STOP … Hay advertencias de vida o muerte


Por Samuel Caraballo-López

INTRODUCCIÓN

El texto del 6 de junio de 2021, tercer domingo de Pentecostés, lo encontramos en Marcos 3: 20-35.  En este pasaje se discute la fuerte resistencia que experimentó el ministerio de Jesús en Galilea, tanto de la religión oficial como de su propia familia.

Antes de analizar la perícopa es bueno hacer algunas observaciones sobre ciertas variantes existentes en Marcos 3: 20-21 al comparar los Códices Sinaítico (א) y Vaticano (B) con otros códices posteriores.  Miremos estos textos:

Llega a una casa, y de nuevo se agolpa una multitud tal, que ellos no podían ni siquiera comer pan.  Y oyéndolo sus familiares, salieron para echar mano de Él, pues decían: Está fuera de sí.  Y los escribas que habían bajado de Jerusalem, decían ¡Está poseído por Beelzebul! ¡Por el príncipe de los demonios echa fuera a los demonios! (Marcos 3: 20-22 BTX, 2010)

El Códice de Beza (D) y el Códice Washingtoniano (W) hacen un cambio en estos textos para que dijera:

Cuando lo oyeron los escribas y otros, salieron a aprehenderlo pues decían: Está fuera de sí (Marcos 3: 21).    

Es posible que este cambio responda a que el relato de Marcos sobre la familia de Jesús les pareciera muy fuerte a los copistas, y los corrigen.  Existe una teoría, carente de evidencia y poco aceptada, que Marcos escribe contra los líderes de Jerusalén, y muy especialmente contra Jacobo, el menor, hermano del Señor.   El texto de Marcos narra una realidad innegable, y es que la familia de Jesús en sus etapas tempranas no formaba parte de la comunidad de sus seguidores.

DESARROLLO

(a) Lo Imperdonable (Marcos 3: 21-30)

Este perícopa tiene como contexto geográfico a Capernaúm, en la que tanto Jesús, como los primeros discípulos (Simón, Andrés, Jacobo y Juan) tiene su casa (Marcos1: 16-20; 2: 1).  Es posible que, en medio de su gira por Galilea, Jesús necesitaba un tiempo de descanso y regresa a su casa con sus discípulos.  Al enterarse la multitud que Él estaba en Capernaúm, llegan con sus múltiples necesidades, privando a Jesús y sus discípulos de poder alimentarse.

La popularidad alcanzada por Jesús preocupaba mucho a sus familiares por los efectos que esto podría causar con el Imperio Romano, Herodes Antipas y los líderes religiosos de Jerusalem. Ya Antipas había apresado y asesinado a Juan el bautista (Marcos 1: 14), y el próximo podría ser Él, y posiblemente ellos.  Pienso que el comentario que los familiares hacen público de que Jesús está fuera de sí [existē] es una manera de proteger a Jesús y protegerse ellos de futuras represalias.  Su intento de “apresarlo” [katesai] es una forma de demostrar que ellos que no avalaban la gestión, ni el ministerio de Jesús.

Para algunos biblistas existen al menos otras tres (3) posibles razones para explicar la actitud de los familiares de Jesús.  Existía la posibilidad de que siendo Jesús el hermano mayor, hubiese descuidado su deber de suplir las necesidades básicas de su familia inmediata y ellos venían a confrontarlo.  Él había ejercido como carpintero como su padre putativo José, y al comenzar su ministerio había cesado en sus funciones, descuidando el sustento de los suyos en medio de tanta pobreza.

La segunda posibilidad es que los familiares entendieran realmente que Jesús se había convertido en un fanático religioso, y que estaba mentalmente desequilibrado, y venían ha hacerse cargo de Él.  Esta posibilidad me parece más lógica a la luz de la percepción que tenían los residentes de Nazaret sobre lo que estaba sucediendo con Jesús (Marcos 6: 2-3).  No sabemos a ciencia cierta si los familiares del verso 21, son diferente a los del verso 31.   Hay una gran posibilidad que los primeros familiares que buscaban a Jesús para “apresarlo” porque lo creían loco, y los segundos familiares del verso 31, que lo estaban llamando, no fuesen los mismos.

