).

Jesus es el abogado perfecto en su divinidad porque solo Él venció al pecado. Es el abogado perfecto en su carne porque su humanidad es inalterable . . . Muchas bendiciones

Notas:

[1] Raymond E. Brown, La comunidad del discípulo amado. Estudio de la eclesiología juánica. Traducción Faustino Martinez Goñi. (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1987): 92

[2] Docetismo=Herejía cristiana que se desarrolló durante los primeros siglos del cristianismo y que se caracterizaba por considerar que el cuerpo de Jesús era aparente y que su humanidad no era verdadera.

[3] Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisión: cartas y apuntes desde el cautiverio. (Barcelona: Ediciones Ariel, 1969): 198

Bibliografía

Bonhoeffer, Dietrich. Resistencia y sumisión: cartas y apuntes desde el cautiverio. Barcelona: Ediciones Ariel, 1969.

Brown, Raymond E. La comunidad del discipulo amado. Estudio de la eclesiología juanica. Traducción Faustino Martinez Goñi. Salamanca: Ediciones Sigueme, 1987.

Gupta, Nijay. “Commentary on 1 John 1: 1-2:2.” Working Preacher, accesado el 8 de Abril de 2021, en https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/second-sunday-of-easter-2/commentary-on-1-john-11-10-21-2-3

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