Santificación: la clave del verdadero activismo cristiano


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto del 16 de mayo de 2021, séptimo domingo de resurrección, y cuadrigentésimo vigésimo séptimo (427) día de lockdown por el COVID-19, lo encontramos en el evangelio de Juan 17: 6-19.  Esta perícopa es parte del discurso de despedida de Jesús que se encuentra en los capítulos 13 al 17, y que equivale a un testamento de un Padre que les anuncia a sus hijos su partida definitiva. De hecho, el texto de hoy forma parte del discurso final de Jesús antes de ser arrestado, y nos anticipa la celebración del Festival de Pentecostés.

Es importante que antes de entrar en el texto de este domingo, definamos el concepto de activismo.  Según el diccionario de la RAE, el activismo es la dedicación intensa a alguna línea de acción en la vida pública, ya sea en el campo social, político, ecológico, judicial, religioso entre otros. También se entiende por activismo la estimación primordial de la acción, en contraposición la inacción o dejadez. 

Cuando añadimos al concepto activismo el adjetivo cristiano, nos referimos a la acción militante de los seguidores de Jesús por influenciar la sociedad o el sistema político para que atienda asuntos relacionados a la ética cristiana, o rechace acciones que amenazan la libertad y práctica de la fe cristiana.  La experiencia nos dice que estos activistas cristianos defienden sus puntos de vista con estrategias similares y la misma pasión que otros sectores ajenos a su fe, tratando siempre de evitar actos que concluyan en experiencias de violencia.  Dada esta realidad el análisis de esta perícopa debe arrojar luz sobre los elementos esenciales para hacer de nuestro activismo cristiano uno que genere acciones redentoras en el mundo.

Las expresiones de Jesús en este discurso despedida, además de una plegaria intercesora, es una construcción teológica comparable al Sermón de la Montaña de Mateo (caps. 5-7).  En este discurso Jesús manifiesta tristeza, rememora su vida, obra y enseñanzas pasadas (Juan 17: 4-8), además de afirmar la esencia misma del vivir y actuar cristiano.

DESARROLLO

Hay cuatro (4)  conceptos o frases que me llaman la atención en este pasaje bíblico y son los siguientes:

  • Mundo [kosmos].  El mundo representa a la humanidad pecadora que de ninguna manera es merecedora del amor de Dios (Juan 3: 16). Es de ese mundo que está bajo condenación que el Padre “atrae” o “arrastra” seres humanos a Cristo. Estos pecadores que son atraídos al Hijo, experimentar su amor y su poder, y con humildad y fe le siguen.  Así que se trata aquí de la inconmensurable misericordia y grandeza de Dios para con el pecador. En los versos en consideración, el concepto “kosmos” aparece 11 veces, comenzando con la procedencia de los seguidores de Jesús:

Manifesté tu nombre a los hombres que del mundo me diste.  Tuyos eran y me los diste, y han guardado tu palabra (Juan 17: 6)

Los discípulos fueron “arrastrados” del mundo de Dios, en el cual Él tiene soberanía (Salmo 24: 1).  Esta verdad le da continuidad al ministerio de Jesús desde la antigüedad.  Fue el Padre, dueño de la humanidad, por creación, quien “atrajo” por su misericordia a estas personas a Jesús (Juan 6: 44).  Estos a su vez fueron iluminados por el ministerio de Jesús y la acción del Espíritu Santo que los persuade, y ellos responden, para integrarse con humildad y fe a la comunidad que llamamos su Iglesia.  Es en esa relación Trinitaria que llegamos y continuamos siendo discípulos de Jesús (Juan 15: 1-5; 17: 7-8).

  • “me los distes” (didoni).  Esta expresión complementa a la anterior, fue el Padre que junto al Espíritu Santo actuó para que su obra redentora en Jesús, se pudiese realizar, primero en estos discípulos y luego en medio del mundo. El Padre no solo “arrastra” a los seres humanos a Jesús, sino que las enseñanzas que Jesús ofrece son también las del Padre (verso 8). En siete (7) ocasiones se usa esta frase en la perícopa, para indicar la composición Trinitaria de la naturaleza de Dios (Juan 17: 6,7,8,9, 11, 12).

El verso 10 nos explica esta relación trinitaria que distingue a nuestro Dios:

… y todo lo mío es tuyo; y todo lo tuyo, mío; y he sido glorificado en ellos. Yo no estoy en el mundo, pero ellos están en el mundo, y Yo voy a ti.  Padre Santo, guárdalos en tu nombre el cual me has dado, para que sean uno como Nosotros (Juan 17: 10-11).