Hay una tercera posibilidad que brota del texto mismo de Marcos. La popularidad que su ministerio había generado, lo estaba privando de alimentarse (verso 20), lo que podría ser un signo de insanidad mental.  En una cultura en que el comer era parte de los rituales fundamentales, y dado la escasez de alimentos debido a la pobreza, no comer era considerado una “locura”.  Así que el estilo de vida que Jesús estaba llevando lo guiaba irremediablemente al desastre, y los familiares venían al rescate.

Lo que es innegable es que el evangelista Marcos describe a la familia de Jesús como fuera de la comunidad de los seguidores de Jesús, por lo menos en esta etapa temprana de su ministerio. Ellos manifiestan una actitud de incredulidad hacia la labor y obra de proclamación del reino de Dios en la que Jesús se desempeñaba.  No podemos negar que la acusación que Marcos pone en la boca de los familiares de Jesús sobre su “locura”, tiene una base histórica en los evangelios (vea Juan 7:20; 8: 48, 52; 10:20), y el hecho de que su familia estaba fuera de su círculo de seguidores (contrario a las enseñanzas católicas Romanas) es atestiguada en otros evangelios (Juan 2: 3-4; 7: 3-5, vea Lucas 2: 48).

Esta disyuntiva familiar es utilizada por los escribas que provienen de Jerusalem para ir más allá de dicha inquietud, y declarar que el verdadero problema de Jesús era que estaba endemoniado:

Y los escribas que habían descendido de Jerusalén decían: «Tiene a Beelzebú; y expulsa los demonios por medio del príncipe de los demonios» (NBLA) (Marcos 3:22).

Las dos (2) acusaciones que hacen estos maestros de la Torah contra Jesús tienen como intención demostrar que la “locura” percibida por los familiares era realmente que Jesús estaba poseído por Beelzebul (Baal-zebub), una deidad cananea (2 Reyes 1: 2), que los lectores del evangelio vincularán con Satanás, príncipe de los demonios. Según los escribas, los hechos milagrosos que Jesús realizaba no se podían vincular al reino de Dios, sino al reino de las tinieblas. La segunda acusación está vinculada a la primera, al estar poseído por Beelzebul, su exorcismo es uno falso, cuya intención es engañar, dando la impresión de que realmente liberaba a las personas, cuando realmente los que hacía era esclavizarlos más.

Frente a tal insolencia, la respuesta de Jesús no puede esperar y utilizando un principio universal procede a refutarla:

… «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede perdurar. 25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer. 26 Y si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. 27 »Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata; entonces podrá saquear su casa (Marcos 3: 23-27)

Jesús responde en forma contundente: Ni un reino, ni una casa que de ordinario se preserva por su unidad, podrá mantenerse si sus componentes se pelean entre sí. Si cualquier autoridad que requiera unidad para sostenerse se divide, ha llegado a su fin.  La acusación de los escribas carece de lógica y sentido común.

De hecho, la ironía de Jesús es clara, su autoridad sobre los demonios de la cual sus oyentes han sido testigos es evidente y los mismos espíritus inmundos han reconocido a Jesús como el enviado de Dios (vea Marcos 1: 16-45; 2: 1-12).  Jesús declara que al hombre fuerte solo lo puede ser derrotado por uno más fuerte, que al invadirlo lo ata y tomas sus posesiones.  Solo alguien más fuerte, y de más autoridad puede vencer a Beelzebul, y es exactamente lo que Jesús ha hecho.

Ahora bien, Jesús hace una seria acusación a aquellos escribas que llegaron de Jerusalem, y que hoy debemos meditar sobre la misma:

En verdad os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen, 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno. 30 Porque decían: Tiene un espíritu inmundo (Marcos 3: 28-30, BLA).

