¿Frutos de Dios o del Mundo? … una invitación a meditar


Por Samuel Caraballo-López

Introducción

La lectura para el 9 de mayo de 2021, sexto domingo de resurrección, y cuadrigentésimo vigésimo (420) día de lockdown por el COVID-19, la encontramos en Juan 15: 9-17.  Hay un cambio de la metáfora utilizada en el inicio del capítulo 15, sobre la “vid verdadera” a una nueva metáfora del amor del binomio Padre-Hijo:

Como el Padre me amó, también Yo os amé; permaneced en mi amor (Juan 15: 9).

Desarrollo

Dado que este relato se encuentra en el mismo discurso anterior, hay un vínculo entre la vid que es fecunda, produciendo frutos, y el permanecer en el amor del Padre-Hijo.  Solo permaneciendo en Su amor podremos experimentar de la “savia” divina que nos permite fructificar interna y externamente.  El amor de Dios es el motor impulsar de la “fotosíntesis” que hace fecunda la vid, y genera los frutos que satisfacen a Dios, y producen gozo en nuestros corazones.

Estas cosas os he hablado para que mi gozo este en vosotros, y vuestro gozo sea completo (Juan 15: 11).

Solo el amor que se tienen el Padre y el Hijo irradia el poder que nos permite vivir la vida cristiana en plenitud.  El nuevo paradigma que fundamenta la vida cristiana es el amor trinitario que se profesan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  Cuando ese amor encuentra cabida en nuestra vida comunitaria y personal, se genera un poder tal que el fruto de la vid se expresa plenamente a través de cada uno de sus pámpanos (congregaciones e individuos). 

Este modelo eclesiástico que se deriva de estas dos (2) metáforas, debe ser considerado por cada cristiano.  Hay una sola Vid, cuyos frutos provienen de la “savia” divina, que fluye por cada rama hasta llegar a los pámpanos para hacerlos fructificar.  Ahora bien, la energía que se necesita para ese proceso de producción de frutos (fotosíntesis) es el amor del Padre-Hijo que irradia en el corazón de aquellos que han sido “arrastrados” por el Espíritu Santo a Cristo, y que a su vez han respondido con humildad y fe a dicho llamado.

Solo permaneciendo en el amor del Padre-Hijo podemos dar frutos abundantes.  El único mandamiento que Jesús nos dejó en el cuarto evangelio fue el amarse unos a otros, como El lo había hecho, y esto a su vez es la característica distintiva de todo discípulo:

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como os he amado, que también os améis unos a otros.  En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros (Juan 13: 34-35). 

Que triste por aquellos que han cambiado dicho mandamiento. El apostol Pablo nos advierte del riesgo que corremos cuando esto ocurre:

 Pues toda la ley puede resumirse en un solo mandato: «Ama a tu prójimo como a ti mismo», 15 pero si están siempre mordiéndose y devorándose unos a otros, ¡tengan cuidado! Corren peligro de destruirse unos a otros (Gálatas 5: 14-15 NTV).

Un cántico que me ha robustecido de conciencia y cuyo autor es el pastor español, Marcos Vidal, titulado “Buscadme y viviréis”; describe la situación, que, en ocasiones, observamos entre algunos seguidores de Jesús:

Cada vez más violencia.
Más maldad en la tierra
Parece que el amor ha muerto
Y la locura reina sobre la humanidad

Jóvenes acabados
Niños abandonados
A precio de placer
Y decidiendo solo el interés.

Si mi pueblo se volviese y me buscase
Renovando así su entrega y su fe
Si me amasen como aman sus caminos
Si olvidasen los rencores del ayer.

Yo abriría las ventanas de los cielos
Y la tierra hoy vería mi poder,
Mientras tanto aún repito como antaño,
Buscadme y viviréis.

El permanecer en el amor del Padre-Hijo tiene como resultado una nueva relación que Jesús expresa en este discurso de despedida.  Los discípulos de Jesús ahora no mantienen con Él una relación de esclavos como era común en la cultura mediterránea del primer siglo, sino que Jesús ha hecho de ellos, sin mérito alguno de su parte, sus amigos.   Su amistad es singular y se distingue porque ahora Jesús comparte con sus discípulos lo que ha oído del Padre:

Porque todas las cosas que oí del mi Padre, os la di a conocer (Juan 15: 15). 

Ahora sabemos lo que hace y planifica hacer nuestro Padre, Jesús comunica sus secretos a sus seguidores.  ¿No fue acaso esto lo que dijo Jeremías que distinguía a los verdaderos profetas de los falsos?