  • Palabra (logos).  Este concepto aparece en cuatro (4) ocasiones en esta perícopa (versos 6, 14,17 y 18). Las palabras de Jesús son las del Padre, por lo tanto, obedecer dichas palabras es obedecer el mensaje del Padre. Rechazar las palabras de Jesús es sencillamente rechazar las palabras de YHVH, y esto tiene serias implicaciones para los judíos en el evangelio de Juan. La razón porque el mundo aborreció a los seguidores de Jesús, es por su sentido de aborrecimiento hacia Jesús.  

Se que sois descendencia de Abraham, pero procuráis matarme porque mi palabra (que es la de YHVH) no tiene cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto en la presencia del Padre, y vosotros hacéis también lo que oísteis de (vuestro) padre. … Jesús les dijo: Si Dios fuera vuestro padre, ciertamente me amarías, porque Yo procedo y he venido de Dios. No he venido de mí mismo, sino del que me envió.  Vosotros sois de vuestro padre, el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer; (Juan 8: 37- 44)

Es de vital importancia que entendamos que hay continuidad entres Jesús y su Padre, y que lo que Jesús trasmite es la voluntad de su Padre que está en los cielos.

  • Verdad (alētheia).  Para los griegos la verdad es literalmente aquello que no está oculto, aquello que es evidente.  La palabra alētheia se equipará con el concepto “logos” de Jesús, que a su vez es palabra del Padre.  La expresión ocurre en tres (3) ocasiones (verso 8, 17 y 19). En el evangelio de Juan, Jesús se autodenomina como alētheia (Juan 14: 6), y es esta la que liberta de la esclavitud en que el “diablo” había sometido al mundo, incluyendo a los judíos (vea Juan 8: 31-36). Es la verdad de Jesús –que repito– es a su vez la verdad del Padre, la que puede liberar a la humanidad.
  • Santificación[hêgíasménoi] Este concepto aparece en los versos 17 y 19, vinculados con la verdad [alētheia].  La santificación en este contexto no es una realidad abstracta que reclama un estilo de vida piadoso. La santificación se equipará con el “logos”, lo que indica que hay una relación directa entre Jesús, el “logos” encarnado, y la santificación del creyente. La expresión de Jesús es digna de ser copiada:

Y por ellos Yo me santifico [hagiázô] , para que también ellos sean santificados [hêgíasménoi] en verdad (Juan 17: 19).

Jesús nos habla de su propia santificación (Juan 17:19), ¿Qué realmente significa esto? En el contexto del cuarto evangelio, Jesús se refiere a poner su vida en la cruz, y luego volverla a tomar (Juan 10: 17-18).  Esto realmente tiene grandes implicaciones para los cristianos, nuestra santificación se deriva del sacrificio de Jesús en la cruz.  Esta santificación fue comprada a precio de sangre, por lo tanto, la entrega de Jesús es el fundamento de nuestra santidad.  Cuando mantengo una relación con Jesús, su carácter, propósitos y misión me son compartidas.  Cuando “perdemos” la vida haciendo de la vida de Cristo nuestra vida, entonces la ganamos y estamos listos para cumplir con su envío al mundo (Juan 12: 25).

APLICACIÓN

A la luz de lo antes expresado, ¿Qué es la santificación?  La santificación es el camino y requisito “sine qua non” para cumplir con el envió al mundo. Esta santificación no es una forma de ser puro, santo o separado, sin restar méritos a este concepto.  La santificación es la ruta para que el discípulo cumpla con su envió de forma efectiva.  Es decir, el compartir la verdad de la palabra de Jesús y del Padre con el mundo solo es posible en el contexto de la santificación.  La santificación no nos separa del mundo, sino que nos convoca a ir a este (Juan 20:21), haciendo que nuestras acciones y palabras sean creíbles (Juan 17:20).   

Dado que nuestra santificación es el resultado del evento de la entrega de Jesús en la cruz, esta se adquiere por “contagio”, es decir, mientras más me acerco a Jesús en fe y humildad, más se hace presente en mí Su santificación.  Así que existe un vínculo entre mi espiritualidad trinitaria, la santificación y mi envío al mundo.  A mayor santificación mejor efectividad en el trabajo solidario con el mundo.

Acerquémonos a Jesús para que nuestra vida alcance la plenitud que el Padre siempre ha deseado para sus hijos e hijas.  Muchas bendiciones.

Bibliografía

Caraballo-López, Samuel.  “Sin raíces no se crece: la vida secreta con Dios” Blog. Sin Miedo a Pensar. Accesado el 6 de mayo de 2021 en https://samcaraballo.wordpress.com/2012/06/20/sin-raices-no-hay-crecimiento-la-vida-secreta-con-dios/

Hoffman, Mark G. Vitalis. “Commentary on John 17: 6-19”. Working Preacher.  Accesado 6 de mayo de 2021, en https://www.workingpreacher.org/commentaries/revised-common-lectionary/seventh-sunday-of-easter-2/commentary-on-john-176-19-4

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