Para entender esta declaración tan dura de Jesús tenemos que volver al prólogo del evangelio (Marcos 1: 1-13). Juan el bautista declaró que después de él venía uno que era más poderoso, cuya función era bautizar con el Espíritu Santo (1: 7-8). Si miramos el bautismo de Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre El en forma de paloma (1; 10), y lo impulsa al desierto (1: 12). Es a partir de este momento que el ministerio de Jesús está ligado al Espíritu Santo de Dios, y todas sus palabras y acciones responden a esta realidad (vea Marcos 1: 21-28, 32-34, 39, 40-45; 2: 1-12; 3: 1-6, 7-12).

Cuando los escribas que llegaron de Jerusalem declaran que la autoridad de Jesús tiene como fuente a Belzebul, están negando, primero la acción del Espíritu de YHVH presente en Jesús, y atribuyendo a Satanás las obras portentosas que el Espíritu de Dios realizaba a través del ministerio de Jesús. La realidad es que este pecado, más que una difamación contra Jesús es un atentado contra la soberanía de YHVH, que acarrea un alto nivel de condenación.  Jesús declara que los escribas son reos de un pecado eterno (verso 29). Dicho en español, los escribas acaban de crear una valla divisoria que los coloca fuera del perdón de Dios. [1]

(b) La verdadera familia (Marcos 3: 31-35)

Una nueva escena se levanta en Marcos 3:31-35, y nuevos personajes irrumpen en la casa donde Jesús se haya con sus discípulos. No sabemos a ciencia cierta si estos familiares del verso 31 son los mismos del verso 21.  Los primeros pretendían “apresar” a Jesús por su insanidad, y estos se quedan fuera, reclamando que Jesús fuera a ellos.   El texto no nos dice la naturaleza del reclamo de la familia, y si realmente se dio el diálogo solicitado por la madre y hermanos de Jesús.  

No podemos negar que Jesús como buen judío y como Mesías de Dios tenía en gran estima su familia. Su censura a los fariseos y escribas llegados de Jerusalén sobre su interpretación de la tradición sobre el quinto mandamiento de honrar al padre y a la madre y la práctica del Corbán (Marcos 7: 10-13), es evidencia de su obediencia a dicho mandamiento.  Al Jesús defender el quinto mandamiento demuestra la alta estima que El tenía hacia sus padres. Además, en su último momento en la cruz, y antes de su muerte, identifica a su madre y encomienda su cuidado al discípulo amado (Juan 19: 26-27). La pregunta es, ¿Qué realmente quiso decir Jesús en la declaración de Marcos 3: 31-35?

Jesús había llegado a Capernaúm precedido de fama desde otros sectores de Galilea, y era de esperarse que su llegada generara una gran expectativa y reclamos preferentes entre sus familiares residentes en aquella región (Nazaret, Capernaúm).  Sin embargo, Jesús no acepta este intento de “soborno emocional” de los suyos.  Jesús establece que la mera relación familiar no da privilegios ante la gracia, justicia y poder de Dios. 

Jesús se niega a validar el paradigma de la cultura del primer siglo, en el cual los miembros de mi grupo, clan o tribu serán los primeros en recibir los beneficios de la gracia inmerecida de Dios para todos los seres humanos.  Por supuesto que Jesús quiere manifestar su amor, bondad y misericordia sobre sus familiares.  De hecho, en eso consiste el mensaje del reino de Dios, el problema es que intentar sobornar el poder de Dios reclamando privilegios en virtud que somos “los familiares del Mesías” o “el pueblo escogido”, y en perjuicio de otros, es intolerable para un profeta de Dios (Jeremías 1: 17-19).  

Los profetas siempre censuraron todo acto que implicara cohecho, favoritismo o corrupción (vea a Elías en su lucha con Acab-1 Reyes 18:17ss; Jeremías 6:28s; Ezequiel 22: 5-12; Amos 5: 12ss; Oseas 5: 1ss; 9: 9; Miqueas 2: 1ss).

 Llama la atención los términos la familia “afuera”, y una multitud “dentro” sentada a su alrededor.  ¿Qué significado tiene esta escena dentro de la perícopa bajo estudio?  Creo que Jesús está estableciendo un nuevo criterio de lo que significa ser su familia, y que va ha enfatizarlo con su llegada a Nazaret, donde se crió y vivía su familia (Marcos 6: 4-6).   La nueva familia de Jesús está compuesta simplemente por aquellos que han creído en Él, y creer es hacer la voluntad del Padre (Juan 6: 28-29).  