Pero, ¿cuál de ellos ha estado en el consejo de YHVH para percibir y oír su palabra? ¿Quién de ellos ha oído su palabra y la ha escuchado? (Jeremías 23: 18)

Esto es sorprendente, ahora Jesús tiene la confianza en nosotros (a pesar de nosotros) y nos comparte lo que el Padre le ha comunicado.  Cuando permanecemos en el amor del Padre-Hijo se da una relación de confianza que propicia la comunión y comunicación entre las partes.

Ahora bien, la energía del amor produce un gozo pleno, que a su vez mantiene la fecundidad en medio de un mundo hostil.  El crecimiento de la relación entre cristianos (intra-pámpanos) y entre comunidades de fe (inter-pámpanos) es lo que hace posible la constante fecundidad en medio de un mundo caído.  Una fecundidad que produce acciones concretas de amor a través de proyectos de servicio de solidaridad con el mundo, junto a la fortaleza que produce el “gozo del Señor” en medio de la oposición y persecución. 

No hay duda de que el mundo resiste a Jesús y su mensaje del reino (Juan 15: 18-16: 4ª):

Si el mundo los odia, recuerden que a mí me odió primero. 19 Si pertenecieran al mundo, el mundo los amaría como a uno de los suyos, pero ustedes ya no forman parte del mundo. Yo los elegí para que salieran del mundo, por eso el mundo los odia (Juan 15: 18-19 NTV).

Esta oposición que vemos del mundo hacia los seguidores de Jesús, no se debe a la vida que estos viven, sino a Jesús (Es imposible amar a Jesús y odiar su pueblo).  La resistencia de este sistema será siempre a Jesús y a aquellos que permanecen en el amor del Padre-Hijo.  Es en medio del odio y la resistencia del mundo, cuando el amor brilla y se revela en su máxima expresión.  Jesús lo sabía y nos envía a un mundo “como ovejas en medio de lobos” a testificar y ser fecundos, y por supuesto, esto se logra amando como Jesús amó (Jesús no nos mandó a pelear con el mundo). 

Jesús no nos dejará huérfanos en medio de esta labor de ser fecundos en medio del mundo.  No seremos fecundos si producimos los frutos que el mundo espera, solo lo seremos cuando fructifiquemos lo que Dios le agrada, y trae bienestar integral la humanidad.  La llegada del “Paracletos” viene para no dejarnos en confusión y orfandad, y para persuadir al mundo de lo que es pecado, justicia y juicio (Juan 16: 8).

Aplicación

La exhortación del texto de hoy, es a que la Iglesia este unida al binomio Padre-Hijo, para que manifiesten su amor y fecundidad:

Dios los bendijo y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve[a] sobre la tierra» (Génesis 1: 28 NBLA).

Yo soy la vid verdadera, y Mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en Mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda[a] para que dé más fruto (Juan 15: 1-2).

Los seguidores de Jesús deben buscar formas de dar a conocer el amor y justicia del Padre en sus contextos.  Jamás deben ser ignorantes de que habrá resistencia en el cumplimiento de la misión de servir, testificar y amar; sin embargo, no pueden olvidar que el “Paracleto” fue enviado para acompañarnos en el cumplimiento de la misión de Dios.

Cuando venga el Paracleto, a quien Yo os enviaré del Padre, el Espíritu de la verdad, el cual procede del Padre, El dará testimonio acerca de mí; y vosotros también sois testigos, porque estáis conmigo desde un principio (Juan 15: 26-27 BTX).

Las luchas que hoy vivimos nos obligan cultivar nuestro amor por el binomio Padre-Hijo, a reconocer de forma plena el acompañamiento del “Paracletos”, y ante todo, manifestar un anhelo vehemente de producir frutos que agraden a Dios y bendigan a nuestro pueblo.  Es urgente que emprendamos proyectos creativos de servicio a nuestros pueblos, invirtiendo nuestros recursos, talentos y tiempo para hacer más humana la vida humana, tanto de nuestras congregaciones como en todo el planeta. 

Oremos intensamente para que Dios nos haga fecundos, creativos, emprendedores y valientes frente al dolor y necesidad humana.  Llegó la hora, y es ya, de que una nueva Reforma de obras de servicios en todas las dimensiones de la vida humana comience en nuestro planeta. Frente a la represión que esto traerá nuestra militancia y resistencia cristiana será nuestra respuesta.

Ser un seguidor de Jesús supone sentirnos responsables de lo que el Padre nos ha delegado: el proyecto de su misión. En este proyecto todo seguidor de Jesús es responsable de forma visible de dar a conocer con palabras, acciones y testimonio el reino de Dios y su justicia. Ser cristiano implica dar testimonio personal y comunitario de ese reino.  No hacerlo es ser irresponsable.  Seamos ahora más que nunca militantes de ese reino de Dios. Muchas bendiciones.

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