APLICACIÓN:

Hay dos (2) verdades que no podemos pasar por alto en esta perícopa.  Las obras que Jesús hizo en el pasado, hace hoy, y hará mañana, provienen de su vínculo con el Espíritu Santo de Dios, y dichos dones no pueden ser motivo para la corrupción. Por más difícil que sea para las creencias religiosas de Israel, Jesús es el enviado de Dios, cuya principal labor es proclamar el mensaje redentor de YHVH con palabras y acciones y sin acepción de personas. 

Nuestra ignorancia de lo que Dios esta haciendo no puede ser un criterio para cuestionar Su soberanía, emitiendo juicios basados en los criterios subjetivos de nuestras creencias particulares.  El Espíritu Santo “sopla de donde quiere, pero no sabes de donde viene ni a donde va”, y es por eso por lo que debemos ser cuidadosos con toda evaluación que hagamos del actuar divino.

La segunda verdad de esta perícopa es que para Jesús hay un parentesco más profundo que el consanguíneo, es decir un parentesco espiritual que se caracteriza por la obediencia al Padre celestial.  Este parentesco espiritual se inicia por la fe en Jesucristo, y su obediencia a Dios es el resultado de dicha fe.

Esta relación como la nueva familia de Jesús es superior a la que tenemos como familia humana porque es eterna y ha sido constituida por la gracia de Dios.  Sus lazos son más fuertes, no necesariamente más satisfactorios, pero mucho más exigente e intensos que la familia humana.

Estas declaraciones de Jesús tienen serias implicaciones para la Iglesia del Señor y para la vida de justicia y armonía en comunidad. De acuerdo con las costumbres y cosmovisión de las comunidades de la época de Marcos (posiblemente 60-70 d. C), los grupos más cercanos (familiares y amigos) a los que tenían el poder, debían ser los receptores primarios del producto que generaba el poder (nepotismo).  De hecho, las expectativas eran de que los allegados a los que estaban en el poder tienen ciertos privilegios que los demás no tenían. El proverbio del Talmud: “Médico cúrate a ti mismo”, se refiere a esta actitud de dar prioridad a los allegados al ofrecer algún servicio.  

Jesús confronta ese reclamo de privilegios que hace dicha cultura, y que parece ser promovida por sus propios familiares (vea verso 31), sin estar dispuestos a ser parte de sus seguidores.  Jesús es claro, su familia, aunque tiene su estima, no tienen privilegios en el reino de Dios y mucho menos la garantía que la gracia salvadora y el poder benefactor de Dios los cubra automáticamente.  ¡Cuidado con el nepotismo en los negocios del Padre celestial! 

Finalmente, esta declaración de Jesús sobre su nueva familia tiene serias implicaciones para algunas de las enseñanzas que se afirman también en nuestra cultura y nuestras congregaciones. 

Hay que estar alerta para no hacer de nuestras familias biológicas motivo de un culto idolátrico, en la que las cuatro paredes de nuestra casa se convierten en un templo único, y en cuyos muros solo se ofrecen “sacrificios domésticos” que honren a sus componentes.  Esta es una de las grandes “tragedias” de nuestra nueva cultura cristiana.  Hemos puesto toda nuestra “lealtad terrenal” a la familia, convirtiéndola en el objeto de nuestro culto .  Jesús fue claro, y cito:

 El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí (Mateo 10: 31, BLA)

 Solo diré que nada, ni nadie puede estar sobre nuestra lealtad a Jesús. Muchas bendiciones

  Notas:

             [1] Francis J. Molony, The Gospel of Mark. A Commentary.  (Grand Rapids, Michigan: Baker Academic, 2002): 222.

Bibliografía:

Hughes, R. Kent.  Mark. Jesus, Servant and Savior. Wheaton, Illinois: Crossway, 2015.

Molony, Francis J. The Gospel of Mark. A Commentary. Grand Rapids, Michigan: Baker Academic, 2002.

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